Powered By Blogger

lunes, 5 de septiembre de 2016

La imperdible carta de Gabriela Cerrutti a Stolbizer: “Margarita, ¿quién te creés que sos?”


cerruti

La legisladora de Nuevo Encuentro le dedicó memorables palabras a Margarita Stolbizer en una crítica que queda para la historia.

La carta completa:

Juguemos con los nombres, dale.
Vos le ponés a tu libro Yo Acuso, como si pudiera existir alguna línea trazable en el universo entre tu escritura y la monumental obra de Emile Zola, J’Accuse, que se convirtió en un antes y un después en la historia humana sobre la justicia y el antisemitismo.
Yo le pondría La insoportable levedad del ser.
Vos decís que tu libro es el Nunca Más. Así, sin que se te caiga la cara de vergüenza, ponés una recopilación de denuncias mediáticas a la altura de la investigación de los hombres y mujeres más nobles y dignos de este país sobre la tragedia más inmensa de la que tengamos memoria.
Yo lo llamaría La hoguera de las vanidades.
Verte pasear por los canales de televisión es una clase en vivo de cómo en determinados momentos históricos, personas ordinarias, que podrían haber sido inofensivas o hasta buenas personas, cegadas por la obediencia a los poderosos, la búsqueda de fama o los halagos, se convierten en engranajes necesarios de maquinarias destructivas.
El rating y la fama instantánea (superficial, esporádica, pero instantánea) son tan engatusadores como el dinero y el poder. Vos creés realmente que sos Emile Zola y que escribiste el Nunca Más. Lo sé, no fingís. Lo creés porque ésa es la imagen que te devuelve la pantalla del televisor, porque eso es lo que te dice la sonrisa de los periodistas aduladores que te entrevistan y hasta seguramente la gente que te saluda por la calle después de haberse intoxicado con esas imágenes en el televisor.
Contestás entrevistas, te maquillan en camarines, te besan los microfonistas como viejos conocidos, te recibe el presidente en la quinta de Olivos y van los dirigentes a la presentación de tu libro. Llegaste, sos parte. No importa que el Presidente que te recibe sea un líder moderno de esa derecha fascista a la que acusó Zola y que se haya enriquecido como partícipe y cómplice del genocidio retratado en el Nunca Más. En la moderna sociedad de los medios, no importa el contenido, solo las formas. En la histórica senda de las debilidades humanas, tampoco: es tan halagador ser recibido por un Presidente que no importa quién es ese presidente.
Es esa materia que une la debilidad humana con los mecanismos perversos de los medios, la búsqueda de reconocimiento personal con las mieles de la fama, la que convierte a personas con buenas intenciones en instrumentos perfectos para ser usados y descartados.
No es La metamorfosis. No es me desperté un día y me había convertido en un monstruo. Es paso a paso. Sonrisa a sonrisa. Favor a favor, mimo a mimo. Entrevista a entrevista.
Y un día, vos, que fuiste capaz de enfrentarte a tu líder y jefe Raúl Alfonsín porque no le perdonaste la Obediencia Debida y el Punto Final, sonreíste abrazada al socio y cómplice de los genocidas. Y vos, que denunciaste a los empresarios que se quedaron con el Estado a través de la Obra Pública primero, y las privatizaciones después, fuiste primera dama en su Corte. Vos, Margarita, que presentaste conmigo El Pibe porque pensás de Mauricio Macri lo mismo que pienso yo, sos ahora su instrumento para blanquearse y mostrarse como una derecha sensible.
El camino de ida es paso a paso. Pero el de regreso, no.
Un día no les servís más, y entonces te despertás, y no hay más boas, ni plumas, ni cámaras de televisión. Y estás vos sola.
Y el problema, entonces, es que ya no te acordás quién eras.
Buena suerte para ese día, Margarita.

El abajo que se mueve, y el arriba también



Por Roberto Caballero
Mientras Mauricio Macri paseaba por el mundo, el debajo de la Argentina se movía y el arriba también. La impresionante manifestación popular del viernes 2 demuestra que los niveles de resistencia a las políticas de ajuste vienen en aumento; y los reclamos públicos de la UIA y la CAME, los dichos del consultor Miguel Angel Broda y de Cristiano Ratazzi, de la FIAT, prueban que el establishment también protesta, a su modo, contra el gobierno de Cambiemos -del que es columna central de apoyo-, aunque por motivos diversos.

