sábado, 16 de julio de 2011

Pensamiento Nacional y coyuntura

Entrevista a Francisco José Pestanha
Por Juan Pablo Borrelli para Peronismo Militante

1. ¿Qué presupuestos sociológicos y filosóficos supone la noción de “Pensamiento Nacional”?
En reiteradas oportunidades hemos sostenido que el Pensamiento Nacional, constituye una verdadera epistemología surgida al calor de nuestra situación periférica.
Lo antedicho, presupone para nosotros un dato incuestionable: la existencia de una realidad constituida y construida a partir de una dinámica, o mejor dicho, de un sistema de relaciones de poder entre países o estados desiguales, donde los más poderosos intentan consolidar o aumentar su propio poder en detrimento de los más débiles. Éstos intentan resistir tal impronta adoptando las más diversas estrategias. El sistema desigual en las relaciones de poder no constituye un hecho novedoso ni reciente. Es antiquísimo. Una mirada sobre la historia misma de la humanidad da cuenta de ello.
Bien vale aclararte que este fenómeno no acontece solo en el universo de lo económico. Ocurre también en el campo de lo simbólico. Y es aquí donde aparece nítidamente la resistencia cultural, ya que toda tentativa expansionista siempre suele estar acompañada por alguna forma de imperialismo simbólico que suele ser resistido.
Muchas pretensiones imperiales o imperios constituidos a lo largo de la historia, han asumido algo así como una suerte una “misión civilizatoria” que “autojustifica” la exportación de sus valores, de sus creencias, e inclusive de su ciencia para que ellas sean asumidas por los más débiles como supuestos “valores universales”. En ese marco, y dada nuestra condición periférica, el Pensamiento Nacional constituye una modalidad de resistencia cultural que se asume como epistemología y que a la vez forma parte de tal resistencia.
En nuestro país este hecho cobró una notoriedad particular, ya que a lo largo del tiempo, hemos ido desarrollando una verdadera ciencia social para – académica, representada entre otros tantísimos autores por Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui, Fermín Chávez, Ernesto Palacio, Saúl Taborda, Manuel Ugarte, Arturo Sampay, quienes han nutrido intelectualmente a los dos grandes movimientos políticos acontecidos en nuestra geografía.
El hecho que esta epistemología se haya desarrollado de tal forma, no implica que esos autores y otros tantos concibieran sus formulaciones en un sistema de aislamiento absoluto. La intertextualidad es un hecho de la realidad, y en ese sentido, muchos de los pensadores nacionales han recibido influencias de intelectuales considerados “clásicos”, aunque este término pueda, también, ponerse en duda. De todos modos esa circunstancia no constituye obstáculo alguno para que gran parte de sus reflexiones y conclusiones fueran auténticas y originales.

2) ¿Cuáles son las razones que justifican la existencia Pensamiento Nacional?
Más allá de las mencionadas, Wenceslao Escalante enseñaba que para estudiar “el ser colectivo que constituye una sociedad, sea que se considere o no a ésta como un organismo, es evidentemente indispensable conocer todos los elementos que la forman y sus modos de funcionar, con resultados varios en su vida anterior y su vida presente”. Este razonamiento nos indica que, cada comunidad en su devenir evolutivo va desarrollando modos de ser, modos de funcionar, modos de resolver los problemas vinculados a su propia existencia, en la medida de sus posibilidades y de acuerdo a su propia experiencia. En cierto sentido va desarrollando un proceso identitario (que incluye lo tradicional) y que presupone modalidades especificas del pensar.
El Pensamiento Nacional, justamente, es una forma de abordar y de contribuir a esa experiencia histórica.

3) ¿Cómo juegan aquí los pensadores clásicos y las doctrinas o ideologías concebidas en otros países y o continentes?
Ya lo he dicho anteriormente. Yo creo firmemente en la intertextualidad, es decir, en ese principio tan bien descripto por Eliseo Verón, que sostiene que todo texto es en cierto sentido y bajo determinadas condiciones consecuencia de otro texto, y además, que no resulta muy dificultoso encontrar huellas o marcas de un discurso en otro. Obviamente muchos de nuestros pensadores nacionales han sido influidos por doctrinas provenientes del exterior. Eso es natural. El secreto está en qué actitud se adopta respecto a tal influencia. Mientras algunos intelectuales locales simplemente adoptan acríticamente las ideas o doctrinas provenientes del afuera como verdades absolutas, y se comprometen firmemente con ellas dedicándose, a lo sumo a realizar una labor exegética sobre ellas; otros, los nacionales, realizan una auténtica labor crítica desde una autoconciencia periférica, y eso es lo verdaderamente valioso. Si vos lees textos de Jaurteche, de Scalabrini, de Sampay o de Taborda, vas a encontrar huellas de muchos “clásicos” de la época, pero la actitud de ellos es de una mirada crítica, conscientes del campo de batalla que presupone el universo de la lucha en el campo de lo ideológico y el rol que juegan los países centrales en la producción de dicho sentido.
América ya ha desarrollado una tradición epistemológica propia y lentamente nos vamos orientado hacia un pensamiento heterodoxo, mestizo, integrado por formulaciones propias y auténticas, contras adaptadas. Y ahí está el meollo de esta cuestión. Viene bien aquí, señalar la diferencia que establecía Jauretche entre el adoptar y el adaptar, ya que mientras adoptar una idea implica incorporarla acríticamente, adaptarla implica pasarla por un tamiz crítico.
Si te fijas con detenimiento, esta heterodoxia se encuentra muy presente en el pensamiento de Perón y puede observarse en textos como la Comunidad Organizada.

