martes, 28 de junio de 2011

“Vi a tres niños en Campo de Mayo”

Una religiosa declaró ante el Tribunal Oral Federal 6 y recordó sus vivencias en el Hospital Militar durante la dictadura.
 
Una religiosa que trabajó durante la última dictadura en el Hospital Militar de Campo de Mayo declaró ayer ante el Tribunal Oral Federal 6 que vio allí a tres niños pequeños llorando y que uno de ellos le dijo que su madre “no estaba más”.
Los dichos de la hermana Felisa, cuyo verdadero nombre es Nicomedes Zaracho, se escucharon ayer en una nueva jornada de testimonios en el juicio oral por el Plan Sistemático de robo de bebés.
La mujer, de origen paraguayo, se negó en varias ocasiones a contestar las preguntas del Tribunal, sin embargo admitió que en una oportunidad la madre superiora le pidió “sábanas para pacientes NN”, admitiendo la presencia de detenidos ilegales.
“¿Sabía lo que pasaba en el país?”, preguntó la presidenta del TOF 6 María del Carmen Roqueta, a lo que la mujer respondió: “No sabía que estábamos en peligro.”  La jueza continuó: “¿Usted recibió alguna amenaza, coacción o dinero para declarar de esta forma?” y le ofreció a la testigo la posibilidad de hablar sin público, pero la religiosa rechazó la propuesta. “Estoy diciendo lo que tengo que decir”, subrayó.
También rechazó conocer que en el Hospital Militar haya funcionado una maternidad clandestina: “Nunca nadie le comentó que hubiera embarazadas llevadas a parir”, señaló y agregó que su labor se limitaba a “distribuir comida y ropa a los soldados y hacer la limpieza” en el tiempo que pasó en el Hospital Militar, entre 1976 y 1982.
En la causa Plan Sistemático ya constan pruebas sobre la participación de monjas en la maternidad clandestina que funcionó en Campo de Mayo. Luisa Yolanda Arroche de Sala García, una ex obstetra de ese hospital, reconoció haber atendido a algunas mujeres vendadas y atadas y aseguró que allí vio a chicos de más de un año que eran cuidados por monjas. Otro médico del servicio de ginecología, Eduardo Alberto Pellerano, contó que “en dos oportunidades  vio niños de corta edad. La primera vez eran dos chiquitos de aproximadamente tres y cinco años que por su parecido físico daban idea de ser hermanitos y la segunda vez, una de las monjas tenían con ella una criatura de aproximadamente dos años, que lloraba clamando por su madre. En ambas oportunidades preguntó qué hacían esos niños allí, obteniendo como respuesta la referencia a que habían entrado durante la noche, pero que no tenían otros datos al respecto”.

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