sábado, 29 de mayo de 2010

HIERVEN, Por Norberto Galasso Jueves 13 de mayo de 2010

Podemos imaginar a Joaquín Morales Solá, Mariano Grondona y Héctor Magnetto sumamente preocupados

La clase dominante hierve de indignación, pues periodistas y políticos opositores compiten, día tras día, en la pantalla televisiva, a ver quién es más incapaz

En las últimas semanas están soplando mejores vientos para el campo popular y ello provoca inquietud y congoja en los sectores reaccionarios.

Podemos imaginar a Joaquín Morales Solá, Mariano Grondona y Héctor Magnetto sumamente preocupados, al igual que la dirigencia de la Sociedad Rural y otra gente de esa prosapia, en lo interno y lo externo.

Los ha ganado la perplejidad porque después de las elecciones del 28 de junio y luego de la asunción de los nuevos legisladores de la oposición, el Gobierno aparece paradojalmente más fuerte que antes.

Aquella jornada electoral les hizo creer que eran mayoría y que iban camino hacia la Casa Rosada.

Sin embargo, no ha resultado así, sino todo lo contrario.

Día a día, van comprobando que eran meras ilusiones sin fundamento.

Alborotaron tanto con que el 70 por ciento de los votantes se había pronunciado contra el Gobierno, que terminaron por creerlo y ahora están despertando de ese sueño.

Deben pensar, probablemente, que el campo popular, como los gatos, tiene siete vidas.

Pero no sólo la perplejidad los ha ganado, sino también la indignación al contemplar a la dirigencia política que defiende sus intereses.

Con bronca e impotencia, ven desfilar por las pantallas televisivas el rostro desencajado del diputado Gerardo Morales, después del vapuleo a que lo sometió el ministro de Economía, Amado Boudou; observan los esfuerzos de Federico Pinedo por aparentar suficiencia y tranquilidad y se preocupan muchísimo ante el delirio apocalíptico de Elisa Carrió y las peroratas institucionalistas de los diputados y senadores sin quórum hablando al vacío.

Seguramente, Magnetto se escandaliza cuando sus dos espadas del programa Código Político resultan de cartón dedicándole 26 minutos a la Presidenta por haber dicho «me siento un poco como Sarmiento» al entregar computadoras a los estudiantes, para terminar con que Eduardo van der Kooy -con muchos años de editorialista- largue la burrada de que la ley 1420 se sancionó durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (como se sabe -y con perdón de Osvaldo Bayer- fue en la presidencia de Julio Argentino Roca, en 1884).

La clase dominante hierve de indignación, pues periodistas y políticos opositores compiten, día tras día, en la pantalla televisiva, a ver quién es más incapaz, quién demuestra más acabadamente su impotencia, su falta de capacidad para desplazar a «los Kirchner» del gobierno y constituir un gobierno «serio», «respetuoso de las leyes», dialoguista, creador de «consenso», que ponga fin a «la crispación» y a la desprolijidad institucional.

Hasta Rodolfo Terragno, quien venía posando como el único dirigente radical que había escritos libros, elige a Eduardo Duhalde como compañero de propuestas.

Y el gran debate como proyecto de gobierno consiste en qué hacemos con «los trapitos» y guardianes de automóviles, para sacarlos de Buenos Aires: los mandamos a los cuarteles, como propone Duhalde o «¿Qué quieren, que los matemos a todos?», como señala cristianamente Mauricio Macri.

¡Qué panorama desolador!, ¿no es cierto?, el de esta oposición sin programa o con un programa tan impresentable -«ajustar» en lo económico, amnistiar a los represores, entre otras cosas- que no pueden exhibirlo públicamente.

¿Dónde hay un político opositor, Viejo Gómez? reclama la clase dominante, parafraseando los versos de la canción referida a la falta de «mangos» en los años treinta.

