sábado, 19 de febrero de 2011

La “paciencia” de Scioli.


El establishment sueña con un candidato como el ex motonauta para derrotar al proyecto nacional y popular que inauguró Néstor Kirchner.Los más lúcidos exponentes conservadores saben que con Macri no alcanza para vencer al oficialismo.

Cada vez que Daniel Scioli esquiva un conflicto con el gobierno nacional, la derecha apoyada por los medios más concentrados lo cuestiona severamente por no romper con el kirchnerismo para conformar un frente conservador basado en la buena intención de voto que le revelan las encuestas. El establishment sueña con un candidato como el ex motonauta para derrotar al proyecto nacional y popular que inauguró Néstor Kirchner. Los más lúcidos exponentes conservadores saben que con Mauricio Macri no alcanza para vencer al oficialismo y sueñan con la postulación del gobernador. Ni siquiera confían ya en lograr una victoria sumando al Pro con Eduardo Duhalde, portador de la mayor imagen negativa que detectan los sondeos de opinión, junto a la de la devaluada Elisa Carrió.

El cortocircuito planteado por la habilitación oficial de la colectora que propondrá la reelección de Cristina Fernández junto a la postulación de Martín Sabbatella como gobernador bonaerense, resultó una nueva oportunidad para que la derecha volviera a tentar a Scioli para que saque los pies del plato. En esta ocasión, no sólo tuvo el obvio respaldo del establishment, sino también el de algunos de los intendentes bonaerenses, que ven en la colectora a un serrucho que trabaja en sus propias bases electorales. Por supuesto que los mismos medios que adulan habitualmente al gobernador, salieron a cuestionarlo una vez más por tolerar un supuesto nuevo destrato del gobierno nacional.A contramano de esas presiones, el gobernador apareció sonriente junto a Cristina Fernández en la inauguración del estadio de La Plata, unas hora después de haber ordenado quitar de la autopista que une la capital provincial con Buenos Aires, carteles que lo postulaban como candidato presidencial para octubre próximo. Cuando los periodistas le preguntaron por la colectora de Sabbatella, Scioli esquivó más de una vez el bulto diciendo que la gente no está preocupada por eso, sino por la inseguridad y el aumento de los precios.

Tras el cónclave del Partido Justicialista que presidió ayer Hugo Moyano en Sierra de los Padres, las mayores espadas del gobierno se mostraron confiados en que habían logrado contener al menos la bronca de los intendentes que ven a Sabbatella como un “progresista” que viene a aprovecharse de la construcción peronista en el distrito. No reconocen que el “progresismo” haya contribuido al triunfo de Kirchner y de Cristina Fernández. Empujado por las necesidades y cierto espíritu pragmático, el extinto presidente osciló entre la transversalidad y el pejotismo, pero nunca dejó de incorporar progresistas a funciones de gobierno. Kirchner cuestionó en cambio en su momento a algunos de los intendentes que rechazan ahora la colectora de Sabbatella, por haber jugado a dos puntas cuando Francisco de Narváez le gano por 2,5 puntos en un comicio en el que Sabbatella obtuvo el 5,5 %.

A ocho meses de las elecciones nacionales, Cristina Fernández sigue liderando los sondeos de intención de votos con más de 20 puntos de diferencia sobre Ricardo Alfonsín y Mauricio Macri, que disputan el segundo puesto con la esperanza de reeditar en segunda vuelta una suerte de Unión Democrática que junte votos a izquierda y derecha. Si bien es cierto que la boleta de Sabbatella puede restarle votos a la reelección de Scioli, la Casa Rosada aceptó el apoyo del ex intendente de Morón con la idea de fortalecer las posibilidades de Cristina Kirchner. La obsesión de los operadores kirchneristas es llegar a un piso de 40 % o la gloria del 45 % que consagraría sin más a Cristina Fernández. El complejo armado electoral debe armonizar intereses a veces contradictorios. Pero si se debe sacrificar alguna píeza del ajedrez, no será precisamente el rey. O mejor dicho la reina. Los funcionarios del gobierno nacional que participaron del cónclave justicialista en Sierra de la Ventana, salieron confiados de que habían logrado al menos contener la bronca de los intendentes por la colectora del revuelo. Paradójicamente, el principal perjudicado, fue el encargado de pasar crema calmante sobre la piel erizada de los barones bonaerenses. Scioli les ofreció modificar la ley electoral provincial para que el PJ pueda exigir a las minorías un mínimo del 25 % de los votos para intercalar candidatos en las listas, en lugar del 10 %que establece hoy la norma electoral. En términos generales, el cambio de reglas beneficia a las fracciones oficialistas que cuentan a su favor con los aparatos municipales. Tan es así que los movimientos sociales que le disputan poder a los intendentes ortodoxos en sus distritos, manifestaron su oposición a esta compensación de Scioli. Es obvio que al gobernador le molesta que desde el gobierno nacional se apoye a un competidor suyo. Pero también es cierto que no puede plantear claramente su enojo porque él mismo resultó beneficiario de listas colectoras vecinales cuando fue elegido como gobernador. Sería incongruente que saliera a criticar un mecanismo que utilizó y que además no está prohibido por ley.

Cada vez que se planteó una contradicción con la conducción nacional, Scioli dio muestras de mesura y paciencia para esperar su momento. El gobernador sorteó cada cortocircuito con el ánimo de no romper lanzas con el kirchnerismo puro que siempre lo miró con recelo. Sabe que debe esperar a que los caminos se bifurquen claramente porque un mal paso lo puede dejar a la intemperie. Tras el conflicto por la política de seguridad bonaerense por el hecho que acaba de llevarse la vida de dos chicos acribillados por el gatillo fácil, el gobernador produjo una limpieza en la cúpula de la bonaerense. Pero cuando no se habían acallado aún los ecos de estos asesinatos, estallaron las críticas del ministro Julio De Vido a autoridades provinciales por el choque de trenes. Los referentes más duros de los movimientos sociales, como Luis D’ Elía, ni siquiera consideran a Scioli como parte del proyecto nacional y popular. Pero Scioli no se inmuta. Desde hace tiempo que sus colaboradores vienen sosteniendo que “el lugar que ocupará Daniel estará en línea con lo que decida la Presidenta”. Dicho de otro modo, si Cristina Fernández es candidata a la reelección, lo cual pocos dudan, el ex motonauta irá por su reelección como gobernador.

Sus adláteres califican a esta conducta como una muestra de lealtad inquebrantable. Pero más allá de virtudes personales, en términos políticos, está claro que Scioli está convencido de que su destino político está atado de alguna manera al peronismo, pese a las diferencias ideológicas que hoy mantiene con el kirchnerismo puro. Y que tiene edad como para esperar un nuevo turno. Su decisión de no sacar los pies del plato, se fortaleció tras la muerte de Néstor Kirchner que quebró la idea de una alternancia indefinida Cristina-Néstor o Néstor-Cristina, más allá de 2015. Si resultara vencedor en la próxima elección, el kirchnerismo estará obligado a generar un sucesor que pueda garantizar la continuidad del modelo. Si emergiera esa figura, se terminará entonces, seguramente, la supuesta paciencia de Daniel Scioli. Ese es su límite.

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