4) ¿Quiénes son los que iniciaron esta corriente de pensamiento y para qué?
Difícil precisarlo con exactitud, ya que el desarrollo de una epistemología resistente tiene siglos de presencia en América. Investigar las redes históricas de esta matriz resistente es un verdadero desafío para las nuevas generaciones. No obstante ello puedo afirmarte que durante el siglo XX muchos argentinos y argentinas desarrollaron concretamente esta experiencia desde diversos matices.
El Pensamiento Nacional, como fenómeno cultural, no formó ni aún ha formado escuelas. Se ha difundido y enriquecido a través de un sistema de tradición extra académica. Esta dinámica es natural ya que el Pensamiento Nacional está compuesto por matices diferenciados. Sin embargo su importancia radica en que esta epistemología ha influido concretamente en los dos grandes movimientos políticos acontecidos durante el siglo XX, el Yrigoyenismo y el Peronismo.
Por su parte el concepto “Pensamiento Nacional” constituye una forma de autodefinirse adoptada por sus mismos pensadores.

5) ¿A quiénes representan o aspiran representar los integrantes de esta corriente?
Por ahí en vez de corriente habría que definirla como matriz, y en lo que respecta a la representación, un pensador o una pensadora nacional no aspiran a representar a nadie. Solo intentan interpretar las cuestiones del país desde una mirada local, desde una perspectiva nativista.

6) ¿Qué significación adquiere el Pensamiento Nacional dentro de la coyuntura actual?
Juan José Hernández Arregui sostuvo en alguna oportunidad que “Todo escritor nacional ha experimentado alguna vez, la sensación de un muro que lo asfixia y la interrogación concomitante acerca de si la lucha empeñada tiene un sentido que la justifique”.
Esta hermosa y a la vez significativa reflexión representa el sentir, tal vez un poco angustiado, de un pensador nacional que fue plenamente consciente de la tremenda impronta que han adquirido en nuestro país ciertos mecanismos y estrategias que nos impiden pensar desde nosotros mismos.
Pero esta reflexión simboliza, además, la negación y la censura explícita e implícita que recayó y aún recae sobre los hombres y mujeres que desarrollan esta epistemología. Desgraciada o afortunadamente (eso está por verse) sobre el Pensamiento Nacional aún hoy recae una ostensible censura. Aunque en estos tiempos han reaparecido las figuras señeras, e inclusive desde la cultura se ha puesto una nueva mirada sobre el fenómeno, lamentablemente muchas de las recordaciones, en especial las que vienen del sector político, se circunscriben más a una “puesta en escena” que al impulso de una verdadera reflexión sobre la obra de nuestros maestros.
Si bien el fenómeno de la censura sobre esta corriente es comprensible ya que por una parte el Pensamiento Nacional ha luchado denodadamente contra la matriz liberal –matriz autoritaria que se consolidó después de la batalla de Caseros-, resulta paradójico que la estrategia de silenciamiento provenga, también, de los sectores “progresistas”. Este es un tópico al que hay prestarle especial atención, no solamente por la restricción existente en los medios afines a este sector ideológico, sino en los ámbitos universitarios, donde el Pensamiento Nacional no es abordado ni siquiera como “objeto de estudio”. Y ello es grave porque impide la comprensión integral del fenómeno argentino.
Pero más allá de lo expuesto, el hecho verdaderamente sugestivo radica en que, si el Pensamiento Nacional ha resurgido, es que aún persiste un sistema reflexivo que nos impide pensar desde el sentido común, y que seguimos resistiendo. En ese orden de ideas, la emergencia de tantos espacios de reflexión sobre esta matriz de pensamiento da cuenta que aún hoy existen impedimentos para que los argentinos podamos desarrollar espacios auténticos de reflexión.

Julio 2011

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