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martes, 13 de marzo de 2012

Nace una nueva generación de Inteletuales los Newcipays. AL FINAL DE CUENTAS, TODOS SOMOS REVISIONISTAS

Por Jorge Coscia*

En una de sus tantas lúcidas reflexiones, Arturo Jauretche afirmaba que todas las políticas de Estado son intervencionistas. La pregunta por responder era (y sigue siendo) ¿a favor de quién? Gobiernos que defendieron las políticas liberales y neoliberales en la Argentina, fueran de facto o con el respaldo del voto, conformaron Estados intervencionistas, pero siempre a favor de intereses minoritarios. No dudaron en instalar una fuerte intervención estatal disfrazada convenientemente de “libertad de mercado”, que se expresó, en todos los casos, como un privilegio de los poderosos, en detrimento de las mayorías y contraria a un desarrollo nacional autónomo y socialmente justo. Cabe recordar el período conocido como Década Infame, en que un Estado omnipresente fue intervencionista y regulador al servicio de los sectores agro-exportadores puestos en riesgo por la crisis de 1929. Síntesis de aquello fue el vergonzoso pacto Roca-Runciman, que nos colocaba en idéntico estatus al de las colonias británicas.

Las dictaduras militares de 1966 y 1976 también argumentaron hipócritamente contra el Estado, y pusieron todo su poderoso aparato al servicio de la desnacionalización, la entrega económica, la redistribución de la riqueza a favor de los más poderosos y la represión de los sectores populares.

Por el contrario, los estados reguladores de sentido nacional y popular, mal que le pese a sus críticos y revisores, orientaron su política hacia el desarrollo del aparato productivo, la justicia social y la autonomía nacional. En un país que llegó tarde al sistema capitalista, el dilema era y continúa siendo de qué modo el Estado puede compensar la debilidad de su burguesía.

De manera original, el peronismo planteó la doble tarea del desarrollo autónomo y de la redistribución de la riqueza. Claro que se trató de un Estado intervencionista, pero en sentido inverso al implementado por Justo, Ortiz y Castillo en el período inmediatamente anterior. La intervención del Estado en la etapa poscrisis de 1929 tenía entonces dos posibles rostros: el de la Década Infame y el de la etapa peronista. Algunos añoran todavía hoy la primera versión, aquella del fraude y de la Argentina como virtual “séptimo dominio” alineado de modo servil con Inglaterra.

Nosotros defendemos su versión contraria. Aun con sus defectos, el primer peronismo conformó (y todas las cifras lo avalan) el período de mayor y mejor redistribución de la riqueza y el de mayor desarrollo autónomo de nuestra capacidad productiva, con ejemplos irrefutables en la industria pesada y la mecánica (incluidas la ferroviaria y la aeronáutica). Para comprender la real magnitud de esa revolución, la Argentina que construía el Pulqui o el automóvil justicialista debe ser comparada con aparatos productivos contemporáneos. Vale recordar que, en 1955, Japón, por ejemplo, no fabricaba autos exportables, y el Pulqui era uno de los cinco aviones a reacción producidos en el planeta.

Los males atribuidos al peronismo por sus críticos, como su supuesto autoritarismo, obligan a la comparación con los sistemas políticos de su tiempo, donde descollaban el macarthismo, los abusos de los imperialismos europeos en África y Asia, el franquismo, el estalinismo y el “Cristo Vence” de los aviadores que bombardearon la Plaza de Mayo y a la población civil. Como se ve, la historia del peronismo también fue “revisada” por los liberales. En esa lectura, Perón era un tirano peor que todos los genuinos villanos de su tiempo. El bombardeo de la Plaza de Mayo, con sus 400 muertos, se transmutó, en la pluma de los “revisionistas liberales”, en un episodio menor y olvidable. Con estupor, he leído recientemente la omisión que un reputado historiador hizo de aquella jornada, escamoteando miles de heridos y cientos de cadáveres como si pudiera escondérselos debajo de una alfombra.

Retomando la cuestión de los equívocos y la polisemia de las palabras, cabe recordar que la última dictadura, bajo la consigna “achicar el Estado es agrandar la nación”, llevó a cabo la más formidable empresa de jibarización de la Nación sin siquiera cumplir en achicar el Estado, cuyos gastos y endeudamiento se decuplicaron en el sangriento devenir de su período. Sus nefastas consecuencias no impidieron, mediante un proceso también de enmascaramiento, repetir la fórmula años después durante el menemismo. Entonces, también el Estado intervino, aumentó sus gastos y disminuyó el patrimonio nacional, lo que resultó en el estallido de diciembre de 2001.

El proyecto iniciado en mayo de 2003 replanteó el rol del Estado recuperando su potencial para intervenir, pero con un sentido diametralmente inverso, que permitió dinamizar el circuito virtuoso de la producción, el empleo, la justicia social, la autonomía y la redistribución de la riqueza. Y aquí también es útil la contextualización para ver cómo los países más poderosos descargan su propia crisis sobre los más débiles con el objeto de imponer ajustes y restricciones que condenan a millones al desempleo, la desprotección y la miseria.

En paralelo, en los círculos del pensamiento liberal local, crece un curioso afán revisionista, que se atreve no ya con la historia, sino con la coyuntura. Estos círculos acusan recurrentemente a este gobierno de autoritario y conflictivo, basándose en la idea reaccionaria de una unanimidad imposible de hallar en sociedad alguna. Esta zoncera apunta a ocultar que, desde 2003, vivimos el período menos violento de nuestros dos siglos de historia. La conflictividad asumida homeopáticamente por el gobierno es el remedio para la conflictividad negada u ocultada que devino en represión, estallidos y conflictos terminales.

A diferencia de la revisión de la historia, esta revisión instantánea (de un presente que les resulta incómodo) es un hallazgo de los intelectuales liberales, miembros de una derecha enmascarada, como tantas veces en la historia, en las palabras “republicanismo” y “democracia”. Revisan todo, pero con el único ánimo de perjudicar a un gobierno, que, es cierto, interviene en la economía de manera tan confesa y contundente que ha logrado disminuir la arbitraria intervención de las corporaciones en el manejo de la cosa pública. Y es por eso que, parafraseando a Jauretche, me atrevo a desmentir a quienes piensan que hay un solo revisionismo. En el análisis histórico, hoy somos muchos los que revisamos. Claro que lo que importa, como en el caso del intervencionismo estatal, es a favor de quién.

Un revisionista a mi derecha, por favor. Hay un revisionismo nacional y popular (o populista, como diría Ernesto Laclau con orgullo) y otro revisionismo que ya ni siquiera me atrevería a llamar liberal, por respeto a Alberdi. Es un revisionismo británico hecho por argentinos. Esos que en mi barrio (y originariamente en la India) denominan cipayos. La palabra parece setentista, pero, en todo caso, es más moderna que el vocabulario (y el pensamiento) decimonónico pro imperial, que defiende un estatus tan perimido como vergonzoso, no sólo para nosotros, los revisionistas nac & pop, sino para las mismísimas Naciones Unidas. Estos herederos de Gunga Din, el general Goyeneche y el vicepresidente Roca (el del triste pacto con Runciman) deberían universalizar sus puntos de vista y proponer en los foros internacionales la devolución de Hong Kong y Macao al Reino Unido, ya que lo resuelto en ambos casos no consideró plebiscitariamente a sus pobladores.

