viernes, 15 de octubre de 2010

Reflexiones sobre la telepolítica nuestra de cada día

Por Artemio López
Paneando por diversos programas políticos televisivos, oficialistas y opositores, observamos el grado de reality show que propone la pantalla y la extrema banalización que ahí adentro acontece.
Nada pero nada que lo que allí se veía y oía tenía la más mínima relación con aquello que, aunque solo en parte, sabíamos que efectivamente estaba sucediendo bajo "la ley de la calle".
¿De que hablan?, fue el interrogante anterior a cada inexorable zaapingazo.
La telepolítik, el ensayo temerario de constituir desde los LCD en 50 cuotas, sujetos activos en la práctica política, sinceramente no la recomendamos hoy a nadie comprometido con la "militancia", o cómo corno se llame la cercanía al compromiso político con algo.
Ayer tal vez tuvo sentido, y durante un tiempito cumplió un rol, jamás en estas etapas de sintonía fina, muy fina, donde los efectos comienzan a ser paradojales. Le sucede todo el tiempo a la telepolitik. Ocurrió con TN cuando puso en el aire a este payaso , cuya sobredosis de gorilismo, resultó finalmente un búmerang... Pero no es patrimonio del monopsomio el comportamiento de clown.
No es novedad, muchos medicamentos tienen efectos paradojales, en especial los que actúan sobre el Sistema Nervioso Central. Lo saben bien los estudiantes de Medicina, a sobredosis los efectos se disparan en un sentido exactamente contrario al que se lee en las indicaciones, y claro, busca el chamán de turno.
Pero esto es una simple columna, no hay pretensión alguna más que hurgar en lo que creemos es un recorte interesante del infinito que (nos) acontece, siguiendo hoy más que nunca la máxima de Marshall Mac Luhan: "El explorador es un ser absolutamente ilógico. Jamás sabe en qué momento va a hacer un descubrimiento . Y la lógica es un término que carece de sentido cuando se aplica al explorador”. “No explico nada. Exploro."
En fin, moderando la dosis de prédica entonces -y mientras cada uno explora, también debate, reflexiona y fundamentalmente duda (jactancia de los intelectuales, según Aldo Rico, je)-, apaguen la tele todo el tiempo que puedan los compañeros y compañeras!
Fuente: Diario Registrado

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