martes, 30 de agosto de 2011

Después de 36 años, en tren directo a Uruguay

En un acto en la localidad uruguaya de Salto, ambos presidentes resaltaron el paso que significaba el nuevo servicio para la relación bilateral. El tren estará disponible a partir del 9 de septiembre e irá ampliando el recorrido.
Por Nicolás Lantos

Después de 36 años, un tren con pasajeros cruzó el río, uniendo a la Argentina con Uruguay. El hecho reviste un gran valor simbólico, tanto en lo relativo a la reactivación del sistema ferroviario argentino como porque significa un nuevo paso de normalización de las relaciones entre ambos países, que en menos de un lustro pasaron de su peor momento histórico a uno de los más estrechos. Los protagonistas de este acercamiento, Cristina Kirchner y su par José Mujica, encabezaron juntos un acto en Salto, del lado oriental de la frontera, en el que resaltaron la importancia de esta novedad. “Estamos dando un pasito muy firme en el proceso de la unidad de nuestros pueblos”, sostuvo él. Ella se permitió corregirlo: “Un pasote”, y luego señaló que “este proceso de integración es indetenible”. El recorrido, que en una primera etapa tendrá cabeceras en el partido bonaerense de Pilar, y en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, quedará inaugurado al público el 9 de septiembre con una frecuencia semanal. Para fin de año, se espera que una la ciudad de Buenos Aires con Montevideo en viajes de ida y vuelta todos los días.
Como en los viejos tiempos, un toque de campanas anunció la llegada de la formación a la estación de Midland. Eran cuatro vagones pintados con los colores celeste y blanco, que identifican a ambos países, y que en un costado llevaban impreso el nombre: “Tren de los Pueblos Libres”. El recorrido había partido unos 25 minutos antes desde Ayuí, la localidad entrerriana donde Artigas reunió a los 33 orientales para liberar el Uruguay, y cruzó el río por el puente Salto Grande, sobre el coronamiento de la represa hidroeléctrica binacional de ese nombre, unos 15 kilómetros al norte de la ciudad de Concordia. A bordo, viajaba la presidenta argentina junto con su delegación, en tanto que el mandatario uruguayo, junto a los suyos, esperaba en el andén para recibirla.
En este primer viaje, Cristina Kirchner viajó acompañada por el canciller Héctor Timerman, el ministro de Economía y candidato a vicepresidente Amado Boudou, y los titulares de las carteras de Planificación, Julio De Vido, y Turismo, Enrique Meyer, además del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el de Transporte, Juan Pablo Schiavi, y el titular de la Administración Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, Gabriel Mariotto.
Un alero común
“Vamos a seguir construyendo conectividad física, vínculos políticos y económicos que nos preparen a ambos, y a la región en general, para abordar ese mundo que ya llegó”, prometió Cristina a un público conformado en su mayor parte por uruguayos, muchos de ellos que fueron acompañando el recorrido del tren a medida que pasaba por donde vivían. “Por suerte nos encuentra bien parados, con gobernantes que, en un mundo donde nos decían que había un solo pensamiento, tercamente insistimos que nuestro destino es que el que diseñamos y proyectamos nosotros; no el que nos quieran imponer desde afuera que ha fracasado estrepitosamente”, completó.
“Hasta hace muy poco tiempo por esas cosas tontas que pasan cada tanto entre los pueblos hermanos y que no pueden pasar más, no podíamos cruzarnos de un lado a otro”, recordó CFK el conflicto por la instalación de las pasteras en la margen oriental del río Uruguay, por el que, entre 2005 y 2010, se mantuvo cortado el paso internacional que une Gualeguaychú y Fray Bentos, además de tensar las relaciones entre ambos países, en ese momento presididos por Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez, hasta uno de sus peores momentos históricos. Desde el recambio que significaron primero Cristina Kirchner y luego Mujica, ambos en la misma línea política que sus predecesores pero con una postura distinta –sobre todo en Montevideo– respecto al vínculo bilateral, éste mejoró sensiblemente y el acto de ayer, tal como destacaron ambos, estableció un mojón altísimo.
