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martes, 29 de junio de 2010

La comadreja y la Lima

De pequeño, una de las fábulas de Esopo que más comentábamos en la escuela era aquella de “la comadreja y la lima”. En la historia, el alargado animal, luego de probar ratas y topos, sus bocados preferidos, se desplaza por unos terrenos habitados y tropieza con una lima de acero. Está, solitaria, en el taller de un herrero, y creyendo que se trata de un nuevo menú, pasa su lengua por la herramienta a la espera de un sabor. De pronto, su lengua comienza a sangrar y el mustélido, de cabeza aplanada, cree que ha descubierto un manjar, salado. Feliz y contento, continúa con la tarea, hasta que termina por perder su lengua.
El ex juez Gabriel Cavallo se desplaza en estos días por los terrenos habitados de los juzgados federales, blandiendo un infeliz orgullo: su estudio jurídico carga con la vergüenza de llevar adelante la defensa de una apropiadora. El hombre que en el reportaje del domingo en Perfil se jacta de haber declarado inconstitucional las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y de haber redactado fallos a favor de conocer la identidad de los hijos de desaparecidos, hoy enreda su lengua con justificaciones que intentan explicar lo que todos sabemos. Que agarró la defensa de Ernestina Herrera viuda de Noble para abultar sus cuentas bancarias.Si el extraordinario entrenador Maradona escribiese esta columna hubiese lanzado alguna de sus frases conceptuales para estos casos. A saber:
- Llamar “panqueques” a quienes van de un lado para otro, siempre en el aire.
- Utilizar el sobrenombre “sanguchito”, como el día aquel en que calificó a Bernardo Neustadt… para luego explicar: “Es que está siempre al lado de la torta”.
Dicho esto sobre los denominados principios de Cavallo, resulta más interesante señalar sus barbarismos en el reportaje y en la causa “Noble”:
Explica Cavallo sobre la causa: “Está teñida de algo que todavía no termino de entender qué es. Yo impugné al banco en esta causa. No en su conjunto, ni puse en discusión las 101 restituciones. Esas restituciones fueron todas hechas con el 99% de certeza. De manera tal que eso que dicen algunos científicos amigos del tribunal, o lo que dicen algunos sectores de los organismos de derechos humanos es una cuestión… Se intenta ocultar lo que verdaderamente se está diciendo: que esta causa está teñida por un componente político que es imposible de negar”.
No dice Cavallo que esta causa lleva más de una década, que Ernestina ya acusó al menemismo de perseguirla políticamente, al duhaldismo, también a las familias de las madres secuestradas, a las Abuelas, a Kirchner, a Cristina… Da pena y da risa verlo a este hombre, que recién desembarca en el expediente, hablar de causas teñidas de componentes políticos. Usar el mismo lenguaje que los militares (acusar a todo reclamo de justicia de “componente político”) seguramente proviene de la soledad. La soledad de saber que nada podrá hacer para impedir que se corra el velo.
Luego Cavallo menciona otra de sus sensaciones: “No tengo garantía jurídica de la cadena de custodia”.
Se llevará una sorpresa el ex juez cuando se ponga a estudiar la causa, y otras causas similares, al comprobar que el Banco Nacional de Datos cuando no tiene garantías sobre las muestras, avisa a los jueces para que, si hiciese falta, todo empiece de nuevo. Eso es lo que en los barrios populares, alejados de los estudios de Plaza San Martín, se llama recontragarantías. La cadena de custodia de las muestras obtenidas es tan segura que detecta ropas contaminadas por otras células de personas ajenas o cepillos de dientes saltarines, que no pertenecen a los jóvenes por analizar.
Quédese tranquilo, ex juez Cavallo. Fue su propia clienta quien escribió en el 2003 que “muchas veces he hablado con mis hijos sobre la posibilidad de que ellos y sus padres hayan sido víctimas de la represión ilegal”.
Sí, ex juez Cavallo, su clienta llamó “padres”, por fin, a los padres.
Esos padres que usted conoce, y sabe que pronto se conocerán.
Muchos Cavallos han pasado por la Argentina intentando frenar la lucha de los organismos de derechos humanos. No pudieron. Se los devoró la mentira, la lengua propia, y una lima.
Nos hubiese gustado, ex juez Cavallo, responder línea por línea a sus dichos, pero por razones de espacio, los lectores de este matutino tendrán que recurrir a la página de Perfil.com para saber de sus extensas respuestas, de sus ansias de que alguien lo premie nuevamente con un juzgado.
Como le había gustado hablar a usted, ex juez Cavallo. Sentado frente a Fontevecchia, otro hombre salido de algunas fábulas de Esopo, habrán conversado de sus autos, sus casas abundantes y sus fantásticas fantasías de sacar un diario para jugar a ser lo que no son, periodistas. Fontevecchia dejó abandonados y en la calle a los laburantes de Perfil en 1998. Usted a los de Crítica en el 2010. ¡Que hombre Noble Cavallo, que hombre Noble!.
Pablo Llonto

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