Cuando esto sucede, como sucede por debajo y por encima de la pirámide social sin que nadie pueda negarlo, un gobierno acaba por perder sustentabilidad. Que los que no piensan igual en poco o casi nada coincidan en criticar sus políticas, sin importar las razones -que pueden ser, incluso, contradictorias para hacerlo-, lo que queda al desnudo es que las decisiones gubernamentales generan una peligrosa inconformidad transversal.
La pretendida desinflación (creativo neologismo que describe la rara mezcla de inflación contenida con recesión agravada y no consumo) no basta para mostrar un desempeño exitoso en la gestión económica. Por el contrario, estamos en presencia de un cóctel explosivo de índices que reflejan el impacto negativo en la vida cotidiana de millones de argentinos. Los salarios perdieron -siendo optimistas- entre un 10 y un 15 por ciento de su capacidad adquisitiva en lo que va de 2016, aunque según el rubro puede trepar al 25. La desocupación se duplicó, con mayor incidencia en Rosario, Córdoba y Mar del Plata. La industria cayó un 7,9 en julio, la mayor baja en 12 años, es decir, el sector en su conjunto retrotrajo su situación a la época del default.
Las medias sonrisas de Marcos Peña, el jefe de Gabinete; o la de Francisco Cabrera, ministro de Producción, no pueden disimular la obviedad, que el mismo Broda describe con lenguaje de mercado, ese que tanto le gustaba hablar al macrismo. Dijo Broda esta semana, y no Axel Kicillof: “La economía está tocando fondo. Los indicadores en la variación interanual son los peores del año (…) De ninguna manera Argentina ha superado el problema de la inflación, es un problema serio, tanto que se está demorando la decisión de poder conocer cuál va a ser la meta para el año que viene (…) Macri, probablemente por su formación, por su equipo con predominio de objetivos políticos, no se ve a sí mismo como un punto de inflexión en la historia. Entonces aquellos que creímos que esto podía ser el punto de inflexión de la historia, sin acentuar las tintas para que vuelva el populismo, cierto sentimiento de desazón tiene (…) El anterior gobierno dejó una herencia positiva, que es la baja de la deuda sobre PBI, pero el problema es que estamos aumentando rápidamente esa deuda (…) Tenemos un año más de este deporte nacional que es el endeudamiento masivo, el primer deporte nacional es la fuga de capitales; el segundo, salir a mangar”.
Está bien que alerte sobre “la vuelta del populismo”. Es Broda, no Roberto Feletti. Sin embargo, proviniendo de quien proviene el comentario, uno de los principales voceros del establishment y sus necesidades, llamó la atención su reconocimiento a la “herencia positiva” que recibió el gobierno de Macri. Cambiemos hizo un culto instituyente del supuesto pesado legado de la gestión kirchnerista. Ha sido piedra angular de su relato justificador del ajuste, repetido hasta el hartazgo por los medios oficialistas. Pero Broda se lo desarmó, impiadosamente.
La impaciencia de los dueños del poder y del dinero es el dato a desmenuzar. Porque el gobierno no hizo otra cosa que favorecerlos desde que asumió en diciembre pasado. ¿Por qué se quejan, entonces, a través de Broda? No hay una sola medida oficial que haya empoderado a los sectores del trabajo o la producción. Cada decreto, resolución o ley tuvo como objetivo desarmar el andamiaje de políticas protectivas de la industria y el empleo. Eso que llaman, odiosamente, “populismo”. Y, sin embargo, igual se manifiestan insatisfechos.
No está del todo claro, aunque lo que subyace es una crítica al gradualismo, en realidad. A la intervención de la necesidad política (“predominio de objetivos políticos en su equipo”, dicen), por sobre las reformas de fondo que le exigen y ven, con desazón, que se aplican lenta y morosamente. Es por derecha el enojo. Ven que el gobierno no avanza con la fuerza que ellos le reclaman. Ocurre que no registran algo esencial en la Argentina del Siglo XXI: la legitimidad de origen del gobierno son los votos. Su gobierno de derecha neoliberal basa su sustentabilidad en el apoyo social a sus decisiones. Ya no pesan los estados de sitio ni los tanques, como en el pasado. Sino las encuestas, el humor social y las caídas de imagen.
La derecha tiene hoy un inmenso poder, provisto por las urnas y revocable, también, por las urnas. Esa es la novedad de la institucionalidad argentina, que la derecha está asumiendo a golpes de realidad. Por eso, aunque Macri quisiera satisfacer a Broda en su reclamo de dureza, no deja de estar atento a los costos políticos de sus decisiones. Le pasó con las tarifas de los servicios públicos. Broda no salió a fustigar a Aranguren cuando presentó su plan. Porque, como él, suponía que el voto a Cambiemos implicaba una aceptación mansa de su incremento sideral. Se equivocaron. Con los cacerolazos y protestas extendidas en toda la geografía federal del país tuvieron que retroceder, consumiendo buena parte de su capital político electoral, y la Corte se vio obligada a intervenir para que no siguieran haciendo papelones.
También la UIA expresó su molestia en el Día de la Industria. La “reprimarización” de la economía estuvo en la agenda. Tema para nada menor, porque es parte de norte ideológico del gobierno que habla de transformar el país en el “supermercado del mundo”, cuando en verdad se conforma con ser su verdulería y su carnicería. El presidente de la entidad, Alejandro Kauffman, proviene de Arcor, que se está quedando sin mercado interno producto de la caída del consumo, en su caso, de golosinas y derivados. Detrás estaba la desazón de Paolo Rocca, que advierte en privado sobre lo mismo, luego de que la apertura de importaciones dañara las posibilidades de la línea blanca que usa las chapas que produce. Ratazzi pidió un dólar a 18 pesos para poder exportar, ahora que ya no tienen quien le compre fronteras adentro, en un mercado deprimido, dominado por las malas expectativas e ingresos en baja.
Todos ellos creyeron que Macri era lo que decía ser. Depositaron en él una esperanza que hoy se ve defraudada, a pesar de las múltiples señales a favor del mercado. Porque la manta siempre es corta en una economía periférica como la nuestra. Esa es la verdad.
Si le hace caso a Ratazzi, no puede evitar que el alza del dólar, como ocurrió históricamente, se traslade a precios y aumente la inflación. Si le hace caso a la UIA, que también se queja por los acuerdos con China, se queda sin el financiamiento del gigante asiático para obras de infraestructura. Si quiere dejar contento a Pagani o a Rocca, y proteger el mercado interno, tiene que reabrir paritarias e incrementar salarios, que es lo que, por otro lado, le exigen que baje. Si baja el déficit de un plumazo, como a coro le reclaman, la actividad económica se estanca definitivamente, y no tiene una protesta sino miles en cada rincón del país.
Porque, hay que decirlo, el establishment no tiene un país en la cabeza –y, si lo tiene, es inviable socialmente-, lo que tiene son reclamos para incrementar su renta; y un presidente democrático, aunque sea de derecha y autoritario como Macri, tiene que lidiar con el país real y sus complejidades.
Las decenas de miles de personas que reventaron la Plaza de Mayo le protestaron a Macri en su cara –no en la de Rocca, ni en la de Kauffman, ni en la de Pagani, ni en la de Broda-. Menem logró que la primera Marcha Federal se demorara cinco años. Macri la enfrenta apenas a ocho meses y medio de su asunción. Eso dice algo. O mucho.
Habla de una lucha de impaciencias. La de abajo, que se planta cada vez con más fuerza, porque los niveles de agresión y recorte de derechos, comparados con lo vivido en la última década, fueron salvajes y amenazan la subsistencia cotidiana de millones de personas; y la de arriba, que recién ahora se desayuna con lo evidente: es imposible para un gobernante aplicar sus recetas sin incursionar en una fase de impopularidad y desgobierno que termine consumiendo la propia administración hasta estancarla.
Con un detalle más: la campaña electoral del año próximo ya comenzó.
Aunque todos los nieguen.