Su afán revisionista, se ha visto recientemente, se preocupa por defender el punto de vista de los descendientes de los colonizadores intrusos en el territorio, con el argumento de que la Patagonia no era aún nuestra, allá por 1833. No les importa hablar de respeto para 2500 isleños, a contramano del derecho soberano de 40 millones de argentinos y de 450 millones de latinoamericanos, que, como bien señala nuestra presidenta, actúan en defensa propia. No se detienen a revisar la imposición de un orden colonial que impidió la migración y el poblamiento de argentinos durante ya casi 180 años de ocupación.

Nadie debe dudar del respeto a la población actual de Malvinas. Pero no se puede confundir respeto por sus derechos civiles, modo de vida, cultura, idioma, religión, propiedades, Derechos Humanos y libertades en general con derecho soberano. La Argentina democrática de hoy es un ejemplo de diversidad cultural, y respeto por las libertades y las diferencias: así lo atestiguan comunidades como la de los galeses patagónicos, la infinidad de escuelas privadas bilingües de nombre inglés, la libertad de culto y hasta los nombres ingleses de algunos de nuestros populares clubes de fútbol. Pero la soberanía nacional es otra cosa.

Sus críticos aspiran con cinismo a congelar mediante casus belli el derecho de los fuertes que, se sabe, es el derecho de las bestias. Alegan buscar la paz, ignorando que defender nuestro derecho soberano no es sinónimo de guerra, como bien lo expresa el gobierno argentino y casi toda la representación parlamentaria. Convenientemente, hacen la vista gorda de que la verdadera amenaza militar consiste en tener una base militar extranjera a pocas millas de nuestros recursos estratégicos. Y cuando digo “nuestros”, incluyo a Uruguay, Brasil, Paraguay y el resto de América del Sur.

Para cuestionar un gobierno que detestan, ¿es necesario ser tan genuflexos y funcionales a los verdaderos mandamases del planeta? No es casual, ahora es más claro, que quienes han firmado el manifiesto pro británico de revisión de la causa de Malvinas hayan sido tan críticos del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Su actitud los hace dignos de fundar otro instituto de revisionismo: el George Canning.

“Dios (con la ayuda de algunos otros) salve a la Reina”. La causa británica en las Malvinas ha ganado en estos días una batalla no menos importante que las militares, donde centenares de jóvenes compatriotas entregaron su vida defendiendo suelo latinoamericano, más allá de la fraudulenta conducción militar. Un grupo de prestigiosos intelectuales argentinos se ha volcado a la defensa de su causa imperial y colonialista. Como vemos, las armas de la revisión tienen corte de distinto filo, según el interés con que se usen. Ningún imperio puede mantener sus ambiciones colonialistas de manera perdurable sin la contribución cultural de los “nativos” funcionales a su visión e interés político.

Y en tren de revisar la historia, quisiera recordarles un episodio bastante aleccionador: el general Martiniano Chilavert era un militar unitario y antirosista. Tal vez nunca dejó de serlo, pero se decidió a cambiar de bando cuando la Confederación Argentina se vio amenazada por fuerzas imperiales y extranjeras. En su última batalla, Caseros, su artillería se desplegó con fuerza sobre los regimientos del Imperio del Brasil, entonces esclavista e invasor. En el bando contrario, algunos intelectuales como Sarmiento eran algo más que boletineros de la causa contra el “tirano”. Hacían la vista gorda, claro, de los abusos del ejército imperial que desfiló y humilló no ya a Rosas, sino a todo el pueblo argentino en el aniversario de la Batalla de Ituzaingó. También silenciarían de manera conveniente el millar de fusilados durante los primeros 15 días de ocupación de Buenos Aires. Y vale aclarar que el Brasil supo sacarse luego el lastre imperial y esclavista, y no precisamente con la ayuda de los liberales argentinos del siglo XIX, que también serían sus cómplices en la guerra de la “Triple Infamia”.

En definitiva, en materia de revisionismo, todo depende del interés que se defienda. Y para beneplácito del colonialismo, algunos, por estas tierras, andan mirando y revisando la causa de Malvinas con el cristal de la Union Jack.

(*) Secretario de Cultura de la Nación

Gentileza de Tano Biani tanobiani@gmail.com

Frente Metropolitano de Tècnicos y Profesionales Peronistas

Por qué los monopolios atacan a La Cámpora

Por Jorge Giles
Alguien se preguntó a fondo por qué Clarín y La Nación atacan furiosamente a los pibes de La Cámpora?
En los últimos meses la balacera mediática siguió al pie de la letra el cuadernillo de instrucción de los monopolios: identificaron al "enemigo", trataron de aislarlo y van ahora por el asalto final.

