viernes, 6 de julio de 2012

6/07/1947, el presidente Perón, dirigió un mensaje a los pueblos del mundo por 1.117 emisoras. JULIO DE 1947 NACIA LA TERCERA POSICION DE JUAN PERÓN

Gentileza de Miguel Eduardo Landro desde San Luís, República Argentina

EL MENSAJE DEL HOMBRE, DE JUAN PERÓN.

Por Fermín Chávez


16 de julio de 1947, el presidente argentino, General Juan Domingo Perón, dirigió un mensaje a todos los pueblos del mundo, por medio de más de 1.000 radioemisoras (entre ellas, la BBC de Londres), en que planteaba objetivos de cooperación económica y de paz mundial, desechando los extremismos capitalistas y totalitarios, fuesen éstos de derecha o de izquierda. 

"La labor
-señaló  Perón- para lograr la paz internacional debe realizarse sobre la base del abandono de ideologías antagónicas y la creación de una conciencia mundial de que el hombre está sobre los sistemas y las ideologías, no siendo por ello aceptable que se destruya la humanidad en holocausto de hegemonías de derecha o de izquierda."

En su histórico mensaje Perón reclamaba el desarme espiritual de la humanidad, desde que ya no podían ser factores coexistentes en el mundo la miseria y la abundancia, la paz y la guerra. 


El documento 'Por la cooperación económica y la paz mundial' fue enviado por la Cancillería argentina a los gobiernos hispanoamericanos y a la Santa Sede.


La idea de que el hombre está sobre los sistemas constituye el núcleo antropológico y filosófico de la Tercera Posición. 


Se trata del hombre integral, rescatado de las filosofías naturalistas, sociobiologistas, economicistas y materialistas dialécticas que reconocen como raíz el pensamiento de la ilustración, por el cual la persona humana quedó parcialmente vaciada, por exclusión de componentes sustanciales: las creencias, la fe, las potencias no racionales, el sentido de lo sagrado. 


El justicialismo reconoce su centro de irradiación en un hombre recuperado en la totalidad de su ser. Y se proyecta de lo interno a lo externo como Tercera Posición humanista y cristiana.


La propuesta, hecha desde la periferia del mundo, carecía entonces del poder suficiente para imponerse. 


La 'realpolitik' le exigirá a Perón concesiones y algunos renunciamientos, siempre en términos de praxis (nunca de doctrina), en ese mundo en derrumbe, cuya área periférica empezaba a conmoverse precisamente hacia 1947.


LA TERCERA POSICIÓN DE LA ERA PERONISTA


Los principios de la Tercera Posición del gobierno peronista comprendían una serie de enunciados de alcance universal y apuntados a resguardar la convivencia pacífica entre las naciones, entre ellos los siguientes:
a) la igualdad jurídica de todos los estados soberanos;
b) la fraternidad y cooperación política y económica, como única forma de aproximar a las naciones sin recelo;
c) la amistad con todos los países del mundo, sin inclinarse hacia las hegemonías de izquierda y derecha;
d) la voluntad de servir a la humanidad en sus anhelos de paz interna e internacional, colocándose en la línea de ayuda “que le sugería el clamor universal” y sirviendo a “las energías del bien, para vencer las energías dominadas por el mal”; y
e) la situación de los pueblos en el concierto general, donde debían extender sus conceptos nacionales. (1) 

Dicha postura, como puede observarse, asignaba a la Argentina un especial protagonismo: con su doctrina de comprensión y entendimiento, este país llevaba una “avanzada por la paz internacional, colocándose con todos sus valores materiales y espirituales, en lo que puede llamarse el epicentro de este gran ciclo histórico en plena marcha”.


Por las rutas de la política internacional argentina, el mundo podría llegar a cerrar el nuevo ciclo de la historia universal con la proclamación de la paz. (2) 


El plan del presidente argentino para alcanzar la paz internacional, y que la Argentina pretendía proyectar al continente, constaba de tres etapas:
1º) adherir firmemente a estos principios pacifistas;
2º) acudir conjuntamente, los países americanos y la Santa Sede, ante los demás pueblos del mundo, para solicitarles la adhesión a estos principios pacifistas y ofrecerles la cooperación económica indispensable para materializar estos anhelos de todos los pueblos del mundo; y
3º) comprometernos a proclamar y realizar estos anhelos, teórica y empíricamente, entre los estados y también ante las asambleas, convenciones, congresos y reuniones internacionales. (3)  

De esta manera, el 6 de julio de 1947 el presidente Perón pronunció un mensaje exhortando a la paz del mundo. 


Afirmó que la Argentina “tomaba sobre sí la enorme responsabilidad de impulsar este pensamiento, que mueve el afán ardiente de mejorar la humanidad, sin que le falte la decisión ni las energías para, conjuntamente con otros pueblos, cristalizarlo”. (4) 


Según el presidente argentino, las naciones de América habían comprendido esta posición de la Argentina, que señalaba “un rumbo en medio de la ansiedad mundial por la paz”, y habían ido adhiriendo a la declaración argentina. (5) 


Por cierto, la Tercera Posición implicaba mantener una equidistancia de “ambos imperialismos”. 


