miércoles, 15 de junio de 2011

El “road show” de González Fraga para volver a endeudarnos

Los argentinos conocimos el concepto “road show” en la década del ’90, cuando el eje de la política económica era el control de la inflación. La experiencia hiperinflacionaria en el final del gobierno de Raúl Alfonsín y la hiperinflación del inicio de la gestión de Carlos Menem, período en el que Javier González Fraga revistaba como presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), había puesto en el epicentro del debate el tema.
La receta mágica utilizada fue la Convertibilidad, que empleaba el tipo de cambio como ancla inflacionaria. El esquema de Convertibilidad garantizaba que por cada peso circulante debía existir un equivalente en dólares en el Banco Central.
Los dólares para garantizar este mecanismo llegaron en una primera etapa de las ventas compulsivas de empresas de servicios públicos a precios viles y, en una segunda etapa, del endeudamiento del sector público. Para cada colocación los representantes del Estado nacional realizaban giras internacionales donde mostraban la consistencia de la situación económica y pasaban la gorra para colocar bonos.
Con la proclamación de la fórmula Alfonsín–González Fraga, ambos candidatos han empezado una gira (road show) por todos los canales de televisión para mostrar la consistencia de sus propuestas. Sin embargo, la visión económica y social de González Fraga no ha logrado en esta primera etapa sus objetivos.
En su entrevista con Joaquín Morales Solá el candidato a vicepresidente afirmó que su principal preocupación era la pobreza y la desigualdad. Para ello explicó que la pobreza “es el circuito que nace en una vivienda inadecuada, tienen un hijo desnutrido, con lo cual ya lo condenan de por vida a no estar elegible para la escuela. Ese chico que no entra en la escuela o tiene que salir muy temprano, o está en la calle. Si está en la calle está en la droga. Después de eso llega a un embarazo adolescente, con lo cual se crea otra familia marginal.” Más allá del terrible prejuicio que el candidato del radicalismo expresa sobre los sectores populares, la preocupación sobre la pobreza y la desigualdad es compartida, por lo que es interesante saber cuáles son las soluciones que ofrece para tan tremendo problema.
Y a partir de esto comienza un largo camino de inconsistencias. En primer lugar, atribuye a la suerte del viento de cola el fenomenal proceso de crecimiento que vivió nuestro país en los últimos ocho años, que le permitió generar más de 5 millones de puestos de trabajo, acortar el empleo en negro del 50 al 35%, reducir la pobreza, la indigencia y la mortalidad infantil a coyunturas favorables del mercado internacional.
Los resultados de los últimos años atribuidos a la suerte no serían un mal argumento ya que la región se vio beneficiada por un contexto internacional favorable y la Argentina no fue la excepción.
Pero vamos González Fraga, sostengamos el argumento. ¿Si el éxito económico de la Argentina fue por la coyuntura internacional y por el impacto que provocó una mejora superior al 100% de los términos de intercambio, por qué señalar como exitosos los casos de Brasil, que tuvo una mejora del 250%, o Chile, donde fue del 400%, por sus acciones de política económica y no por el huracán de cola que recibieron?
¿Se señala que Brasil incorpora al consumo a 12 millones de personas por año y esto es un mecanismo válido para sacar a la gente de la pobreza e impulsar la economía y se critica que la política económica argentina impulsa el consumo y no la inversión?
¿Sobre qué datos González Fraga afirma que no hay inversión en la Argentina en estos ocho años, en una economía que crece al 7,5% promedio sin signos de agotamiento? Los datos muestran que los niveles de inversión se encuentran dentro de los máximos históricos, consistente con el crecimiento que vive nuestro país.
También critica el nivel del gasto público tal vez le molesta a González Fraga que en la Argentina se destine el 6,5% de PBI a la educación, que el 5% del PBI se oriente a la inversión en infraestructura, o tal vez le moleste el casi 1% del PBI que se dedica a la Asignación Universal por Hijo.
Sin embargo, suena contradictorio que critique el aumento del gasto público cuando su principal preocupación es la pobreza y la desigualdad. Luiz Inácio Lula da Silva dijo claramente que al Estado lo necesitan los más pobres, y es por esto que Brasil ha generado un fenomenal impulso estatal con programas como el “Bolsa Familia”, el “Programa de Aceleración del Crecimiento”, y muchos más. Lamentablemente, parece que cuando lo hace cualquier otro país de la región se trata de “una correcta política económica”, pero cuando se hace en la Argentina es sólo “populismo”.
También González Fraga hace una reseña crítica de organismos públicos que son a través de los que se expresa la intervención del Estado en el mercado de alimentos. Las críticas llegan también a las políticas de administración de comercio, y a la participación del Estado en los directorios de empresas.
Esas refutaciones son contradictorias con la afirmación que sostiene que los resultados económicos que exhibe nuestro país son sólo por el viento de cola y que nada se ha hecho desde el gobierno nacional. Pero su visión es también contradictoria porque en la comparación con Brasil en particular, todas estas medidas de intervención del Estado se encuentran presentes, y ni hablar de Uruguay, que nunca privatizó sus empresas públicas.
Finalmente, el eje central de su crítica como economista es que la Argentina crece con inflación mientras nuestros vecinos no, y en esta gran ensalada mediática que prepara el candidato de la UCR nunca queda claro si eso es producto de la intervención del Estado, del gasto público, o de la falta de apego a las instituciones.
Sin embargo, a mi modesto entender, la gran diferencia entre la Argentina y los tres casos citados por González Fraga tiene que ver con el tipo de cambio, y con esa particularidad cambiaria que tuvo la Argentina en la década del ’90.
Nuestros vecinos han decidido utilizar el tipo de cambio como ancla inflacionaria y permitir una apreciación del real que llevó a Brasil a un profundo déficit de la cuenta corriente y a la creciente primarización de su economía.
La propuesta de González Fraga es, sin ambigüedades, volver a utilizar como ancla el tipo de cambio y financiar el déficit que genera esta política con la gran capacidad de endeudamiento que tiene nuestra economía.
Ha ido más lejos, señalando que una eventual reducción de derechos de exportación (retenciones) se podría financiar también con emisión de deuda y, por lo tanto, su supuesto perfil de heterodoxia económica queda sólo en su manifiesta preocupación por la pobreza que aún flagela nuestro país por la aplicación de las medidas económicas que González Fraga propone en su “road show” volver a aplicar.

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