sábado, 19 de febrero de 2011

Gerónimo, la última resistencia indígena armada

El 17 febrero de 1909, lejos de Arizona, su tierra natal, murió Gerónimo, el último gran jefe de la resistencia indígena armada en Norteamérica.

"Nací en las praderas en donde el viento soplaba libremente y no había nada que interrumpiera la luz del sol. Nací donde no había recintos."

Perteneció a los Chiricahuas, uno de los pueblos apaches. En 1876, el ejército de Estados Unidos intentó desplazarlos hacia una reservación. Gerónimo huyó a México y eludió y combatió a las tropas yanquis por más de una década. Gerónimo finalmente se entregó después de que el ejército le prometiera que después de un tiempo, podría volver a Arizona. Fue enviads a St. Augustine, la Florida, donde muchísimos murieron de malaria o de tuberculosis. Gerónimo no llegó a ver a su Arizona querido y murió a los 80 años, en una reservación en Oklahoma.

Gerónimo o Gojlaye nació en 1829 en lo que hoy la parte occidental de Nuevo México, y que entonces todavía era territorio mejicano. En aquella época los apachesbedonkohe -al igual que sus parientes apacheschokonen, chihenne y nedni- eran ya una población prácticamente sedentaria que se dedicaba a cultivos como las judías, el maíz y las cucurbitáceas. Eventualmente, realizaban incursiones de robo -apachu significa enemigo en lengua zuñi y de ahí deriva el nombre que les pusieron los españoles- pero, en términos generales, sus relaciones con los mexicanos eran pacíficas.

A los diecisiete años, entró en el consejo de guerra de su tribu siendo jefe el famoso caudillo apache Mangas Colorado. Nada más convertirse en guerrero, Gojlaye podía aspirar a contraer matrimonio y, efectivamente, tras abonar al padre de una tal Alope un elevado precio en caballos, pudo tomarla por esposa. De este matrimonio nacerían en los años siguientes tres hijos. En 1858, Gojlaye, junto a otros apaches, viajó a Sonora para comerciar con los tenderos locales. Durante su ausencia, los soldados mexicanos atacaron la tribu a la que pertenecía y asesinaron a hombres, mujeres y niños sin exceptuar a Alope y a sus tres hijos. De toda la tribu, sólo sobrevivieron ochenta guerreros y con ellos y la ayuda de otros grupos apaches, Gojlaye se desplazó a México para vengarse.

En la batalla de Kaskiyeh, los apaches ocasionaron una terrible derrota a los mexicanos dándose por satisfechos. La única excepción al respecto fue la de Gojlaye al que sus enemigos ya habían bautizado con el nombre de Gerónimo por haber sido en la festividad de este santo cuando había tenido lugar el cruento choque. En el verano de 1860, Gerónimo con veinticinco seguidores comenzó una serie de incursiones letales en el territorio de México. En apariencia, su actitud constituía un disparate vengativo que amenazaba la paz y la existencia de los apaches.

Sin embargo, en 1861 el ejército de Estados Unidos comenzó una guerra no provocada contra la misma tribu con la intención de acabar con ella y la venganza personal de Gerónimo se vio sumergida en la corriente más amplia de la supervivencia de su pueblo. Durante diez años, las tropas norteamericanas perpetraron atrocidades sin cuento contra las poblaciones apaches, asesinaron a sus caudillos en encuentros en los que, supuestamente, se iban a tratar los términos de la paz futura e impusieron como condición para aquella la reclusión de los apaches en reservas.

En 1871, el jefe apache Cochise aceptó la rendición y los apaches fueron encerrados en cuatro reservas situadas en Nuevo México y Arizona. La paz, ciertamente inhumana para los indígenas, duró poco ya que en 1877 las autoridades americanas dieron la orden de llevar a los apaches a la reserva de San Carlos. Para completar el proceso, se envió además un mensaje a Gerónimo, que nunca se había rendido, para que acudiera a parlamentar. El piel roja lo hizo pero traicionando las garantías que le habían ofrecido, los soldados lo atraparon, lo cargaron de cadenas y lo encerraron en una prisión militar durante cuatro meses. De allí salió sólo para ser trasladado a San Carlos.

