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sábado, 7 de mayo de 2011

Entrevista a Cristina Álvarez Rodríguez “Hay que comprometerse hasta que duela, como lo hizo Evita”


La ministra de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires habla de su tía abuela, al cumplirse 92 años de su nacimiento. Militante desde los cuatro años, cuando en su cuaderno de jardín de infantes firmaba “CrisPV”, explica qué el peronismo es un movimiento especial porque tiene alma de mujer.
 
La ministra de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires, Cristina Álvarez Rodríguez, caminará hoy por las calles de la ciudad bonaerense de Los Toldos, que una vez fue el pueblo que vio nacer a su tía abuela, Eva Duarte.
Entre acto y acto en la provincia, la ministra dialogó con Tiempo Argentino para repasar su historia familiar y recordó cuando ya desde el jardín de infantes firmaba en su cuaderno como “Cris PV”. “Hoy ya no hay que estar explicando por qué una es peronista”, se alegró.
Para esta arquitecta, el legado de Evita debe ser “profundizar no es sólo una palabra, sino comprometerse hasta que duela como lo hizo ella”, y explicó que “el peronismo es un movimiento tan especial, porque tiene un alma de mujer”.
A su vez, argumentó que las medidas del gobierno nacional “son la agenda moderna del peronismo” que hace realidad “los sueños que tuvieron aquellos 50 años atrás, un pueblo que fue feliz en la Argentina, y que ahora está volviendo a serlo”.

–¿Qué balance hace de todos los actos y conmemoraciones que genera el natalicio de Evita?
–El aniversario de su natalicio es una oportunidad más para repensar cómo se construyó ella misma como mujer, y cómo desde la política, cambió la historia para todas nosotras para siempre. Ella nace en el año ’19, durante la década infame cuando las desigualdades eran muy extremas, y trabaja duramente para ir nivelando primero su propia realidad, porque nace en un hogar muy pobre. Logra vencer la adversidad y salir de su casa en Los Toldos, llega a Buenos Aires, trabaja como artista y se hace delegada sindical de la Asociación Radial Argentina. Luego conoce a Juan Perón, se enamora perdidamente y comienza a ocupar ese rol de primera dama y de Eva Perón que luego se convierte en Evita, el puente entre el líder y los trabajadores, una oreja y un corazón del pueblo y pegado al pueblo. Es muy fuerte el amor que pone en la política y ese es un condimento que no existía, por eso el peronismo es un movimiento tan especial, porque tiene un alma de mujer.
–¿Cómo se vivió en su casa, durante su infancia y adolescencia, ser la familia de Evita?
–En la familia hubo tiempos muy diferentes. Hubo una época en la que ser familiar de Evita era muy peligroso, incluso implicaba riesgo de vida. Mi abuela paterna, Blanca Duarte de Álvarez Rodríguez, la hermana mayor de Eva, y sus hermanas Erminda y Elisa, se fueron exiliadas a vivir a Chile entre año ’55 hasta el ’58 y fueron alojados por los hermanos franciscanos. Mi abuela era la única que tenía hijos, eran tres mujeres con cuatro chicos, el mayor de ellos es mi padre, Justo Álvarez Rodríguez. Recién pudieron volver durante la presidencia de Arturo Frondizi, pero tenían todos los bienes incautados y seguían siendo perseguidos. Esa historia es parte de mi vida, de la vida de mis padres, y de mi abuela. Mis viejos eran militantes de los ’70 y acompañaron el regreso de Perón al país con una energía increíble. Pero después, en la época de los milicos tampoco fue fácil. Hice la primaria en la dictadura militar y sabía que no teníamos que hablar ni dar información de nada, tenía que estar siempre atenta, no mencionar que éramos familiares de Evita. De hecho, había muchas casas de mis compañeros de colegio en las que te agredían. Después, hice el secundario en democracia, junto con la vuelta del peronismo y más tarde con una participación más activa la universidad.
–¿Fue entonces cuando comenzó a militar?
–Siempre milité, desde siempre, desde que tenía cuatro años y firmaba en el jardín de infantes “Cris PV”. En realidad la militancia fue algo que mamé en forma muy cotidiana, no fue de Unidad Básica sino desde mi vida familiar y de la de mi familia en distintos ámbitos. Digamos que nací peronista. Sin embargo, la conciencia de Evita dentro de la familia no es ajena, porque en casa de mi abuela, se recordaba siempre a Eva como la hermana menor, la más importante en la familia y, al mismo tiempo, la más chica, y la que muchas veces las mayores retaban. También se la recordaba siempre con una profunda tristeza por todo lo que sufrió físicamente. Pero, en conclusión, a nosotros desde siempre nos enseñaron a no colgarnos de ella, sino a laburar y a estudiar. Mi abuela siempre quiso que sus hijos y nietos fuéramos profesionales, para ella era muy importante. 
–¿Todavía hay sectores que critican su figura?
–Hablar mal de Evita hoy queda mal. Pero hay un sector que no la quiere nada porque no quiere lo que ella representa, que es la lucha frente a la injusticia. Ahora no lo pueden decir, pero el gorilismo existe, está a flor de piel y sale a la luz cuando hay disputas importantes como las que venimos atravesando en la Argentina en los últimos siete años. Aparecen y se manifiestan claramente. Pero estamos en un tiempo completamente diferente al de la década del ’50 y también a la del ’70. Este es un mundo globalizado que encuentra a la Argentina reconstruyéndose dentro de una nueva región de poder unida a Latinoamérica. 
–Pero hay puntos en común entre el momento histórico que vivió Evita y la actualidad.
–En este momento se está cerrando y a la vez se está iniciando un ciclo. Se está cerrando porque hay una culminación de esa cadena de mujeres fuertes a las que perteneció Juana Azurduy, Evita y tantas militantes de todas las épocas del movimiento nacional y popular. Que hoy tengamos una presidenta mujer como Cristina Fernández es un honor. Las políticas de última generación absolutamente revolucionarias, como la asignación universal, el matrimonio igualitario, la Ley de Medios, son la agenda moderna del peronismo de la justicia social y de la igualdad de oportunidades. Pero a la vez, se abre un nuevo ciclo, que es esa esperanza que tengo cuando veo a mi hija de siete años que creció con una presidenta mujer y en este tiempo donde el peronismo tiene el honor de estar en el gobierno. Ahora no hay que estar explicando por qué una es peronista. Es una época en la que mi hija ve que hay una mujer en la primera magistratura, nació con esa suerte, que no es una suerte sino una consecuencia.
–Por último e inevitable, ¿cuál es el legado de Evita?
–El legado de ella está muy claro. Acá hay que trabajar, hay que estar disconforme con lo que no está bien todavía, hay que ir por más. Profundizar no es sólo una palabra, sino comprometerse hasta que duela como lo hizo Evita. Es un claro ejemplo, musa e inspiración para todos, hombres y mujeres, para seguir mejorando todo lo que tengamos que mejorar, y por sobre todas las cosas, hacer realidad los sueños que tuvieron aquellos 50 años atrás, un pueblo que fue feliz en la Argentina, y que ahora está volviendo a serlo.

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