No buscan discutir democráticamente con esa militancia joven que se incorporó a la política; buscan quebrarlos y sacarlos del mapa de la política mayor. Tarde piaste. Los chicos crecen.
El objetivo crucial es aislar a Cristina del proceso histórico que desde hace 200 años, en cada encrucijada, lideró la juventud. Que gestione, pero que no haga historia ni alumbre el porvenir. En esta faena, una oposición peleada con la realidad se sube al lomo de los poderosos y repiten sus injurias. Dan vergüenza ajena.
El kirchnerismo avisó antes de entrar a la Casa Rosada cuál era su propia historicidad, sus raíces, sus mojones, su huella, la dirección de sus vientos.
"Volvieron", mascullaron rabiosos los que habitan las guaridas del poder. "Volvimos", celebraron los derrotados, los perseguidos, los ninguneados por la historia oficial mitrista.
El kirchnerismo, como pluma silvestre de la memoria popular, escribe esa constancia de los no vencidos y la perseverancia con una causa, un destino y una lealtad inquebrantable con el pueblo.
Más que un encuadramiento orgánico, es una idea, un proyecto, una mística colectiva.
La Cámpora, al recoger las botellas del último naufragio, no se quedó en las orillas del mar a escribir una oda a la melancolía setentista. Leyó el mensaje, los reinterpretó y se largó a crecer con sus propias alas. Si lo hubieran hecho sin raíces, ningún gallo cantaría.
Hay que desmontar una por una las piezas del argumento falaz de los destituyentes.
Aquella juventud de los setenta creció de abajo hacia arriba. Y ésta de ahora, también. Sólo que aquélla lo hizo desde el llano, en un país dependiente pero no destruido y el 49,59% de los votos al Tío Cámpora, un día como hoy, 11 de marzo de 1973. Y ésta lo hizo desde el magro 22% de Néstor Kirchner, en un país destrozado por sus cuatro costados, desde un gobierno que rompía con el Alca y enfrentaba a los genocidas y al FMI al mismo tiempo. Y ya no estaba Perón. De allí al 54% de Cristina: ¿fueron o no de abajo hacia arriba?
Hay continuidad y ruptura, seguramente, en la trama escrita desde entonces.
Le corresponde a esta generación tomar lo que le sea necesario y conveniente de aquella experiencia colectiva y del mismo modo, corregir, transformar, descartar, mejorar e inventar el sustantivo del cambio que corresponde a esta nueva época.
La mirada camporista, como idea sustancial del peronismo que transforma la realidad desde los intereses de las mayorías populares, está en el origen del movimiento creado por Perón.
No con ese nombre, obviamente; sólo que después del largo exilio de Perón y de la Resistencia, será el nombre de Cámpora el que resumirá y expresará una forma de interpretar la política, la militancia, el país, el continente, los derechos sociales.
No se podría tributar a esa vertiente ninguna tara de la derecha liberal conservadora. Por el contrario, el camporista es el militante nacional y popular (peronista o no) que no transa, que no traiciona, que no defecciona, que prefiere partir en soledad a lamerse las heridas de un olvido antes que dar una pelea interna por los cargos o los oropeles del palacio de invierno.
El camporista, siglo XX o XXI, no hace gorilismo con Evita suprimiendo a Perón ni con Néstor anteponiéndose a Cristina. Conjuga en armonía a Evita y Perón, a Néstor y Cristina, a los laburantes y a los estudiantes.
Él sólo quiere la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación. No tiene otro destino. No sirve para otra cosa. El setentismo, que es el camporismo en una hoja del calendario, quedó inconcluso allá en el fondo de la historia.
Por eso el kirchnerismo no es la repetición de nada ni de nadie, sino la versión que se corresponde con esta etapa. Nadie puede repetir lo que finalmente no fue. Y aquel camporismo, en verdad, no fue. Se anunció en sociedad, mostró sus banderas y cantó sus consignas, le dio categoría política a la lealtad, batió las alas para volar muy alto y no fue. Pero quedó su alma.
Desde su derrota, lopezreguismo, dictadura, menemismo, mercachifles mediante, cualquiera de sus figuras representativas era sinónimo maldito de los setenta. Nombraban a un maldito setentista y a renglón seguido se advertía: "De eso no se habla". Y no se habló hasta que llegó Néstor Kirchner al escenario nacional y sin que nadie se lo pida se puso a andar, avisando de entrada que él era uno más de aquella generación, con sus aciertos y sus errores, con su entrega, con sus convicciones. "Hablemos", dijo Kirchner. Y empezaron a hablar con la sociedad.
¿Pero qué había cambiado en el país y en el interior de un "nosotros" que volvía?
La derrota no los venció y una hebra de aquel tejido cultural que había quedado desflecado, fue recuperada. Asimismo, antiguas categorías políticas superlativas robustecían el nuevo rumbo político: la plena identificación con la democracia, la resolución pacífica de las contradicciones, el abandono de cualquier forma de violencia.
Es que el vientre blindado de la época que había parido el desapego con una democracia que no se conocía, el vanguardismo iluminado y la violencia como método, ya era parte del pasado. Kirchner lo supo primero. Cristina lo completó. La Cámpora los siguió. Esa es la razón de tanto odio.
La encrucijada entonces es la de una sociedad, no de un buró político; es la de un país que se preguntó el "ser o no ser" de su destino. O saltaba el cerco del neoliberalismo, definitivamente. O retrocedía. Y decidió saltar.
Allí está la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la construcción del Mercosur y la Unasur y la causa soberana de Malvinas. Por eso el diablo se retuerce de odio en su madriguera y, a falta de cuarteles, escribe las editoriales de los diarios y ordena a un mercenario publicar un libro.
11/03/12 Tiempo Argentino

lunes, 12 de marzo de 2012

Ya lo dijo el general: “La economía nunca es libre”

¿Se entiende por qué el Banco Central se convirtió desde su creación hasta hoy -excepto por breves períodos- en un bastión del liberalismo económico argentino que rechazaba cualquier injerencia de los gobiernos?



Por Hernán Brienza

Mayer Amschel Rothschild fue un inefable hombre de negocios y banquero alemán que se hizo multimillonario especulando en las Bolsas de Frankfurt y Londres. Y siempre supo del valor que la información tenía para poder enriquecerse. Cuenta la leyenda que, como tenía en su poder el sistema de comunicación de Europa a principios del siglo XIX se enteró antes de la victoria inglesa en Waterloo contra Napoleón Bonaparte y compró miles de acciones en la bolsa londinense y se sentó a esperar que llegara el resultado de la batalla y la euforia del mercado elevara las cotizaciones a las nubes. Ese hombre, un modelo de empresario para muchos banqueros y capitalistas, dijo también alguna vez: “Permítanme emitir y controlar la moneda de una Nación y no me ocuparé por quién haga las leyes.” Brillante concepto ¿verdad? Hoy podría traducirse como “déjenme controlar al Banco Central de una Nación y no me ocuparé por quien haga las leyes”.

Algo similar debe haber pensado el director del Banco de Inglaterra en 1935, Sir (¿? Los ingleses siempre con sus vetustos títulos de nobleza) Otto Niemeyer, cuando decidió crear el Banco Central de la Argentina, tras el vergonzoso tratado Roca-Runciman. Fue el autor del proyecto de creación del BCRA y dejó en su representación a cuadros técnicos que respondían directamente a sus directivas. Lo que Niemeyer decía era palabra santa para los presidentes argentinos en la primera década de existencia de esa entidad que, como anhelaba Rothschild, emitía moneda y permitía “olvidarse” de las leyes.

La autarquía del BCRA –que el Estado no pueda intervenir en sus decisiones, controlar su gestión, o su administración–, por ejemplo, es hija del proyecto de Niemeyer, quien lo estableció así para, como dijo alguna vez, poder “evitar cualquier exceso posible por parte del gobierno argentino”. ¿Por qué? Sencillo, porque impide que un gobierno pueda disponer libremente de sus recursos aún en situaciones límites como guerras, crisis internacionales, emergencias económicas o catástrofes naturales.

Un Banco Central es fundamental para la vida económica de una Nación: emite moneda, regula el crédito bancario, orienta las actividades comerciales y vigila las entidades crediticias, recibe depósitos oficiales y privados, regula la operación de divisas internacionales, establece el circulante y mantiene reservas de dinero para mantener el valor de la moneda local. Es la llave de la producción de un país. Quien maneja el Banco Central, conduce la economía o, por lo menos, permite neutralizar la acción de un gobierno.

NACIONALIZACIÓN PERONISTA. Quien lo entendió perfectamente fue, claro, Juan Domingo Perón, ya que en marzo de 1947 nacionalizó el Banco Central y, por ende, todo el sistema bancario. De esa manera redireccionó el crédito hacia el desarrollo económico –especialmente el crecimiento industrial a través del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), creado unos meses antes– e impidió que los bancos privados pudieran operar a su antojo ya que necesitaban la autorización del BCRA, ahora, en manos argentinas.

Pero como sabemos, la experiencia de independencia económica peronista duró demasiado poco. Los violentos demócratas de siempre tras asesinar cientos de personas en la Plaza de Mayo, llevaron adelante en septiembre de 1955 el golpe de Estado que intentó retrotraer a la Argentina al país del sistema semicolonial británico. Lo anunció Arturo Jauretche en su texto El Plan Prebisch o el retorno al coloniaje y no se equivocaba: de inmediato, la dictadura militar “Libertadora” ingresó –por decreto o bando– al Fondo Monetario Internacional, abrió el brutal proceso de deuda externa que encadenó a generaciones de argentinos y, obviamente, derogó la Ley 12.962, que había nacionalizado el BCRA y el sistema bancario, y se ajustó a las normas del Banco de Pagos Internacionales de Basilea (Bank for International Settlements, BIS), con sede en esa ciudad suiza. Un sólo dato enriquece esta teoría de la continuidad de políticas pro británicas: Raúl Prebisch había sido el gerente general del BCRA en 1935, acompañando a su fundador Ernesto Bosch.

