lunes, 21 de marzo de 2011

En una cultura cristiana, los símbolos pasan a ser santos, así como los que se identifican con el Gauchito Gil, por ejemplo, lo hacen santo

Ex cura, profesor de teología, se refiere a la “devoción” popular por Néstor Kirchner, la Iglesia y la ley de matrimonio igualitario. El sí a Sabbatella y la crítica a Pino Solanas
Rubén Dri fue cura, participó en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y en la actualidad es teólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y militante social. En diálogo con Miradas al Sur afirmó que “sectores populares sienten devoción por Kirchner” al que comparó con Perón y Evita. Calificó la sanción del matrimonio igualitario como “la mayor derrota de la jerarquía eclesiástica” y acordó con la postura de Martín Sabbatella: “Hay que desbordar al PJ”.

–¿Por qué lo llama Néstor al ex presidente Kirchner, como si tuviera una cercanía muy fuerte?
–Primero, yo con Néstor Kirchner nunca hablé personalmente ni he tenido una relación personal con él. Lo que pasa es que me identifico mucho con la lucha, sobre todo a partir de la 125. Antes de esa pelea con las corporaciones agrarias tenía una posición de apoyo por una cantidad de medidas que había tomado, era lo mejor, casi lo menos malo. Pero no nos sentíamos –yo con otros compañeros de la asamblea de Juan B. Justo y Corrientes– tan identificados. Cuando se da la pelea con las corporaciones agrarias vimos con claridad que había dos campos, y que Néstor Kirchner lideraba uno de los grupos. Ahí me siento muy identificado. Mi acercamiento no es sólo intelectual, sino que es afectivo en la medida en que no puedo concebir un compromiso que sea meramente intelectual. En lugar de decir el apellido, decir el nombre me acerca más a la persona y al proyecto.
–¿Sugirió en alguna oportunidad una especie de santificación de Néstor Kirchner?
–Sí. En relación, precisamente, con lo que son los símbolos de identificación o de identidad popular, es decir, que los pueblos se identifican con determinados símbolos. En una cultura cristiana, los símbolos pasan a ser santos, así como los que se identifican con el Gauchito Gil, por ejemplo, lo hacen santo. De hecho, eso brota del mismo pueblo. Pero a su vez, ésa es la lógica con la cual el cristianismo primitivo hacía sus santos, que eran los símbolos de su propia identidad. La santidad, la beatificación no la hacía ninguna autoridad papal o episcopal, sino que la hacía la misma comunidad, el mismo pueblo.
–¿Siente que hay sectores populares que visualizan o están construyendo un “San Néstor”?
–Lo que pasó cuando muere Néstor Kirchner, esa fuerte expresión popular, me llevó a pensar que hay un proceso de identificación, por lo tanto, de santificación, en el sentido de identificación con un determinado símbolo que expresa lo que ese pueblo quiere. Entonces es como Evita o como Perón.
–Perón y Evita ya son líderes históricos con una llegada a millones de personas. ¿Lo pone a Kirchner en esa misma categoría?
–Lo pongo en esa categoría teniendo en cuenta, naturalmente, que estamos en el inicio, de manera que no puedo decir cómo va a continuar esto. Pero sí estamos en un proceso de identidad con un símbolo que es muy fuerte en la medida que se está dando una pelea que es también muy fuerte. Que no sólo es Argentina, sino que es Latinoamérica.
–¿Por qué cree que hay sectores populares, juveniles, que tienen esa devoción por Néstor Kirchner?
–Porque han visto y sentido que Néstor está en una lucha muy fuerte, y su muerte asume una característica de especie de martirio, él no quiere de ninguna manera dejar su compromiso, entonces ya no se fija en su propia salud, sino en la tarea que tenía que realizar, y esa tarea la realiza aunque le cueste la vida. Entonces se recuerda las jubilaciones, la Asignación Universal, la recuperación del trabajo. Hay una serie de hechos que han beneficiado directamente a los sectores populares. Y éstos en relación a Néstor no se equivocan. A pesar de lo que digan los medios de comunicación, ellos sienten que Néstor les ha hecho bien, ha tomado medidas que son para ellos. Los sectores populares se sienten desprotegidos y cuando encuentran que alguien con poder los toma en cuenta, inmediatamente sienten que una relación se transforma en un símbolo que entra a formar parte de su propia identidad, y que por otra parte esa relación les da una determinada fuerza.
