domingo, 30 de junio de 2013

Manden fruta

Giustozzi afirmó que Massa y su Frente son la fruta nueva de la política argentina y que admira a Estados Unidos. Una instructiva biografía muestra cómo construye Massa, quien en 2009 decía que el próximo presidente sería Reutemann. ¿En qué territorio arraigará esta planta exótica como el arándano? Hasta ahora preocupa más a la oposición que al gobierno, que no ceja en su toma y daca con la Corte Suprema. Cómo votaron los actuales candidatos opositores cuando controlaban el Congreso.

Por Horacio Verbitsky
El segundo candidato a diputado nacional del flamante Frente Renovador Bonaerense, Darío Giustozzi, intentó explicarlo con una metáfora botánica. “Si aparece una fruta nueva como el arándano o el kiwi, para explicar su sabor uno dice se parece a la guinda, otro dice se parece a la frambuesa y otro a la uva, porque todavía no la conocen. Eso somos nosotros, lo nuevo.” Según el intendente de Almirante Brown (quien es productor de arándanos para exportación), un país que admira es Estados Unidos. También mencionó a Chile y Uruguay.

Volar bajo

Esto no parece muy novedoso, aunque sí congruente: el primer candidato de la misma lista e intendente de Tigre, Sergio Massa, viajó a Estados Unidos becado por el Partido Republicano y a España por el Partido Popular, según cuenta la biografía autorizada que publicó este año Santiago Campos. Sergio Massa. Cómo comenzó su carrera política y cómo llegó a Tigre es un libro breve, cuya virtud es el acceso a las fuentes que le facilitó la esposa del candidato, Malena Galmarini.
Es muy conocida su descripción del ex presidente Néstor Kirchner en una comida con la embajadora de Estados Unidos, Vilma Martínez, servida en noviembre de 2009 en casa del íntimo colaborador de Massa y hombre de negocios inmobiliarios dudosos Jorge O’Reilly. Menos se recuerdan otras afirmaciones de Massa en el mismo ágape. Según informó la embajadora a su gobierno, Massa, a quien describió como “pro estadounidense”, dijo que los Kirchner no tenían posibilidad de retener el gobierno en 2011.
–¿Qué probabilidad les asigna?
–Cero –contestó Massa.
–¿Quién, entonces? –quiso saber la embajadora.
–Reutemann –respondió Massa, de nuevo sin dudar.
Ante la curiosidad de su interlocutora, explicó que la estrategia de Reutemann de “volar bajo es prudente y no un error o un signo de indecisión”. Con Reutemann silencioso, los Kirchner se concentran en pegarle al vicepresidente Cobos y al jefe de Gobierno porteño Macrì. “Este embate afectará a ambos potenciales oponentes a Reutemann. Cuando se largue la verdadera carrera, Reutemann estará bien colocado para obtener la candidatura peronista y arrollar al resto.” Esa supuesta estrategia de Reutemann es la que Massa siguió ahora. Prudente vuelo bajo y silencio sobre sus intenciones hasta último momento, mientras todos los cascotazos caían sobre el techo de Daniel Scioli. Y ahora que se largó la carrera, convicción inconmovible de arrollar al resto. ¿Como Reutemann?

