
Siempre con escasos recursos–y lo aseguro porque durante un tiempo fui su asesor contable– Arturo se jugó una y otra vez en esa patriada de editar libros con temas irritativos para los sectores del privilegio, tanto fuese la historia revisionista como la economía antiimperialista o la literatura nacional.
A principios de los sesenta, su colección La Siringa y ediciones y reediciones de los libros de Jauretche, entre otros, contribuyeron a la nacionalización de los jóvenes de los sectores medios que estallaría poco después.
Su coraje y su compromiso se resumen en esta anécdota: en 1977, en plena dictadura genocida, fui a proponerle, con la colaboración del escritor Pablo Hernández, la edición de unos artículos escritos por Jauretche, en 1962, contra la política económica desarrollada por el ingeniero Alsogaray, con una pequeña trampita: a lo largo del texto se atacaba al ministro –sin mencionar su nombre–, de modo que la crítica aparecía actualizada contra el ministro de esa época: Martínezde Hoz.
Iba firmado por Jauretche (fallecido en 1974), pero el sello editorial y el riesgo lo corría Peña Lillo.
El se jugó: en octubre de 1977 apareció Economía y Política, una solitaria expresión del pensamiento antiimperialista en plena dictadura.
Un episodio como éste resume la dimensión de un hombre, de un verdadero argentino.
NG/
* Historiador.
N&P: El Correo-e del autor es Norberto Galasso lic.galasso@yahoo.com.ar
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