Creado en 1930, el BIS reunió durante décadas a los principales bancos centrales de Europa para controlar el intercambio de divisas y manejar a los bancos centrales de los demás países. Intervinieron en su creación el Banco de Inglaterra y la banca alemana y luego, tras la Segunda Guerra Mundial, sufrió la incontinente influencia de la banca estadounidense. Momento oscuro de esta entidad bancaria fue la supuesta complicidad en el lavado de capitales expropiados a judíos durante las ocupaciones nazis entre 1938 y 1945. Estaba claro, el capital financiero internacional volvía a tallar en la economía interna argentina. Y el Banco Central pasó a formar parte del esquema financiero ideado por los organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial.

El otro mojón importante respecto de la historia del BCRA fue la sanción de la Ley (¿decreto? ¿bando militar?) de Entidades Financieras, impuesta por el terrorífico ministro de economía de la última dictadura militar, José Alfredo Martínez de Hoz. El historiador Mario Rappoport en su imprescindible Historia Económica, política y social de la Argentina explica de que manera la liberalización del mercado financiero y la disminución de la participación del Estado “modificó drásticamente las condiciones de rentabilidad de los distintos sectores económicos, afectando en forma negativa a las actividades productivas, incentivando la valorización especulativa y produciendo la hipertrofia del sector”. La ley financiera limpiaba los últimos impedimentos para que el capital financiero pudiera entrar y salir libremente del país.

La última gran etapa en esta historia es la Ley de Convertibilidad y la reforma de la Carta Orgánica del BCRA que convertían a la entidad en poco más que un gendarme del tipo cambiario y fortalecía la independencia respecto del gobierno nacional. ¿Se entiende por qué el Banco Central se convirtió desde su creación hasta hoy –excepto por breves períodos– en un bastión del liberalismo económico argentino que rechazaba cualquier injerencia de los gobiernos? ¿Se comprende, entonces, por qué en enero de 2010 Martín Redrado se atrincheró en su despacho para no permitir que el Estado Nacional pudiera utilizar las reservas para pagar deuda externa? ¿Qué intereses estaba defendiendo Redrado en aquel momento? ¿Los del Estado? ¿Los del Banco Central? ¿Los de los organismos de crédito internacionales?

¿QUIÉN ES QUIÉN? Cuando la actual titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, relató la anécdota de la advertencia de Redrado durante el conflicto fue muy sugerente. El nunca muy claro novio de Luli Salazar, le previno: “Vos no sabés con quién te estás metiendo…” Pero ¿quién es ese quién? ¿El propio Redrado o el capitalismo financiero internacional que sostiene la autarquía del Banco Central?

No es difícil responder esa pregunta. Si uno repasa la historia, comienza a quedar más claro quién es ese “quien”. El padre de la Convertibilidad, Domingo Cavallo, fue presidente del BCRA en 1982, justo cuando la dictadura militar decidió hipotecar el futuro de todos los argentinos nacionalizando la deuda externa que unos pocos privados habían contraído en el sector externo. Obviamente, esa fue la nacionalización –bueno, la de la compañía de luz Italo-Argentina, también– que más daño le produjo al país en toda la historia económica de nuestro país y que favoreció a los organismos internacionales de crédito que, de la noche a la mañana, se vieron favorecidos porque el Estado argentino los protegía de posibles quiebras de empresarios endeudados. No es casualidad, tampoco, que fuera el propio Cavallo el que impusiera la Convertibilidad y la sostuviera con un multimillonario endeudamiento externo. Para que quede claro: la estatización de la deuda privada costó al trabajador común, al docente, al kiosquero 14 mil millones de dólares. La Convertibilidad le costó al menos 100 mil millones de dólares a ese mismo ciudadano (la deuda pasó de U$S 65 mil millones a 190 mil millones en 2001 sin contar claro el dinero ingresado por las privatizaciones). Cavallo niega haber sido el responsable de la estatización en 1982 y aduce haber renunciado antes justamente por oponerse a esa medida, así que vamos a darle la razón y sólo acreditarle los 100 mil millones de dólares que nos costó su criaturita económica.

Otro presidente del BCRA muy conocido fue José Luis Machinea, luego ministro de Economía del gobierno de la Alianza. Fue idea suya el sistema conocido como el de licitación de divisas implantado para la compra y venta de dólares. Consistía en que los bancos debían hacer sus ofertas al Central para obtener dólares al día siguiente. Obviamente, la información se filtraba a los amigos y un grupo de banqueros ligados al radicalismo se beneficiaron de forma escandalosa con ese mecanismo; entre ellos Fernando de Santibáñez, jefe de la Side delarruista, y otros bancos ligados a la por entonces Coordinadora en los que todas las tardes se descorchaba champagne porque ya tenían garantizada las millonarias ganancias del día siguiente. Machinea, claro, oficializó la transferencia de la deuda privada al sistema público rubricando con su firma los pagarés de las empresas cuyas deudas había estatizado la dictadura. Cabe recordar, también, que en 2001, como ministro de Economía, fue el responsable del ajuste del 15% de los salarios y jubilaciones a los empleados del Estado.

Durante los años del menemismo, y la gestión de Cavallo en Economía, el presidente del BCRA no fue otro que Roque Fernández, un economista ultraliberal, heredero de la tradición monetarista de los Chicago boys inaugurada por Martínez de Hoz en los ’70. Trabajó para el Banco Mundial y el FMI, lo que obliga a preguntar con inocencia si no debería prohibirse que un economista pueda atender en ambos lados de la ventanilla o del mostrador. ¿Existe doble fidelidad en estos supuestos técnicos que trabajan para la banca financiera internacional y los Estados nacionales endeudados?

Mario Bléjer, por ejemplo, quién fue presidente del Central en 2002, bajo el gobierno de Eduardo Duhalde, también fue funcionario del FMI, y cuando dejó su cargo en el Banco se fue a trabajar al Banco de Inglaterra –el mismo que fundó el BCRA en 1935– como Director del Centro de Estudios.

Por último, el siempre prolijo Adolfo Prat Gay, supuesto economista progre de la Coalición Cívica, quien fue presidente del BCRA durante el gobierno de Néstor Kirchner, cumplió funciones en la Banca J.P. Morgan, uno de las entidades financieras inglesas que se encargaron de rediseñar la deuda externa argentina.

Teniendo en cuenta quiénes fueron los presidentes del BCRA de las últimas décadas –más allá de la idoneidad en la materia que otorga trabajar para entidades internacionales– queda un poco más claro quién es ese quién de la frase que Redrado le arrojó a Marcó del Pont. ¿Se trata del propio Redrado? ¿O del capitalismo financiero que tiene atrapado al BCRA desde 1935?

