domingo, 13 de enero de 2013

Dos estilos que se necesitan, por ahora

Daniel Scioli se mantuvo inmutable mientras Cristina explicaba que hacer política es tomar riesgos: “Sería lindo decir esas frases que les gustan a todos: el amor, el cariño, a quién no le va a gustar. Pero cuando uno gobierna un país y pretende gobernar para 40 millones de argentinos, a veces tiene que tomar decisiones que no les gustan a todos.” Cristina no miró en ningún momento al gobernador bonaerense, pero no asociar sus palabras con el estilo ideológico casual day que curte el ex motonauta sería no interpretar lo que subyace como evidente en la disputa de estilos. Ella se declara auténtica, nada hipócrita: “Soy como me muestro, de una sola pieza.” Él, en cambio, cultiva un sinuoso espíritu de convivencia entre opuestos: se saca fotos y juega al fútbol con Moyano y Macri, sin dejar de asistir a los actos del kirchnerismo duro. Está clarísimo que el idioma político de señas que practica provoca indigestión en los despachos de la Casa Rosada. Mientras Cristina se pelea por motivos fundados con Clarín, La Nación, la Corte, los caceroleros, los fondos buitre, Ghana y la Sociedad Rural, Scioli juega a ser el Mahatma Ghandi de la revista Gente, con alguna que otra definición pro-Cristina cuya tibieza enardece más que calmar a los leales a la presidenta. ¿Por qué ella, entonces, utiliza la elipsis y no lo cruza abiertamente? Tal vez no sea el momento. Tal vez no quiera del todo. Es cierto que Scioli juega en el armado oficial, desde los tiempos de Néstor Kirchner, un papel importante: contener al establishment empresario y al pejotismo que no cree en nada de lo que propone el kirchnerismo pero igual se beneficia de sus políticas. Una suerte de kirchnerismo por conveniencia, donde no hay amor, apenas canjes de cariño. Cristina heredó esta ingeniería compleja y desapasionada, pero muy útil en lo electoral, que sin embargo hoy convive con una militancia mucho más aguerrida y definida, ideológicamente hablando, que hace unos años, tanto en el territorio como en el funcionariado estatal. Este espacio lo construyó ella y se referencia en ella. Por ahí asoma La Cámpora, pero son todas las organizaciones que integran Unidos y Organizados, brazo del kirchnerismo puro, que no comulga con La Juan Domingo ni con la DOS, las herramientas del proyecto presidencial “Scioli 2015”, básicamente porque no creen que el bonaerense vaya a ser el bendecido por Cristina, si esta finalmente resuelve no ir por una eventual reforma constitucional que extienda su mandato, como piensa hasta ahora.
Scioli jamás adoptaría el discurso combativo, setentista, de Cristina. El “Patria Sí, Colonia No” o el sanmartiniano “en pelotas como nuestros hermanos los indios”, deben sonarle remotos e innecesarios.
Son dos estilos. Dos formas de entender la política que se necesitan, por ahora. Nadie sabe cuándo Cristina abandonará la elipsis o Scioli el lenguaje de señas. Pero está claro que la pelea contra las corporaciones sólo está garantizada por quien vino a conducirla y no por los que miran inmutables desde un costado, mientras Cristina se desgarra en la tarima, mostrándose como es: de una sola pieza.

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