lunes, 18 de julio de 2011

Los votos compartidos de Cristina y Macri

Los porteños, dueños de ciertos beneficios adquiridos en esta última temporada o la anterior, no quieren poner en juego el status social alcanzado. Muchos saben que se lo deben a las políticas nacionales. Algunos pocos macristas de la “derecha gorila” seguramente voten por Lilita Carrió o Alfonsín. Pero la gran mayoría se inclinará, en defensa propia, por Cristina Fernández.

 

Para analizar la situación política argentina, no debemos simplificar el discurso con los vocablos “izquierda” y “derecha”. Son términos europeos, como también lo son “fascismo” o “populismo”. Cuando llegaron a nuestro continente millones de inmigrantes europeos fundamentalmente italianos y españoles, muchos de ellos anarquistas, socialistas o comunistas, creyeron ver en la realidad latinoamericana las mismas categorías del Viejo Mundo. En sus valijas venían también prejuicios y estereotipos. Estas categorías llevaron a cometer muchos errores.
Los mismos errores y prejuicios que cometeríamos nosotros si llegáramos a cualquier nación europea intentando comprender su realidad, buscando qué partido político se parece al peronismo y cuál otro al radicalismo. Esta metodología nos llevaría muy lejos de la realidad.
La comprensión de nuestro país requiere un esfuerzo intelectual mayor y descubrir los matices, las contradicciones de nuestra sociedad, como la de los movimientos sociales y políticos. Discernir la diferencia del nacionalismo de un país colonial o semicolonial con el de un país imperialista o desarrollado resulta imprescindible para entrar en el asunto.
Mauricio Macri no es “fascista” como algunos lo etiquetan. No es el Jean Marie Le Pen rioplatense, ni el Silvio Berlusconi de la Boca. Mauricio, como bien se dijo, es Macri. Se trata de un “conservador popular” o un “desarrollista” que podría haber sido aliado del peronismo. Si no lo es, fue por sus propios errores de concepción y prejuicios formados en el Colegio Newman. Su padre, laburador inmigrante italiano, marcó el camino, y desde sus empresas se vinculó naturalmente con el peronismo industrialista que facilitó el desarrollo de una burguesía autóctona.
El peronismo es un movimiento nacional y popular, con sus derechas e izquierdas (el primer significante de “izquierda nacional” es que hay otra izquierda). Cuando decimos “izquierda nacional”, lo primero que podemos distinguir es que hay otra izquierda, una no nacional o también llamada “izquierda cipaya” (finalmente) que siempre termina aliada al imperialismo. El socialismo “juanbejustista” y la ultra izquierda nos dan una muestra de ello cada dos años, en los comicios.
El vicepresidente Julio Cobos jugó un papel muy “positivo” para el triunfo de Cristina Fernández. Representó el ala más conservadora o la “derecha nacional” del gobierno de Cristina hasta que finalmente predominó su cobardía y oportunismo. El propio Martín Redrado o Alberto Fernández se comprenden en ese esquema. Ellos formaron parte, durante un período, del movimiento nacional, y luego por diferentes motivos desertaron. La fórmula Cristina-Cobos, ahora cuestionada, le permitió al peronismo un logro histórico: por primera vez en la historia sumaba amplios sectores radicales a un proyecto común. Juan Domingo Perón lo había intentado denodadamente y fracasó; en 1945 le ofreció la vicepresidencia de la Nación al líder radical cordobés Amadeo Sabattini, que la rechazó; y en 1973 al presidente de la UCR, Ricardo Balbín, que también desechó la propuesta. Produciendo un giro a la frustrada experiencia, Cristina y Néstor Kirchner lograron quebrar las viejas estructuras anquilosadas del radicalismo y los sumaron al proyecto nacional. Aún hoy forman parte importantes sectores sociales provenientes del radicalismo histórico.
La “derecha nacional” es en parte el “empresariado nacional”, mientras que algunos gobernadores expresan otros matices de índole conservador. Vicente Solano Lima fue presidente del Partido Conservador Popular, golpista y fusilador en 1955; y 18 años después pasó a integrar la formula presidencial con Héctor Cámpora. En el peronismo no existe la “pureza de sangre”. Nació mestizo y sigue siendo plural. 