Pacman

El librito de Santiago Campos carece de revelaciones espectaculares, pero suministra un perfil interesante sobre el estilo de construcción de Massa, quien comenzó su militancia en la Unión del Centro Democrático y cuyo modelo inspirador era Alberto Albamonte. Nieto de un albañil italiano y de un carpintero e hijo de un empresario de la construcción proveedor del Estado, Massa estudió en un colegio católico de San Martín. Fue asistente del concejal de la UCeDé Alejandro Keck, quien provocó un escándalo al levantarse de su banca durante un homenaje a los fusilados con el general Valle en 1956. La originalidad de Massa en ese contexto reaccionario fue reclutar militantes para la UCeDé en las gigantescas villas de San Martín y conseguir los colectivos para llevarlos a votar, lo cual le permitió ganar la interna. En 1994, se afilió al justicialismo, junto con dos amigos que lo acompañan hasta hoy, Ezequiel Melaraña, y Eduardo Cergnul. El diario local Huella saludó la incorporación con el título: “Los chicos ricos que tienen tristeza”. En su primera elección interna como justicialista, apoyó a Graciela Camaño de Barrionuevo, que perdió frente al intendente Antonio Libonatti. Interrogada para el libro, Camaño lo describió como un Pacman, acaso despechada porque Massa la dejó y a través de Pablo Fontdevilla llegó hasta Gustavo Béliz, quien lo designó en el frente de juventud del Ministerio del Interior y a Palito Ortega, del que Massa fue asesor en el Ministerio de Desarrollo Social. Cuando Duhalde y Ortega pactaron la fórmula presidencial que sería derrotada en 1999, Massa conoció al matrimonio de los diputados Marcela Durrieu y Fernando Galmarini. Se casó con la hija de ambos, se convirtió en habitué de los partidos de fútbol en la quinta de Duhalde y fue electo diputado provincial. Pero tuvo pocas coincidencias con sus suegros. “Cuando mi papá estaba en el duhaldismo, nosotros estábamos en el orteguismo; cuando nosotros fuimos al duhaldismo, mi papá se fue con Menem; cuando nosotros nos corrimos al kirchnerismo, mi papá se volvió al duhaldismo”, contó Malena en un reportaje. Al casarse, mudaron casa y militancia a Tigre. Con Duhalde como gobernador y Ortega en la secretaría de Desarrollo Social, Massa dispuso de fondos provinciales y nacionales para sobrevolar las internas de Tigre. Además, en el triunvirato al que el gobierno de la Alianza confió el PAMI había un amigo suyo, Horacio Rodríguez Larreta, quien le permitió colocar a su colaborador Jorge Caubet en el PAMI de Tigre.

Golpe de efecto

En 2001 fue designado presidente del PJ local, con el aval de Duhalde. “En busca de un golpe de efecto, compró dos patrulleros para el municipio instalando el tema de la inseguridad y anunció que interrumpía los gastos de campaña, en un contexto casi anómico, marcado por el descontento social hacia la política”, escribe su biógrafo. Perdió ante el vecinalismo las elecciones de 1999 y 2001, pero Duhalde lo designó director ejecutivo de Anses, donde Kirchner lo confirmó en 2003. Desde allí estrechó relaciones con el Grupo Clarín, al que intentó financiar el obligatorio soterramiento del cableado de Multicanal por 500 millones de pesos, acuerdo frustrado por su segundo en el organismo previsional, Amado Boudou, quien lo reportó a Kirchner. Mientras Massa florecía, su primer mentor desbarrancaba. Director de Promoción del Empleo cuando Camaño fue ministra de Trabajo, Alejandro Keck fue procesado por el otorgamiento irregular de 12.000 planes Jefes y Jefas con los cuales se financió su campaña a la intendencia de San Martín en 2003. Massa lo logró en 2007 en Tigre, a los 35 años, con una lista integrada por peronistas, radicales y vecinalistas. Pero al año siguiente pidió licencia para asumir como jefe de gabinete de ministros. No llegó a ocupar ese cargo ni un año, pero le bastó para negociar con el Grupo Clarín la ley que estableció una moratoria que le permitió refinanciar a diez años y con bajísimo interés todas sus deudas tributarias con el Estado. Desde que Massa inscribió su partido provincial, los medios del Grupo Clarín retiraron la protección que ofrecían al gobernador Daniel Scioli. “La centroderecha parece ser el lugar del espectro en el que más cómodo se encuentra Massa. Así parecieran testimoniarlo sus antecedentes: UCeDé, menemismo y ruptura con los Kirchner. Así también parece indicarlo su predilección por el tema de la seguridad y el control. Esquivar las definiciones ideológicas escudándose en que son secundarias para las preocupaciones ‘de la gente’ no hace más que reforzar su pertenencia. Es difícil sostener que Tigre es un ejemplo de lucha contra la desigualdad: el municipio no escapa a las características generales del conurbano bonaerense en cuanto a indicadores sociodemográficos y a la bajísima calidad de los servicios de salud y educación. Sí cuenta con un presupuesto significativamente más elevado que el de otros distritos de la zona. Las problemáticas estructurales no son nuevas ni privativas de su breve intendencia, se trata de temas cuya resolución implica ir en contra de intereses creados y los conflictos no miden, a menos que los hagas formar parte de tu imagen”, concluye Campos.

