martes, 18 de junio de 2013

Manuel Belgrano el educador



En la memoria colectiva subyace la idea de que fue Domingo Faustino Sarmiento el propulsor de la educación en el país. Que antes de él, poco o nada se había logrado en la materia, y que siendo gobernador de San Juan o presidente de la Argentina, la enseñanza nacional había alcanzado su consagración.

Tengamos en cuenta que Sarmiento fue gobernador de San Juan desde 1862 hasta 1864, y llegó a la presidencia de la nación en 1868. Nos preguntamos: ¿no hubo avances en materia educativa antes de 1862? ¿No se crearon escuelas, universidades o establecimientos similares en la etapa colonial o durante el período federal? Al parecer, una aguda miopía recorre los primeros años de la patria ya independiente, en donde los datos suelen ser vagos, imprecisos y hasta ocultados con infamante barbaridad.

Aquella miopía histórica pone ante nuestros ojos a un Manuel Belgrano como creador de la enseña patria en 1812 y nada más. No se profundizó el estudio de sus campañas militares en el Alto Perú, donde alternó victorias y retiradas. O la campaña que dirigió, con suerte magra, en el Paraguay. O su paso por la Primera Junta de Gobierno, donde los libros apenas lo nombran. ¿Qué pasaría si a todo esto agregamos que Manuel Belgrano fue, en verdad, el padre de la educación argentina?

Cuando fue secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires, entre 1794 y 1810, Belgrano hizo valiosos aportes para el fomento de la agricultura, la industria y el comercio, pero no fue sino a partir de marzo de 1810, dos meses antes de la Revolución de Mayo, que el prócer empezó a escribir sobre aspectos específicamente educativos. Manuel Belgrano, que había vivido muchos años en España, dejó a un lado el despotismo ilustrado y la consecuente aristocratización de la cultura que habían resurgido a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Al arribar a tierras criollas comprendió la realidad social argentina, dedicándose a una labor hasta entonces desconocida: la intensificación de la agricultura, de la educación, del trabajo para los artesanos, de escuelas para el mejoramiento de la moral y el aprendizaje de las más comunes labores domésticas, etc., etc.

En 1799, Manuel Belgrano creó una escuela de náutica y otra de geometría y dibujo, al tiempo que se ocupó de darles a los jóvenes los estímulos necesarios para que se capaciten y lleven a cabo mejores actividades mercantiles. Incluso se le reconoce como pionero de numerosas e importantes publicaciones, como ser el “Telégrafo Mercantil” (1801), considerado el primer periódico de Buenos Aires. Fue colaborador, asimismo, del “Semanario de Agricultura, Comercio e Industria”, y más adelante, en tiempos del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, ayudó a crear el “Correo de Comercio de Buenos Aires”, mediante el cual plasmó diversos artículos relacionados a la educación, la estadística, la navegación y varios temas más.

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