REFORMA TRASCENDENTE. Es por estas cosas que la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la derogación de la Ley de Convertibilidad es el golpe más profundo que se le ha dado al modelo neoliberal de los años noventa de los último tiempos. Pero considero que no ha sido –debido a las dificultades técnicas que conlleva– lo suficientemente bien comunicado. Muchos seguidores del kirchnerismo no han tomado verdadera conciencia del cambio económico, en términos de perspectiva histórica, que significan las leyes que se están tratando en el Congreso. Es posible que no se trate de la nacionalización de la banca como piden muchos peronistas que tienen en su marco ideológico el sistema implantado por Perón en 1947. Pero se trata, sin dudas, de la reforma más importante, en términos de medidas nacionales y populares respecto del sistema financiero, desde 1955 hasta la fecha.

La presidenta lo explicó en su discurso del 1 de marzo. Pero me parece que no fue del todo escuchado: “El rol de los Bancos Centrales fue siempre financiar a los gobiernos. El Banco Central de Inglaterra que fue creado en el siglo XVII ¿adivinen para qué fue creado, para financiar qué, a los pobres, a los nobles, a la reina? No, a los conflictos bélicos, así fue fundado el Banco Central de Inglaterra en el siglo XVII y todos los Bancos Centrales en general tienen una historia de fuerte intervención de la economía, dirección del crédito y no solamente cuidar la estabilidad de la moneda, que es una de sus funciones principales pero que no puede ser la única. Precisamente esta fue la historia de la República Argentina hasta el año 1992. En el año 1992 se produjo la reforma orgánica del Banco Central, se suprimieron todas las funciones que tenía de orientación de crédito, de decidir si el crédito podía ir al consumo, al crédito a largo plazo, la posibilidad de dar adelantos para tal o cual línea de créditos o para tal o cual producción donde el Estado privilegiara tal o cual actividad. Se lo inmovilizó, se lo invisibilizó. Claro, todo ese poder fue a parar a algún lado, porque cuando el poder se saca de un lado no es que se difumina o se evapora, eso es el vapor. El poder fue a parar a las entidades financieras, a los bancos. Por eso pasó lo que pasó no solamente en la República Argentina, sino en el mundo entero. Lo financiero por sobre lo productivo es producto de esto que se llamó en un momento Consenso de Wa-shington y que hoy están dando marcha atrás varios países”.

La autarquía del BCRA fue uno de los grandes logros del liberalismo argentino. Fue una batalla cultural importante que ganaron gracias al oscurantismo con que siempre se manejan los economistas y porque durante muchos años un sector importante de la sociedad argentina creyó en la libertad de los mercados. No es que no lo supieran. Lo habíamos olvidado. Perón ya lo había dicho: “La economía y el libre mercado son sólo afirmaciones para el consumo de los tontos e ignorantes. La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en perjuicio de este”.

11/03/12 Tiempo Argentino

martes, 6 de marzo de 2012

EL CONCEPTO DE PERSONA HUMANA PARA EL PERONISMO

Para el peronismo, que toma del pensamiento cristiano el concepto de la persona humana, todos los hombres y mujeres poseen una dignidad intrínseca fundada en el carácter de hijos de Dios. El criterio de inviolabilidad de la dignidad humana se diferencia sustancialmente del pensamiento liberal y del pensamiento marxista, y por esta razón el peronismo sostiene una clara concepción de este valor en la construcción social, en la cual el hombre es el centro y tanto el Estado como las diversas formas de organización social están obligados a respetarlo.

La Iglesia católica - en su magisterio - ha repetido incesantemente su visión y su criterio sobre la dignidad intrínseca de la persona humana. Es desde ahí que se tiene como valor sustantivo a la persona humana como categoría básica desde donde establecer los principios de reflexión, los criterios de juicio (tan ausentes en esta era postmoderna) sobre situaciones y estructuras así como orientaciones para la acción. La persona humana como sujeto activo y responsable de la vida social, constituye la fuente de otros valores que también forman parte del cuerpo de la doctrina social (el trabajo, la solidaridad y el bien común).

La Iglesia lo ha vuelto a firmar solemnemente en el último Concilio: “La persona humana es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones”.“Pensamos en una nueva Argentina, profundamente cristiana y profundamente humanista”. (Juan Perón, diciembre de 1945).

“La observación del hombre tal cual es, en sus grandezas y en sus debilidades, en su excelsa dignidad y en sus limitaciones individuales exigen el auxilio de la sociedad para el cumplimiento de su misión, de su deber y de su destino” (Juan Perón, octubre 3 de 1952).

De esta concepción de la persona humana, se deriva naturalmente el Humanismo Peronista: “El Humanismo Peronista no es intelectual ; no está separado del pueblo, es práctico, concreto, surge sobre las bases de realizaciones de nuestro país ; éstas al crear un clima de consideración a la persona humana dan el espacio necesario para desarrollar una concepción orgánica de la ubicación del hombre en esta coyuntura histórica”....“Sobre la base de nuestro humanismo, la tarea de todos los que trabajan por el hombre, se sentirá alentada por la visión del mundo mejor que nosotros auspiciamos” (Juan Perón,5 de setiembre de 1952).

El humanismo peronista está aferrado a la realidad concreta de nuestro tiempo, caracterizado por luces y sombras, por la negación cotidiana de la dignidad humana en una sociedad que va erosionando sus valores y por la vigencia del pensamiento justicialista que proclama una visión integral del hombre que lo abarca en plenitud en su condición calidad de ser material y espiritual, individual y social.

Decía Perón en 1948 “El imperialismo ruso defiende al comunismo, vale decir, la explotación del hombre por el estado. El otro grupo defiende al capitalismo, valer decir la explotación del hombre por otro hombre. No creo que ninguno sea la solución para la humanidad, en consecuencia, ninguno de los sistemas puede subsistir en el porvenir. Es necesario ir a otro sistema, donde no exista la explotación del hombre, donde seamos todos colaboradores de una obra común para la felicidad común, vale decir, la doctrina esencialmente cristiana, sin la cual el mundo no encontró solución ni la encontrará tampoco en el futuro. No creo que para solucionar los problemas que tiene el mundo puedan aferrarse a soluciones que han fracasado en los hechos, porque el capitalismo ha fracasado y el comunismo también”.

Otros pensamientos del General

1) “El hombre es el único objeto de nuestros afanes y somos profundamente humanistas”. (12-3-1951).

2) “Nosotros también asignamos al hombre un valor superior al de la comunidad, pero nos rendimos ante la evidencia de que la fuerza de la comunidad es superior a la de los individuos considerados en forma aislada”. (12-3-1951).

3) “El valor del hombre es para nosotros superior con respecto a la comunidad, pero reconocemos que la comunidad es fuerte y que el hombre es débil”. (12-3-1951).

4) “El colectivismo fundamentó toda su arquitectura en el reconocimiento de la comunidad como fuerza superior a la del hombre y en el desconocimiento absoluto de los valores individuales, negando que existan en la persona humana valores que trasciendan y superen a la sociedad”. (12-3-1951).

5) “Muchas veces he pensado cuál es el problema del mundo actual, y he llegado a la conclusión de que el problema más grave que hoy tiene la humanidad es el hombre”. (13-9-1949).