lunes, 22 de agosto de 2016

Tarifas: una 125 pero al revés

Por Roberto Caballero 
El gobierno avanzaba con su innata prepotencia y sin muchas luces hacia su propio escenario de 125 al revés, cuando apareció la Corte en escena y le tendió un puente de plata con su fallo por el tarifazo del gas, antes de que todo estallara por los aires.
Propensos al ritualismo extremo, los cortesanos –sin cuestionar en ningún momento la potestad del Ejecutivo para ejecutar su política económica– le brindaron una clase magistral de modales, planteándole la distancia lógica que hay entre el sexo consentido y la violación. Es decir, entre su capacidad para fijar cuadros tarifarios y el delito repudiable.
En otras palabras, le explicaron a Mauricio Macri y su ministro de la Shell, Juan José Aranguren, que avanzar con el saqueo al bolsillo ciudadano que se propusieron les exige, legal y mínimamente, llamar a audiencias públicas. Que, además, no son vinculantes. Con algo de sensatez y pedagogía jurídica le demostraron que las cosas pueden hacerse mal o peor, como se venían haciendo desde el gobierno deteriorando la expectativa social, incluso, del sector de la sociedad que lo votó.
Ninguna otra cosa rara. Fue una derrota a la pedantería oficial. Un revés previsible al estilo caprichoso y autoritario de Macri. Pero, bajo ningún concepto, un golpe definitivo al zarpazo confiscatorio gubernamental, cuyo carácter es estratégico. De hecho, la retracción de tarifas se aplica sobre red domiciliaria, apenas el 25% del consumo, y no sobre el 75% no residencial que engloba a pymes, comercios, industrias, clubes de barrio y universidades, que va a pagar seis veces más de lo que pagaban en marzo.
Es verdad que los ruidazos y los cacerolazos fueron útiles. Muy probablemente, de no haber existido la protesta masiva que se extendió a lo largo y lo ancho del país, la Corte habría dicho algo distinto o no habría hecho nada. Porque la neutralidad no existe en el mundo del derecho, a pesar de lo que digan los que viven de él y sus imposturas.
El contexto en el que se inscribe el fallo está dominado por esa protesta ciudadana y los números de las encuestas –la de Poliarquía, por ejemplo, que detectó que Macri cayó en su imagen positiva 4 puntos en un mes por la impopularidad del tarifazo–, que revelaron una encerrona en la que el gobierno quedó anegado al punto de no saber cómo salir con elegancia y sin pagar el costo pleno de su decisión, que confundió torpemente táctica y estrategia.
Es ahí donde apareció la Corte. Que no es una Corte popular, ni preocupada en grado alguno por los usuarios y consumidores, sino un poder más del Estado atento a preservar la gobernabilidad del sistema, aun contra los manejos desquiciados del Ejecutivo o quien esté a su mando.
Lo que la política no pudo resolver por sí misma, llevándola a un callejón sin salida, obtuvo entre los cortesanos un atajo inteligente, una táctica conducente, que la Casa Rosada no quiso tomar antes y ahora deberá tomar de manera obligada, sumándole legalidad aparente, cariz de legitimidad, a lo que no tiene otra justificación que la exigencia pecuniaria de las empresas de energía a un gobierno sensible a sus pedidos, al que consideran propia tropa.
El ala política del gobierno recibió con beneplácito el fallo. No Mauricio Macri, el ala política: la que quiere seguir ganando elecciones el año que viene o, al menos, se entusiasma con esa posibilidad remota. La cara de Marcos Peña, durante su conferencia de prensa, lo decía todo: el costo a pagar es menor si hay audiencias públicas, porque así lo exige la Constitución Nacional, y en su mirada apenas será un mero trámite a cumplir que no arriesga nada de lo esencial del ajustazo.
Eso no quiere decir que Macri haya tomado el fallo como lo que es: un amigable puente de plata cortesano. Su verdadero temperamento, expuesto de manera violenta entre los meses de enero y marzo, con su catarata de DNU, sus intervenciones públicas descalificadoras, sus extorsiones a gobernadores, sus promesas falsas a los opositores, su ánimo restaurador del libre mercado y las desregulaciones, no se lleva bien con los requisitos formales que hoy le reclama la Corte. Hay un límite de un aliado, pero no deja de ser un límite que lo incomoda porque le hace notar que gestionar un país no es lo mismo que hacerlo con un club de fútbol o un distrito rico como la CABA.
Podría decirse que enero no es agosto. Que el primer semestre no es igual al segundo. Que la comprensión a un presidente electo permuta en exigencia con el paso del tiempo. Que la Argentina es un país difícil de arrear, incluso, para alguien poderoso que cuenta con el aval de otros poderosos. Todo eso puede ser cierto, quizá lo sea, porque a todo a Macri le llega finalmente su baño de realidad. Gobernar no es un paseo y tampoco un compromiso part time de voluntario de ONG: exige todo, y no todos están capacitados para esa entrega.
De todos modos, el fallo de los supremos no es un Waterloo para el gobierno. Es apenas un aviso. Tal vez el más fuerte, hasta el momento, que provino de un sector aliado, con el que deberá convivir durante su mandato. Aunque no modifica el norte estratégico de su administración. La verdadera intención del gobierno es la que expresó Aranguren cuando fue a Diputados: dolarizar por dos el precio de los servicios. Que cuesten como en Alemania, con sueldos que no son los alemanes. Producir una transferencia de ingresos de la sociedad a las empresas de energía. Garantizarle una renta extraordinaria mediante un cuadro tarifario que nadie sabe cómo se compone, porque explicarlo en detalle desnudaría lo que hoy ya resulta evidente: no tiene nada que ver con lo que la gente pueda pagar, ni con lo que vale la energía, sino con lo que el mercado quiere cobrarse por ella.
Es una 125 al revés, donde esta vez el Estado, en vez de aumentar las retenciones al sector concentrado del agro para derramar sobre la sociedad una parte de la riqueza generada, procura lo inverso: aumenta los precios de las tarifas para expoliar los bolsillos ciudadanos y entregarle esa riqueza al sector oligopólico de la energía. Lo que el Estado dejó de percibir por las retenciones es casi la misma plata que le demanda mantener subsidios y tarifas al alcance de la gente. Es una decisión de política económica con perjudicados y beneficiarios concretos. Las empresas son las que ganan, la sociedad es la que pierde.
¿Y, así y todo, hay un sector del gobierno que cree que puede ganar las elecciones del año próximo? Sí. Difícil saber si Macri lo piensa así. Pero su coalición de gobierno, sobre todo sus socios radicales de derecha, hoy convertidos en una cooperativa de poder que reparte cargos y presupuestos menores bajo el ombú del poder real, suponen que hay alguna chance. Con Cambiemos sacando un 30% de los votos, todo depende de cómo se armen las listas. Sus críticas a Aranguren son críticas veladas a Macri. O, mejor dicho, a su testarudo capricho de pelearse con un sector de la sociedad por el tema tarifas al punto de hacer trastabillar el idilio con sus propios votantes.
Aranguren dijo que este aumento representa solo el 30% de lo que van a aumentar entre 2016 y 2017. Por eso el radicalismo apoya en público, pero boicotea el funcionario y su proyecto: 2017 es año electoral, y no es lo mismo discutir cargos en una lista con chances de sacar un porcentaje más alto o más bajo. A más votos, más cargos expectantes. Con menos, menos para el socio menor. En fin, reflejos de la vieja política.
Sobre las audiencias públicas, ya se dijo, no son vinculantes. Así lo marca la ley. El gobierno no está atado a lo que allí se discuta. Pero los hechos preceden al derecho. Dependerá de los afectados, realmente, que estas se conviertan en un hecho político que trascienda la letra legal. No es lo mismo una audiencia entre el gobierno y 300 representantes de las asociaciones de consumidores y usuarios, rodeada de vallas y sin cobertura mediática, que una convocatoria donde decenas de miles se manifiesten contra la política tarifaria oficial por irrazonable y confiscatoria, de cara, incluso, a otros amparos que puedan llegar a la Corte por la luz y el agua.
En tres semanas se sabrá si el macrismo paga algún costo político real por el saqueo en marcha o será la sociedad la que termine pagando lo que la Shell pretende.
Calladita y sin chistar.


