sábado, 31 de diciembre de 2011

“La Argentina salió fortalecida de la última corrida cambiaria”


La titular del Banco Central aseguró que el año que viene el gobierno va a tener los dólares necesarios para pagar los compromisos de la deuda. “De ninguna manera se está analizando un tipo de cambio diferencial.” Y recordó que este papel lo cumplen hoy las retenciones. También dijo que hay que buscar otras herramientas para mejorar la competitividad.

Qué análisis hace del Programa Monetario 2012 del Banco Central?

–La proyección de la oferta de dinero que hicimos para 2012 lleva implícitos dos objetivos: acompañar el crecimiento económico y promover una recomposición de las relaciones de los agregados monetarios respecto del Producto Bruto Interno. Y la demanda de dinero está muy fuertemente asociada a lo que pase con el crecimiento económico y nuestra proyección supone una expansión de los medios de pago del orden del 26%, asociado a un crecimiento económico del 6,5 por ciento. Estamos previendo un buen año para la economía argentina y para la región. Hay un mundo que funciona a dos velocidades; por un lado los países centrales muestran un estancamiento y, por el otro lado, los países emergente evidencian un crecimiento más vigoroso, aunque con una desaceleración respecto del año 2011. El crecimiento de la Argentina va a estar impulsado porque Brasil y China, sus dos principales socios, van a tener una buena performance. China, quizás, creciendo un poquito menos pero con un vigoroso mercado interno, y Brasil va a crecer más de los previsto. Además, tenemos una región que se va a afianzar a partir de las consignas que se han planteado en el Mercosur, que es tratar de maximizar las posibilidades de comercio intraregional y la mayor complementariedad productiva.

–Llama la atención la diferencia entre las previsiones de crecimiento de algunas consultoras , que oscilan entre el 1 y el 4%, y la del Banco Central que prevé un 6,5%.

–Acá me voy a hacer la publicidad porque nosotros consideramos que la mejor consultora es el Banco Central. Cuando comparamos con la proyección de las principales consultoras en los últimos años respecto de la realidad lo que se ve claramente es que hay una enorme subestimación del crecimiento. Por ejemplo, Latinfocus tenía una expectativa de crecimiento en 2010 del 6,5%, nosotros proyectamos un 9,1% y al final el año cerró en un 9,2 por ciento. En 2011, esta consultora previó entre el 4,8 y el 5,4%, nosotros habíamos proyectado el 6,5% y nos quedamos cortos, fue del 8,9. Para el 2012 Latinfocus estimó un 3,8% y lo que he visto es que hay mucha revisión hacia la baja de muchas consultoras.

–¿A qué se lo atribuye?

–No se termina de entender bien la dinámica de los cambios estructurales registrados por la economía argentina y su enorme capacidad para seguir retroalimentando el crecimiento. Tampoco se analiza bien lo que pasa en las economías emergentes ni la importancia que tienen los mercados internos como motor fundamental de crecimiento. Sobre todo cuando se lo compara con los problemas enormes que tienen las economías desarrolladas para volver a crecer, porque tienen enormes deficiencia e insuficiencia de demanda. Entonces, por más que les den liquidez a los bancos existe un problema estructural de demanda, que tiene que ver con cuestiones redistributivas muy fuertes, con la concentración económica, con la reducción de los puestos de trabajo y con el aumento que se observa en la brecha de desigualdad que sufrieron en los últimos años los países desarrollados. Después uno mira lo que está ocurriendo en la Argentina, donde desde hace nueve años cada medida que asume el gobierno nacional tiene como objetivo último mejorar la situación de los trabajadores e impulsar la demanda agregada.

–Entonces, ¿existe un rechazo, por parte de algunos sectores económicos, al modelo económico?

–Hay muchas cosas que dan cuenta de una desinformación o un sesgo ideológico respecto de las transformaciones de fondo. La Argentina ha venido consolidando un proyecto económico que es muy sólido, que hay que ajustarlo, mejorarlo, que hay que hacerle sintonía fina. Pero que tiene una capacidad endógena de crecimiento, y que le ha permitido ampliar enormemente su capacidad para hacer política económica. Lo que ha significado acumulación de reservas, el uso de reservas, la regulación de la cuenta capital. La Argentina se aisló de todas las movidas especulativas y de los humores de los mercados financieros, lo que ha permitido eliminar el famoso descalce de monedas. Hay mucho de estos cambios estructurales que hablan de otro país.

–¿Usted cree que en este marco se inscriben la críticas que recibe el Banco Central sobre su alto nivel de emisión monetaria?

