miércoles, 5 de octubre de 2011

¿SALVAR A GRECIA O A LOS BANCOS ACREEDORES?

Por Norberto Colominas

Este es el ser o no ser de la Unión Europea, y por cierto que algo huele mal en el viejo continente. Los principales bancos de Alemania y Francia están seriamente comprometidos con la deuda griega, tanto que un default podría quebrarlos. Por eso el fondo de socorro que acaba de ser aprobado por el Bundestag tiene por destinatarios a los descendientes de Shylock, no a los herederos de Sócrates y Platón.

Un dato ahorra muchas palabras: de los 330 mil millones de dólares que debe Grecia, 128 mil millones son dólares efectivamente recibidos y 202 mil millones son intereses acumulados (“The Economist”, 31/09). A un buen entendedor le alcanza con poco Shakespeare.

La dinámica del endeudamiento es bien conocida entre nosotros. Si un país de desarrollo inferior como Grecia adopta la moneda de un país desarrollado como Alemania, sus gastos globales se encarecerán y sus ingresos se verán reducidos. En el caso griego, cada dólar que deja el turismo equivale hoy a 0,65 euros; antes representaba 10 dracmas.

Cuando la Argentina compartió moneda con Estados Unidos ocurrió lo mismo. Inevitablemente sobrevino la recesión económica y se sucedieron los déficits fiscal y comercial, que fueron financiados con nuevas deudas, y sus vencimientos fueron cubiertos con nuevos créditos. Con la misma lógica anti industrial la demanda insatisfecha fue atendida con importaciones, porque la inversión productiva bajó hasta límites desconocidos.

Esos despropósitos le costaron a la Argentina 4 millones de puestos de trabajo y una deuda externa de 165 mil millones de dólares al momento de precipitarse la crisis en 2001. Al año siguiente el país declaró el default, renegoció su deuda en condiciones ventajosas y desde el 2003 empezó a crecer. Hoy muestra una economía en expansión, una desocupación de sólo 7 por ciento (Estados Unidos tiene 9,2 por ciento y el promedio europeo ya superó el 15 por ciento, con España a la cabeza con el 21,2 por ciento).

Una década después Grecia vive la misma realidad. Y su recorrido no puede ser otro que el realizado por la Argentina, simplemente porque no hay otro. Lo que no se sabe es cuándo lo hará. Mientras tanto la UE le exige que deje cesante al 15 por ciento de sus 900 mil empleados públicos, y que lo haga sin anestesia. Shylock se retuerce de placer en su tumba imaginaria, calculando cuántas libras de carne podrán acumular sus parientes franco-alemanes.

Los dos grandes de la eurozona quieren salvar a sus bancos, no a los ciudadanos griegos, cuya suerte les importa poco y nada. Monsieur Trichet, presidente del Banco Central Europeo, lo dijo sin eufemismos: “Salvo la Acrópolis y el Partenón, Grecia debe privatizar todo lo demás”, incluidas --agregamos nosotros-- las 300 islas del Mar Egeo, corazón de su patrimonio turístico y fundamento de su economía.

La Argentina fue un alumno ejemplar durante los diez años de la convertibilidad; hoy es un modelo ejemplar para que Grecia y otros países acosados por deudas exhorbitantes puedan recuperar dos elementos centrales de la nacionalidad: independencia política y soberanía económica.

1 comentario:

  1. Es gracioso que los organismos de crédito quieran prestarle a los bancos griegos para que éstos le devuelvan a los bancos europeos que financian a los organismos de crédito. Ah, claro, que al préstamo a los bancos lo pague el pueblo griego, ¿eh?

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