domingo, 21 de agosto de 2016

Politizar

Por Alejandro Grimson
Alejandro Grimson 
El apoyo de la opinión pública al gobierno nacional se derrite de modo lento pero persistente. Hace un mes una mayoría consideraba que su situación personal estaba peor y también una mayoría tenía buenas expectativas en el futuro. Esa diferencia de percepción no podía sostenerse eternamente. Es que el futuro deviene presente. Y encima, del segundo semestre sólo llegó la fecha. Además, "el mejor equipo de los últimos 50 años" armó un embrollo de no creer con el tarifazo. Los "republicanos" ejercieron presión para que se hiciera la corte al supuesto "sinceramiento". Pero no pudieron amañarlo y más de uno debió preservarse del exabrupto.

Ya nadie recuerda que la economía iba a despegar de modo asombroso después de abolir el "cepo", bajar y anular retenciones y pagarles a los buitres. Pero no. La actual recesión con inflación ya solicita un nombre nuevo en la teoría económica. "Estanflación" es insuficiente. Y el anunciado 25% para este año se convirtió en una utopía de masas junto a la reducción de la pobreza.

Pobre sería el análisis político que creyera que esta situación económica será capitalizada políticamente por un sector determinado de la oposición. Mientras la realidad se emperra en desmentir una y otra vez todo mecanicismo, el capital político del gobierno no deriva sólo de los medios, sino de su éxito en la estrategia de estigmatización de todos aquellos que realicen una crítica. En ese punto, los trolls se propasaron cuando algún periodista oficialista exploró un "pero" y le tiraron una K por la cabeza. La verdad es que si todos los críticos fueran K, nos guste o no, Macri ya hubiera perdido las elecciones del año próximo. Pero no.

Ahora, su capital político emana también de la fragmentación de la oposición. Cuanto más se acentúa el problema de la identidad partidaria (la cercanía o distancia respecto de la K), más se acentúa la paradoja del momento. La identidad despolitiza el debate y debilita la construcción de una alternativa.

Politizar es desplegar una crítica al neoliberalismo que parta de los efectos más concretos que tiene en las vidas de los ciudadanos, con alternativas viables para el presente y el futuro. Politizar no es exagerar, porque eso incrementa la distancia con la sociedad. Politizar es hacer una crítica sistemática sin devenir apocalípticos. Politizar es dialogar con quienes fueron parte del 49 y del 51%, es promover miradas críticas. Es lo contrario de promover el enojo con la sociedad. La catarsis y el insulto despolitizan. Politizar es pensar. Politizar es diseñar estrategias, es comprender la temporalidad de la lucha social y de la lucha política. Es construir colectivos sin mezquindades, para defender todos los derechos.
El gobierno tiene derecho a ejercer hasta el último día su mandato constitucional. Sólo se cuestiona desde la raíz que tengan derecho a destruir derechos. Porque nadie votó eso, porque prometieron lo contrario y porque también el Congreso Nacional es constitucional.

Ahora, la implantación de un modelo neoliberal sólo está en sus inicios. Porque no llegaron para la libre venta de dólares. Cambiaron con habilidad su estrategia política para transformar las estructuras económicas, sociales y culturales de la Argentina. Y si lo consiguen, podrán hipotecar el futuro. De ahí la asombrosa belicosidad verbal. La "guerra sucia" cultural.

