domingo, 14 de agosto de 2011

EL MENSAJE DE GALASSO A LA MILITANCIA: “SIN CAER EN EL TRIUNFALISMO, VAMOS A GANAR”

Militancia
Algunos compañeros se han atemorizado un tanto o inquietado por algunos resultados electorales que no han sido favorables al gobierno en las últimas contiendas.
  Habría que comprender primero que, en el caso de la Capital Federal, ni Yrigoyen ni Perón en sus mejores momentos triunfaron largamente o pudieron tener una elección brillante por la composición social de una Capital donde predominan los sectores de clase media muy tomados por el discurso de la clase dominante.
  Es decir, la historia liberal, la economía liberal, la autodenigración, la concepción racista que hace que les parezca bien que Macri se enoje porque los bolivianos y paraguayos se van a atender en sus hospitales.
  Todas esas actitudes de una clase que sustenta su lugar en la sociedad -piensa ella- basándose en que haya otros que estén peor.
  Entonces, esos otros que están peor, que son generalmente -como decía un dirigente conservador- gente oscuramente pigmentada, por no decir negros, ellos les cuesta coincidir en el voto con ellos.
  Entonces generalmente votan en contra de los gobiernos que expresan a las masas populares.
  En el caso de Santa Fe, ni hablar. Es una provincia que hay todo un mito con respecto a Lisandro de la Torre y el partido Demócrata Progresista como un partido progresista. Nunca fue progresista.
  Lisandro de la Torre tuvo una gran actuación en materia de carnes, pero había sido un enemigo de Yrigoyen de toda la vida. Había sido hombre del Círculo de Armas, del Jockey Club.
  Y ahí está el mundo sojero que lógicamente tenía que expresarse como se expresó.
No obstante, Rossi pasó de un 9 % a un 23 %.
  Lo que se ha visto en distintas provincias, lo que se ve en las encuestas, está indicando que vivimos un momento donde la mayor parte de la sociedad argentina, las mayorías populares, tiene bien en claro que desde el 2003 a ahora vivimos una situación de un país destruido.
  Para colmo, en ese país destruido, un Presidente inesperado, imprevisto, que llegaba sin equipo y que parecía que no podía hacer nada para resolver los grandes problemas que teníamos.
  Hemos remontado una situación hasta ser en estos momentos uno de los pocos lugares del mundo donde las cosas funcionan bien, mientras que están aquejados de una fortísima crisis tanto Estados Unidos como Europa.
En Grecia plantean aplicar algún plan argentino para salir del problema. Frente a esto es evidente que va a haber una elección importante.
Yo estoy convencido, en primera vuelta -por todo lo que uno puede percibir andando por el Conurbano y por las zonas donde están afincados los sectores populares con mayor claridad y conciencia nacional y popular- que se va a obtener un triunfo importante y que vamos a entrar en un proceso de profundización del modelo.
No debemos caer en el triunfalismo de decir: “Vamos a ganar, entonces no hagamos militancia, no vayamos al acto de lanzamiento de la Presidenta o no caminemos la calle ni timbremos las casas ni tiremos volantes”.
El triunfalismo sería lo peor.
Hay que asegurar un triunfo por una distancia muy apreciable, porque hay que tener mayoría en las Cámaras para poder llevar a cabo las medidas para transformar el modelo.
Pero de ninguna manera se puede caer en el escepticismo de decir que esta nueva unión democrática que se está formando puede tener alguna posibilidad de ganar.
Yo creo que absolutamente ninguna.
Para terminar les diría que estamos en muy buenas condiciones. Pero aún cuando estuviéramos con problemas, deberemos recurrir al ejemplo maravilloso de Bolívar.
Bolívar, después de haberle fracasado en 1826 el Congreso Anfictiónico (de Panamá) para unir la Patria Grande -que era su objetivo y el de San Martín-, se encuentra en 1830 tuberculoso, pobre, aislado, arrinconado por sus adversarios -también a Bolívar lo traicionó un vicepresidente-.
En ese momento, su secretario Mosquera va y le comunica en Santa Marta que acaban de asesinar a Sucre, su mano derecha.
  Esto nos sirve para ver la clase de hombres que nacen en Latinoamérica y que aseguran triunfos y un futuro mejor.
  Mosquera le dice que el General Flores ha separado el Ecuador, que la gran Colombia se ha hecho pedazos, que a Sucre lo han asesinado. “¿Y ahora qué hacemos, General?”
  Y Bolívar, que estaba tirado en un catre con los ojos casi delirantes por la fiebre, hace un esfuerzo por levantarse.
  Se sienta en el catre, lo mira fijo y dice: “Sin duda, esté seguro, nosotros vamos a ganar, porque nosotros no tenemos otro camino que ganar.”

  Y esto va a pasar aquí también".

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