lunes, 1 de agosto de 2011

Siempre más

El resultado del ballottage porteño, por lo previsible de sus cifras, no aporta nada nuevo al mapa electoral que tendrá el próximo 14 de agosto su primer test en serio, de cara al 27 de octubre.
Esto no implica desconocer algunos datos políticos llamativos de la gélida jornada de ayer. Por caso, si Mauricio Macri no se hubiera autolimitado legalmente para participar de las presidenciales, podría inferirse que su discurso de anoche, en modalidad de colorido pastor electrónico, no fue el de un alcalde reelecto sino el de un candidato a presidente. También el llamado de Cristina para felicitarlo fue el de una estadista que ve toda la cancha y se anticipó rápidamente a las reflexiones viscerales que suelen explicar las derrotas por el “asco” y no por razonamientos políticos más profundos y meditados.
La reelección de Mauricio Macri no es una noticia fuera de cálculo. El desempeño de Daniel Filmus tampoco fue inesperado. El PRO obtuvo porcentuales similares a los de 2007, frente al mismo adversario. Si en el análisis se privilegia que su contrincante fue mejor candidato que gobernante, la de Filmus fue una elección magra. Con cuatro años de gestión mediocre encima, este Macri no era el de 2007; a priori parecía más débil. Porque a su ideología conservadora se le sumaban escándalos judiciales como el de las escuchas telefónicas, posturas reaccionarias frente al matrimonio igualitario, definiciones xenófobas en materia inmigratoria, una desinversión vergonzosa en áreas sensibles como las de educación, vivienda y salud, y el haberse bajado de la pelea nacional frente a encuestas que lo daban como perdedor.
Pero si a la lectura se incorpora el generoso blindaje mediático hegemónico del que gozó el jefe del PRO, la inédita campaña sucia telefónica que involucró al padre de Filmus con Sergio Schoklender y la eficacia indudable del márketing festivo ideado por Durán Barba, hay que reconocer que Filmus fue un digno postulante.
El macrismo intentaba anoche nacionalizar la victoria a través de sus voceros, aunque fue evidente que su estrategia acertada tanto en primera como en segunda vuelta fue municipalizar la contienda y disimular su antikirchnerismo genético detrás de un discurso “no confrontativo” y alegre, que le terminó arrimando votos que en octubre podrían ser capitalizados por Cristina Kirchner. Funcionando como alter ego –algo atropellado, es cierto– de Mauricio Macri, anoche mismo Miguel del Sel llamó a votar a Eduardo Duhalde, aunque se supone que el líder del espacio haría el anuncio recién después de las primarias del 14 de agosto.
Las caras largas en el comando del FPV pueden atribuirse a la pura lógica de los acontecimientos: a nadie le gusta perder. El candidato Filmus era el mejor posible. A una ciudad históricamente orgullosa de su oferta cultural, cosmopolita y con un caudal de voto progresista por encima de la media nacional, se le propuso como alternativa a Macri al creador del Canal Encuentro, al ex ministro que prometió –y cumplió, en un país donde se cumple poco– llevar el presupuesto educativo al 6% del PIB, al senador meticuloso que demostró autonomía con la Ley de Glaciares y al docente universitario de sólida formación, reconocido aquí y en el extranjero.
Queda para ocupar un párrafo en la historia de la mezquindad política la actitud de Fernando “Pino” Solanas, que apoyó a Macri sin decirlo, demostrando una vez más que el narcisismo-leninismo de carácter testimonial sólo lleva agua para el molino de la derecha. El tacticismo electoral del ex cineasta no sólo sumió a Proyecto Sur en una pendiente negativa que lo pone al borde de la extinción, sino que también es un llamado de atención a los que creen que a la izquierda del kirchnerismo existe algo importante: no, la verdad que no, sólo aparecen Durán Barba, Barrionuevo, Venegas y Rodríguez Larreta. 
