martes, 23 de agosto de 2011

EL TRIUNFO DE UNA RENUNCIA: CABILDO ABIERTO DEL 22 DE AGOSTO DE 1951

Por Leticia Manauta

El pueblo que en 1810 se reunió para preguntar de qué se trataba, se reúne para decir que quiere que el General Perón siga dirigiendo los destinos de la Patria” (Discurso Eva Perón del 22 de Agosto de 1951).

Marea humana, miles de trabajadores y trabajadoras convocadas por la CGT; las familias completas, con los agradecidos ancianos por tantas cosas, los Derechos de la Ancianidad, las jubilaciones, los hogares. Miles de mujeres que se preparaban para ejercer sus derechos cívicos, que empezaban a participar activamente en la política y el sindicalismo; estaban “los únicos privilegiados”, muchos niños, están las imágenes, las fotos, las grabaciones de ese día memorable.

No sólo estaban los capitalinos y el conurbano, habían venidos de todo el territorio nacional. “La columna vertebral” del movimiento no se había privado de convocar a nadie. Sentían que habían tomado el porvenir en sus manos, por eso esos miles de miles estaban alegres, saludaban al palco con las manos, con pañuelos que se agitaban como flores, si se miraba desde arriba. Que poderoso es un pueblo movilizado!!!, pero mucho más cuando se siente seguro, alegre, agradecido y quiere decidir sobre quienes lo van a representar. No sintieron ese 22 de Agosto ni el frío , ni el cansancio, estaban , permanecían y sobre todo insistían.

Querían definir la compañera de fórmula que acompañaría al General Perón en las próximas elecciones. Querían consagrar la fórmula Perón – Perón. Lo hacían de esa manera, respondiendo a la convocatoria de la Confederación General del Trabajo. Ganando la calle, alegres porque se encontraban juntos, porque se reconocían, porque nuevamente se sentían un pueblo junto a su líder y a la compañera Evita. Ya enferma, pálida y flaquita. Con su voz ronca, que a veces se quebraba por la emoción, pero firme, leal, entera.

Todos en esa inmensa avenida , la más ancha, la que nombra la fecha de la Independencia, la primera , porque la segunda era la que protagonizaban junto a Perón y Evita. Todos sabían ”que la oligarquía, los mediocres, los vendepatria, todavía no estaban derrotados”, desde sus guaridas acechaban, esperando el momento de bombardear al gobierno popular.

“No fueron los sabios, ni los ricos, ni los poderosos , los que creyeron; fueron los humildes” recrea el Evangelio en ese atardecer de encuentro, de pasión, de entrega. Ella emocionada, temblorosa, entregada a su pueblo, protagoniza un diálogo único en la historia política argentina, cuando esos miles le exigen que conteste si va aceptar ser la vicepresidenta de la fórmula. Un diálogo, no monólogo, donde piden y exigen , ahora, no, ahora, hoy, no nos vamos, y se quedan, aguardan , esperan una afirmación, ella insiste que renuncia a los honores, no a la lucha, que siempre estará con ellos y con Perón. Pero para todos los allí convocados no es lo mismo, la quieren en el Gobierno. Y en ese pedir, exigir, en ese tratar de eludir una respuesta directa, la muchacha exclama casi sin fuerzas “Compañeros: como dijo el General Perón: ‘Yo haré lo que diga el pueblo’.”

En las sombras rogaban por que el cáncer avanzara rápido, que algo la borrara para siempre. Ya les llegaría el momento de ultrajarla, muerta, de desaparecerla, de injuriarla e inventar a “la mujer del látigo”, sin entender que también Jesús echó a los mercaderes del templo. Pero que alivio sintieron cuando ella por la Red Argentina de Radio Difusión, el 31 de Agosto de ese año informa su renuncia irrevocable al honor de formar parte de la fórmula presidencial. Y si ella guardó eterna gratitud hacia los miles que estuvieron ese 22 de Agosto, y en especial a la CGT, y a todos nos dejó su corazón. Es justo decir que sus acciones, su figura, su hacer se agigantaron y ennoblecieron aún más después de ese renunciamiento, ni un solo vestigio de egoísmo, de mezquindad o falta de grandeza pudo ser asociado a nuestra querida Evita.

Fuente: Télam

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