domingo, 30 de marzo de 2014

La Emperatriz llegó a Rosario entre el asombro y la nostalgia


Los miembros de la entidad restauradora también comandaron

Parece un domingo de antes”. La frase, simple como nostálgica, la pronunció un antiguo ferroviario para referirse a la gran cantidad de público que desde las 9 comenzó a reunirse ayer en el andén de la estación de trenes de Pérez para participar y celebrar el cumpleaños número 100 de “La Emperatriz” o “La 191”, la locomotora insignia del ex Ferrocarril Central Argentino que fue restaurada por el Ferro Club Central. La máquina, remolcando un también centenario vagón, cubrió durante la mañana el trayecto entre Pérez y Rosario pasando por cuatro estaciones intermedias en las que fue aplaudida, fotografiada y ovacionada antes de llegar a Rosario Norte, donde fue recibida con música, emoción de la más pura, tiernas sonrisas y lágrimas nostalgiosas de los ferroviarios jubilados. Y también por los ojos “como el dos de oro” de los pibes ante algo gigante y ruidoso que funciona sin chip ni password.
   “Los compañeros están maniobrando en la playa”, comentaba un integrante de la agrupación que rescató y restauró a La Emperatriz. Este, como otros, trajo a sus nietos no sólo a “ver el tren”, sino también a imbuirlos de la mística del ferroviario, de un amor por los trenes sin el que no se puede vivir en Pérez. Conciencia ferroviaria como la del pequeño Donato, de siete años, que advertía a quien quisiera oírlo que la locomotora que arrastra numerosos vagones cisterna no es “La 191”.“La Emperatriz es a vapor y esta es una diésel, marca General Motors”, indicó, respaldando el dato con un tajante: "Me lo dijo mi abuelo".
Primero, un silbato por el que muchos en el andén pusieron cara de "¿te acordás?". Luego, una densa humareda negra que se elevó por allá atrás, por encima de los árboles que bordean el predio ferroviario. Y al fin, imponente, la locomotora, la que remolcó los vagones del tren presidencial, que transportó a personalidades como Yrigoyen, Perón, el príncipe Umberto y al duque de Windsor, se detuvo en el andén de la estación y fue rodeada por mujeres y chicos, vecinos, autoridades y ferroviarios que se prepararon para un viaje marcado por la emotividad.
En primera persona. "Amo el ferrocarril, lo extraño, cada viaje a Rosario era una reunión de amigos", decía ayer María Luisa, 66 años, ex empleada de la obra social ferroviaria, especialmente invitada por los organizadores del homenaje a "La 191". Para María Luisa el cierre de los ferrocarriles en los 90 fue "una puñalada en el corazón para los ferroviarios. "De un día para otro vieron cerrar la fuente de trabajo a la que habían dejado su vidas", recordó.
Gustavo Gontek y Gabriel Asenjo integran la agrupación Ferroviaria Club Central Argentino, la agrupación que lidera el ingeniero Jorge Ciancia y que lleva invertidas más de 7 mil horas hombre en restaurar a La Emperatriz y otros elementos en los talleres de Pérez. Gontek y Asenjo se turnaron en las funciones de foguista y maquinista. "No se qué despierta en la gente una máquina a vapor como esta, pero la emoción y alegría se perciben", señaló Asenjo.
"Una de las primera cosas que debemos tener presente con esta iniciativa es recuperar el origen ferroviario de nuestra ciudad", indicó a este diario el concejal Pablo Corsalini, también impulsor de la iniciativa. "Aquí funcionaron los talleres ferroviarios más grandes de Sudamérica y eso marcó un momento de la historia de la ciudad", destacó.
"Esto nos hace revivir el pasado y sentimos nostalgia. Subir nuevamente a un tren tirado por una máquina a vapor es algo extraordinario. La técnica cambió; después de estas vinieron las diésel, pero a la máquina a vapor la queríamos como si fuera nuestra", señaló a LaCapital don Telmo Tassile, hijo de ferroviarios y jubilado del gremio que recordó orgulloso su apodo de "Comodín", ganado en los talleres por su capacidad para hacer de todo en materia de trabajo con los "fierros". Don Telmo charló durante todo el viaje con su compañero Simón Trevisán, quien fuera tornero y matricero en los talleres y músico en los ratos libres, y que alguna vez, entre sus glorias de obrero, torneó crucetas nuevas para La Emperatriz.
Luego de cargar los 10 mil litros de agua necesarios para el viaje en el ténder, la locomotora partió a todo silbato con su único vagón repleto de invitados.
En un tramo de la ruta 33 paralelo a las vías se podía observar a una caravana de vehículos que acompañaba al tren, mientras que en todos los pasos a nivel y terraplenes ferroviarios entre la ciudad y el también histórico Cabin 9 que da su nombre a un populoso barrio, tanto los propietarios de una precaria "saladita" instalada junto a las vías como trabajadores y vecinos fotografiaban y aplaudían el paso del convoy, saludado con bocinazos en los pasos a nivel.
Llegada triunfal. La llegada a Rosario Norte tuvo el carácter de una fiesta, con el rock del grupo Perro Suizo y mucho público aplaudiendo con emoción a La Emperatriz, a su personal de conducción, a quienes la reacondicionaron, pero también a una posibilidad todavía lejana de volver a disponer de ese medio de transporte.
Aunque siempre son iguales, seguimos mirando con asombro los fuegos artificiales y los trenes. En los barrios del oeste, en la mañana del sábado, un ruidoso y humeante tren tirado por una locomotora con historia encendió una esperanza, la del retorno. Como hace muchos años, los chicos y los vecinos más humildes salieron a las veredas, a esos patios que dan a la vía, para retomar el tan ingenuo como antiguo entretenimiento de "salir a mirar el tren". Fuente: Diario La Capital (Rosario).

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