martes, 17 de mayo de 2011

EL NEGRO FALUCHO. Soldado de la Independencia, el negro Falucho fue fusilado en 1824 por los españoles al negarse a rendir honores a la bandera enemiga.

Por Martín A. Cagliani
 
Cuenta Bartolomé Mitre en su obra "Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana", que, cuando la fortaleza argentina en El Callao, Perú, se sublevó y el fuerte quedó en manos enemigas, un soldado de esa guarnición se negó a enarbolar la bandera española.
 
Se llamaba Antonio Ruiz, alias el "Negro Falucho".
 
Soldado argentino nacido hacia fin del siglo XVIII.
 
Su verdadero nombre era Antonio Ruiz. Fue uno de los soldados que se incorporó al ejercito patriota que luchó por la independencia de América.
 
Se hallaba de servicio en el Alto Perú, cuando se produjo un botín realista en el puerto de El Callao.
 
El negro Falucho fue fusilado en 1824 por los españoles al negarse a rendir honores a la bandera enemiga.
 
EL SOLDADO FALUCHO
 
La noche del 4 al 5 de febrero de 1824, se sublevó la guarnición patriota del Callao, la cual estaba compuesta por los restos del Ejército de los Andes; que eran el regimiento Río de la Plata, los batallones 2º y 5º de Buenos Aires, y los artilleros de Chile, a los que se les unieron dos escuadrones amotinados del regimiento de Granaderos a Caballo.
 
Estos pobres soldados se sublevaban porque les debían cinco meses de paga, a lo que se agregó que el día anterior se habían abonado los sueldos de los jefes y oficiales, el deseo de regresar a la patria, ya sea Buenos Aires o Chile, y la repugnancia de tener que embarcarse hacia el norte para engrosar el ejército de Bolívar, lo que dio comienzo al motín.
 
Encabezado por Dámaso Moyano y Francisco Oliva, ambos sargentos del Regimiento del Río de la Plata, la tropa se entregó a los excesos.
 
Al ver la indisciplina reinante, el mulato Moyano, acepta la sugerencia de Oliva de consultar al coronel realista José María Casariego, que estaba prisionero y alojado allí, este vio el partido que podía sacar de la situación y aconsejó reemplazar a los jefes patriotas por los españoles.
 
Los peruanos no se decidían a pagar los sueldos atrasados, Casariego los convence de que se unan a las filas realistas donde serían recompensados, mientras que en las patriotas recibirían castigo.
 
En medio de este desorden se desenlaza la admirable historia de Falucho.
 
En esto vamos a seguir al relato de Mitre que él publicó por primera vez el 14 de mayo de 1857 en el periódico Los Debates.
 
La noche del 6 de febrero hacia guardia en el torreón del Rey Felipe el negro Falucho, que pertenecía al regimiento del Río de la Plata.
 
Falucho, este su nombre de guerra era muy conocido por su valentía y por su patriotismo, era porteño y amaba a su ciudad.
 
Como muchos en caso igual había sido envuelto en la sublevación, que hasta aquel entonces no tenía más carácter que un motín de cuartel.
 
Mientras que aquel oscuro -cuenta Mitre- centinela velaba en el alto torreón del castillo, donde se elevaba el asta-bandera, en que hacía pocas horas flameaba el pabellón argentino, Casariego decidía a los sublevados a enarbolar el estandarte español en la oscuridad de la noche, antes de que se arrepintiesen de su resolución".
 
En ese momento se presentan ante el negro Falucho, los soldados con el estandarte español, contra el cual combatía desde hace 14 años.
 
Falucho no lo podía creer, y sintiéndose totalmente humillado se arroja al suelo y llora amargamente.
 
Los soldados con órdenes de subir el pabellón español, ordenaron a Falucho que presente el arma al pabellón del rey que se iba a enarbolar.
 
Falucho contesta con melancolía recogiendo el fusil que había dejado caer " Yo no puedo hacer honores a la bandera contra la que he peleado siempre ", a esto le gritan "¡Revolucionario! ¡Revolucionario!".
 
Según Mitre, Falucho tomando su fusil por el cañón, lo hizo pedazos contra el asta-bandera, entregándose nuevamente al más acerbo dolor.
 
Los ejecutores de la traición, apoderándose inmediatamente de Falucho le dicen que iba a morir y haciéndolo arrodillar en la muralla que daba frente al mar, cuatro tiradores le abocaron a quemarropa sus armas al pecho y a la cabeza.
 
Aquel momento brilló el fuego de cuatro fusiles, se oyó su detonación; resonó un grito de ¡Viva Buenos Aires!, y luego entre una nube de humo se oyó el ruido sordo de un cuerpo que caía al suelo.
 
Escribió Mitre que Falucho había nacido en Buenos Aires y su verdadero nombre era Antonio Ruiz.
 
La historia de Falucho fue publicada nuevamente por Mitre en La Nación del 6, 7, 8 y 9 de abril de 1875.
 
Años después aparece la obra "Historia de San Martín y de la emancipación americana".
 
Con respecto a Falucho, Mitre escribió lo siguiente: "La bandera española fue enarbolada en el torreón Independencia, con una salva general de los castillos (7 de febrero).
 
Un negro, soldado del regimiento del Río de la Plata, nacido en Buenos Aires, llamado Antonio Ruiz (por sobrenombre Falucho), que se resistió a hacerle honores, fue fusilado al pie de la bandera española.
 
Bartolomé Mitre tomo como base de la historia de Falucho testimonios verbales del general Enrique Martínez, jefe de la División de los Andes; el testimonio de los coroneles Pedro José Díaz (a cuyo cuerpo pertenecía Falucho) y Pedro Luna; y el testimonio escrito del coronel Juan Espinosa.
 
En 1899, Manuel J. Mantilla escribió en su libro "Los Negros Argentinos" que se decía que hubo dos Faluchos, el fusilado, del que dan testimonio Martínez, Díaz y Espinosa, y otro más que vivía en Lima en 1830, según carta del general Miller a San Martín del 20 de agosto de ese año.
 
Miller lo nombraba diciendo que "el morenito Falucho, que era de la compañía de cazadores del número 8 y tomó una bandera en Maypu", le mandaba saludos a San Martín.
 
Lo que indica que Falucho había uno solo, y era muy bien conocido, pertenecía al batallón numero 8.
 
Lo atestiguan además de Miller, el general Tomás Guido.
 
Falucho fue un soldado negro en el batallón 8º del Ejercito de los Andes que posiblemente fuera el cabo segundo Antonio Ruiz.
 
Este soldado era bien conocido por San Martín y Guido y vivía en Lima en 1830.
 
Fuente: Martín A. Cagliani, estudiante de historia y antropología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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