domingo, 18 de agosto de 2013

Después de las PASO. El sentido de la lealtad, la autocrítica y la necesidad de renovar la relación con la sociedad.

Exordio: el autor de esta nota sabe a ciencia cierta que no tiene ningún derecho a decir lo que va a decir. Sin embargo, ha tomado la decisión de hacerlo.
 
Exposición:
1) Que a menos de 24 horas de un resultado adverso en algunas provincias importantes en elecciones primarias una gran parte del pejotismo esté danzando en una pata y haciendo fila para comprar garrochas urgente habla de algunas cuestiones importantes. La primera lectura que uno podría hacer es de tipo moral; deplorar el poco sentido de la lealtad que tienen los administradores del poder político y simbólico del peronismo territorial. 
Sólo aquellos que creen que la política se parece más a La Guerra de las Galaxias que a los Piratas del Caribe pueden desayunarse hoy con las movidas de intendentes y sindicalistas en la provincia de Buenos Aires. Algunos de ellos hacen ruido para negociar mejor con unos y otros, pero también lo hacen porque el peronismo tiene una lógica signada por el Manual de conducción del propio Juan Domingo Perón: conduce el que gana. Y está claro que no basta con tener razón, con tener el mejor proyecto, con hacer un bien a la patria. Para conducir hay que ganar. Ergo, allí donde hay un ganador posible, hay garrochas listas para el salto urgente. 
 
2) Conviene hacer algunas precisiones: criticar directamente a la conducción un día después de una supuesta derrota no es "hacer autocrítica", es minar directamente la legitimidad de la conducción. Sorprende, claro, en hombres que hacían demasiado alarde de "lealtad" desde el nacimiento mismo del kirchnerismo. Se ve que no basta con usar poncho para hacerse el gaucho, como decían en mi pueblo. Esto dicho teniendo en cuenta todas las críticas que puedan y quieran hacerse puertas adentro a la propia conducción por parte de los principales dirigentes provinciales y municipales. 
 
3) Párrafo aparte merece los dichos del titular del sindicato de peones de taxis, Omar Viviani, que digno de la picaresca del neorrealismo italiano ya avisó para que no lo acusen de traidor: "En el 2015 vamos a estar con el que gane." Irrefutable lógica pejotista, sin duda, pero también una clara advertencia: cierto sector del sindicalismo va a defender con dientes y uñas las organizaciones sindicales más allá del proyecto económico y social y más allá del destino y la condición de los sectores del trabajo a los que supuestamente representan. Los años  ya dieron cuenta de ellos. 
Pensábamos que ganábamos los marxistas leninistas pero terminamos ganando los capitalistas neoliberales, podría resumirse con idéntica fuerza de convicciones. O en palabras lúcidas de Pablo Moyano, quien hace las veces del "hijo de Pierri" del clan sindical, Montoneros o sindicalistas, como dijo para el diario La Nación, más allá de la manipuladora pregunta.
 
Argumentación:
4) El kirchnerismo, no sólo la presidenta de la Nación, sino también sus principales dirigentes, sus intelectuales, sus cuadros, sus interpretadores deberían, creo, renovar de una manera u otra su propia relación y comunicación con la sociedad. Es posible que hoy una mayoría de los argentinos sienta una vaga sensación de fatiga con algunos de los significantes que utiliza el kirchnerismo para interpelar a los ciudadanos. Las generaciones tienen mala memoria y hoy prácticamente nadie tiene recuerdo de los hechos de 2001. Y, lejos, de dejar asustarse por el fantasma del pasado prefieren soñar con promesas del futuro. 
Y en este punto un político peronista debe ser práctico: el objetivo es ganar y continuar conduciendo, no decir la verdad. Sergio Massa no dijo la verdad. Se sacó el saquito, dijo un par de obviedades dulzonas, sonrió a diestra y a diestra, pero no dijo que quiere devaluar para transferir el ahorro y las ganancias de las mayorías a los sectores concentrados, tampoco admitió que quiere volver a endeudar al Estado a costa del saqueo de los argentinos como ocurrió entre 1989 y 2003, ni que va frenar el alza de precios a costa del salario de los trabajadores enfriando la economía. En términos morales, me parece mucho menos condenatorio hacer un par de promesas falsas que perjudicar económicamente a 20 millones de argentinos a través de recetas neoliberales que muchos hemos sufrido en carne propia. 
 
5) El kirchnerismo, en mi humilde opinión, debe resistir a cierta tentación progre de mantener algunos parámetros estéticos que intentan imponer algunos de sus integrantes. De la misma manera en que las clases altas y medias buscan su "distinción" –en términos de Pierre Bourdieu– en elementos culturales y económicos que las coloquen en el lugar de los "amos", determinados sectores de la clase media que, al no poder alcanzar la distinción por vía del poder adquisitivo, deciden "distinguirse" a través de pautas estéticas, morales, ideológicas, culturales. 
Al lema "somos distintos porque somos los amos" le oponen el "somos distintos –ni amos ni esclavos– y preferimos perder antes que renunciar a nuestra distinción". Y en política no se trata de resguardar privilegios estéticos, sino de garantizar la continuidad de un proyecto, con la centralidad en la defensa del Estado y en el bienestar de las mayorías. 
Es mucho lo que hay en juego para apostar todo a un imaginario "perder para resistir y volver". Nadie ha vuelto de forma feliz: Ni Hipólito Yrigoyen ni Juan Domingo Perón ni Carlos Menem. 
El desafío es construir hegemonía a largo plazo aun cuando haya que construir un gobierno en disputa con aquellos que no son tan distintos como uno. Para hacer frente a las tentaciones estéticas más que pensar en uno mismo, hay que mirar a los ojos a los miles de pibes que reciben la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo, y a los millones de trabajadores que hoy tienen empleo. Y por sobre todas las cosas, hay que pensar en el Estado, que es el patrimonio común de todos los argentinos. 
¿Por qué regalarles los millones de dólares de ahorro del Banco Central a los hijos pródigos del neoliberalismo? ¿Por qué entregarles los recursos del Estado a los que han saqueado estructuralmente al país durante los últimos 200 años?
 
6) Conduce el movimiento, con sus contradicciones, con su desmadre, con su tendencia a la piratería, con su belleza, el que gana. Y el que conduce marca el rumbo del movimiento. Es decir, hay que hacer lo necesario para ganar y conducir el proceso. No querer ganar no es una conducta muy "peronística" que digamos. El kirchnerismo hizo efectivas muchísimas realidades en esta década como para arriesgarse a perderlo todo. Y hacérselo perder a millones y millones de argentinos.
 
Peroración: Por último, unas palabras para el médico Nelson Castro. No hace falta, doctor, hurguetear en los basurales para hacer periodismo opositor. Es posible hacerlo con elegancia. La primera mandataria, además de tener investidura presidencial, es una mujer. Milite en las filas caballerescas, tome mi consejo, no caiga en el síndrome de la Madrastra de Blanca Nieves hablándole al espejito.

Por Hernán Brienza

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