domingo, 23 de junio de 2013

“La provincia”

En Buenos Aires se eligen 35 diputados de los 127 que hay en disputa. En números redondos, medidos por datos oficiales del año 2011, se expresa ahí el 37,5 por ciento del padrón nacional. La oferta política es por demás miscelánea, ya que el piso del sistema D’Hont le abre perspectivas para llegar a una banca a quien obtenga el 3 por ciento de los votos emitidos. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) arraiga en suelo bonaerense y en el porteño su anhelo de entrar al Congreso.
Entre los partidos con ambiciones más vastas, los análisis previos ranquean en los primeros lugares a las listas del FpV, al Frente Renovador de Massa, al partido del diputado Francisco de Narváez y a la coalición entre el GEN de Margarita Stolbizer que encabeza la lista, el radicalismo y otras fuerzas.
El potencial del FpV es siempre alto y la integración de su boleta ha buscado consolidar la lealtad del “territorio”. Martín Insaurralde, el joven intendente de Lomas de Zamora, primero en la lista, expresa tal intención. Rumbea para el mismo lado la sorpresiva inclusión en uno de los primeros lugares de Verónica Magario, titular del Concejo Deliberante de La Matanza y aliada del intendente Fernando Espinoza. En una nómina que premia la fidelidad durante años difíciles van por la reelección los diputados salientes, con la flamante presidenta del bloque Juliana Di Tullio, segunda en la boleta. En promedio, una oferta fuertemente “K”.
Los encuestadores de distintos palos, incluyendo los cercanos al oficialismo, le atribuyen una alta virtualidad a Massa. El joven candidato, explican los consultores, es un postulante catch all capaz de interpelar a kirchneristas o a opositores acérrimos, tanto como al determinante espacio de los ciudadanos no emblocados o con preferencias más mudables. Las derivas de este sector ciudadano (a ojímetro, un tercio del padrón o un cachito más) cifró los vaivenes de los resultados desde 2005. En particular, desamparó al FpV en 2009 y lo acompañó con entusiasmo en las últimas presidenciales.
Massa ha congregado a algunos intendentes, no tantos como el FpV pero de cualquier modo un caudal atractivo. Se le sumaron la periodista del Grupo Clarín Mirta Tundis, el ex lilito Adrián Pérez y el versátil industrial-político José Ignacio de Mendiguren. Las figuras extrapartidarias, y un dirigente que suele husmear para dónde va el viento pero sin votos propios, no le quitan color peronista a la lista. Mala nueva para De Narváez, que venía bien perfilado en ese espacio.
El entorno de Massa, y el establishment que lo presionó de lo lindo para que compitiera, tratan de instalarlo como favorito para ganar. Es un lugar voluntarista, envidiable, prematuro y riesgoso, porque habilita polarizaciones que lo tendrán como sujeto activo y pasivo.
Su acervo combinaría una alta imagen positiva, consecuencia de un perfil que podemos bautizar como intermedio o light, a gusto del consumidor. Un gestor, un joven con pertenencias políticas itinerantes y por ende no rígidas, una alternativa al enconado panorama general. La pregunta del millón es si el ecumenismo puede mantenerse en medio de una campaña furibunda. El consultor de Poliarquía, Alejandro Catterberg, vaticinó en entrevistas periodísticas que a Massa se le hará muy cuesta arriba conservar la adhesión de votantes tan distintos. Los alineamientos que elegirá, o le impondrán adversarios o aliados, posiblemente lo circunscriban. Aunque, claro, lo anima la ilusión de acrecentar su base, en un entorno de confrontación.
Las ambiciones de Massa (como las de cualquier dirigente político) no son idénticas a las de los poderes fácticos que lo aúpan. Para éstos sería suficiente que fuera un caballo de Troya que debilitara al kirchnerismo, aun sin ganar las elecciones. “Massita” tiene pretensiones más altas, más vale.
Desde 2003 inclusive el peronismo, en sus variopintas vertientes, se queda con alrededor del 60 por ciento de los votos bonaerenses, a veces más. La sobreoferta actual (hay otra lista con el dirigente sindical Gerónimo Venegas) insinúa que la tendencia puede mantenerse, lo que podría no ser tan mala noticia para el espacio panradical socialista. Le da un argumento de campaña (apartarse del rebaño peruca, mechado con acusaciones de kirchnerismo a Massa) y deja un remanente no desdeñable aun en caso de salir terceros.

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