domingo, 2 de octubre de 2011

Recursos renovables: Energía y desarrollo a largo plazo

Atucha II y el parque eólico de Chubut ya están en marcha. El miércoles pasado, tras 30 años de abandono, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró la central nuclear que aportará energía para cinco millones de habitantes y ampliará el campo científico en el uso pacífico de la actividad atómica. Tan sólo 48 horas después, la mandataria presentó junto al gobernador de Chubut, Mario Das Neves, el parque eólico de Rawson.
En el marco del plan de desarrollo de energías renovables orientado a estimular el suministro de energías alternativas, y aprovechando el potencial climático de la patagonia, Cristina Kirchner puso en operación 27 molinos que generarán 48,6 megavatios a la red nacional. Das Neves, candidato a vicepresidente por el Frente Popular que lidera Eduardo Duhalde, expresó: “Cuando Néstor planteó la obra del sistema interconectado, fue muy criticado. Y el interconectado fue la obra refundacional de la Patagonia”.
Para febrero de 2012 se prevé inaugurar un segundo parque de 28,6 megavatios también en Chubut. El proyecto representa una inversión de 144,3 millones de dólares, financiados por la Anses, el Banco Nación, el Banco Macro y Emgasud, la empresa que operará los aerogeneradores.
Una vez finalizadas las obras, el funcionamiento de los 43 aerogeneradores producirán energía para abastecer el consumo anual de cien mil hogares.
En tanto, la construcción de Atucha II demandó una inversión de 10.200 millones de pesos y aportará al sistema eléctrico 745 megavatios, sumándose a los 335 que aporta Atucha I y los 600 de Embalse.
De esta manera, la energía generada por la nueva central atómica cubrirá las necesidades de cinco millones de habitantes, además de ahorrarle al país 1.200 millones de metros cúbicos de gas natural por año.
“Una central térmica consume más de diez mil litros de combustible por día y emite dióxido de carbono a la atmósfera. La energía nuclear es más limpia que cualquiera otra de base”, sostuvo Sebastián Ferreyra, técnico de Electroingeniería, empresa que efectuó el montaje de toda la cañería nuclear.
Asimismo, Atucha II permitirá evitar la emisión de 3,5 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) por año, ya que no genera gases ni partículas causantes del efecto invernadero.
“Para nosotros, Atucha II tiene un gran valor simbólico, porque fuimos capaces de recuperar un programa desalentado”, afirmo Enrique Martínez, presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti).
Hoy, en la nueva central nuclear trabajan 5.000 técnicos de los cuales 800 retornaron al país luego de que en 2006 se retomaran los trabajos. Se formaron más de 900 soldadores nucleares, 100 técnicos y 200 operarios calificados. El 88 por ciento de los insumos y la mano de obra es nacional. Las tareas están a cargo de Nucleoeléctrica SA, firma que opera las centrales de Atucha I y Embalse.
“Nuestra firma pudo repatriar a cincuenta profesionales que habían trabajado en los comienzos de la obra y luego se fueron al exterior. Muchos trabajan junto a sus hijos. O sea, tenemos a dos generaciones en el proyecto”, explicó orgulloso Ferreyra.
Pero la construcción de esta central nuclear, que hoy es la más grande del país y la quinta en América latina, no fue una historia sencilla. Atucha II se comenzó a edificar en 1981, pero la obra se frenó en pleno gobierno de Raúl Alfonsín, a causa de la errónea suposición de que el país contaba con inmensas reservas gasíferas, por lo que se privilegió el crecimiento de la generación termoeléctrica.
Bajo la administración menemista, se privatizó el sector nuclear. En 1989 se declaró la “Emergencia energética” y se plantearon programas de corte de suministros. Superada la crisis, el Estado transfirió al sector privado un recurso estratégico.
En la actualidad, el Gobierno profundizó el control sobre las empresas privatizadas ante la falta de inversiones y asumió un rol activo. José Luis Antúnez, director ejecutivo de Atucha II, explicó el esfuerzo que implicó volver a reconstruir las capacidades nacionales para emprender el proyecto con mano de obra nacional. “El plan nuclear argentino nos devuelve el sueño de poder seguir trabajando en el país. Hay un horizonte formidable para los 350 jóvenes que hemos formado y para los 800 veteranos que hemos recuperado”, remarcó entusiasmado.

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