La libertad no podía congeniarse con el capitalismo ni con el comunismo.
  “Si no existieran tales imperialismos, los pueblos podrían ser dueños de su destino, libres, independientes y soberanos dentro de sus fronteras”. 

El capitalismo se había mostrado insensible a los reclamos de los pueblos y por ello había sido superado por el comunismo, siendo el primero responsable de la penetración comunista. 


En este sentido el justicialismo era presentado como una instancia superadora y no se comprendía que fuera combatido por ambos imperialismos.

Suprimiendo los abusos capitalistas internos e internacionales, el justicialismo había dado origen a una evolución constructiva y salvadora. 


El mundo podría salvarse con los ideales justicialistas, para lo cual debían flamear en todos los continentes las tres banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. (6) 


La fuerte crítica justicialista al capitalismo foráneo señalaba que éste ejercía tutela, control y dominio sobre un país, constituyendo una forma de hegemonía económica condenable. 


El “imperialismo económico” era el procedimiento por el cual los estados fuertes, poderosamente evolucionados dentro de la organización capitalista, ejercían influencia sobre la producción de otros países (ricos en materias primas y posibilidades naturales), a los que, sin dominar políticamente, mantenían sometidos por la absorción sistemática de sus fuentes de riqueza y por el control estricto de su desenvolvimiento económico y financiero. (7) 


Lo último significaba una clara prédica del presidente argentino en contra de Estados Unidos, lo cual fue una constante de su gobierno. 


Ejemplo de ello fueron los artículos publicados por Perón en el diario Democracia con el seudónimo de
Descartes durante todo 1951 y comienzos de 1952. 

El presidente argentino afirmaba que la política del Departamento de Estado había generado en muchos países un clima impopular hacia Estados Unidos, limitando a muchos gobernantes anticomunistas en sus decisiones. (8)


Perón criticaba severamente que Estados Unidos hubiera rehusado sistemáticamente colaborar con América latina en un plan de industrialización y hubiera impedido la realización de la conferencia económica de Buenos Aires. 


Asimismo censuraba la implementación del plan Marshall, mencionando que había cerrado toda posibilidad de colocación de los excedentes latinoamericanos, y que, en el caso de la Argentina, había significado una agresión a su economía y provocado grandes dificultades en 1948. 


El presidente argentino recriminaba la actitud de los miembros de la embajada de Estados Unidos y de los representantes de la ECA, quienes habían dado toda clase de garantías verbales de que colocarían en nuestro país elevadas órdenes de compra, incluso solicitando que se reservara al efecto toda la producción nacional y no habían cumplido con nada. 


En febrero de 1952, Perón hacía también una dura crítica de las condiciones impuestas por Estados Unidos para otorgar su ayuda militar. (9) 


Perón recordó en muchas oportunidades cómo había sido tratada la Argentina por el gobierno norteamericano, mencionando la actuación del embajador Braden, el boicot económico, las consecuencias del anunciado y fallido plan Marshall para América latina y la Argentina, la actuación del agente Griffith en Buenos Aires y Montevideo, la acción de las agencias de noticias norteamericanas que se encargaban de desprestigiar el país, y la de cierta prensa pagada por Estados Unidos en México, Brasil y Uruguay en contra de la Argentina, los panfletos antiargentinos distribuidos por todo el continente, etc. (10)


Incluso Perón señalaba que con la proximidad de la guerra de Corea -que percibía como el comienzo de la Tercera Guerra Mundial-, había comenzado la intervención perjudicial de la política internacional -norteamericana- en los asuntos internos de los estados, situación que la Argentina ya había vivido con la actuación del embajador Braden. 


No obstante, y a pesar de la misma, el presidente argentino señalaba que Vargas y Paz Estenssoro habían triunfado en sus respectivos países, vaticinando que lo mismo ocurriría con Ibáñez en Chile.
 Según Perón los pueblos habían comenzado a comprender que la mejor posición en la política interna era oponerse a la intervención de dicha política internacional. (11)  

La severa crítica de Perón hacia Estados Unidos, sumada a toda la acción regional de Perón de uniones económicas con los países vecinos, que apuntaba a conformar un bloque austral de países o Confederación Latinoamericana de Naciones, (12) con el propósito de mantener una posición neutral respecto de los dos “imperialismos” en pugna -pero que en el continente americano significaba independencia frente a Estados Unidos- impidió que su política tuviera viabilidad. 


Por un lado, la prédica de Perón incentivó la animadversión ya presente desde antes de su asunción al gobierno en la opinión pública y en algunos sectores del gobierno norteamericano, lo cual profundizó la desconfianza hacia su gestión y provocó que la coerción económica se mantuviera -si bien no como política oficial del gobierno norteamericano. 


La claudicación final del  presidente argentino quedó simbolizada en el crédito solicitado al Eximbank en 1950. 


A su vez, a los países vecinos que optaban por la unión económica con la Argentina peronista, les llegaba el momento en que sus necesidades financieras los obligaban a recurrir a Estados Unidos y, consecuentemente, en cierto modo a renegar de su posición pro peronista. 