Mauricio Macri (exitoso ex presidente de Boca Juniors), que hoy nos ocupa, tiene en su gobierno matices populares. Humberto Schiavoni, jefe de la campaña y presidente de la Corporación del Sur, es un hombre proveniente del peronismo misionero; Diego Santilli, con antecedentes en el Partido Justicialista de la Capital Federal, es el ministro de Espacio Público, y junto a María Eugenia Vidal, de Desarrollo Social, caminaron y ejecutaron varios proyectos en las villas y la zona sur de la Ciudad. La propuesta inicial de “erradicación” de villas de Macri fue rotada al poco tiempo por la de “urbanización”. Este buen cambio de rumbo lo llevó a frenar los planes de viviendas, provocando una crisis habitacional sin precedentes. Pero la ausencia de estos planes no parece haber afectado en las elecciones. Tal vez porque desde 1955 a la fecha nadie espera que le “faciliten” un departamento. Los sectores marginados en las villas de la Ciudad de Buenos Aires, con una Argentina en crecimiento, comenzaron a cambiar la chapa por la loza y a extender la casa hacia arriba. Si bien las políticas sociales macristas son insuficientes y con presupuestos mezquinos, son más que la nada. Y por otra parte: ¿cuántos porteños quieren que se construya más y más en la Ciudad? 
Por otro lado, y al mismo tiempo, Macri cuenta con una poderosa “derecha antinacional” o gorila, que conduce centralmente el gobierno de la Ciudad, encabezada por Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete y activo xenófobo; Jorge Lemus, inepto ministro de Salud, sobre quien pesan acciones penales por impedir el acceso de ambulancias a las villas; Hernán Lombardi, ministro de Cultura, el elitista que desarmó la más interesante política socio-cultural de su área, como por ejemplo el Programa Cultural en Barrios impulsado por el intelectual y revisionista histórico Mario Pacho O´Donnell; y finalmente el financista Francisco Cabrera, ministro de Desarrollo Económico que se ocupa, observando las villas a través de su telescopio y dando directivas a través de una larga caña (para no contaminarse) ¡de las emergencias sociales en las villas!
Gran parte del electorado de la Ciudad de Buenos Aires votó por Macri y votará por Cristina. Hay una alianza no explícita que se da en los votantes. Mucho del electorado que no votó a Daniel Filmus-Carlos Tomada (el 70 % de la Ciudad) no es antiperonista, ni repudia al gobierno nacional como repiten algunos: simplemente son conservadores. Conservadores de los privilegios adquiridos y que no quieren perder. Son beneficiarios de la política económica del gobierno nacional y se aferran para que todo siga igual. Temen que algo cambie. Son, como decía María Elena Walsh, “la clase mieda”. Daniel Filmus es un cambio. No será la revolución proletaria, pero es un cambio al fin. Los porteños, dueños de ciertos beneficios adquiridos en esta última temporada o la anterior, no quieren poner en juego el status social alcanzado. Muchos saben que se lo deben a las políticas nacionales. Algunos pocos macristas de la “derecha gorila” seguramente voten por Lilita Carrió o Alfonsín. Pero la gran mayoría se inclinará, en defensa propia, por Cristina Fernández. 
¿Votarán a Cristina los votantes de Macri? ¿O muchos de los votantes de Cristina votaron a Macri? Y aun más, el vínculo objetivo del macrismo con el kirchnerismo llega al punto de que el PRO no lleva candidato a presidente, ni integra ninguna alianza antiperonista para las elecciones presidenciales. Se podrá responder que Mauricio Macri tiene una estrategia personal hacia 2015, pero también es cierto que es el electorado quien lo condiciona para no enfrentar a Cristina. Es probable, porcentualmente hablando, que el peronismo logre más votos en la segunda vuelta de los que votaron por Macri, que de los que votaron a Estensoro-Carrio.
Por izquierda también se dará una alianza electoral (en las urnas) cuando los votantes de Pino Solanas voten en su mayoría por Daniel Filmus el domingo 30 de julio. Y bien dicho la mayoría, porque si bien son todos de izquierda, no todos son “nacionales”. La “izquierda cipaya” tiene su stock permanente que oscila entre un tibio, como Solanas, a un fundamentalista como Altamira, ambos finalmente progresistas del imperio.
Podemos concluir que se sumarán al triunfo de Cristina Fernandez tanto votos de una “derecha nacional” como de la “izquierda nacional”, de ninguna manera antiperonistas o antikirchneristas. En esta concepción, la sabiduría de Daniel Filmus, Carlos Tomada y de la militancia política del distrito capitalino sabrán ganar la confianza del electorado porteño, que aunque es temeroso, no quiere retroceder en cuanto a las conquistas logradas.
Ya decía Perón que él hacía política con las dos manos. Las caracterizaciones europeas debemos nacionalizarlas, darles nuestra propia impronta. Es la única posibilidad de contar con hojas de ruta y mapas confiables.

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