“Este hermoso ferrocarril va a tener que galopar las viejas vías que tendremos que reparar y nuestros viejos ferroviarios se tendrán que remozar y trasmitirles el oficio a nuevas generaciones”, se emocionó Pepe Mujica, que como anfitrión fue el primer orador. Recordando el viejo sistema de trenes que supieron tener ambos países, lamentó que “algunos se hicieron hombres sin conocer el ferrocarril”, pero auguró tiempos mejores para los jóvenes. “Van a vivir un mundo que los viejos no podemos imaginar. Van a vivir la época de gigantescas unidades continentales, de las supranaciones como no ha conocido la humanidad. En este tiempo, ¡ay de los débiles! Y para no ser débiles hay que juntarse con los iguales, y nuestros iguales son todos los que sueñan con comer todos los días y tener una casa digna en esta América latina tan rica. Nadie debe abdicar de su independencia pero hay que entender que para que la casa chica pueda perdurar con notoria independencia precisa un alero común que cobije las casas chicas para el mundo que va a venir”, arengó.
A toda velocidad
El “Tren de los Pueblos Libres” hará su primer viaje comercial el 9 de septiembre, entre Pilar y Paso de los Toros: 495 kilómetros que se recorrerán, en principio, una vez por semana, con escalas en las estaciones de Basabilbaso, Villaguay, Concordia y, del otro lado del río, Salto y Paysandú. En los viajes de prueba que se realizaron durante el mes de agosto con las formaciones de origen holandés que se utilizarán para prestar el servicio, se alcanzó una velocidad máxima de 60 kilómetros por hora, aunque debido a los intervalos en las estaciones se estima que el trayecto tomará un total de entre siete y ocho horas. El costo del pasaje sería de alrededor de cien pesos argentinos.
Aunque la formación que hizo ayer el viaje inaugural tenía tan sólo cuatro vagones, cuando comience a funcionar el tren contará con seis, fabricados en Alemania en la década del 80 pero remozados con tecnología de punta en Holanda, país que los vendió al consorcio mixto, con capitales privados y estatales de ambos países, que lleva adelante el emprendimiento. En total, unos 120 pasajeros podrán hacer el viaje en cómodas butacas semicama. También contarán con otras comodidades como pantallas de televisión.
En octubre se planea aumentar la frecuencia a tres viajes semanales, y la idea es llegar antes de fin de año a ofrecer un servicio diario en ambas direcciones. Para entonces, también estaría lista la estación multimodal internacional en Paso de los Toros, donde los pasajeros podrán interconectar con otro tren que llegará a Montevideo, así como con micros con diversos destinos al interior uruguayo. Del lado argentino, el trayecto se estiraría hasta la estación Federico Lacroze, en el barrio porteño de Chacarita. Cuando el tren finalmente una las dos capitales, el trazado tendrá unos 813 kilómetros: para ese entonces, las mejoras en las vías permitirían duplicar la velocidad máxima hasta 120 km/h.
La necesidad de la unidad
“La unidad de los argentinos y de América del Sur no sólo es un recurso discursivo, es una necesidad política, económica y social –insistió Cristina Kirchner en un acto en el aeropuerto de la ciudad entrerriana de Concordia, que improvisó de regreso de Uruguay–. Cuando nos quisieron dividir fuimos para atrás.” Junto a su compañero de fórmula, Amado Boudou, la Presidenta volvió a destacar la negociación que el viernes pasado llegó a establecer “el salario mínimo, vital y móvil más importante de América Latina y el de mayor poder adquisitivo” y le dio un espaldarazo al gobernador Sergio Urribarri, que en octubre busca la reelección. Además, como acostumbra últimamente, le dirigió un mensaje a la juventud: “Tengo todas mis fichas puestas en esos millones de argentinos que tuvieron la suerte de vivir en un país distinto al que vivimos nosotros, vivieron en democracia, pudiendo elegir a sus gobernantes y que éstos cuando los eligen cumplen en construir un país como el que prometieron: con memoria, con verdad, justicia e inclusión social”. Por su parte, Urribarri resaltó que, más allá de la integración binacional (“que data de 200 años”, recordó), la inauguración de este tren “es un paso enorme en cuanto a la recuperación de los ferrocarriles” y que, debido a que Entre Ríos exporta más de la mitad de sus manufacturas a Uruguay, la novedad será clave “para que los productores logren competitividad en el mercado”.