Segmentación

La mayor incógnita de la campaña que Cristina inauguró ayer presentando a los candidatos del oficialismo con un discurso conceptual sobre las líneas maestras de su proyecto político es en qué terreno arraigará la planta de Massa y Giustozzi, que tiene gusto a Kiwi Daer, Frambuesa Mendiguren, Uva Pérez o Banana Solá. La fortaleza de los renovadores es la indefinición, que les permite establecerse a los dos lados del territorio dividido entre kirchneristas y antikirchneristas. Pero no es obvio que consigan mantener esta ambigüedad durante los cuatro meses que faltan hasta las elecciones de octubre, en los que se les reclamarán definiciones. Lo más conveniente para ellos sería perpetuar el equívoco, y a eso apuestan. Conspiran contra ese intento las posiciones que van explicitando terceras partes, como el ex senador Eduardo Duhalde, quien en su incontenible rencor hacia el kirchnerismo hizo pública su predilección por Massa, o Francisco De Narváez, que lo atacó para colocarse como el único opositor. Si a pesar de estas molestas adherencias los renovadores lograran conservar la calidad híbrida del voto, perderían cantidad, ya que los limitaría al centro menos definido de la polarización, que en el estado actual no es muy abundante. Para ampliar la cosecha deberían definir con más nitidez sus opciones y eso sólo podrían hacerlo hacia la oposición, donde caben todos quienes adversan al gobierno. En cambio para apoyarlo hay una sola lista aprobada por CFK. Tal vez por eso el gobierno ha reaccionado hasta ahora con más calma que la oposición, que ve con recelo la llegada de otro pescador dispuesto a lanzar el anzuelo en aguas revueltas pero poco pobladas. En cualquier caso, los renovadores mermarían su caudal respecto de las expectativas que los llevaron a concretar la lista. Así como el PRO no consigue franquear los límites de la Capital Federal, salvo algunas incursiones con candidatos farandulescos en Córdoba y Santa Fe, los Renovadores sólo han constituido una alianza electoral bonaerense, algo que recuerda la dificultad que siempre enfrentó Duhalde para que su encanto y atractivo trascendiera más allá de su provincia. Si se comparan las boletas registradas ahora con las que compitieron hace dos años, se observa también una creciente segmentación de las fuerzas opositoras. Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias han sido benéficas para la izquierda trotskista, que conservó la estabilidad de su alianza. Pero no han evitado la cariocinesis de las demás fuerzas enfrentadas con el gobierno. El Frente Amplio Progresista se desdobló en Frente Popular Democrático y Social y Frente Progresista Cívico y Social. La Unión para el Desarrollo Social, de Ricardo Alfonsín y Francisco De Narváez, prohijó a la Alianza Unen (donde quedó el componente radical) y a Unidos por la Libertad y el Trabajo, que el filántropo colombiano comparte con el camionero Hugo Moyano. El duhaldista Frente Popular, que en 2011 llevó al Congreso a Graciela Camaño, mutó ahora en la Unión con Fe de Gerónimo Venegas. El mayor fracaso fue la negociación entre el macrismo y el Peornismo Opositor, que no llegó a nada, y las divisiones internas del PRO. Síntomas de malestar y aversión recíproca, tanto Massa como Scioli, De Narváez y Macrì polemizan acerca de quién frustró los acuerdos que no pudieron alcanzar y cada uno dice que rechazó la asociación que le proponía el otro. La próxima disputa será sobre la interpretación de los resultados. El oficialismo (que intentó nacionalizar la elección con una lista única para el Consejo de la Magistratura, fuera de pista por decisión de la Corte Suprema) medirá el tamaño de las bancadas en cada cámara. Cree que mantendrá su número o tendrá una leve merma en el Senado (donde los asientos que se renuevan fueron asignados en la elección de 2007) y que crecerá en Diputados (que renuevan las bancas de 2009, el peor año para el gobierno). Contra lo que se repite en las expresiones de deseos que se publican como si fueran análisis, la Capital Federal, Córdoba y Santa Fe, contribuirán a esta hipótesis. Son tres distritos en los que los candidatos kirchneristas no llegaron al 10 por ciento entonces y que aun con una elección mediocre mostrarían un crecimiento apreciable.

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