sábado, 21 de septiembre de 2013

GANAR, GOBERNAR Y GUSTAR

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En el fútbol hay un deseo en forma de consigna, que propone "ganar, golear y gustar". Aun para los hinchas que venimos de una tradición de fútbol exquisito –como los riverplatenses, modestia aparte– el orden de estos factores altera el producto.

Tal vez algunos que jamás han estado en medio de la popular y de la barra o que no han pisado estadios adversarios objeten este orden de prelación. "Primero la obligación y luego la diversión" nos han dicho a los de mi generación cuando volvíamos de la escuela y pretendíamos jugar antes de terminar la tarea.

Y no es exitismo o resultadismo. Es entender que a partir de ganar y consolidarse, un equipo, un proyecto, puede darse por añadidura la belleza anhelada.

Y que los tiempos, los desarrollos, los cambios y las tácticas no las deciden los espectadores ni los comentaristas. Que es el que conduce, el director técnico, el que conoce a sus dirigidos, la relación de fuerzas, el estado del terreno y las fortalezas y debilidades propias y ajenas.

Y si uno es observador comprobará que en la mayoría de los casos, los desequilibrados, los que pierden la cordura son los propios periodistas o los críticos especializados o los que ven los temas desde la mesa de un bar o desde un cenáculo privilegiado o comprometido a medias.

Y el mismo orden se asocia con la acción política: es imposible gobernar y hacer justicia si no se gana.
En una columna anterior propuse que en estos momentos la autocrítica debía hacerse puertas adentro y en los ámbitos orgánicos para no "dar pasto a las fieras". El devenir de los acontecimientos refuerzan la idea. Aunque el colega Hugo Presman desde su blog polemice conmigo y me ubique en el "núcleo duro" del kirchnerismo (sic).

Es que en medio de tempestades con vientos cruzados de izquierda y derecha, navegando entre tiburones que cuando fueron gobierno resultaron mojarritas desorientadas y huidizas y esquivando a los cuervos carroñeros de siempre disfrazados de blancas e inofensivas gaviotas, la unidad y la verticalidad son indispensables.

Lo que no excluye ni los aportes constructivos, las discusiones y las propuestas superadoras, siempre con un ojo en la etapa y otro en el proyecto estratégico y las contradicciones principales.

Y se insiste: puertas adentro, sin dar elementos, argumentos o excusas para que se nos siga atacando. Hay tiempos y tiempos.

El sublime poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal durante la guerra antiimperialista y antidictatorial del Frente Sandinista de Liberación, escribió: "No es tiempo ahora de poesía surrealista."

Y no estaba arriando las banderas de la belleza literaria, ni traicionando la memoria de su coterráneo Rubén Darío ni la herencia de José Martí. Supo con claridad evangélica cuál era el nuevo mensaje que había que anunciar, la epifanía de un pueblo en armas en busca de su propia justicia poética.

Los que tal vez mejor entendieron cuál es el proyecto estratégico, hacia dónde marcha y qué objetivos busca el movimiento político, económico, social y cultural iniciado en mayo de 2003, son los propios enemigos de lo conseguido en esta década ganada. Esa es la razón de tanta saña, tanto odio y tamañas desvergüenzas y calumnias.

Es la reiteración del resentimiento gorila que se solaza con el recuerdo fusilador y autoritario de septiembre de 1955. Porque el límite máximo que puede soportar el "círculo rojo" que como explica la majadera Gabriela Michetti: "Es lo que en mi época llamábamos el establishment" (¡gracias Gaby por iluminarnos!), es discutir sobre los pobres y no sobre la pobreza. Sobre la beneficencia y no sobre la justicia. Sobre las dádivas y no sobre la igualdad.

No podemos dejar de ver que la consolidación definitiva del modelo necesita por lo menos de una década más. Que 2015 es un objetivo irrenunciable y que este octubre es un paso en ese camino hacia la victoria definitiva.

Que sacarle el cuerpo al compromiso es cobardía y que existe una conductora y que se necesitan apóstoles (como decía el General). Que la unidad de concepción es el deber de la hora y que como decía Napoleón Bonaparte: "La conducción es un arte todo de ejecución", y por ende tarea de quien o quienes conducen.

Desde nuestra relativa comodidad de personas curtidas en diversas batallas, subidas y bajadas, esperanzas e incertidumbres, pero con las necesidades básicas y no tan básicas harto satisfechas, podemos darnos el lujo o el tiempo de esperar llegado el caso que hubiese un gobierno de Massa, Macri o Cobos en 2015.

Pero si somos verdaderamente solidarios, si cuando le decimos "compañero" a un semejante lo sentimos profundamente, si proclamamos la equidad, tenemos que saber que millones de nuestros compatriotas volverían a la noche oscura de la desesperanza, el ajuste, la desocupación, el hambre, las privatizaciones y la destrucción de todo lo ganado, aunque cualquiera de esos terroríficos personajes lo oculten o disimulen.

¿O es que se acabó mágicamente la lucha de clases?

Es tiempo de poner todos nuestros esfuerzos en ganar elecciones y ser leales a la conducción de la presidenta y jefa del movimiento nacional.

Y volviendo a las metáforas futboleras, no hacerlo –con todo respeto– es de "pechos fríos".

Por Enrique Masllorens*

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