Otras voces

Sergio Urribarri, gobernador de Entre Ríos: “Este es un hecho sin precedentes y demuestra que en la Argentina estamos haciendo realidad un sueño como es el de recuperar el ferrocarril, y lo estamos haciendo para cumplir el ideal de la Patria Grande. Se trata de dar un paso enorme en materia de reconstrucción de nuestros ferrocarriles y devolver la esperanza a miles de argentinos que creían que nunca iban a ser una realidad y hoy lo están siendo”.
Gustavo Bordet, intendente de Concordia: “En el año 2000 aquí funcionaba la gerencia central del Ferrocarril Urquiza, que fue desmantelada dejando a miles de concordienses trabajadores del tren sin trabajo, por eso lo de hoy es más que una inauguración de un ramal, lo de hoy es una fiesta para todos nosotros. Para Concordia, esto es un paso más en la integración real que tenemos con nuestros vecinos de Salto, con una agenda común en muchos temas como salud, cultura y deportes”.
José de Mendiguren, presidente de la UIA: “Cambia el rumbo del ‘ramal que para, ramal que cierra’ por el de la integración física y política con Uruguay, que forma parte de nuestra región. Todo el material rodante que irá reemplazando estos vagones será fabricado en la Argentina”.
María Laura Leguizamón, diputada: “Estoy profundamente orgullosa porque éste es un símbolo que abre una puerta hacia el futuro. Esto es la Argentina de los hechos, es la Argentina real, y poner un tren al Uruguay rodeados de jóvenes y del agradecimiento de la gente es ratificar que la Argentina está en el buen camino”.

La necesidad de la unidad
“La unidad de los argentinos y de América del Sur no sólo es un recurso discursivo, es una necesidad política, económica y social –insistió Cristina Kirchner en un acto en el aeropuerto de la ciudad entrerriana de Concordia, que improvisó de regreso de Uruguay–. Cuando nos quisieron dividir fuimos para atrás.” Junto a su compañero de fórmula, Amado Boudou, la Presidenta volvió a destacar la negociación que el viernes pasado llegó a establecer “el salario mínimo, vital y móvil más importante de América Latina y el de mayor poder adquisitivo” y le dio un espaldarazo al gobernador Sergio Urribarri, que en octubre busca la reelección. Además, como acostumbra últimamente, le dirigió un mensaje a la juventud: “Tengo todas mis fichas puestas en esos millones de argentinos que tuvieron la suerte de vivir en un país distinto al que vivimos nosotros, vivieron en democracia, pudiendo elegir a sus gobernantes y que éstos cuando los eligen cumplen en construir un país como el que prometieron: con memoria, con verdad, justicia e inclusión social”. Por su parte, Urribarri resaltó que, más allá de la integración binacional (“que data de 200 años”, recordó), la inauguración de este tren “es un paso enorme en cuanto a la recuperación de los ferrocarriles” y que, debido a que Entre Ríos exporta más de la mitad de sus manufacturas a Uruguay, la novedad será clave “para que los productores logren competitividad en el mercado”.