6) “De la armonía y del equilibrio de los derechos individuales y sociales han de surgir las bases para el perfeccionamiento a que aspiramos”. (24-2-1947).

7) “El hombre está compuesto de alma y cuerpo; de vocaciones, esperanzas, necesidades y tendencias”. (9-4-1949).

8) “Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta de la comunidad y del Estado fue precisamente lo aportado por el cristianismo: su hombre vertical, imagen de Dios”. (9-4-1949).

9) “En el seno de la humanidad que soñamos, el hombre es una dignidad en continua forjación y una vocación indeclinable hacia formas superiores de vida”. (9-4-1949).

10) “La vida interior del hombre no se concibe sin que medie una mística, que es la fuerza motriz de las grandes acciones del espíritu”. (7-3-1950).

11) “Se nos antoja primordial la recuperación de la escala de magnitudes, esto es, devolver al hombre su proporción para que posea plena conciencia de que ante las formas tumultuosas del progreso sigue siendo portador de valores máximos”. (9-4-1949).

12) “El hombre es el valor predominante de la historia de la vida, del trabajo y de la lucha”. (5-7-1949).

13) “Sin el hombre no podemos comprender en modo alguno los fines de la naturaleza, el concepto de la humanidad ni la eficacia del pensamiento”. (9-4-1949).

14) “Consideramos que el respeto a los derechos naturales del hombre no puede seguir dependiendo exclusivamente de los contratos individuales, regidos por la ley de la oferta y la demanda, como si se tratara de una mercancía. El respeto de esos derechos patrimoniales de origen natural deberá ser defendido y garantizado por la sociedad con el mismo celo con que se defiende y garantiza la libertad y otros derechos inherentes de la dignidad humana”. (24-2-1947).

15) “El individualismo es egoísta y destructor. El hombre no puede vivir aislado; por consiguiente, debe desarrollar su espíritu social de cooperación altruísta”. (1-5-1949).

16) “Alentamos la esperanza de que nuestro camino justicialista reconcilie a los hombres con su destino de hombre y crean éstos de nuevo en la felicidad”. (1-1-1950).

17) “Nuestro hombre es una unidad moral ante todo y por sobre todo, sin dejar de constituir una célula económica”. (13-4-1949).

18) “Para el Estado, lo más valiosos es el hombre, y organizar el cuidado de ese hombre tanto en lo físico como en lo moral es fundamental”. (3-3-1949).

19) “En mi concepto, los derechos naturales del hombre originados en el trabajo surgen del simple análisis de sus necesidades y de las necesidades de la comunidad”. (24-2-1947).

20) “Aquí advertimos dos grandes posibilidades de adulteración: Una es el individualismo amoral, predispuesto a la subversión, al egoísmo, al retorno a estados inferiores de la evolución de la especie; otra reside en esa interpretación de la vida que intenta despersonalizar al hombre en un colectivismo atomizador”. (9-4-1949).

jueves, 1 de marzo de 2012

"Es inexplicable que alguien tome el subte, aumente la tarifa y lo devuelva", dijo De la Sota

El gobernador de Córdoba José Manuel De la Sota dijo que "es inexplicable que alguien tome el subte, aumente la tarifa y lo devuelva" al criticar la decisión del jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri de suspender el traspaso del subte a la Ciudad.

"Todos los argentinos queremos mucho a Buenos Aires, porque es la cara del país, pero todos los gobiernos porteños están mal acostumbrados a que les paguemos todo y esto no es justo" subrayó el mandatario cordobés en declaraciones a radio América.

De la Sota dijo que "todos los habitantes de La Quiaca a Tierra del Fuego estamos manteniendo a la Ciudad" y sostuvo que "la Ciudad de Buenos Aires tiene que autoabastecerse más y no vivir de lo que le da el Gobierno nacional. Tenemos que tratar de construir un país más parejito".

"Yo quisiera que a mí también me den un subte para Córdoba" finalizó diciendo el gobernador cordobés.


martes, 21 de febrero de 2012

MARAVILLOSO MENSAJE AMBIENTAL DE PERON ANTICIPANDOLE AL MUNDO

Por Juan Domingo Perón

Desde Madrid, difundido el 21 de febrero de 1972

Hace casi treinta años, cuando aún no se había iniciado el proceso de descolonización contemporáneo, anunciamos la tercera Posición en defensa de la soberanía y autodeterminación de las pequeñas naciones, frente a los bloques en que se dividieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy cuando aquellas pequeñas naciones han crecido en número y constituyen el gigantesco y multitudinario Tercer Mundo un peligro mayor- que afecta a toda la humanidad y pone en peligro su misma supervivencia- nos obliga a plantear la cuestión en nuevos términos, que van más allá de lo estrictamente político, que superan las divisiones partidarias o ideológicas, y entran en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza.

Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional.

La concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero sólo puede transformarse en la acción a través de los dirigentes político. Por eso abordo el tema como dirigente político, con la autoridad que me da el haber sido precursor de la posición actual del Tercer Mundo y con el aval que me dan las últimas investigaciones de los científicos en la materia.

Los hechos

El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado.

Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas.

La humanidad está cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no llega a adaptarse a las nuevas condiciones. Su acción va más rápido que su captación de la realidad y el hombre no ha llegado a comprender, entre otras cosas, que los recursos vitales para él y sus descendientes derivan de la naturaleza y no de su poder mental.

De este modo, a diario, su vida se transforma en una interminable cadena de contradicciones.

En el último siglo ha saqueado continentes enteros y le han bastado un par de décadas para convertir ríos y mares en basurales, y el aire de las grandes ciudades en un gas tóxico y espeso.

Inventó el automóvil para facilitar su traslado, pero ahora ha erigido una civilización del automóvil que se asienta, sobre un cúmulo de problemas de circulación, urbanización, inmunidad y contaminación en las ciudades y se grava las consecuencias de la vida sedentaria.

Despilfarro masivo

Las mal llamadas Sociedades de Consumo, son, en realidad sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto, por el que el gusto produce lucro.

Se despilfarra mediante la producción de bienes necesario o superfluos y, entre estos, a los deberían ser de consumo duradero, con toda intención se les asigna cierta vida porque la renovación produce utilidades.

Se gastan millones en inversiones para cambiar el aspecto de los artículos, pero no para reemplazar los bienes dañinos para la saluda humana, y hasta se apela a nuevos procedimientos tóxicos para satisfacer la vanidad humana.

Como ejemplo bastan los autos actuales que debieran haber sido reemplazados por otros con motores eléctricos, o el tóxico plomo que se agrega a las naftas simplemente para aumentar el pique de los mismos.

No menos grave resulta el hecho de que los sistemas sociales de despilfarro de los países tecnológicamente más avanzados funciones mediante el consumo de ingentes recursos naturales aportados por el Tercer Mundo.

De este modo el problema de las relaciones dentro de la humanidad es paradójicamente doble: algunas clases sociales - la de los países de baja tecnología en particular - sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades, pero al mismo tiempo las clases sociales y los países que asientan su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros, tampoco están racionalmente alimentados ni gozan de una auténtica cultura o de una vida espiritual o físicamente sana.

Se debaten en medio de la ansiedad y del tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado.

