sábado, 12 de enero de 2013

De la carta a Darín y la llegada de la Fragata Libertad a la comunión entre Binner y Macri.

En la Argentina, desde hace años, la política desconoce calendarios y vacaciones, y no se toma un respiro ni durante el receso parlamentario o en la feria judicial.
Esta semana no fue la excepción.
 
IL POSTINO. 
El domingo 6 de enero se conoció la carta pública de la presidenta en respuesta a los dichos de Ricardo Darín sobre "el patrimonio de los Kirchner". El actor en una entrevista había pedido explicaciones sobre esos fondos y también habló de cierta "reconciliación" necesaria en una sociedad enfrentada. 
No hay nada nuevo en que un actor de la magnitud de Darín, querido y respetado, opine, critique y marque posición pública y política. Es sano que ocurra, es parte del aire que se respira en democracia. Lo novedoso es la respuesta: esa carta de Cristina rompe con un statu quo, por eso descoloca e irrita al coro de opinadores que vociferan sus diatribas antikirchneristas hasta por las dudas, y siempre encuentran cobijo y amplificación en los medios de comunicación tradicionales. Es otro ejemplo de cómo, a través de ese goteo cotidiano permanente, se van produciendo sentidos, manipulando directa o subrepticiamente a las audiencias, minando o dominando los ánimos sociales; es por eso que la respuesta de Cristina provoca un quiebre y sorprende a propios y extraños. La presidenta, a entender de quien esto escribe, no sólo le responde al actor más popular del país: sino que vuelve a marcar un punto de ruptura. ¿Qué tendría que haber hecho Cristina? ¿Guardar silencio y dejar correr la mecha del que calla otorga? Porque detrás de las palabras de Darín, más allá incluso de las palabras del propio Darín, lo que se pone en juego es la honestidad de "los Kirchner", por ende, lo que decanta de esas declaraciones es que ese patrimonio fue mal habido, y eso sería un delito, en este caso de un funcionario público. Silogismo puro. Rememora a aquel relato de época al que pasivamente asistimos en los ’90 y que se llevó puesto el valor de la Política como herramienta de transformación social, entonces si todos los políticos son eso que el coro de los narradores corporativos instauró como mantra es imposible librarse del laberinto del escepticismo. Aceptarlo sería, si se quiere, es un punto de partida para la derrota, para que la economía y las corporaciones vuelvan a tomar las decisiones, a subordinar a la política, para que el Estado sea sólo gerenciador de sus intereses y no la fortaleza de una sociedad dispuesta a escribir su destino.
Entonces, ¿qué debería haber hecho Cristina? ¿Aceptar que ella y Néstor Kirchner son parte de ese esquema? No. Respondió. ¿Qué tiene de malo que sea así, que también la presidenta interpele a la sociedad, a sus ministros, a la Iglesia, al periodismo, a un actor? Se puede estar a favor en todo, en parte, poquito o nada con el kirchnerismo, pero –y más allá de que hay palabras que por repetidas pueden resultar fastidiosas– ese kirchnerismo amado o denostado planteó un nuevo paradigma hace tiempo y en ese camino va. En el mismo sentido, la mandataria cuestiona el concepto de "reconciliación". ¿Con quién hay que reconciliarse? ¿Por qué? ¿Qué dogma de la felicidad social dice que no debe haber confrontación en una sociedad? Si es claro que hay intereses enfrentados: intereses sociales, económicos, políticos, culturales opuestos. Entonces, se puede anecdotizar la respuesta de la presidenta y decir que tuvo una "reacción de comadre de barrio". Pero a esos hasta el propio Darín dejó off side: el actor no se victimizó y le propuso a Cristina tener una reunión en privado para hablar de lo sucedido. Nada es tan dramático por cierto, pero tampoco tiene que dejarse pasar alegremente. Como tampoco se puede obviar que Cristina no perdió la oportunidad en su misiva de marcar un nuevo contrapunto con Daniel Scioli sobre la pesificación de sus ahorros. Un día antes el gobernador le había brindado una entrevista relajada y jocosa al diario Clarín. La respuesta, entonces, no fue solo para Darín.
 
