martes, 18 de enero de 2011

“Estela es todo lo opuesto a la muerte”

La actriz elegida para encarnar a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo en un film que empezará a rodarse en abril, cuenta cómo es poner el cuerpo al servicio de Estela, la mujer más allá de la leyenda. Y volver a contar una historia de amor.
Sentada ahí, semirresguardada por los boxes de un bar de Barrio Norte, hay una actriz que busca. Mientras espera que se haga la hora de la nota –“siempre llego temprano a todos lados”, confiesa– sigue buscando y toma notas en un cuadernito. Busca tanto que incluso busca en sueños y por eso cuenta que esa mañana los ojos se le abrieron de golpe, muy temprano, con un mandato urgente: necesitaba ver las fotos. Así que se levantó y le escribió a Nicolás Gil Lavedra, el director de la película, para que le enviara un registro exterior de esa primera reunión con Estela de Carlotto. De esas tres horas de puro encuentro con Estela, la mujer detrás de Estela, la institución. Porque de eso se trata esta búsqueda. “Eso es lo más importante, más que si va a haber exteriores, si me voy a caracterizar o no. Lo más importante es entrar en su espíritu y mostrarla tal cual es y no como el estereotipo de la Abuela que todos conocemos.” Porque, como dirá más adelante, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, es todo lo contrario a la oscuridad, a la muerte. “Ella tiene un espíritu joven. Tenés que ser muy generoso, tenés que tener mucho amor para transitar y seguir transitando lo que ella transita. A veces me preguntan ‘¿cómo hacés para mantenerte tan joven?’ Y yo les digo: ‘mirá, ¿por qué no le preguntás a Estela de Carlotto?’ Estela se mantiene mucho más joven que cualquier otra persona de 80 años que yo conozca.”


–¿Tenías una relación previa con ella?

–No, pero me pasaban cosas, las mismas que nos produce a todos porque es una persona que genera siempre mucha paz. En sus apariciones públicas, uno la ve como alguien muy instalada en sí misma, es una mujer de una gran presencia: tiene la presencia de los que no tienen dudas, de los que saben que no hay nada que esconder. Hay una medida en el decir que ella tiene, no hace falta conocerla personalmente para darse cuenta, ella siempre tiene la palabra justa, sin alterarse ni apurarse, aun cuando la agredan. Son valores muy altos los que tiene.

–¿Sabías que hubo varias actrices interesadas en este proyecto?. ¿Cómo te enteraste de que eras la elegida?

–No, no sé qué pasó en la previa, no quise enterarme de nada de eso. Después me agarra cosa y pienso: “esta me va odiar, aquella me va a odiar”. Cuando me contaron que Andrea del Boca, en su momento, quería hacer Camila, me sentí así. Yo no sabía ni que existía esta película. No hice nada para conseguir el papel, porque soy ajena a todo eso. A mí me vino, como me viene todo. Fue cerca de Navidad. Vino Fernando (Sokolowicz, productor del film) y en este mismo bar me dijo: “Susú, ¿te gustaría hacer a Estela de Carlotto? Y mi cara llegó hasta acá (adelanta la barbilla hasta el centro de la mesa). Me sentí muy honrada. En ningún momento dudé ni tuve miedo. Esta clase de cosas son una reconciliación con esta profesión: aparecen cada tantísimo, pero cuando te tocan, te sentís bendecido.

–Entonces, el del jueves pasado en la sede de Abuelas fue el primer encuentro entre ustedes.

–Sí. Y disfruté mucho su espíritu... (piensa unos instantes en busca de la palabra exacta) alegre. Ella es una persona que no busca el impacto, desdramatiza todo el tiempo, hace lo mismo que hago yo para crear un personaje: saca toda la maleza, todo lo que está de más, todos los hilos. A veces, en apenas un gesto se te ven los hilos. A mí me pasa con Estela, que no le veo los hilos y, como digo siempre, si los tiene, son dorados.

–¿Esa alegría rompe cierta solemnidad que se asocia al tema de los Derechos Humanos?