¿Qué sucedería si el gobierno no tuviera contrapesos sociales y políticos? En noviembre hubo una derrota electoral y política, pero todavía no se produjo una derrota social. Si se produce una derrota de la movilización social, se agravará el clima cultural y político. La mayoría de la sociedad terminaría aceptando estas políticas como inevitables y las movilizaciones dejarán de ser masivas para ser escuálidas. Que logren o no esa derrota social no depende sólo de sus estrategias. También de las estrategias sindicales, de los movimientos sociales y de la oposición política. La inteligencia estratégica radica en no desgastar, en articular, en dar batallas simbólicas, cargar energías, preparar para sumar, no caer en provocaciones.

La sociedad que ejerce su derecho a la protesta debe tener capacidad efectiva para defender sus derechos. Sin movilización, las paritarias hubieran sido peores, el tarifazo hubiera pasado en plenitud, la situación de las universidades públicas se habría agravado, no se habrían visibilizado los trabajadores de San Cayetano y así sucesivamente. Debemos valorar la diferencia abismal entre una sociedad dispuesta a luchar por sus derechos y sociedad derrotada.

Ahora bien, si eso se lograse, lo cual no es sencillo, quedan pendientes otros desafíos. Hace poco un dirigente social que trabajó en la Marcha Federal en 1994 y que ahora está trabajando en la Marcha próxima me decía: "tenemos que hacer una gran marcha; pero tenemos que saber que eso también lo hicimos antes y en 1995 Menem ganó por mucho en las elecciones". En este planteo se encuentra un punto crucial. El mayor de todos los desafíos. Una articulación política de diversidades contra el neoliberalismo.

Fuente: Tiempo Argentino


domingo, 14 de agosto de 2016

PESIMISMO POR LA ECONOMIA, REPUDIO AL TARIFAZO, OPOSICION CRECIENTE

Las cosas de mal en peor
Una encuesta exclusiva indica que siete de diez argentinos ven mal la economía y creen que los aumentos de tarifas son imposibles de pagar. Casi el 60 por ciento opina que la Justicia tiene que impedirlos y retrotraer los valores a febrero.
Por Raúl Kollmann

Siete de cada diez argentinos dicen que la economía está mal o muy mal. También siete de cada diez sostienen que es imposible pagar la tarifas de acuerdo al aumento dispuesto por el Gobierno, mientras que una nítida mayoría afirma que el ministro Juan José Aranguren debería renunciar. Nada menos que seis de cada diez argentinos sostienen que está de acuerdo con las protestas por los tarifazos, algo inhabitual porque, en general, suele suceder que los ciudadanos pueden estar en contra de tal o cual medida, pero tienden a ser reacios a las protestas.

En este clima, la imagen de Mauricio Macri y del Gobierno perdió entre 15 y 20 puntos desde diciembre, pero se sostiene en valores que considera aceptables (46 por ciento) porque todavía hay una franja de la población con una expectativa de que las cosas mejoren. Aún así, los opositores superan hoy en día con holgura a los oficialistas (47 a 33 por ciento), cuando hace unos meses los oficialistas eran mayoría.

Las conclusiones surgen de una amplia encuesta realizada por la consultora Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que dirige el sociólogo Roberto Bacman. El estudio hecho en todo el país, especial para Página/12, abarcó a 1200 personas, respetándose las proporciones por edad, sexo y nivel económico social. Las entrevistas fueron telefónicas.

Economía
“No existe duda alguna que la economía está sumergida en una crisis”, señala Bacman. “Existen diferentes datos de la realidad que la explican: inflación por encima de las expectativas del propio gobierno y por debajo de los aumentos salariales, incremento de la pobreza según mediciones privadas, caída de la actividad económica, descenso de las exportaciones incluso a pesar de los beneficios impositivos para los sectores agropecuarios, son algunos de los aspectos que en la actualidad más preocupan. Lo cierto es que al tope de las preocupaciones de los argentinos está la marcha de la economía y la inflación, pero cerquita nomás aparece la desocupación, con un porcentaje altísimo, el treinta por ciento”.

La metodología del CEOP permite dar más de una respuesta cuando se pregunta por las preocupaciones del momento, pero en otros estudios, en los que se admite una sola respuesta, es decir señalar la principal preocupación, la pérdida del empleo ya figura arriba de todo.

Para Bacman, “el desafío de la economía es sustancial para el futuro de la gestión de Mauricio Macri. Y lo es a tal punto que, cuando los argentinos tienen que evaluar la situación económica actual de nuestro país, el 72 por ciento afirma que es abiertamente negativa. ¿Por qué tanta diferencia con la aprobación de gestión? La respuesta es simple y sencilla: la realidad frente a la economía es más fuerte que el deseo y ante tal situación la esperanza, al menos, se pone en tela de juicio. Y esta explicación surge de los propios resultados de esta encuesta: la economía es negativa para el 66 por ciento del segmento de los independientes. Lo actuado por el gobierno solo recibe la aprobación del Núcleo Duro Macrista –los que respaldan en forma casi incondicional al Presidente– y como puede verse con claridad, a esta altura del partido eso solo no alcanza”.

Ajuste
“No sorprende que ocho de cada diez argentinos hayan señalado que han tenido que recortar gastos de su presupuesto familiar –apunta el titular del CEOP–, incluso con un incremento de 4,4 puntos con respecto al mes anterior. Es decir que son cada vez más los que tienen que recortar. En cuanto a los recortes propiamente dichos la estructura observada fue similar al mes anterior: 37,7 por ciento tuvieron que resignar en alimentos y bebidas (menos consumos de carnes y lácteos, más de harinas y polentas, pases a segundas y terceras marcas); el 27,2 por ciento recorta en servicios; 14,8 en ocio y entretenimiento; 9,7 en vestimenta y calzado y hasta un 2,6 por ciento en salud y medicamentos”.

“El primer dato expresa una realidad: quienes más tuvieron que recortar son los de clase baja y los residentes del conurbano bonaerense. Sin lugar a dudas afecta a los sectores más desprotegidos de la sociedad donde la falta de trabajo y el constante aumento de la inflación los está castigando. Asimismo, el ajuste en alimentos y bebidas inquieta más a los pragmáticos independientes, a los que no son ni oficialistas ni opositores. Este dato deja al descubierto que los sectores de la típica clase media también han tenido que adaptarse a estos nuevos tiempos, cambiando hábitos de compra y consumo. El ajuste en los servicios afecta más a los de nivel bajo. Es indudable que no pueden pagar los aumentos que reciben y los que hasta el momento lo han hecho, es por el temor a que les corten los servicios. No existen dudas: estamos en el ojo de la tormenta de una verdadera crisis”.