LA FELIZ. 
Mientras se esperaba el regreso de la Fragata Libertad, los argentinos asistimos una vez más a la bravuconada del premier británico David Cameron sobre la militarización de las Malvinas y su determinación a luchar para mantener la ocupación colonial de las Islas. A la desmesura imperial de Londres sólo se debe responder con política, como hizo y hace el Estado argentino: en la ONU y en cada foro internacional pedir diálogo. A la Argentina la asiste la razón en esta historia. Fue en ese contexto también que arribó la Fragata al puerto marplatense. El buque escuela que fue retenido ilegalmente en Ghana por presión de los fondos buitre y que algunos opositores quisieron repatriar haciendo una "vaquita" (¿son los mismos que hablan de la autodeterminación de los malvinenses/kelpers?) se convirtió en un símbolo: su regreso al país fue otro ejemplo de que el camino de la diplomacia, la política, es el correcto. Otra observación a destacar es que, una vez más, algunos invirtieron la carga. El gataflorismo explícito reza así: la culpa de que la Fragata haya quedado arrumbada más de 70 días en el puerto ghanés fue del gobierno porque no lo previno, y no por la voracidad depredadora de los fondos buitre. Ahora la crítica es al revés: el gobierno nacional gastará una fortuna en el alquiler de un avión privado para la gira presidencial por Emiratos Árabes y el sudeste asiático para evitar que los buitres intenten embargar el Tango 01. Una postura a todas luces marxista. Ya los definió muy bien Groucho Marx con una de sus frases célebres: "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros."
Entonces: llegó la Fragata, una multitud de turistas y militantes fue a recibirla. Hubo una fiesta a orillas del mar. Pero la oposición se la perdió: fue invitada y no asistió. Hay quienes elijen mirar la historia desde la platea. Y si algo faltaba para cerrar el capítulo Fragata-Buitres fue la coincidencia entre el alcalde neoliberal Macri y el diputado socialista Binner. El primero dijo que el país había sufrido "un papelón internacional" con lo del navío y que había que pagarles a los fondos carroñeros, mientras que el segundo elogió al gobierno ghanés por haber retenido el buque, para luego cuestionar la decisión soberana de Venezuela y de su Tribunal Superior de Justicia sobre la continuidad del mandato del presidente bolivariano Hugo Chávez que enfrenta un posoperatorio delicadísimo en Cuba. Los dichos de Binner despertaron zozobra en otros socialistas locales que salieron a diferenciarse inmediatamente. Un traspié del santafesino que se parece más a una redefinición política que a un error. La salud de Chávez es un tema de trascendencia por lo que representa su liderazgo regional, por lo que significa su figura en la sinfonía latinoamericana actual. La multitudinaria concentración en las calles de Caracas del jueves confirma que el proceso bolivariano en Venezuela no tiene punto de retorno, porque cambió la relación de fuerzas en la sociedad venezolana, reconfiguró el mapa social de ese país, dignificó a los sectores postergados, a los humillados. Un socialista debería, al menos, valorarlo.   
 
DEL ESTRIBO. 
Durante la semana siguió la falsa polémica sobre el "asadito" en la ex ESMA, azuzada por los mismos medios de prensa cuyos propietarios fueron socios y cómplices de la maquinaria del terror en la Argentina cuando en el actual Espacio de la Memoria, en el que hoy se celebra la vida, se torturaba, violaba y mataba a compatriotas. Caraduras.
Por último, a algo más de una mes de cumplirse el primer aniversario de la tragedia de Once, el gobierno anunció la compra de 409 vagones a China para renovar las formaciones de las ex líneas Sarmiento y Mitre. En tanto, la Cámara Federal confirmó los procesamientos de los ex funcionarios nacionales Jaime y Schiavi y de los empresarios Cirigliano, entre otros, y sumó el procesamiento del maquinista de tren siniestrado. No hay reparación posible para las familias de las víctimas, nada ni nadie podrá calmar el dolor de las ausencias ni su bronca. Pero cuando se condene a todos los responsables, la justicia habrá hecho lo que le corresponde y aportará un poco de alivio a las familias. Y el gobierno nacional también deberá seguir haciendo lo que le corresponde, que es, ni más ni menos, que desde la gestión erradicar las condiciones nefastas de infraestructura, corrupción y desidia que aquella mañana de febrero de 2012 se sintetizaron en un andén de la estación Once para que murieran 52 personas. 
Por Gustavo Cirelli

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