domingo, 6 de febrero de 2011

“La provincia”, entretelones y suspicacias

“Si Cristina va por la presidencia, Scioli busca la reelección como gobernador. Pero si Cristina desiste, Daniel quiere ser candidato a presidente”. Un dirigente del conurbano, con buena entrada a Daniel Scioli, define sus coordenadas. Página/12 formula una pregunta de cajón: “¿Scioli quiere que la Presidenta se presente?”. Los gestos del hombre son tan expresivos que uno piensa que estudió con Marcel Marceau. No dice nada, se encoge de hombros, abre las palmas de las manos en abanico, despliega una sonrisa pícara. El cronista traduce: “No le dije nada, pero la respuesta evidente es afirmativa”. Por otro lado, el gobernador jamás confrontó en su carrera política, que incluye varios cambios de escudería, siempre surfeando sobre las olas, sin entrar en conflicto.

El Plan B de Scioli es el plan A de ciertos intendentes suburbanos y de importantes referentes empresarios. Se lo hacen saber con asiduidad, en tenidas o cenas cara a cara. Por ahora, en torno de Scioli juran que él solo dará un paso adelante si Cristina Kirchner da un paso atrás. La alianza entrambos es muy de conveniencia y aureolada por grandes sospechas. Equilibrio inestable y con recelos. Equilibrio por ahora.

En jerga política cuando se menta la “embajada” se alude a la de Estados Unidos. Si se nombra a “la provincia” es Buenos Aires. En “la provincia” también se resiente la falta de feedback con la Casa Rosada. Las protestas devienen estentóreas respecto de las “listas colectoras”. Los compañeros intendentes piden garantías, el artificio puede serrucharles el piso, en beneficio de intrusos poco deseados o de compañeros de bajo piné (o de izquierda peronista).

Un casus belli similar, pero escindible conceptualmente, es el diputado Martín Sabbatella, que iría por la gobernación apoyando a la presidenta Cristina en la compulsa nacional. Los objetores arguyen que le pisa el poncho a Scioli, que puede damnificar en una elección a vuelta única donde gana la primera minoría, que se le otorga demasiado protagonismo a un progresista.

En el otro platillo de la balanza de la Rosada, pesan (más) los votos que Sabbatella pueda arrimarle a la boleta presidencial. Los oráculos de Olivos y los sondeos disponibles agregan que Scioli ganaría igual, con las coordenadas actuales. Y, aunque los muchachos de provincia no son emocionales cuando de sus porotos se trata, hay un argumento de autoridad que también contradice los reclamos. La alianza con Sabbatella no es una creación de la Presidenta: Néstor Kirchner la venía tejiendo desde hace mucho tiempo. Tenía especial aprecio político por “Martín”, valoraba sus acciones y su desempeño, dialogaba personalmente con él, lo estimulaba a lanzarse en la provincia.

Nada es imposible en estas pampas. Suena muy pero muy difícil que Sabbatella sea corrido de escena para complacer a Scioli. El gobernador lo sabe, sus principales espadas también. Seguramente se lo coloca en la agenda de exigencias en aras de conseguir otras reivindicaciones. Sin ir más lejos, de tapiar otras colectoras. Scioli también se reservará la figura del compañero de fórmula y su gabinete. Como todo gobernador (y hablamos de uno con peso específico) amuralla su territorio. En su peculiar estilo Zelig habla con (contiene a) todas las agrupaciones peronistas bonaerenses, sin desechar, maltratar, dejar sin audiencia ni desilusionar a nadie.

Por Mario Wainfeld

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