Tarifazo
Bacman analiza que “para el 73 por ciento los aumentos son excesivos y tan solo un 20,4 por ciento entiende que son razonables. Para expresarlo con contundencia y en palabras sencillas: una cosa son los aumentos necesarios y razonables, y otra muy distinta es este aumento realmente feroz. Pero al mismo tiempo otro dato de esta misma encuesta ejemplifica crudamente la sensación actitudinal que hoy impera: para siete de cada diez argentinos ‘las boletas son imposibles de pagar’ y con el agregado de una percepción que para la mayoría ‘este es un gobierno que no posee sensibilidad social’. ¿Qué espera, entonces, la gente? Que la justicia actúe y retrotraiga los valores de las tarifas a febrero de este año. Para mayor precisión, así lo expresa un 56,9 por ciento”.

“¿Juan José Aranguren un chivo expiatorio? Algunos podrán decir que sí. Lo cierto es que la actuación del Ministro de Energía y especialmente sus declaraciones públicas lo han convertido en la ‘cara visible’ de los aumentos. Dicho de otro modo es la figura del gobierno que representa simbólicamente al tarifazo y por ende al ajuste. Y los argentinos así lo entienden: para casi la mitad de los entrevistados Juan José Aranguren debería renunciar”.

Grieta
Desde hace años, el CEOP viene preguntando al encuestado si se considera oficialista u opositor. Por supuesto que también hay siempre una franja intermedia de los que no se consideran ni oficialistas ni opositores. Hasta febrero, los oficialistas, es decir los adherentes al gobierno de Cambiemos, superaban a los opositores, 41 a 37 por ciento. Ya en marzo los opositores empezaban a ser más que los oficialistas, lo que llegó a un tope en mayo, cuando se anunció el tarifazo. Hoy por hoy, los opositores suman el 47 por ciento y los oficialistas el 33, es decir que hay 14 puntos de diferencia.

La imagen del presidente Macri se mantiene en lo que en el gobierno consideran aceptable, el 46 por ciento. Se sostiene especialmente en su núcleo duro, o sea los que son fuertes adherentes al macrismo y una porción de los independientes. De acuerdo al diagnóstico de Bacman, la administración Macri “se basa en el discurso de la pesada herencia y las denuncias de corrupción. Pero para que la crisis económica no derive en una crisis política necesita –paradójicamente– que sea la economía la que retome el camino del crecimiento. El desafío que este gobierno debe asumir en tal contexto es importante: los tiempos se acortan, el segundo semestre no será lo que prometieron y solo falta un año para las elecciones legislativas de medio término, cuyos resultados posicionan al oficialismo frente a un nuevo reto”.



Principales Preocupaciones


¿Debe renunciar el Ministro Aranguren?
Con el aumento, ¿las tarifas son impagables?

¿Tuvo que recortar gastos?






martes, 8 de marzo de 2016

"Con este acuerdo nos convertimos en vendedores de rifas y juntadores de fondos para Aurelius y NML".



Kicillof pateó el tablero en pleno debate sobre los buitres: "Hay apuro en cerrar el acuerdo"

El diputado nacional y ex ministro de Economía, Axel Kicillof, cuestionó hoy en duros términos el preacuerdo alcanzado entre el gobierno argentino y los fondos buitre, pidió "un poquito de dignidad" para negociar y sentenció: "Con este acuerdo nos convertimos en vendedores de rifas y juntadores de fondos para Aurelius y NML".
"La opinión pública debe saber que no se consiguió practicamente ningún descuento", afirmó Kicillof al tomar la palabra en el plenario de las comisiones de Presupuesto y Hacienda y de Finanzas de la Cámara de Diputados, donde se debate el dictamen sobre el proyecto de "normalización" de la deuda, que contempla la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano y el pedido de autorización de endeudamiento por un monto de 15 mil millones de dólares.
"No nos podemos suicidar en el altar de Singer", alertó, en tanto que ironizó: "Nos está esperando con el cuchillo entre los dientes". "Aunque parezca increíble, nuestros mejores aliados son Griesa (el juez) y Pollack (Daniel, el mediador en el conflicto", ironizó, en referencia a las declaraciones del ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay.
Según Kicillof, "los acuerdos de este proyecto de ley fueron firmados a las apuradas", ya que el gobierno tienen "apuro en cerrar el acuerdo", por lo que propuso que se pospongan los dictámenes hasta que todos puedan leerlos.
Según el ex ministro, después de versiones periodísticas que afirmaban que el descuento sería cercano al 40 por ciento, finalmente para los fondos grandes será un "miserable" 20 por ciento e incluso a algunos se les pagará la totalidad de lo pedido. "Con Dart se negoció cero. Solamente en el caso de NML y Aurelios terminó siendo 21".
En ese momento, el diputado del Frente para la Victoria les habló a los demás integrantes de la cámara baja, en especial a quienes apoyan el acuerdo dentro de su bloque: "Los que apoyaban con entusiasmo ayer venían a apoyar algo que no habían leído".
En ese sentido, citó una cláusula del preacuerdo que establece, según el ex funcionario, que hay que pagar "235 millones de dólares en concepto de por las dudas vaya a saber" y sentenció: "Le estamos pagando a NML, probablemente, las costas del juicio para quedarse con la fragata. El lobby que hicieron contra argentina se lo estamos pagando nosotros".
Por eso pidió "un poquito de dignidad", ya que ese monto "es medio presupuesto del Conicet y se lo vamos a dar sin saber, a libro cerrado". "Hay una cláusula, la séptima, que establece que todo lo que Argentina emita en dólares va para ellos. A partir de ahora nos convertimos en vendedores de rifas y juntadores de fondos para Aurelius y NML".
"Tdos los dolares que entren al país en concepto de emisión de bonos van para ellos", advirtió Kicillof, y agregó: "Por suerte no nos confiscaron el Ministerio de Economía o la Secretaría de Finanzas. Es la caja del Banco Central y el Ministerio de Economía hipotecado en este acuerdo. Esto nos puede llevar a un pari passu de los demás fondos buitre".

