miércoles, 6 de junio de 2012

Acerca del homenaje al General Felipe Varela

Por Norberto Galasso

Varela, como ahora nosotros, se oponía ‘al centralismo porteño’. Bregamos por ‘la unidad latinoamericana’ y nos definimos contra ‘el mitrismo por la guerra genocida de la Triple Alianza que masacró al pueblo paraguayo’.

El Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela celebra el reciente homenaje al caudillo latinoamericano Felipe Varela, así como la oficialización de su ascenso a general y felicita a la presidenta de la Nación, la doctora Cristina Fernández de Kirchner por tal acto justiciero, precisamente en momentos en que la Patria Grande redobla esfuerzos para su reunificación. Avanzamos así en el proyecto de San Martín y Bolívar y en esa lucha que, según ella misma ha expuesto en su discurso, Varela, como ahora nosotros, se oponía “al centralismo porteño”. Bregamos por “la unidad latinoamericana”, y nos definimos contra “el mitrismo por la guerra genocida de la Triple Alianza que masacró al pueblo paraguayo”.

Sin embargo, como esta reivindicación ha sido acompañada, en el diario Página/12, del 5 de junio de 2012, por un artículo del presidente del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, en el cual queda tergiversada la lucha del ahora general Varela, creemos necesario señalar ese error pues no se puede combatir las falsedades de la Historia Oficial mitrista y de la Historia Social ‘halperindonguista’, incurriendo en omisiones que restan valor y seriedad a la mencionada reivindicación.

En dicho artículo se afirma que el 10 de diciembre de 1866 –pequeño error: fue el día 6– Varela lanzó una proclama a toda la República: “¡Argentinos! El pabellón de Mayo, que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho y que, en la desgraciada jornada de Pavón, cayó fatalmente en las manos ineptas y febrinas de Mitre, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupaytí (...). Nuestro programa es la práctica de la Constitución, la paz y la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas americanas”. En esta trascripción se omite –al igual que lo hizo el doctor José María Rosa en La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas– la primera parte de la proclama en la cual se define claramente el antirrosismo de Felipe Varela, quien al igual que el “El Chacho” Peñaloza –que se insurreccionó tres veces contra Rosas– consideraba que Rosas era también expresión del centralismo porteño.

Con el propósito de que las viejas “confusiones” no se remplacen con “nuevas confusiones”, transcribimos la parte inicial de la proclama, omitida según señalamos: “¡Argentinos! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciendo tremolar con toda gloria en las tres más grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el general Mitre, gobernador de Buenos Aires. La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática, republicana, federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y uno y hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.” Luego continúa, el texto original (sin repetir la palabra “argentinos”): “El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre –orgullosa autonomía política del partido rebelde– ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyutí. Curuzú y Curupayti.” (Esta última parte es la que transcribe en dicho artículo, pero se omite la primera donde queda claro el antirrosismo de Varela. Dado que después del llamamiento a ¡Argentinos!, no se han puesto puntos suspensivos, el lector queda sin informarse de estas líneas de definición federal-provinciana o federal-latinoamericana. Puede ser un olvido –aunque “olvidarse también es tener memoria” como decía José Hernández– pero es preciso aclararlo porque esta Argentina de hoy, de cabeza enorme –el litoral, con el puerto como centro– y cuerpo raquítico –todo el interior–, sólo se entiende por el triunfo del centralismo porteño –Rivadavia, Rosas, Mitre– sobre los caudillos federales del interior. Y esto es historia pero también es política, como ocurre siempre.

Por esta razón, juzgamos necesario, ya que se reivindica a Varela, hacerlo tal cual era, heredero de Facundo, del “Chacho” y abanderado de la Unión Americana contrario a la política de las burguesías de los puertos que, en connubio con las fuerzas imperialistas, despedazaron a esa Patria Grande de la Unión Americana que hoy se encuentra en franco camino de recuperar su libertad y su unidad.

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