–Lo llevo a otro tema. A propósito de la sanción por parte del Congreso del matrimonio igualitario, ¿podría afirmar que el cardenal primado Jorge Bergoglio y el establishment de la jerarquía católica quedaron muy heridos y debilitados?
–Sufrieron la derrota cultural más fuerte que ha tenido la Iglesia argentina en mucho tiempo.
–La Iglesia y la jerarquía eclesiástica habían construido, durante décadas, una especie de mito que los presentaba como intocables. ¿Considera que ese mito se rompió?
–Se está rompiendo. El gobierno de Kirchner es el primero después de la dictadura militar que no se somete completamente a la Iglesia. Con Alfonsín hubo algunos atisbos de independencia, pero sin la fuerza que le imprimió Kirchner. La época de Menem fue directamente decirle a la Iglesia “tenés todo el poder, hay determinados ámbitos donde la Iglesia manda y el Estado no se puede meter absolutamente”.
–Cuando el Parlamento uruguayo votó una ley a favor del aborto, Tabaré Vázquez la vetó. Si se repitiera el mismo esquema acá, ¿cuál cree sería la actitud de Cristina Fernández?
–Cristina se va a jugar. Puedo equivocarme, pero ninguna de las prácticas de la Presidenta me hacen pensar que frente a una ley votada por el parlamento ella fuese a vetarla.
–¿A veces, en algún sueño o en algún pensamiento, extraña estar en un templo dando misa, frente al púlpito?
–No, para mí esa etapa terminó completamente. Fue una etapa importante en mi vida, me marcó mucho, pero el haber tenido “la suerte” de haber participado activamente en un movimiento como el de sacerdotes para el tercer mundo realmente me produjo transformaciones muy profundas.
–¿De alguna manera cumplió con un mandato familiar, específicamente de su madre, para ser cura?
–Sí, tenía un mandato familiar de mi madre muy fuerte. Evidentemente viví toda esa etapa de mi vida muy intensamente. Hoy no es que me sienta afuera del cristianismo, pero sí me siento fuera de la estructura de la Iglesia, no tengo absolutamente nada que ver.
–A propósito de la infancia, leía que su padre era admirador de Benito Mussolini, germanófilo y que usted cuando tenía diez años leía la revista Cabildo y Pampero. ¿Es así?
–Sí, es así. Claro... Mi padre era admirador de Mussolini, admirador del fascismo, de Hitler, en general de los alemanes. Yo me crié con esa concepción. Mi padre nunca fue a la escuela. El párroco le enseñó a leer. Le interesaba mucho la política, fue peronista desde el primer momento. Mi raíz peronista viene de ahí; más adelante, en el seminario, hemos aprendido a admirar a Franco y al franquismo.
–Lo llevo a otra temática, ¿está de acuerdo con la postura de Martín Sabbatella de candidatearse como gobernador de la provincia de Buenos Aires acompañando a la Presidenta?
–Le acabo de mandar mi firma a Sabbatella apoyándolo. Estoy completamente de acuerdo. Aparte, quiero realmente que Sabbatella crezca porque creo que necesitamos desbordar al PJ, es decir, necesitamos que realmente los valores que expresa Sabbatella, que expresan sectores sociales que no son peronistas, pero que tienen valores fundamentales, nacionales, populares, humanos, etc., formen parte fundamental de un nuevo proyecto político.
–En relación con Pino Solanas y Proyecto Sur, usted afirmó que hay sectores de centroizquierda y de izquierda que necesitarían de alguna manera que el Gobierno sea reaccionario para que ellos tengan su papel, incluso para justificarse.
–Esto está clarísimo. Pino Solanas necesita que el Gobierno sea reaccionario, por eso calificó al Gobierno de “recontra derecha”. Yo se lo escuché decir. Ése es un problema que suelen tener las denominadas izquierdas y a veces ciertos sectores renovadores que piensan que el único espacio que pueden tener es oponiéndose al gobierno, independientemente de cómo sea el gobierno. Para oponerse tienen que hacerlo reaccionario, tienen que presentarlo como un gobierno absolutamente reaccionario. Entonces, a mí me duele mucho escucharlo hablar a Pino de esa manera, porque incluso traiciona su propia historia. Yo creo que políticamente se equivoca y muy mal. Y termina siendo funcional a la derecha.

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