El encuentro, conducido por los titulares de ambas comisiones Luciano Laspina (Presupuesto) y Eduardo Amadeo (Finanzas), se inició con una exposición del radical Luis Pastori en favor del proyecto impulsado por el gobierno nacional de Mauricio Macri.

lunes, 23 de noviembre de 2015

TeoBoot-410-Max
Teodoro Boot

Ya desde los meses previos a las Paso, la dirigencia del Frente para la Victoria olvidó la realidad, se desentendió del pueblo –tanto de su masa adherente como de los sectores opositores o desinteresados– y se abocó con fruición a una suicida batalla campal interna

NAC&POP

23/1º1/2015
Apuntes en Caliente
Teodoro Boot

Festín caníbal
El resultado del balotaje debe ser visto desde los resultados de la elección general del 25 octubre, fruto a su vez de una serie sucesiva de desaciertos de distinto nivel y calibre, probablemente consecuencia –¿inevitable?– de doce años de ininterrumpido ejercicio del poder político.
No viene al caso aquí analizar ni pasar revista a lo que acabamos de llamar “desaciertos”, algunos de gestión, otros de estrategia y los más, de construcción política.
Pero resulta oportuno recordar o parafrasear a Juan Perón: “Las fuerzas políticas no valen por su número sino por su organización y la capacidad de sus dirigentes”.
En el caso del Frente para la Victoria, la principal característica de gran parte de su plana dirigente fue la tendencia al canibalismo.
Es que uno de los principales errores en la acción política es la arrogancia, la soberbia y el menefreguismo que surgen de la creencia de tener la vaca atada.
Ya desde los meses previos a las Paso, la dirigencia del Frente para la Victoria olvidó la realidad, se desentendió del pueblo –tanto de su masa adherente como de los sectores opositores o desinteresados– y se abocó con fruición a una suicida batalla campal interna (que, curiosamente, se agravó entre las primarias abiertas y la elección general) y a estrategias electorales que parecían elaboradas por el brain storm de un grupo de trabajo reclutado entre internos del Borda.
El resultado de la elección general paralizó y prácticamente colocó en estado catatónico a la dirigencia del FPV.
Los pases de factura y ajustes de cuentas en plena campaña electoral –que no tuvieron lugar únicamente en la provincia de Buenos Aires, como a primera vista pudiera parecer– produjeron el peor de los resultados imaginables.
Todos los dirigentes y activistas sabían que de no ganar en primera vuelta, el balotaje sería casi imposible de superar: el candidato del FpV se enfrentaría solo contra “el resto del mundo”.
A esta dificultad había que sumarle lo que seguramente fue la política más abiertamente autodestructiva del FpV: la permanente erosión del propio candidato, que viene de lejos y que encontró su punto más alto en el asombroso eslogan: “El candidato es el proyecto”. Si el candidato es el proyecto ¿para qué es necesario un candidato?
Tras las elecciones generales, esa dirigencia quedó groggy, sin atinar siguiera a levantar los brazos y devolver los golpes, mientras el Pro, que mediando un resultado ligeramente distinto en la segunda vuelta por la elección de la jefatura de gobierno de la CABA, habría estado a punto de desaparecer como fuerza política, recuperaba bríos y encaraba el tramo final de la campaña con espíritu ganador.
El sopor dirigencial y la confusión de los activistas fue compensado con un notable fenómeno de autoconvocatoria y movilización de la base de adherentes, que a falta de una campaña coherente y sostenida, la tomó en sus manos y la llevó adelante con los escasos recursos que le era posible conseguir.
Los volantes y carteles manuscritos son realmente conmovedores y deberían llamar la atención de unos y otros, pues se ha puesto en marcha un movimiento que será difícil detener, pero que puede ser sencillo malversar.
Aprender a los golpes
Así como a despecho de la opinión de los sociólogos, para comprender las conductas de la sociedad argentina actual es muy conveniente la relectura de El medio pelo de Arturo Jauretche, Técnica del golpe de Estado de Curzio Malaparte conserva tan extraordinaria actualidad que, no obstante haber sido publicado por primera vez en 1931, debería ser lectura obligada en los ambientes políticos.
Desde las 18 horas del día 22 de noviembre se puso en marcha una manipulación informativa que contó con la entusiasta –y se supone que involuntaria– colaboración de los medios y periodistas oficiosos y hasta oficiales.
Para muestra, un botón: el insólito zócalo de la televisión pública que, al tiempo que ponía en pantalla los resultados de un cinco por ciento de los votos, titulaba: “Argentina eligió presidente”.
Semejante título acompañado de cifras en las que Macri obtenía una diferencia de entre 7 y 8 puntos era todo un editorial, particularmente porque tratándose de tan pocos números oficiales, el final no estaba cerrado.
El tiempo verbal que correspondía era el presente: “Argentina elige presidente”.
No había pasado un minuto desde que se cerraron las puertas de las escuelas cuando C5N tituló, y mantuvo a lo largo de toda su transmisión: “Ganó Macri”.
Así, mientras las consultoras y encuestadoras, una tras otra, negaban haber realizado encuesta alguna luego de la votación (información que NO se difundió sino hasta horas después), periodistas, autotitulados politólogos y hasta tipos cuyo único antecedente en la materia es el título del Iser, realizaban estrambóticos análisis políticos y hasta se la daban de expertos psicólogos capaces de leer el lenguaje corporal.
Estamos habituados a la chantada sistemática de los periodistas televisivos, obligados a llenar el tiempo de ruidos que parezcan palabras, pero este domingo fueron superadas todas las experiencias: periodistas y falsos expertos sacaban conclusiones en base a una frase –“Ganó Macri”– sin que existiera ningún dato que permitiera sostener un afirmación tan categórica.