El espejismo de la tecnología

Lo peor es que, debido a la existencia de poderosos intereses creados o por la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse, mientras un fantasma - el hombre- recorre el mundo devorando 55 millones de vidas humildes cada 20 meses, afectando hasta países que ayer fueron graneros del mundo y amenazando expandirse de modo fulmíneo en las próximas décadas.

En los centros de más alta tecnología se anuncia entre otras maravillas, que pronto la ropa se cortará con rayos láser y que las amas de casa harán compras por televisión y las pagarán mediante sistemas electrónicos.

La separación dentro de la humanidad se está agudizando de modo tan visible que perece que estuviera constituida por más de una especie.

El ser humano cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las verdades que están en la base de su existencia.

Y así, mientras llega a la luna gracias a la cibernética, la nueva metalurgia, combustibles poderosos, la electrónica y una serie de conocimientos teóricos fabulosos, mata el oxígeno que respira el agua que bebe, y el suelo que le da de comer y eleva la temperatura permanente del medio ambiente sin medir sus consecuencias biológicas.

Ya en el colmo de su insensatez, mata el mal que podía servirle de última base de sustentación.

Después de la tierra, el mar…

En el curso del último siglo el ser humano ha exterminado cerca de 200 especies animales terrestres. Ahora ha pasado a liquidar las especies marinas.

Aparte de los efectos de la pesca excesiva, amplias zonas de los océanos, especialmente costeras, ya han sido convertidas en cementerios de peces y crustáceos, tanto por los desperdicios arrojados como por el petróleo involuntariamente derramado.

Solo el petróleo liberado por los buques cisterna hundidos ha matado en la última década cerca de 600.000 millones de peces. Sin embargo seguimos arrojando al mar más desechos que nunca, perforamos miles de pozos petrolíferos en el mar o sus costas y ampliamos al infinito el tonelaje de los petróleos sin tomar medidas de protección de la fauna y flora marinas.

…Y el agua potable

La creciente toxicidad del aire de las grandes ciudades, es bien conocida, aunque muy poco se ha hecho para disminuirla.

En cambio, todavía existe un conocimiento mundialmente difundido acerca del problema planteado por el despilfarro de agua dulce, tanto para el consumo humano como para la agricultura.

La liquidación de aguas profundas ya ha convertido en desiertos extensas zonas otrora fértiles del globo, y los ríos han pasado a ser desagües cloacales más que fuentes de agua potable o vías de comunicación.

Al mismo tiempo la erosión provocada por el cultivo irracional o por la supresión de la vegetación natural se ha convertido en un problemas mundial, y se pretende reemplazar con productos químicos el ciclo biológico del suelo, uno de los más complejos de la naturaleza.

Para colmo muchas fuentes naturales han sido contaminadas; las reservas cuando nos quedaría como último recurso la desalinización del mar nos enteramos que una empresa de este tipo, de dimensión universal, exigiría una infraestructura que la humanidad no está en condiciones de financiar y armar en este momento.

Alimentos y armas

Por otra parte, a pesar de la llamada revolución verde, el Tercer Mundo, todavía no ha alcanzado a producir la cantidad de alimentos que consume, y para llegar a su autoabastecimiento necesita un desarrollo industrial, reformas estructurales y la vigencia de una justicia social que todavía está lejos de alcanzar.

Para colmo, el desarrollo de la producción de alimentos sustitutivos está frenada por la insuficiencia financiera y las dificultades técnicas.

Por supuesto todos estos desatinos culminan con una tan desenfrenada como irracional carrera armamentista que le cuesta a la humanidad 200.000 millones de dólares anuales.

A este maremagnum de problemas creados artificialmente se suman el crecimiento explosivo de la humanidad.

El número de seres humanos que puebla el planeta se ha duplicado en el último siglo y volverá a duplicarse para fines del actual o comienzos del próximo, de continuar la actual ratio de crecimiento.

De seguir por este camino, en el año 2.500 cada ser humano dispondrá de solo metro cuadrado sobre el planeta.

Esta visión global está lejana en el tiempo, pero no difiere mucho de la que ya corresponde a las grandes urbes, y no debe olvidarse que dentro de 20 años más de la mitad de la humanidad vivirá en ciudades grandes y medianas.

Política demográfica

Es indudable pues, que la humanidad necesita tener una política demográfica.

La cuestión es que aún poniéndola en práctica, ya por el retardo con que comenzaremos,. no producirá sus efectos antes del fin de la década en materia educativa, y antes de fin de siglo en materia ocupacional.

Y que además la política demográfica no produce los efectos deseados sino va acompañada de una política económica y social correspondiente.

De todos modos, mantener el actual ritmo de crecimiento de la población humana es tan suicida como mantener el despilfarro de los recursos naturales en los centros altamente industrializados donde rige la economía del mercado, o aquellos países que han copiado sus modelos de desarrollo. Lo que no debe aceptarse es que la política demográfica esté basada en la acción de píldoras que ponen en peligro la salud de quienes la toman o de sus descendientes

Qué hacer

Si se observan en su conjunto los problemas que se nos plantean y que hemos enumerado, comprobaremos que provienen tanto de la codicia y la imprevisión humana, como de las características de algunos sistemas sociales, del abuso de la tecnología, del desconocimiento de las relaciones biológicas y de la progresión natural del crecimiento de la población humana.

Esta heterogeneidad de causas debe dar lugar a una heterogeneidad de respuestas, aun que en última instancia tenga como denominador común la utilización de la inteligencia humana.

A la irracionalidad del suicidio colectivo debemos responder con la racionalidad del deseo de supervivencia.

Para poner freno e invertir la marcha hacia el desastre es menester aceptar algunas premisas:

1. Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres, especialmente en los dirigentes de los países más altamente industrializados; una modificación de las estructuras sociales y productivas en todo el mundo, en particular en los países de alta tecnología donde rige la economía de mercado, y el surgimiento de una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la humanidad y el resto de la naturaleza.

2. Esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo biológico general; que la tecnología es un arma de doble filo, que el llamado progreso debe tener un límite y que incluso habrá que renunciar alguna de las comodidades que nos ha brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible que los recursos naturales resultan aceptables y por lo tanto deben ser cuidados y racionalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la población es aumentar la reducción y mejorar la distribución de alimentos y la difusión de servicios sociales como la educación y la salud pública, y que la educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar el papel que los bienes y servicios superfluos juegan actualmente en la vida del hombre.

3. Cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos naturales. Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir, a sus ciudadanos el cuidado y utilización racional de los mismos. El derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia colectiva, ya se trate de ciudadanos o pueblos.

4. La modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de sociedad alguna. y que la justicia social debe exigirse en la base de todo sistema, no solo para el beneficio directo de los hombres sino para aumentar la producción de alimentos y bienes necesarios; consecuentemente, las prioridades de producción de bienes y servicios deben ser alteradas en mayor o menor grado según el país de que se trate.

En otras palabras: necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo que den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionar el consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental.

5. Necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente nuevo. No se puede construir una nueva sociedad basada en el pleno desarrollo de la personalidad humana en un mundo viciado por la contaminación del ambiente exhausto y la sed y enloquecido por el ruido y el hacinamiento.

Debemos transformar a las ciudades cárceles del presente en las ciudades jardines del futuro.