–Creo que son sectores básicamente con una concepción ideológica muy definida y minoritarios respecto de lo que hoy es el pensamiento económico. En los últimos años, producto de los cambios sociales y políticos, se produjo una renovación enorme del pensamiento económico, pero todavía hay sectores que comulgan con el pensamiento ortodoxo y neoliberal. Obviamente son sectores que defienden intereses concretos. No hay que ser ingenuos, las concepciones en materia económica siempre llevan adheridos un determinado interés. Y el neoliberalismo claramente fue el pensamiento que acompañó el proceso de valorización financiera. Pero hay otro pensamiento, cada vez más preocupado con lo que ocurra con la economía real, hemos recuperado el debate por el desarrollo, y ahí si tenemos que empezar a discutir el rol de los bancos centrales. Se cristalizó un determinado rol de los bancos centrales de la mano de un pensamiento económico que acompañó el proceso de desregulación y valorización financiera, que decidió que el Banco Central sólo debía ocuparse de la inflación; que el Banco Central piensa la inflación como un fenómeno determinado únicamente por el mal manejo de los políticos y la irresponsabilidad de las finanzas públicas o de las políticas expansionistas, y no vinculándolo a otras realidades que tienen que ver con problemas de ofertas, las pujas distributivas, la concentración económica y los oligopolios y a otras cosas que tienen que ver con la dinámica de los precios internos. Lo que se derrumbó es ese paradigma, que no estuvo una semanita, sino que está dirigiendo hace 30 años el mundo. Y los países en desarrollo están haciendo una revisión y Néstor en el 2003 fue tan categórico, hasta aquí llegó y vamos a hacer otra cosa. Por eso le pagamos al Fondo. Creo que hay toda una visión de los problemas económicos que fracasó en el mundo: el pensamiento tradicional, ortodoxo. Eso sigue insistiendo en la Argentina. Desde el Banco Central nos ocupamos de la estabilidad monetaria y financiera, pero entendemos que tiene que haber condiciones en el proceso de acumulación y distribución del ingreso que hagan viable esa estabilidad.

–¿Cuáles son los sectores en la Argentina a los que representan los intereses de los responsables de la última corrida cambiara que sufrió la Argentina?

–Son una mezcla de intereses. A veces determinados sectores corporativos atentan contra la misma nación porque alientan y promueven determinadas expectativas o información falsa distorsionada que podría generar tensiones y atentan contra la economía argentina, porque si uno recorre la historia recuerda que algunas de esas movidas se llevaron puestos algunos gobiernos. No quisiera determinarlos, porque son varios y están diseminados en distintas áreas del poder económico y político. Pero no les cayó la ficha que la Argentina es otro país y cambio cualitativamente, cuando nosotros decimos que la gobernabilidad se corresponde con cuestiones objetivas, estas cuestiones objetivas tiene que ver con que el Banco Central hoy tiene reservas suficientes, que no son reservas de deudas o de capitales de corto plazo, sino que son reservas del trabajo de los argentinos, del comercio exterior, porque en los ’90 también teníamos reservas que no eran nuestras. Esas reservas internacionales están para usarse, para pagar deuda pero también para demostrar que se puede conjurar cualquier tensión en el mercado de cambios. Que la Argentina ha crecido a partir del mercado interno, que es el factor explicativo del milagro del crecimiento económico argentino. Y que el mercado interno es el trabajo, es el empleo, son las políticas redistributivas que llevó adelante el gobierno en los últimos años.

–Desde la heterodoxia dicen que es imposible modificar este esquema de financiarización de la economía si no se produce en la Argentina una modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Entidades Financieras, que siguen vigentes.

–Los procesos de financiarización no se producen por determinadas leyes sino por la aplicación de ciertas políticas regulaciones, más integrales y que tiene que ver en el caso de la financiarización que ha sufrido el capitalismo, con políticas de cuneo neoliberal que han pensado que los mercados eran los mejores asignadores de recursos, que han desplazado al trabajo como el motor del crecimiento, que han convalidado procesos brutales de concentración de riqueza, que han dislocado gran parte de sus procesos productivo y que han vaciado de contenidos productivos a sus propias economías. Obviamente todo eso fue acompañado por un proceso de desregulación financiera que potenció esta fase de internacionalización financiera. En la Argentina fue un proceso que se inició con la dictadura en 1976, que colapsa con la Convertibilidad, y que se ha recompuesto en los últimos años. Acá la prioridad tiene que ser el mercado interno traccionado por el trabajo, nunca más la rentabilidad del negocio financiero puede estar por arriba al de la aplicación de ese recurso en la escala productiva. En el año 2005 la Argentina fue pionera en aplicar una regulación en la cuenta de capital donde deliberadamente se cerró el acceso al capital de corto plazo financiero. La Argentina puede decir cuánto vale la moneda y cuánto es la relación cambiaria respecto del dólar y otro países dependen de los humores del capital financiero de corto plazo.

–Pero el problema de la financiarización no lo podemos modificar, en cambio la estructura jurídica de los ’90 y los ’70, sí.

–La Ley de Entidades Financieras ha venido sufriendo modificaciones en los últimos años. La tenemos que cambiar porque es la ley de la dictadura, por eso la tenemos que discutir, y también la Carta Orgánica de Domingo Cavallo, porque elimina toda mención a un objetivo múltiple del BCRA que tenga que ver con el crecimiento y el empleo.

–El crédito sigue siendo escaso y caro en la Argentina, ¿qué medida se puede tomar para que esta situación se modifique en el corto plazo?