–Es que nosotras tuvimos un encuentro de risas. Ella está llena de vida, es todo lo opuesto a la muerte, a quejarse o a poner las cosas en ese lugar de tortura, todo lo contrario. Tiene un espíritu joven y dispuesto, con todo esto de una familia sólida que le ha dado todas las armas para que ella fuera una persona que se siente cómoda dando y no fuera una persona egoísta. Y todo eso no es de ahora, todo eso ya estaba en su rol como madre. Después, esas cosas se potenciaron.

–¿Y qué era lo que traía de antes?

–Ella es una madraza, ella descubre de joven que lo que más quiere en el mundo es tener hijos. No de una manera convencional, es que realmente hay mucho amor ahí. Y entonces todos los actos que ella realiza de joven y de señora, totalmente apolíticos, cuando todavía no tenía idea de nada de eso, son todos actos de amor. Mi mamá es así, yo trabajé mucho con mi mamá cuando hice Roma. A mí me enseñaron que no había que comerse el último pedazo de torta porque se la tenía que comer otro.

–Es decir que pudiste conectar con cuestiones que conocés de cerca.

–Me divertía mucho cuando me contaba cómo era ella cuando era chica, que le gustaba cantar y bailar. Yo tengo un padre muy histriónico y la actriz mía sale de ahí: mi cuerpo necesita expresarse. Yo no soy intelectual, cuando hablo, me paro y hago cosas, porque si no siento que me falta una parte. Así como mi viejo, sin ser actor, es histriónico, así pasa con Estela. Ella cuenta, relata cosas, pero no las cuenta para que le tengan lástima. Es tipo “no sabés la metida de pata que mandé con tal cosa” y después venía algo dramático y a continuación algo muy dramático. Y para hacer eso hay que tener una libertad y una identidad tremenda. Ella está parada sobre sí misma y está parada acá (se señala el corazón) y no acá (apunta a la cabeza).

–¿Y qué cosas te sorprendieron en esos relatos?

–Que se escucha todos los tangos en Radio Nacional a la mañana y baila. Es hermoso eso. Mi mamá hace lo mismo: la llamás y la escuchás agitada, pero no le pasa nada: está bailando. En su casa, sola. Mujeres que bailan. Justamente de eso hay que hablar porque de eso no se habla. Hay gente que pone todo en un lugar donde pareciera que tenés que estar en contra o a favor, como si la vida pasara por ahí. Y la vida no pasa por ahí. Acá no hay un color político, acá hay amor.

–¿Cómo se armó el guión de la película?

–Esta sacado de videos de charlas de horas y horas, muy de entrecasa, con Nico, a quien ella quiere como a un nieto. En la historia hay un devenir, un ir al pasado, al presente, pasa por diferentes años, muestra la relación con el marido, la relación con las Abuelas, pero el hilo conductor es cómo ella es. Y mi gran desafío es ayudar a comunicar esos valores que tiene esa mujer, que tuvo siempre esa mujer y cómo los pudo poner en práctica. Porque hay muchos que tienen grandes valores pero se quedaron en su casa mirando televisión.

–¿ En qué momento de tu vida te toma un rol de esta envergadura?

–Por suerte, después de todo el trabajo que he hecho, estoy en una etapa en que me pone muy feliz sentir amor, me siento absolutamente protegida por lo que siento. No estoy esperando que alguien opine, estoy ocupada dando. Esta profesión me ayudó mucho, hay que quererla, porque no es una profesión que te dé mucho, estás muy sola. Y yo soy una laburante, nada más. Estoy distraída del medio, alejada de “jetonear”, de la trenza, me sale así, porque creo que si hago otra cosa no me va a salir. Por suerte, laburo no me falta pero elijo bastante. Pasa que no se puede aparentar mucho tiempo algo que uno no es, todo cae por su propio peso. Yo creo que no hace falta nombrar determinadas cosas ni decirlas. Hay una conducta que las personas perciben y que es una manera mucho más fuerte de entender sin tener que ponerle demasiadas palabras.

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