“Pájaros de mal agüero”
Por Luis Bruschtein

Lo que hasta hace poco tiempo estaba simbolizado por el corte de un puente entre dos países, ayer fue resignificado por un tren que unió las dos orillas del río Uruguay.
“Gracias, pueblo argentino, a veces hay pájaros de mal agüero que siempre están buscando por qué falta esto y por qué no destaparon este paso. Y por qué no tocamos a Dios con la mano”, afirmó el presidente uruguayo Pepe Mujica con ese estilo paisano que puede ser tanto uruguayo como entrerriano.
La referencia a los que incordiaban con esas preguntas, más bien exigencias, apuntó a las presiones que debió soportar en su país cuando, a diferencia de su antecesor, Tabaré Vázquez, priorizó las políticas de integración con Argentina en oposición a las tendencias de confrontación que pugnaban en el conflicto por Botnia y sobre todo por el corte del puente internacional de Gualeguaychú por tiempo indefinido. “Por qué no destaparon ese paso”, fue la frase que marcó Mujica que le decían.
Esa diferencia con Tabaré no fue leve. El corte del puente no se iba a levantar de un día para el otro. Mujica tenía que confiar en los esfuerzos del gobierno argentino para llevar hacia carriles razonables el conflicto surgido por la instalación de la papelera. La oposición desde Uruguay lo presionaba para que exigiera la represión violenta a los asambleístas. El gobierno argentino había dicho que no haría uso de la violencia y reclamaba a su vez medidas contra la posible contaminación en esa zona del río.
Si los dos gobiernos se hubieran dejado llevar en esa encrucijada por los criterios que orientaron las políticas regionales hasta los años ’90, el diferendo se hubiera convertido en un conflicto interminable. Mantener la intransigencia por ambas partes hubiera sido darle la espalda a la integración. En el caso uruguayo, hubo expresiones públicas para dejar atrás al Mercosur y encarar una especie de Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Eran los que presionaban más para obstaculizar cualquier acuerdo.
En Buenos Aires nadie se animó a tanto, pero estuvieron los que echaron leña al fuego para cerrarle el paso a cualquier solución consensuada con los asambleístas. Esa fue la manera local de jugar en contra de la integración y a favor de las viejas políticas de confrontación entre vecinos e iguales.
Solamente podían aguantar esas presiones, cada uno en su frente interno, si confiaban el uno en el otro. Los dos gobiernos sabían que destrabar las problemáticas de los dos lados exigía paciencia y tiempo. Tenían que negociar condiciones con la papelera y hacer lo mismo con los asambleístas.
Debían aguantar esas presiones, negociar y, al mismo tiempo, esperar que del otro lado también se actuara con la misma decisión y en el mismo sentido. Era cuestión de tenerle fe al otro. Eso dice la palabra confianza. Esa fe estaba más relacionada con una apuesta política estratégica que con la religión o la bonhomía. La apuesta fue por la integración, por la decisión política de destrabar, romper barreras integrar países, economías, historias y culturas.
Todo se sostiene si la apuesta sale bien, porque de lo contrario, en el caso de que el otro no cumpla, esa decisión propia será presentada como un acto de humillación. Eso se estaban jugando los dos gobiernos cuando negociaron, se dieron tiempo y confiaron. El resultado fue mejor que la confrontación. Se tuvieron confianza y no defraudaron al otro. De allí surgió una relación más fuerte que se trasluce en el trato llano entre Cristina Kirchner y Pepe Mujica.
Hay decisiones que parecen difíciles por necedad o simplemente porque hay una cortina de prejuicios naturalizados que hacen aparecer difíciles decisiones que en realidad son más fáciles. Si son inteligentes, los gobiernos pueden ver a través de esa cortina. Si manda la mediocridad, no. Hace pocos meses, en esa zona uruguayos y argentinos despotricaban unos contra otros. Ayer, al paso del tren con los presidentes salían los chacareros para hacer flamear banderas de los dos países. Así fue al principio entre uruguayos y entrerrianos, entre José Artigas y Pancho Ramírez.

30/08/11 Página|12

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