Volviendo a Filmus. Un candidato, por más atributos que tenga, no puede remontar una campaña mal diseñada, y tampoco el esfuerzo y el coraje propios y de toda su militancia callejera resuelven por sí mismos lo que debe ser aportado por la comunicación y el márketing, simples herramientas que son demonizadas por aquellos que no advirtieron que integran la currícula académica de universidades públicas y privadas, al menos desde hace cuatro décadas. Algunos piensan que en la elección del instrumento se pone en juego la ideología. ¿Habrá tenido que ver este prejuicio en la errática comunicación del FPV porteño? Quizá. Con el diario del lunes es fácil decirlo. Pero lo repudiable de la globología macrista no son los globos de colores, que cualquiera puede comprar en una casa de cotillón, sino la decisión política de usarlos para ocultar la verdadera cara de su candidato. No hay que confundir. ¿O acaso Filmus hubiera cometido una herejía si regalaba flores en las esquinas? Que se sepa, el líder extinto de su espacio, Néstor Kirchner, llamó a que “florezcan mil flores”. En este caso, el objeto no hubiera sido utilizado para ocultar nada reprochable, sino para resumir una consigna en una acción empática en el medio de una disputa electoral donde lo que se busca generar son adhesiones, que luego se traducen en votos. Y las elecciones se ganan con votos, y no con prejuicios.
Siendo el FPV la fuerza política que transformó la Argentina en los últimos ocho años, leyendo como nadie la crisis de legitimidad derivada de la crisis de 2001, moviéndose con soltura entre las demandas de la nueva agenda social y dando respuesta a muchas de ellas, atándose a las convicciones pero sin ser dogmática, bien les valdría a todos sus cuadros una relectura no sólo de lo conseguido en esta etapa sino de los instrumentos que permitieron esos logros mayúsculos. Es una idea, nada más.
La derrota coyuntural en Capital Federal es una gran oportunidad para que el kirchnerismo abandone la solemnidad. Una cosa es el luto de Cristina, la viuda de Kirchner, la madre de sus hijos, la mujer que amó y fue amada, la que vuelve al Calafate y no lo encuentra en la cama. Ella tiene todo el derecho. Y otra, que por la inercia del dolor y lo que este provoca, sea Mauricio Macri el que después de una elección popular hable de felicidad, alegría y cante, desafinando, canciones de Gilda.
“Mil flores”, pidió Néstor Kirchner. Y no eran para su velatorio. Era una convocatoria a las multitudes para que se rebelaran contra la idea de volver al pasado, donde uno de cada cuatro argentinos estaba desocupado, el FMI decidía cuántos morían de hambre por año y la política se arrodillaba ante las corporaciones empresarias como cosa habitual.
“Nunca menos”, dijo Horacio Verbitsky en una famosa columna en Página/12 y se convirtió en himno K, casi una letanía con la que se podía llorar al líder ausente, entre partido y partido del Fútbol para Todos. A todos nos hizo llorar. Y cómo…
Después de ver que hasta Macri habla de justicia social en sus discursos, cabe preguntarse si cuando las multitudes sobre las que descansa este modelo nacional y popular le gritan a la presidenta “Fuerza Cristina” no le están reclamando, a su modo y como pueden, algo más que el “nunca menos”.
En el ’83, el radicalismo alfonsinista acuñó una frase gigante para interpelar a la sociedad: “somos la vida”, mientras el peronismo aguerrido y herido por la batalla de la dictadura y las desapariciones decía “somos la rabia”. Entre “la rabia” y “la vida”, la sociedad eligió lo segundo.
Tal vez haya llegado la hora de no conformarse con lo que hay y volver a las fuentes. Quizá sea el momento de decir “siempre más”, porque la vida misma está atravesada por el deseo constante de mejorar.
Y pensar, otra vez, que lo hecho, hecho está, y que urge meter manos en el futuro si se quiere volver a enamorar.
Kirchner pidió “mil flores”.
Nunca coronas para su entierro.
Por Roberto Caballero

1 comentario:

  1. Por supuesto que aplaudo toda idea de ir siempre por más. Me que parece que lo bueno del kirchnerismo es su capacidad de levantarse y noquear al rival justo cuando éste lo da por muerto y sepultado.
    Pero en lo que se refiere a la capi, me temo que no son las formas los que nos perdieron: hay un rechazo de sus habitantes a eso que Filmus proponía "Buenos Aires para Todos". No quieren eso, la quieren para ellos. Y tal vez tengan razón: nadie les preguntó si querían ser la sede del estado nacional. Podría ser un buen momento para descentralizar de verdad las dependencias del estado nacional y sacarles ese peso de encima. Porque es evidente que ese rechazo les nubla todo otro análisis. Y eso no hubiera cambiado aunque Filmus,Tomada, y porque no, Gabriela Cerruti regalaran flores en cada esquina y besaran en la boca a cada posible votante que pasara (mayor de edad,of course)

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