lunes, 28 de marzo de 2011

Emilio pérsico, del movimiento evita: “Tenemos que reunificar a la clase trabajadora”


Para el dirigente, la dictadura y el neoliberalismo flexibilizaron y destruyeron la base obrera. Y advierte que hoy el objetivo es transferirle poder.

  Detrás de esa barba canosa de patriarca, que con los años se convirtió en parte inseparable de su identidad, Emilio Pérsico guarda una historia que sólo pocos conocen. El dirigente del Movimiento Evita no tiene complejos en relatarla. De 54 años, amante de los botes y del Delta del Tigre, Pérsico proviene de una familia italiana que se dedicó durante cuatro generaciones al negocio de las heladerías. Su tío abuelo fue el gestor de la cadena Freddo y hoy sus parientes lejanos son los dueños de Persicco.
  El fundador del “Evita” nunca conoció a los descendientes de su tío abuelo. Pérsico vive desde hace unos años en la Villa Hall de San Fernando, un barrio humilde de la zona norte del Conurbano. Al repasar su historia política, nadie le puede negar coherencia: siempre militó en el peronismo de izquierda. Comenzó de muy joven en la UES de La Plata, siguió por Montoneros, Intransigencia y Movilización, Peronismo Revolucionario, entre otros sectores. Hasta que, ya con el kirchnerismo, participó de la creación del Movimiento Evita. A los 17 años, Pérsico hizo un curso rápido para aprender el oficio metalúrgico. El curso se lo recomendó un militante varios años más grande, uno de los montoneros más conocidos de La Plata, hoy desaparecido.
“Creíamos que la vanguardia de la clase obrera eran los metalúrgicos. Y ese compañero me enseñó el compromiso de vivir como lo que se quiere representar”, dice Pérsico. En 1977, mientras la dictadura seguía con la imparable cacería de la militancia platense, se fue a vivir a Córdoba. Allí dejó de usar su identidad de clandestino y consiguió trabajo en la planta de Materfer. “Armaba las ventanas de los trenes”, recuerda. Varios meses después, Pérsico salió del país: primero estuvo en Suecia, luego en el Líbano. En 1979 regresó a la Argentina con una identidad falsa: formaba parte de la contraofensiva de Montoneros. “Entramos once y cayeron seis”, dice. En 1980 salió y volvió a entrar al país. Se instaló en la zona norte del Conurbano, donde trabajó en una de las empresas subsidiarias de Ford que fabricaba repuestos y autopartes.
Pérsico repasa su historia sin complejos. A la hora de definirse, el jefe del Movimiento Evita no se anda con rodeos. “Hace 45 años que hago nada más que política”, se ríe. El jueves 24 de marzo estuvo en la cabecera de la columna unificada de la JP Evita y la Juventud Sindical. La alianza entre el Evita y la agrupación que reúne a los delegados gremiales menores de 40 años es una de las novedades de la actualidad política: el acercamiento había empezado el 26 de julio de 2010 con la marcha de antorchas por el aniversario de la muerte de Eva Perón convocada por la Corriente Sindical Peronista y el Movimiento Evita. En aquel acto hablaron Néstor Kirchner, Hugo Moyano y el propio Pérsico. “Queremos avanzar hacia un poder unificado de la clase trabajadora”, anuncia Pérsico durante la entrevista con Tiempo Argentino.

–¿Cómo debe leerse la columna unificada de la JP Evita y la Juventud Sindical?
–A mí me gusta mucho lo que dijo Cristina el año pasado en el acto del Luna Park. Hoy, los jóvenes tienen la oportunidad que nosotros no tuvimos: las contradicciones en el seno del movimiento popular hoy no se resuelven de forma violenta. Se resuelven dentro del movimiento y en unidad. Es muy importante, hace que sea muy difícil volver para atrás. La otra razón, quizá más importante: creemos en la unidad de la clase trabajadora. Los enemigos de la dictadura militar eran los trabajadores. Y lo que hicieron fue destruir a la clase trabajadora: primero, con la dictadura, secuestrándola, matando comisiones internas; después, con el neoliberalismo, condicionándola socialmente: desocupados, sub-ocupados, flexibilizados. Y también dividieron políticamente a los trabajadores. Por todo esto, para que este modelo siga avanzando, es necesario reunificar a la clase trabajadora en lo económico, en lo social y en lo político.
–Hugo Moyano abrió un debate en el oficialismo al decir que quería más candidatos de perfil trabajador, incluso habló de “negritos en las listas”. ¿Qué piensa?
–Moyano habló de la política en general. A los trabajadores les robaron muchas cosas. Les robaron el trabajo y la dignidad, pero lo peor que se les robó, y eso lo charlábamos con Néstor, fue la política. La política pasó a ser una carrera como Medicina, como Ingeniería, en la que los políticos eran los protagonistas exclusivos de la política. El modelo neoliberal le robó la política a la clase trabajadora. Antes había locales, unidades básicas, comisiones internas, asambleas del club. Los trabajadores participaban en el proceso económico; en el proceso social de su barrio, de su sindicato, de su club; y también participaban en el proceso político, a través del comité, la unidad básica, la biblioteca popular. Tenemos que recuperar todo eso para que la Argentina vuelva a ser estable. Hoy los políticos no son estables, saltan de una fuerza a otra porque tampoco hay estabilidad social.
–¿Cómo se traduce todo esto con una campaña electoral?
–Si de algo se trata una revolución es de transferir poder a los trabajadores y a los humildes. En general, los sectores medios, cuando gobiernan, le tienen miedo al protagonismo popular. Ven en la esquina a los pibes que no trabajan ni estudian y los miran con terror. Los ven como parte del problema. Cuando, en realidad, esos pibes son parte de la solución. Porque a los pibes que no trabajan ni estudian, “los ni-ni” hay que movilizarlos para que resuelvan los problemas de su barrio. Esa es la diferencia entre una idea pequeñoburguesa o reformista de la política y el nacionalismo popular revolucionario. El que más me hablaba de eso era (Rodolfo, ex rector de la UBA en 1973) Puiggrós. Siempre nos insistía con que los trabajadores son el verdadero sujeto de los cambios y que la burguesía, cuando hace política, termina teniéndole miedo al protagonismo popular. El problema más grave que tenemos hoy es que todavía no hemos logrado construir los canales de participación de la juventud como también de los miles de trabajadores y humildes que hoy quieren participar en el proceso político.
–Brasil parece estar avanzando hacia una moderación. ¿Qué pasará en la Argentina post 2011?
–Este proceso va hacia la profundización, hacia adelante. ¿Cómo hacés para volver para atrás las políticas de Derechos Humanos después de la movilización del otro día (por el 24 de marzo)? ¿Y cómo hacés para volver para atrás las políticas de avance contra el modelo neoliberal después de la movilización que va a hacer Moyano en la 9 de julio? ¿Cómo hacés para volver para atrás este modelo después del compromiso y la simbiosis, sí, simbiosis, entre Cristina y la militancia en la cancha de Huracán?
–¿El Movimiento Evita va a tener candidatos en las listas del kirchnerismo?
–Sí, pero el Movimiento Evita tiene que seguir trabajando por la unidad de los trabajadores y por la participación popular. Yo lo que pretendo es que sea una herramienta que dé un aporte para empoderar a los trabajadores y a los humildes. De eso se trata el proceso. Los militantes del Movimiento Evita tienen que amar a los trabajadores, amar a los humildes y tratar de transferirles poder.

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