Pero sus tribulaciones a manos del gobierno de Estados Unidos apenas estaban comenzando. En 1881, ante los rumores insistentes de que iba a ser ahorcado, Gerónimo huyó de la reserva con unos setenta guerreros en dirección a México. Seis meses después regresó sólo para intentar convencer a los demás apaches de que lo siguieran. Lo consiguió pero en la huída, mientras hacía frente a las tropas norteamericanas para permitir que las mujeres y los niños se pusieran a salvo, fuerzas mexicanas atacaron su retaguardia y mataron prácticamente a todos los apaches que no eran guerreros.

Gerónimo, y otros tres jefes, logró escapar e inmediatamente intentó unirse a otros reductos de resistencia pero poco podía hacer aparte de sobrevivir a un acoso constante de dos ejércitos. En 1882, la reserva de San Carlos pasó a estar a las órdenes del general Crook que tenía una visión distinta del conflicto. Se entrevistó con Gerónimo y reconoció las injusticias de que habían sido objeto los apaches. Tras recibir nuevamente garantías de que serían tratados con humanidad al igual que el conjunto de los apaches, en febrero de 1884, Gerónimo y los suyos regresaron pacíficamente a la reserva.

Durante un año, la situación permaneció estable pero entonces la población blanca de Arizona inició una campaña de desprestigio dirigida contra Gerónimo y no fueron pocos los que exigieron su ejecución e incluso formaron partidas encaminadas a llevar a cabo ese fin. En mayo de 1885, Gerónimo decidió escapar hacia México una vez más. Lo consiguió pero el general Crook decidió que aquella acción no podía quedar impune y se adentró en su persecución por territorio mexicano. El apache, apenas seguido por una veintena de guerreros, combatió devolviendo golpe tras golpe durante años pero, como siempre, la suya era una lucha desesperada.

Finalmente, se vio cercado gracias a la utilización de guías apaches por parte del ejército de Estados Unidos ahora mandado por el general Miles. Tras su capitulación tanto los apaches que le habían seguido como los que le habían perseguido al servicio de la caballería fueron desarmados y trasladados en carros a Holbrook, Arizona, desde donde se les llevó en tren militar hasta Florida. A su paso por San Antonio, Texas, Gerónimo estuvo a punto de ser ahorcado por sus "crímenes" -de hecho, el mismo presidente de Estados Unidos, Grover Cleveland, era partidario de su ejecución- pero sólo pasó cuarenta días en la cárcel.

El clima de Florida resultó de efectos inmediatamente devastadores para los apaches. En mayo de 1887, tras más de dos años sin ver a sus familias, volvieron a ser deportados como trabajadores forzados esta vez a Mount Vernon, Alabama. En 1894, se les trasladó nuevamente, ahora a Fort Sill, Oklahoma. Gerónimo suplicó al general Miles que le permitiera regresar a su tierra pero sólo recibió como respuesta las carcajadas del veterano militar. Una vez más la palabra del gobierno de Estados Unidos había demostrado ser tan doble como la lengua bífida de algunos reptiles. Ni siquiera el hecho de que en 1903 Gerónimo se uniera a la iglesia reformada sirvió para mejorar su suerte.

La rendición final de Gerónimo fue la última acción de las guerrillas Indias de toda Norteamérica.

Un año después muchos de ellos se reubicaron en en Alabama, donde aproximadamente una cuarta parte murió de tuberculosis y otras enfermedades. Gerónimo murió sobre 17 de Febrero de 1909, siendo un preso de guerra, y sin que le hubieran permitido volver a su tierra natal.

Fuente: César Vidal, Libertad Digital

No hay comentarios:

Publicar un comentario