lunes, 21 de marzo de 2011

MARIOTTO: “LA HISTORIA LA GANAN LOS QUE ESCRIBEN”

Tributo a Jauretche, Scalabrini Ortiz, Carrillo, Discépolo, Cooke, Marechal, Mugica, Oesterheld, Urondo, Puiggrós, Manzi, Walsh... y sigue la lista
 
Por Roberto Caballero
Tiempo Argentino


Gabriel Mariotto, titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), y Roberto Caballero, director de Tiempo Argentino, abrieron el ciclo de debates y charlas en el marco de la muestra “Homenaje al Pensamiento y el Compromiso Nacional”, que se realiza en el Palais de Glace. La reivindicación del rol de intelectuales del campo popular, el silencio cómplice de la prensa canalla y la importancia de los medios de comunicación en la defensa de la producción, la inclusión social y la integración regional.
 
“Si el pensamiento nacional no tenía un diario, ahora lo tiene”
 
El pensamiento nacional no tiene aliados en el sistema tradicional de medios.
 
Vaya novedad.
 
Hoy, la mayoría de los medios de comunicación oligopólicos todavía expresan un sistema de ideas, valores y símbolos anclados en los ’90, cuando el paradigma existente eran las relaciones carnales, donde lo correcto era hijo de la subordinación y el coloniaje, un modelo en sí mismo que, repetían hasta el cansancio, terminaría por resolver todos los problemas de la Argentina, pero que en los hechos nos terminó llevando al desastre social y a las puertas de la disolución nacional.
 
Nuestras élites trasnacionalizadas, encabezadas por Techint y Clarín, y todos sus medios de prensa, plataforma de creación de sentido y opinión para perpetuar el statu quo que garantiza sus privilegios de renta, están desorientados, porque el rumbo del país es otro, distinto al que anhelaban, inverso al que proponían; y hay mayorías sociales, antes audiencias cautivas que repetían como propias ideas que les eran ajenas, que comienzan a advertirlo.
 
Si ellos proponían, con el consenso prefabricado por todos sus medios, un Estado ausente o bobo al servicio de su modelo de país, hoy el Estado de la democracia los enfrenta y los pone en su lugar, los interpela y consigue mejores resultados para el conjunto social.
 
Si ellos proponían la reconciliación para ocultar los crímenes de la dictadura de la que fueron beneficiarios, hoy la justicia de la democracia tiene sentados en el banquillo a los ejecutores militares del genocidio, y también avanza con inédita energía sobre los cómplices civiles, cuyo máximo exponente es el Grupo Clarín que silenció el horror para quedarse con Papel Prensa, corazón de un monopolio que aún hoy sigue atentando contra la pluralidad de voces y el derecho a la información, hasta que no ceda sus posiciones dominantes en el mercado.
 
Si la política, según ellos, era apenas el terreno de prácticas corruptas que tendían solamente al enriquecimiento de sus protagonistas, hoy las multitudes populares la han recuperado como herramienta de cambio social, exigiendo la profundización de un modelo incluyente que había sido abandonado hace 60 años en la Argentina.
 
Si el Dios Mercado y el darwinismo empresario eran presentados como única alternativa posible para pensar un país, y la exclusión social como una fatalidad virtuosa, el modelo en vigencia demuestra que desde las políticas públicas se puede hacer lo inverso, con resultados excepcionales para todos.
 
La copa no derrama por sí misma: hay que ayudar a volcarla, y eso es lo que se está haciendo.
 
Si el sindicalismo y la rigidez de sus convenios por rama eran satanizados por los opinadores de la derecha off shore y los dadores de prestigio de todas las academias como la traba a la creación de empleo, el funcionamiento pleno de las paritarias y el respeto a los derechos laborales, en simultáneo con la mayor generación de empleo de la que se tenga memoria, deja en evidencia que sus verdades no alcanzan ni siquiera la categoría de zonceras.
 
Si el FMI, el Banco Mundial, el Club de París y todos los organismos multilaterales de crédito eran la palabra sagrada en materia de administración de nuestras finanzas públicas, la política de desendeudamiento y la autonomía en las decisiones económicas nacionales comprueban que el Consenso de Washington en la Argentina está más muerto que vivo, y esa es una excelente noticia que los medios tradicionales se resisten a dar.
 
Durante décadas, las ideas y los valores del pensamiento nacional, parte inescindible de la riqueza cultural de nuestro pueblo, estuvieron silenciados por los grupos corporativos, porque estas ideas y valores eran subversivos del orden que instalaron para su propio beneficio.
 
Sus divulgadores fueron los primeros desaparecidos del proyecto mezquino, rentista y antinacional que se apoderó del Estado para convertir a millones de argentinos en el patio trasero miserable de una marquesina radiante donde los pocos eran dueños de todo y los muchos de casi nada.
 
La consecuencia de esta utopía absurda, libremercadista y excluyente, donde el país entero podía ser, apenas, el furgón de cola de una élite que repetía, como todavía lo hace, que lo bueno viene de afuera y lo malo nos es inherente, es una autoestima dañada que, de a poco y con mucho esfuerzo, vamos reconstruyendo entre todos.
 
En cada puesto de trabajo que se genera.
 
En cada científico repatriado.
 
En cada chico que vuelve a la escuela gracias a la AUH.
 
En cada argentino que desafía los límites de lo posible, la Patria vuelve a ser Patria, y no la plebeya lavaplatos de un grupo dominante.
 
Y esa es otra buena noticia que los medios hegemónicos no van a publicar.
 
No tenemos que perder de vista que la nacionalidad argentina es una construcción básicamente política.
 
Ni racial, ni religiosa, ni geográfica.
 
Desde hace 200 años, lo argentinos somos un puñado de rebeldes enfrentando al imperio y a la desigualdad, o no somos nada de nada.
San Martín, Belgrano y Moreno, pese a lo que diga el historicismo liberal y mitrista, no son verdades de bronce ni palabras en las hojas de un manual: son acción política revolucionaria, liberadora e igualitaria.
 
La bandera no es una tela, sino todo lo que como sociedad ponemos en esa tela: y lo nuestro hace dos siglos es la pelea entre lo viejo y la nuevo.
 
Me habían pedido que hablara sobre la actitud de la prensa ante el pensamiento nacional.
 
Rindo homenaje, entonces, a los que sabían de verdad de qué se trataba: Jauretche, Roberto Carri, Hernández Arregui,  Scalabrini, el Pepe Rosa, Carrillo, el Gordo Cooke, el Colorado Ramos, Juan Perón, Fermín Chávez, Rodolfo Walsh y tantos otros,
 
Pero yo no sé si ellos hubiesen querido un homenaje de palabras.
 
El mío quiere ser un homenaje en la acción.
 
Si Clarín fue el diario del desarrollismo para luego convertirse en la tribuna de doctrina y el periodismo cautivo del orden conservador que responde a la Embajada de los EE UU y a la patronal trasnacionalizada de diversas ramas, yo les prometo que Tiempo Argentino va a convertirse en el diario de la producción nacional, la inclusión social, la defensa de los Derechos Humanos y la integración regional, en el camino de la Patria Grande.
 
Si el pensamiento nacional no tenía un diario, ahora lo tiene.
 
Este es el mejor homenaje que el colectivo de trabajo de Tiempo Argentino puede hacerles a estos, los intelectuales del campo nacional y popular.
 
Si nosotros diéramos el Nobel, se lo sacaríamos ya saben a quién, y se lo daríamos a todos ellos.

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