martes, 16 de agosto de 2011

Por qué Cristina ganó con lo justo

Por Eduardo Anguita Periodista y Director de Miradas al Sur.
Los resultados del último domingo expresan no sólo la preferencia de las mayorías populares por la propuesta de continuar con el cambio, sino también la fuerte disposición de las capas medias urbanas y rurales de adherir al modelo encabezado por Cristina Fernández de Kirchner.
En efecto, distritos del Conurbano bonaerense como por ejemplo La Matanza, Florencio Varela o Berazategui mostraron que a la tradición peronista militante de esos distritos se sumaron los resultados de gestión. Los programas centrales del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner tuvieron una continuidad de ocho años ininterrumpidos de crear empleos, llevar el agua corriente y las cloacas a las barriadas humildes, apostar por la educación, generar programas sociales y apostar a la redistribución de la renta a favor de los asalariados. Pero además, tanto en el interior rural de Santa Fe como en el de Córdoba, las PASO dieron un resonante triunfo a la fórmula Cristina Fernández de Kirchner – Amado Boudou. La explicación no sólo está en algo básico como fue el diálogo entablado por el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, con todas las entidades de productores agropecuarios, que permitieron acelerar créditos, reembolsos o medidas consensuadas con el sector. Hay algo en común entre aquel voto que acompañó al kirchnerismo desde el inicio –y que es de origen peronista y progresista– con el voto más conservador y atado a los beneficios sectoriales como suele resultar el de los pueblos rurales. El eje en común es la justeza con que actúa la presidenta. Lo dijo ella en la conferencia de prensa que dio unas horas después de conocidos los resultados. Cuando una cronista le preguntó si podía adelantar cómo sería la campaña electoral de cara al 23 de octubre, Cristina dijo que seguiría trabajando y recordó que el único acto de campaña para las PASO fue el de cierre, un sencillo acto en el Teatro Coliseo. Eso sí, ante consultas que parecen menores como el uso de la boleta única, la presidenta mostró que tiene una memoria descomunal para recordar algunas de las cosas a corregir en los únicos distritos en los que se usó esa modalidad, concretamente en Córdoba y Santa Fe. Pero, además, aprovechó para recordar algunos otros detalles, también de apariencia menor, respecto de cómo se armaron los espacios de publicidad política televisiva que permitieron a los votantes recordar las boletas de los candidatos. Pequeños detalles institucionales. Pero que están en la cabeza de quien gobierna el país y al mismo tiempo en la cabeza del ciudadano de a pie. Cristina apela al hecho de que los militantes, como ella, viven demasiado imbuidos de la política. Y recuerda que el común de los ciudadanos no la palpita con la misma intensidad. Esa sola mención es síntoma de que ella no vive en una burbuja. Da la tranquilidad de que ella no pierde la dimensión del día a día.