–Cada vez hay más crédito, sobre todo para los sectores de la producción. De hecho en el último año y medio ha crecido fuertemente al 49%, mayor que al crédito al consumo. Hay más créditos a las pequeñas y medianas empresas creció 2 puntos del PIB la relación crédito actividad económica . Tenemos que hacer esfuerzo por buscar más crédito a más largo plazo, siempre pensando que si queremos preservar el valor de la moneda, tenemos que garantizar que siga habiendo equilibrio en el sector externo para lo cual el crédito a la inversión es fundamental. Vamos a seguir trabajando sobre el canal del crédito, vamos a promover que haya más sujetos que puedan acceder al crédito.

–¿Qué análisis hace de la corrida cambiaria de noviembre último?

–Hay dos situaciones; una que fue muy previa a la salida de depósitos en dólares. A mediados de este año varias tapas de diarios, opinólogos y consultoras, decían: “el dólar está barato, se viene la devaluación, la Argentina no es competitiva”. Cuando Brasil devaluó un 17% decían: “esto explota no da más la relación bilateral es insostenible”, y cuando Brasil apreció un 10% ya eso ni se mencionaba. No tenían ninguna rigurosidad al, no entendían que a la Argentina le pega mucho más que Brasil no crezca, que Brasil devalúe. Esto fue previo porque cuando salió la muy buena decisión de que para comprar dólares sin destino específico había que mostrar capacidad fiscal, entonces empezó todo este “run run” de que se venía el corralito, se empezó a plantear como si el problema hubiera empezado con esa decisión y que nosotros éramos suicidas, y no se tomó en consideración que en realidad a partir de todas estas distorsiones informativas habían promovido y estimulado una fuerte dolarización de la sociedad. En otro momento histórico, una situación así hubiera complicado mucho la economía argentina. En algunos casos estas operaciones pretendieron marcarnos la cancha, en otros casos hubo animosidad política, otras lo hicieron para hacer daño, lo hicieron es que salimos fortalecidos. Quizás hoy tendríamos más reservas pero en términos de consistencias macroeconómicas, de proyecto, de la capacidad de reacción de la Argentina, sería interesante que la sociedad pudiera aprehender de lo ocurrido en las últimas semanas. Y lo que es importante es que estas medidas se asimilaron bien, que el mercado de cambio está funcionando normalmente, que vamos a terminar el año con un nivel de reservas internacionales muy buenos. También sirvió para romper este estigma de que si tenemos menos de U$S 50 mil millones de reservas estamos en el horno. Vamos a terminar con más de 46 mil millones y nuestra previsión es seguir recuperando en los últimos meses. En fin lo que no mata fortalece.

–La contracara es el tipo de cambio, muchos dicen que está barato.

–Nosotros tenemos mediciones y lo que nos está mostrando en términos multilaterales, ajustados por salarios, en términos bilaterales sigue siendo muy competitivo. Y si no les gusta las mediciones, midamos los resultados: lo que más crece en la Argentina es la industria.

–Pero ahora el crecimiento de la industria cayó un poco...

–La industria cayó en los últimos dos meses. Pero no por el tipo de cambio sino por una desaceleración en mercados vinculados a la industria automotriz. Creo que hay que despejar mucho sobre los factores que vienen incidiendo sobre la competitividad, sobre la posibilidad que viene de protegernos con respecto a los saldos exportables y los excesos de ofertas que hay en algunos países como en China. Nosotros seguimos viendo que lo que más crece son las exportaciones industriales.

–¿Hay que tener un tipo de cambio diferencial?

–De hecho ya existe. No estamos pensando para nada en un tipo de cambio diferencial porque ya existe un tipo de cambio para el sector agropecuario a partir de las retenciones y el tipo de cambio pleno que es para el resto de los sectores del sector productivo. Creo que es lo virtuoso que tiene la Argentina, que plantea un tipo de cambio distinto para el que exporta industria, que para el que exporta soja, y nos permite resguardarnos de la famosa enfermedad holandesa a la que están sujeto los países exportadores de las materias primas. El Banco Central puede definir el tipo de cambio en función de cuales son el conjunto de condiciones que se están viendo en términos de promoción de la monetización, del ahorro en pesos, de la competitividad. Pero hay que pensar en la competitividad no solamente vinculada al tipo de cambio. Creo que tenemos que buscar muchos más elementos cualitativos; la inversión, la modernización, la incorporación de tecnología, sin ignorar que tiene que haber un tipo de cambio que promueva la industrialización. Nosotros creemos que este tipo de cambio promueve la industrialización.

–¿Argentina tiene que salir a pedir dinero a los mercados este año?

–La cuestión del gap del financiamiento no se discute en el Banco Central, lo que sí que es importante tener en cuenta es que estamos previendo un sector externo que nos permitirá tener un saldo del mercado único de cambio de U$S 9000 millones que es más o menos lo que se necesita para pagar deuda el año que viene, por lo tanto sea con el instrumento que sea; fondo de desendeudamiento, excedente del sector público que compre los dólares. Estamos viendo el escenario de todo pago con dólares de la Argentina, nos deja en una situación neutra en materia de reservas internacionales el año que viene. Lo que no es una situación menor.

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