lunes, 14 de enero de 2013

Los pactos electorales son la moda del verano

Por Felipe Yapur. 

El kirchnerismo tiene un proyecto que lo desarrolla, con más avances que retrocesos, desde hace diez años.

A pesar de los pocos días que transcurrieron del año, ya es posible vislumbrar la estrategia elegida por la oposición para enfrentar los comicios parlamentarios y que no es otra que la acumulación por derecha. Es la única alternativa que encontraron los opositores para enfrentar al kirchnerismo y así intentar repetir lo que hoy se presenta como un imposible, triunfar como en aquel lejano 2009. En ese sentido, es posible ver caminar por las playas argentinas algunos embriones de alianzas, con personajes que se muestran juntos por apuro y necesidad de sobrevivir desechando propuestas y, sobre todo, coherencia ideológica. El neoliberalismo de los noventa lucha por no morir y se expresa a veces de manera extraña. Las opciones que ofrece la oposición son un ejemplo de ello.
El kirchnerismo tiene un proyecto que lo desarrolla, con más avances que retrocesos, desde hace diez años. El modelo amplió y reconoció derechos, benefició a sectores históricamente postergados, garantizó jubilaciones para todos y recuperó empresas que habían sido presas del neoliberalismo. El pueblo no es tonto. Reconoce los avances, las mejoras y se expresan en las elecciones. No todas fueron rosas para el kirchnerismo, pero tuvo la virtud de aprender de sus errores, de la mayoría de ellos, y corregir el camino. Un detalle que tampoco fue pasado por alto por el electorado y que se reflejó en el crecimiento de los votos. 
La oposición, en cambio, nunca aprendió de sus yerros. Dejó pasar oportunidades, como aquellos dos años que la sociedad les regaló y que sólo tuvieron capacidad para organizar lo que se conoció como el Grupo A, un verdadero rejunte de aspirantes a verdugos de kirchneristas. El fracaso todavía es tan intenso que algunos continúan sufriendo las consecuencias y no paran de golpear sus cabezas contra las gruesas paredes del Congreso.
Es posible caer en el error de considerar algunas de las alianzas, que están germinando, como fruto absoluto de la necesidad. Hay un porcentaje importante de ello, pero también delata la pobreza de ideas y propuestas que algunas fuerzas políticas tienen.
El PRO de Mauricio Macri busca con desesperación convertirse en lo más parecido a un partido nacional. Ha salido a la caza de referentes políticos que, suena pretencioso, comulguen con sus ideas. Ya está Patricia Bullrich (foto), que aporta nombre y nada más, pero ha encontrado en la UCR, el partido centenario que ya tiene cada vez menos de radical y más de conservador, muchos entusiastas. En la Capital Federal hay más de un radical para incorporarse pero, sinceramente, es lo que menos importa para el macrismo porque es el único distrito que controla. La cuestión es la provincia de Buenos Aires y allí sumar intendentes no es nada despreciable. Por ahora anda el radical Gustavo Posse (San Isidro) que, si bien es importante, por ahora no hace primavera ni llena las urnas de votos. Lo interesante, en todo caso, es que aporta a la tesis de la derechización. 
Además, Macri sabe –mejor dicho los que lo asesoran– que todo frente político que se precie necesita de una pizca importante de peronismo. De allí los viajes a Córdoba para mostrarse con el gobernador José Manuel de la Sota. Será un duro hueso de roer para los macristas, pero tiene lógica que flirtee con el mandatario mediterráneo. Al fin y al cabo, De la Sota se ha ido transformando en una de las cabezas visibles de la fracción del peronismo residual y de derecha, ese que no aceptó al kirchnerismo. El gobernador emite flamígeras declaraciones contra el gobierno nacional. Se muestra díscolo, rebelde y se ofrece como posible conductor del PJ sin kirchneristas. Es lógico que lo haga, así también se juega en política. De paso trata de ocultar que en las elecciones de 2011 no pudo colar ni un diputado nacional, todos los votos se los llevaron los kirchneristas cordobeses. Son detalles que ocultan las grandes corporaciones mediáticas. 
En esto de acumular por derecha ha provocado acercamientos sorprendentes. Por caso, se vuelve complejo entender como una cabriola táctica la pasión que Libres del Sur descubrió por el neoliberal Alfonso de Prat-Gay. El todavía legislador de la Coalición Cívica está lejos de poder se confundido con un militante del campo nacional y popular. Salvo, claro está, que en Libres del Sur piensen que pertenece a una fracción muy poco conocida de la Juventud Peronista: la JP Morgan.
Sin duda, esta fusión que se pasea por las arenas bonaerenses da cuenta de lo afirmado al principio. No sería llamativo si ello lo hiciera el PRO o referentes del peronismo menemista, pero en este caso se trata de un partido que aporta a lo que se conoce como el Frente Amplio Progresista (FAP), considerado por sus miembros como la alternativa de centroizquierda. 
Sin embargo, la actitud de  Libres del Sur no es contradictoria hacia el interior del FAP. En estos últimos días, Hermes Binner, su líder máximo, no cesó en su intención por demostrar que puede ser más conservador de lo que se sospecha. Prefirió ponerse del lado de los fondos buitre que utilizan los estrados judiciales de los Estados Unidos para perjudicar a la Argentina, tener una actitud ambigua frente a la situación de la Fragata Libertad y se descubrirse como antichavista. 
Ahora, habrá que ver cómo se resuelven estas alianzas y acercamientos en el FAP en cada uno de los distritos. La llegada de Prat Gay tiene como objetivo reforzar la oferta porteña pero todavía no se expresaron las huestes de Unidad Popular que conduce Claudio Lozano, quien pretende revivir su relación con Proyecto Sur de Fernando "Pino" Solanas.
Mientras toda la oposición se devana los sesos para encontrar aquello que conmueva al electorado, para el kirchnerismo el escenario está lejos de mostrarse complicado. Ha demostrado capacidad para soportar las tormentas externas, los errores internos y continuar gobernando. Pero en estas elecciones parlamentarias hay algo más importante que está en juego: la continuidad del modelo. Una de las maneras de garantizarlo es con gestión, gestión y más gestión. Esto incluye continuar avanzando en la recuperación del rol del Estado en distintos estamentos de la vida económica y política del país. Esta ola estatizante, que tanto irrita a la oposición y a las corporaciones, no sólo le ha dado satisfacciones electorales al Frente para la Victoria, sino fundamentalmente beneficios al pueblo argentino. Un dato que no se debe despreciar.
Por último, y aunque parezca fuera de lugar, en los comicios de este año también está en juego la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La interminable disputa que lleva adelante el Grupo Clarín, que dilata la aplicación de la norma, tiene como objetivo conseguir una modificación en la correlación de fuerzas del Congreso que le permita, en el mejor de los caso, corregirla para su propio beneficio. La actitud que tome cada fuerza política ante esta batalla, con la que se busca garantizar la democratización de la palabra, no será ajena para el ciudadano a la hora de pensar el voto. Al fin y al cabo, esta ley tuvo un alto respaldo por parte de la sociedad.

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