Y ya en una desenfrenada caída hacia el ridículo, continuar con la sanata y seguir sosteniendo la consigna en base a la difusión de un resultado general con pocas mesas escrutadas.
Y, lo que no es menor, sin tomarse el elemental trabajo de analizar los datos, a disposición de cualquiera con acceso a una computadora que no fuera tan perezoso.
Cualquiera podía advertir que, aun ya con un veinte por ciento de mesas escrutadas, los porcentajes no se acercaban a lo que sería el resultado final si, por ejemplo, recién se llevaban computados menos del 1 por ciento de los votos de la Tercera Sección electoral.
En tanto, a los psicólogos y mentalistas expertos en la lectura del lenguaje corporal no les llamó la atención la insistencia de los políticos del Pro en invocar extraoficialmente una victoria que no se podía sostener con seguridad: ninguna boca de urna, ni siquiera el mucho más preciso sistema de análisis de mesas testigo desarrollado por cada partido, podían asegurar nada en base a una diferencia tan exigua como la que en realidad terminó existiendo: 51,40 % contra 48,60, un 2,8 %, apenas 704 mil sobre un total de 25 millones de votos emitidos.
Cabe puntualizar que, en un balotaje, cuando los votos que pierde uno, los gana su rival, a los efectos prácticos ese 2,8 % se reduce a un 1,4%.
Sin embargo, desde el primer minuto pudo crearse en la sociedad la convicción de un triunfo de Macri y, lo que es más notable, la idea de la derrota en la militancia del FpV.
El asombro se incrementa apenas uno repara en que el gobierno y el manejo de más de un par de medios de comunicación y del sistema de Inteligencia no se encuentra en manos del Pro sino –aparentemente– en las del FpV.
Pero esos medios, sus periodistas y los propios dirigentes del FpV corrieron detrás de un rumor echado a rodar sin datos que lo sostuvieran.
Les propongo un ejercicio: imaginen el efecto político de un resultado en el que Scioli se hubiera impuesto por tan exigua diferencia.
Es de cajón que su legitimidad para gobernar hubiera sido cuestionada de inmediato.
Sin embargo, nadie ha cuestionado la de Mauricio Macri, cuya capacidad y legitimidad son muy inferiores, habida cuenta que no cuenta con número suficiente en ninguna de las cámaras.
Reflexiones en chancletas
En los próximos tiempos surgirán dos tentaciones dentro del FpV: la de fingir demencia por parte de muchos dirigentes y la de cobrarse cuentas y cortar cabezas por parte de unos cuantos de los numerosos decepcionados o damnificados por esa dirigencia.
A esto se sumarán las tentaciones de quienes quieren separar y diferenciar el “kirchnerismo” del “peronismo” y las de quienes quieren separar y diferenciar el “peronismo” del “kirchnerismo”.
Ambas tienen el mismo efecto centrífugo, aunque sus motivaciones son opuestas, pero a la vez reconocen un elemento en común: la vocación minoritaria.
La cariocinesis ha sido el tradicional método de crecimiento de los grupos de la izquierda argentina: al igual que los organismos unicelulares, se reproducen dividiéndose en dos.
Esta peculiar y ciertamente insatisfactoria técnica sexual se origina en el modo ideológico, o para decirlo mejor, abstracto, de construir la identidad política: yo soy yo en tanto soy diferente a otro.
De ahí ese apego a los programas, cuando más detallados, mejor, que pongan permanentemente a prueba el grado de acuerdo alcanzado.
Los movimientos nacionales de liberación se construyen según un método opuesto, que, por indiscriminado, algún zafio podría comparar al de una orgía: partiendo de un antagonismo insalvable, el del pueblo y la nación contra la elite y el imperio, el camino hacia la construcción de la identidad pasa por la búsqueda de coincidencias, por encontrar que es lo que tenemos en común con el otro, y dejar las diferencias en segundo plano.
Y es lógico que sea así, porque no se trata de construir un partido sino de poner en marcha las fuerzas nacionales, de darles impulso y encontrar una dirección.
De ahí que el mayor peligro que enfrentan los movimientos nacionales no se encuentre en su exterior sino en su propio seno, y eso es el sectarismo, porque el sectarismo –esa psicótica búsqueda de las diferencias– atenta contra la propia naturaleza de un movimiento nacional de liberación que, para serlo, debe ser necesariamente cada vez más amplio y heterogénero.
Esto asusta a algunas mentes demasiado cartesianas o inseguras, que reaccionan en busca de la homogeneidad, en cumplimiento de la sentencia de la viuda a sus hijos en el velorio del marido: ahora que somos menos vamos a estar más unidos.
Esta tentación está siempre presente y es siempre igual de peligrosa, tanto cuando se manifiesta en nombre de la tradición y la pureza doctrinaria, como cuando usa el pretexto la pureza revolucionaria.
Evitarlo y evitar que operen sobre estas fuerzas centrífugas los intereses externos, es tarea de la conducción y la plana dirigente, pero es también responsabilidad de militantes y activistas, en mayor medida en circunstancias como la que atraviesa actualmente el FpV.
La condición básica, el supremo valor político es el de la unidad.
Para preservarla es preciso conservar la calma y el sentido de las proporciones, evitar la histeria y las ansias de revancha y castigo, la pasión robespierana por guillotinar a los propios.
Ya llegará el momento, pero, por lo pronto, se impone conservar la unidad, evitar la frustración y la dispersión de un conjunto político y social, no sólo de por sí mayoritario, sino lo suficientemente diverso y coherente.
Un enorme porcentaje de quienes votaron a Daniel Scioli están dotados de firmes convicciones.
La responsabilidad primera, es que no las pierdan.
La segunda, impedir que sectores intrínsecamente minoritarios que sólo tienen en común el odio que profesan al Fpv, avancen como Pancho por su casa, sin nuestra firme oposición.
La tercera, llevar a ese conjunto social a la victoria a través de la paciente y sistemática construcción de mayorías.
Y si alguien tiene un método mejor, que avise.