ABRIR EL PADRÓN, ABRIR EL CORAZÓN. 
En estas elecciones aumentó el porcentaje de votantes en relación con las elecciones presidenciales de 2007 y a las legislativas de 2009. Y eso que se trató de unos comicios inaugurales destinados a transparentar internas abiertas en todos los niveles y no los comicios para renovar presidente. Eduardo Duhalde –que cosechó muy pocos votos en Lomas de Zamora– intentó intoxicar al electorado advirtiendo que el oficialismo pretendía evitar las PASO. Eso motivó que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, saliera más veces a explicar en qué consistían estas elecciones inaugurales. Quizá por esta actitud de serenidad y docencia fue que Cristina también cosechó más votos en San Isidro o Vicente López, distritos con fuerte arraigo antiperonista, que otros candidatos.
Obtener más de 10 millones de votos y tener 38 puntos más que el segundo es ganar con lo justo. Entendido lo justo no como esa voz popular que muestra que ganó raspando sino que lo hizo con valores de justicia. Porque el comportamiento de los militantes y dirigentes que esperaban los resultados en el mismísimo Hotel Interamericano era de alegría y de fraternidad.
Podría pensarse sin transgredir el sentido común que una diferencia desmesurada, absolutamente inédita, podría dar lugar a comportamientos también desmesurados. Pero si algo se puede inferir en estas horas es la serenidad de los gobernantes. Una serenidad que produjo empatía en algunos opositores. El caso de Hermes Binner que reconoció el aluvión de votos. El de Ricardo Alfonsín que se apresuró a saludar a los triunfadores. Y, cada cual a su manera, el gesto de Mauricio Macri que sin ninguna irritación fue contado por la presidenta en la conferencia de prensa y deja un retrato de la Argentina opulenta y con poca disposición al trabajo. Macri le aclaró a Cristina que esta vez no estaba en calzoncillos (como contó él mismo cuando relató la vestimenta que tenía cuando recibió el llamado de la presidenta en la segunda vuelta de las elecciones porteñas). El jefe de gobierno estaba en bermudas disfrutando de un crucero tal como le relató a Cristina tras felicitarla. Cada cual se exhibe tal cual es por estas horas. Y un caso emblemático al respecto resultó la candidata de la Coalición Cívica, que la votaron algo más de un 10 % de quienes la siguieron en las presidenciales de 2007 que, dicho sea de paso, salió segunda. Esta vez, pese a sus apariciones televisivas en los programas de TN y de sus innumerables salidas radiales, sólo la acompañaron uno de cada diez antiguos votantes.
Los dueños y editores de Clarín quizá tengan dos lecciones para aprender tras verificar que tanto Elisa Carrió como Eduardo Duhalde despertaron sólidas antipatías. La primera es que más no significa mejor. Es decir, mucha prensa no es lo mismo que buena prensa. Y prensa no significa política. La sociedad argentina quedó desenganchada de las recetas del FMI hace unos años. También lo hizo este domingo respecto de las recetas de Héctor Magnetto. Y la segunda posible enseñanza es que los ataques arteros a Hebe de Bonaffini, o Estela de Carlotto o Raúl Zaffaroni que coronaron el sinnúmero de intentos de descrédito tuvieron un efecto bumerán.
El papel de los medios como elemento de estimulación glandular no sirvió. En este sentido, lo que quedó al descubierto es que sí hay una vinculación estrecha entre la dimensión de la política y la de la vida personal y familiar. Alguien podría decir que Macri y sus asesores de imagen lo detectaron y sacaron provecho. No es peyorativa la hipótesis. No es malo que un candidato tenga alertas tempranas para detectar humores y deseos del electorado. Es mucho mejor que sea un gesto natural y no impuesto. Como fue el caso de Cristina cuando el domingo por la noche llamó a su hija Florencia para que subiera a acompañarla mientras saludaba al país. La chica tardó un ratito en llegar y quedó claro que estaba sorprendida por el llamado. Resulta saludable que alguien que tiene la máxima responsabilidad en los hechos públicos del país pueda incluir a sus propios hijos en los momentos de trascendencia. Porque lo del domingo es, probablemente, un hecho de magnitud histórica. No en lo relativo a los números, desmesurados, sino en las cualidades. Es convincente que Cristina, después de haber acompañado como legisladora y primera dama a su marido, Néstor Kirchner, entre 2003 y 2007, sienta que en este nuevo período de cuatro años que se avizora, necesite tener a Máximo y Florencia cerca. Por un lado porque no está Néstor, un tipo al que todos mencionaron como imprescindible. Por el otro, porque la juventud asomó en el último año como parte de lo nuevo en el proceso de transformación. Y entre esos jóvenes Máximo Kirchner es parte del entramado de nuevos dirigentes. Como una desgracia familiar lo dejó ausente del escenario del Panamericano, el destino hizo que Cristina necesitara abrazarse a Florencia, la menor, la que ella misma dijo que era la preferida del padre. Fortalecer la familia es dejar un tejido de políticas públicas que resulte la contracara de los noventas. De modo que nada mejor que, en medio de los dolores propios de las pérdidas, abrir una ventana para que la sociedad comparta las pérdidas de la Presidenta. Porque ella asumió, desde mucho antes, el compromiso de que en las familias humildes y trabajadoras, en la medida de lo posible, no falte el pan, el techo, el agua corriente, la cloaca, la electricidad y los buenos ejemplos. Eso es lo digno.
Es lo justo. Por eso, este domingo que pasó, Cristina ganó con lo justo.
16/08/11 Tiempo Argentino

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