Además, por ejemplo, en los casos de Brasil y Chile -en el último durante todo el gobierno de Gabriel González Videla-, la opinión pública estuvo muy polarizada respecto de la conveniencia para el país de aceptar una unión económica con la Argentina. 


Se conformó asimismo un círculo perverso en las relaciones de los países de la región con la Argentina y Estados Unidos. 


Los países sudamericanos, conociendo la enemistad de Estados Unidos hacia la Argentina planteaban la supuesta amenaza representada por ésta -mencionando su expansionismo doctrinario, su búsqueda de hegemonía económica y su armamentismo- cada vez que necesitaban conseguir la ayuda financiera o militar norteamericana. 


A su vez, Estados Unidos predicaba la desconfianza hacia la Argentina hasta el momento que, ante los pedidos de asistencia de los países vecinos de la Argentina, el carácter amenazante de ésta desaparecía. 


Por otro lado, la difusión del pensamiento justicialista, así como de las ideas de Perón acerca de la diplomacia, del intervencionismo y la coerción internacional, de la publicidad y la propaganda, de la democracia y otros temas recurrentes de su discurso, se comportó como un boomerang que ejerció influencia en sectores de la opinión pública de países vecinos, sobre todo en Chile, Brasil y Uruguay. 


Estos no pudieron dejar de percibir los mismos vicios que la crítica justicialista puntualizaba en la propia acción de gobierno del presidente argentino, lo cual conspiró y sembró desconfianza hacia la asistencia e integración económica propuesta por el gobierno de Perón. 


En cierta forma, la Argentina peronista consiguió el efecto contrario al buscado, constituyendo un factor de tensión subregional e interregional, que afectó negativamente la evolución de las relaciones intra-latinoamericanas.

No debe dejar de mencionarse también que el ofrecimiento de cooperación económica, que era parte fundamental de la política liberadora que intentaba implementar Perón, no pudo concretarse como consecuencia de la vulnerable situación económica a que llegó la Argentina a comienzos de 1949 y que, como se dijo, produjo la suspensión de todos los convenios firmados entre 1946 y 1948. 

Lo mismo ocurrió con los intentos posteriores de 1953. 


Esto indicaría que la Argentina trató de buscar un liderazgo a nivel regional sustentado en una base muy débil, ofreciendo una ayuda por parte de una economía cuya solidez no estaba suficientemente afianzada. 


Por último, también constituyó un obstáculo la imposibilidad del gobierno peronista de generar consenso interno para su política exterior. 


La polarización creada en la sociedad argentina, producto de la modalidad de Perón de considerar a sus adversarios políticos como servidores de causas ajenas al país, y en última instancia traidores a la nación, (13) lo hizo imposible. 


NOTAS
 1.      Juan Perón, Hacia donde va la Argentina, Buenos Aires, Brunetti, s.f., pp. 62-63.
2.      Ibid., p. 63. Las cursivas son nuestras.
3.      Ibid., p. 65.
4.      Juan Perón, “Por la paz del mundo”. Mensaje pronunciado el 6 de julio de 1947, Buenos Aires, Consejo Nacional de Educación, s.f., p. 4.
5.      Juan Perón, Hacia donde va la Argentina, op. cit., p. 67.
6.      Juan Perón, Política y estrategia. Artículos publicados en el diario Democracia, firmados con el seudónimo “Descartes”, Buenos Aires, Pleamar, 1983, pp. 92, 96, 99, 48 y 12.
7.      Ejército Argentino, Manual de Doctrina Nacional, Buenos Aires, Pleamar, 1974 (1ª ed. 1953), pp. 61-62
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8.      J. Perón, Política y estrategia, op. cit., pp. 5-6.
9.      Ibid., pp. 44, 137 y 212-213.
10. Ibid., pp. 67-68.
11. Ibid., pp. 79-80.
12. Ibid., p. 199.
13. Ibid., pp. 106-107. En opinión de Perón, el partido Comunista era gobernado por el Kominfor, es decir desde el exterior. Su doctrina era foránea, siendo su línea el imperialismo soviético enfrentado a las “fuerzas patriotas”. La Liga de los Derechos del Hombre, la Asociación de Mujeres Argentinas, la Federación Universitaria de Buenos Aires eran centros de espionaje y provocación de este sector extranjero. A su vez, el partido Socialista, perteneciente a la “Segunda Internacional”, reconstituida por el Congreso de Frankfurt, formaba parte de la organización internacional de obediencia socialista y estaba al servicio del imperialismo capitalista. Por último, las “bandas radicales” se habían aglutinado en 1945 detrás de los millones de Braden y también lo hacían en 1951. Dirigidos desde Montevideo, propiciaban la intervención extranjera, en busca de la ayuda financiera del Departamento de Estado. Eran asimismo instrumentos del imperialismo. Todos ellos conformaban, según el presidente argentino, un juego de “traición, infamia y mala fe”. Ibid., p. 106.

Extraído de
Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas

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