Tanta es su declinación que le coquetean al innombrable Carlos Saúl para que los acompañe con su voto…

Síganlo… «que no los va a defraudar»…

Esta situación se evidencia también en la desesperación y el oportunismo que desnudan los posibles candidatos: Francisco de Narváez le hace arrumacos a Carlos Reuteman, Duhalde le guiña el ojo a De Narváez, Carrió se toma vacaciones pues ha agotado su arsenal de vaticinios errados y desvaríos apocalípticos y seguramente busca la manera de reencontrarse con Julio Cleto Cobos, porque los radicales no están dispuestos a suicidarse con el desprestigiado Morales, ni con «el milico» Oscar Aguad que tan oportunamente reverenció al imperialismo británico cuando avanzaban para saquear Malvinas.

Además, por esas picardías de la Historia, mientras Tabaré Vázquez hizo palanca en su gestión municipal para llegar a la presidencia del Uruguay, Macri ha desnudado, en la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, lo que haría si llegara al Gobierno nacional: Abel Posse a Educación; a Justicia el ex colaborador de la revista archireaccionaria «Cabildo», el Dr. Guillermo Jorge Yacobucci; Ciro James a la SIDE y los gerentes de «las empresas de papá» a las secretarías de Economía como ya ocurrió en los noventa.

Con respecto a Jorge «Fino» Palacios, sería el candidato firme para manejar la represión porque, como ha reconocido últimamente Macri, goza de confianza ya que fueron «las embajadas de Estados Unidos y de Israel las que me lo recomendaron por sus antecedentes».

Evidentemente, Mauricio ha ido demasiado lejos con sus pistolas inmovilizantes y como «su viejo» se resiste a reponerlo en los directorios de sus empresas, no puede aspirar a otro destino que volver a Boca.

Sufren, transpiran, se enojan los ideólogos destituyentes.

Cada vez están más inquietos porque el «Grupo A», si seguimos así, va a jugar en la B.

Por eso, mientras algunos canales no se cansan de rememorar a Raúl Alfonsín para abrirle camino a su hijo Ricardito, Magnetto le dedica una hoja entera a Luis Juez como queriendo demostrar que no sólo sirve para hacer chistes… lo cual recuerda un viejo refrán español: «Quien no tiene con otra, con su madre se acuesta».

La obstinada y cerrada actitud de la oposición, especialmente frente a Mercedes Marcó del Pont, así como también la desmesurada crítica de Clarín, le ha abierto los ojos a mucha gente porque, como decía Arturo Jauretche, «también se muere de empacho».

Los encuestadores que trabajan para la oposición también se están poniendo nerviosos.

Algunos de ellos ha detectado que a pesar de la artillería mediática -o quizás por ella-, el kirchnerismo continúa siendo la primera minoría, pero se alarman aún más cuando observan que los candidatos opositores están bajando en el ranking y más aún, reconocen que el 30 por ciento que apoya al Gobierno tiene rasgos muy particulares: es un bloque sólido y concientizado, mientras el resto de la opinión se divide entre varias organizaciones pero de manera versátil, insegura, que más bien se está consolidando la opinión de que a los dirigentes de la oposición les cabe aquello de: «Que se vayan todos, que no quede ni uno solo».

En pocos meses el resultado electoral del 28 de junio se difumina en el pasado, como meramente coyuntural, y ya no les garantiza -como la oposición creía- la posibilidad de un buen rol en la elección del 2011.

Por otra parte, la calle dice lo suyo y tampoco les augura nada bueno.

La CGT avanza con su proyecto político-sindical y realiza uno de los actos más numerosos que conoció la provincia de Neuquén.

Se juntan Hugo Moyano y Hugo Yasky para dar solución a los trabajadores del diario La Capital de Rosario, del Grupo Vila-Manzano.

Del mismo modo, la concentración popular del 24 de marzo, se ve ratificada por la generada gracias al programa «6.7.8» y el apoyo a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Crece en la militancia popular la convicción de que vivimos un punto de inflexión después de lo ocurrido durante 2008 y 2009, y que es el momento oportuno para que el Frente para la Victoria y sus aliados adopten medidas para canalizar este avance de sus huestes y concretar, cada vez con mayor fuerza, su capacidad de movilización.

Se viven momentos sumamente interesantes para asegurar un clima político, en el 2011, favorable a la continuidad y profundización de las transformaciones que se vienen operando desde el 2003.

Con toda razón, en un matutino dominguero, Jorge Giles ha señalado que «la democracia popular pasa a la ofensiva» y que «hay un clima de alegría en las calles de la democracia».

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