6. El crecimiento de la población debe ser planificado, en lo posible de inmediato, pero a través de métodos que no perjudiquen la salud humana, según las condiciones particulares de cada país (esto no rige para la Argentina, por ejemplo) y en el marco de políticas económicas y sociales globalmente racionales.

7. La lucha contra la contaminación del ambiente y de la biosfera, contra el despilfarro de los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de la ciudades, debe iniciarse ya a nivel municipal, nacional e internacional.

Estos problemas, en el orden internacional, deben pasar a la agenda de las negociaciones entre las grandes potencias y a la vida permanente de la Naciones Unidas con carácter de primera prioridad. Este, en su conjunto, no es un problema más de la humanidad; es el problema.

8. Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con la justicia social, el de la soberanía política y la independencia económica del Tercer Mundo, y la distensión y la cooperación internacional.

9. Muchos de estos problemas deberán ser encarados por encima de las diferencias ideológicas que separan a los individuos dentro de sus sociedades o a los Estados unidos dentro de la comunidad internacional.

Nosotros los del tercer mundo

Finalmente deseo hacer algunas consideraciones para nuestros países del Tercer Mundo:

1- Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología a donde rige la economía de mercado.

Ya no puede producirse un aumento en gran escala de la producción alimenticia del Tercer Mundo sin un desarrollo paralelo de las industrias correspondientes .Por eso cada gramo de materia prima que se dejan arrebatar hoy los países del Tercer Mundo equivale a kilos de alimentos que dejarán de producir mañana .

2- De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos.

3- En defensa de sus intereses, los países deben propender a las integraciones regionales y a la acción solidaria.

4- No debe olvidarse que el problema básico de la mayor parte de los países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia social y de participación popular en la conducción estará en condiciones de enfrentar las angustiosamente difíciles décadas que se avecinan.

La Humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sí misma.

En esta tarea gigantesca nadie puede quedarse con los brazos cruzados.

Por eso convoco a todos los pueblos y gobiernos del mundo a una acción solidaria

37 AÑOS DESPUÉS: LA VISIÓN DE UN ESTADISTA

Por Fernando Del Corro (x)

Desde hace bastante más de medio siglo en la Argentina la figura de Juan Domingo Perón ocupa un papel relevante, el más relevante entre todos los que hemos transitado por estas tierras en todo ese período, solo comparable con un puñado de estadistas que en el mundo han sido, parafraseando a Fray Luis de León.

Alrededor suyo, más de tres décadas atrás, y alrededor de su memoria, en los últimos casi siete lustros, millones hicieron su apología (los más viejos por haberse beneficiado con sus gobiernos y los más jóvenes por mentas) y algunos millones menos lo demonizaron (los llamados gorilas, ligados inicialmente a los intereses oligárquicos y pro británicos y luego a las leyendas negras que se fueron construyendo, algunas a partir de ciertos hechos ciertos deliberadamente potenciados).

La propia historiografía respondió en un elevado porcentaje a esas visiones sesgadas para uno u otro lado.

Una suerte de visión militante pro peronista o gorila, más o menos encubierta en cada caso, hizo que detrás de las pasiones del momento, no se lograran ver hechos trascendentes o propuestas que apuntaron mucho más lejos que la simple coyuntura.

Sin tener que buscar mucho, un ejemplo de ello es la generalizada confusión entre sus diferentes planes económicos de 1946-1955, con sus variantes coyunturales, y el de 1973-1974, que representó un giro trascendente en la inserción argentina en el mundo.

Como sucede con los grandes personajes de la historia no se debieran asumir posiciones como si se tratara de hinchar por un equipo de fútbol.

Se pueden discutir muchas cosas que hizo Charles De Gaulle en Francia, como por ejemplo si la línea que siguió en la creación de la hoy Unión Europea fue o no la más conveniente, pero es insensato ignorar lo que significó su decreto de 1945, siendo presidente provisional, creando la Escuela Nacional de la Administración, gracias al cual hoy ese país europeo cuenta con una burocracia altamente capacitada, reconocida como la mejor del mundo.

El caso de Juan Domingo Perón debiera ser visto de una manera similar en la Argentina.

Hoy se cumplen 37 años desde que Perón diera a conocer un llamamiento a los pueblos y gobiernos del mundo.

Precisamente lo denominó

MENSAJE SOLIDARIO A LOS PUEBLOS Y GOBIERNOS DEL MUNDO.

Perón vivía aún exiliado en Madrid.

Faltaba poco para que se cumplieran 17 años de exilio y 8 desde que intentara regresar en 1964, lo que había sido frustrado por una gestión del gobierno argentino de Arturo Illia ante la dictadura brasilera de Humberto Castelo Branco, la que lo remitió de vuelta desde Río de Janeiro a España.

El documento apareció unos cuatro meses antes de que la Organización de las Naciones Unidas celebrase su primer encuentro en defensa del ambiente humano, en Estocolmo.

De hecho Perón hizo honor a su nombre, el del dios Jano, el abridor de puertas, el epónimo natural del primer mes del año.

Cuando aún se estaba lejos de tener los conocimientos que la ciencia y la tecnología aportaron en estas más de tres décadas y media, el entonces ex dos veces presidente argentino pudo ver una cantidad de cosas que hoy padecen, y en plan de agravarse, 6.000 millones de habitantes del planeta Tierra.

Leer el documento tiene un valor enorme.

Es de rigurosa actualidad. Si lo leyera alguien desprevenido bien podría creer que fue escrito en estos días cuando todo es más evidente y gobernantes y organizaciones sociales promueven encuentros, permanentemente, para encontrar alguna solución, mientras grandes intereses continúan sin freno la destrucción del hábitat terrestre ayudados por el afán de un consumismo ilimitado; el mismo que, por otra parte, ha puesto en jaque a la propia economía de la, por hoy, primera potencia mundial, los Estados Unidos de América.

Más allá de consideraciones generales sobre la contaminación o la dilapidación de recursos, el documento tiene adelantos precisos, naturalmente ya analizados por algunos científicos pero lejos de la preocupación de casi todos los gobernantes.

Curiosamente, algunos de sus planteos, de manera coincidente, incluso, en el plano temporal, fueron desarrollados por otro de los grandes estadistas de la época, el italiano Enrico Berlinguer, por entonces secretario general del Partido Comunista de su país en un informe al Comité Central del mismo, en el mismo 1972, al hacerse cargo de sus nuevas funciones.

Casi no se pueden destacar aspectos principales del documento que incluye el conjunto de los problemas que hoy se discuten como el calentamiento global, o que están cada vez más cercanos, como un próximo agotamiento de las fuentes de agua potable del planeta, cosa claramente preocupante, en estos días, para los cuatro países miembros plenos del MERCOSUR, bajo los que se encuentra en gran Acuífero Guaraní.

Pero el agua potable se continúa malgastando de maneras absurdas.

Cada uno de los temas desarrollados merece un profundo análisis particular, por lo cual es conveniente estudiar el propio documento, pero sí, algo merece ser remarcado, es un problema de la humanidad y como tal el hombre debe enfrentarlo tomando conciencia de que el individualismo sólo lo llevará a la catástrofe y, en el menos malo de los casos, si no a él, a sus descendientes.