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miércoles, 25 de julio de 2012

25 DE JULIO DE 1932: NACIMIENTO DE GUSTAVO REARTE, FUNDADOR DE LA JUVENTUD PERONISTA

Gustavo Rearte
Por Daniel Alberto Chiarenza

  Gustavo Rearte nació en Buenos Aires, el 25 de julio de 1931; y murió, también, en Buenos Aires, el 1º de julio de 1973.
 
Fue un dirigente político y sindical argentino que desde que su uso de razón se lo permitió adhirió a los preceptos sociales del Peronismo, una de las figuras más destacadas del ala izquierda de ese Movimiento, inclusive fue el fundador de la Juventud Peronista en 1957, rama que no existía hasta ese punto de la Resistencia.
 
Rearte empezó como obrero en la fábrica SIAM, después en Jabón Federal y llegó a ser secretario general del Sindicato de Jaboneros y Perfumeros.
 
Además de fundar la nueva rama, Gustavo fue integrante de su primera mesa ejecutiva.
 
Cuando La Fusiladora, con sus esbirros: Lonardi, Aramburu y Rojas derrocan a Perón en el '55, es uno de los jóvenes trabajadores peronistas que integran los numerosos Comandos de la Resistencia, formando parte del Comando Juan José Valle, mártir de la Causa Peronista del año anterior.
 
La lucha por la vuelta de Perón y contra el régimen dictatorial lo lleva a encontrarse y juntarse con otros militantes peronistas: sus propios hermanos Alberto y Miguel Rearte, Carlos Caride, Jorge Rulli, Envar Cacho El Kadri, Susana Valle, Felipe Vallese, Héctor Spina, etc.
 
En enero de 1959 estuvo en la dirigencia combativa que organizó la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, para evitar su privatización.
 
Tras la represión fue preso y en el peronismo combativo fue creciendo la idea de que solamente quedaba la lucha armada como opción, así comienzan las experiencias guerrilleras de Uturunco y luego Taco Ralo en Tucumán.
 
En 1960, Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Felipe Vallese, entre otros, participan de la primera acción de resistencia armada urbana, que concretaron bajo la sigla Ejército Peronista de Liberación Nacional (EPLN): el operativo llevado adelante fue el ataque a una guardia de la Aeronáutica en Ciudad Evita. Rearte fue el jefe del operativo, que resultó todo un éxito y les permitió apropiarse de dos subametralladoras PAM, uniformes y municiones.
 
¡Viva Perón, Carajo!!!
 
Luego, la conducción de la JP envió a Rearte a Montevideo a establecer contacto con los exiliados peronistas.
 
Allí se reúne con John William Cooke, jefe del Comando Táctico de la Resistencia Peronista y -por aquellos años- delegado personal de Perón.
 
Fueron ellos, en aquel momento trascendente para la Historia de América Latina, quienes establecieron los puentes del peronismo con la Revolución Cubana, con Fidel Castro y el Che Guevara.
 
Rearte, inclusive, fue el enlace para preparar dos viajes de Perón a Cuba, que finalmente no se realizaron.
 
En 1962 y estando en formación la combativa CGT de los Argentinos, escribió el documento de Huerta Grande que marcó un hito en la historia del movimiento obrero. Cuando regresa, es baleado por una comisión policial en la esquina de Rodríguez Peña y Sarmiento, en el centro de la Capital Federal y encarcelado. Sucesivamente, pasa por las cárceles de Devoto, Caseros y Olmos.
 
Por esos días, Gustavo Rearte fue deambulando por muchos presidios de nuestra Patria.
 
En julio de 1963, el gobierno radical de Arturo Illia promulga una amnistía para todos los presos políticos.
 
Son liberados, entre otros, los iniciales fundadores de la Juventud Peronista: Rearte, Rulli, Spina y El Kadri, quienes se abocan a reorganizar a la JotaPé, que había sufrido duros golpes por la represión implementada por el Plan CONINTES (Plan de Conmoción Interna del Estado - Decreto 2.628/13 de marzo de 1960 - Gobierno de la UCRI de Arturo Frondizi).
 
Gustavo Rearte, posteriormente, se integrará al Movimiento Revolucionario Peronista (MRP) formando parte de su conducción.
 
Fue en la época en que Rearte mantenía un vínculo muy fuerte con Perón, quien le había pedido que formara una organización político-militar para su regreso.
 
Es cuando Gustavo se decide a fundar, como se dijo, el Movimiento Revolucionario Peronista y envió a numerosos cuadros a entrenarse a Cuba.
 
El contacto entre Rearte y Perón era fluído, a veces por visitas de Rearte y a veces por carta.
 
En razón de la experiencia del apoyo a la lucha armada, Rearte fue muy cauto y muy buen diagnosticador de coyunturas apropiadas e inapropiadas para golpear con la guerrilla.
 
Esas discusiones eran duras incluso entre compañeros.
 
Su hija Eva, cuenta en un reportaje -bastantes años después- que cuando le pusieron el nombre de su padre a una calle, Cacho El Kadri se le acercó para pedirle disculpas porque en medio de aquellas discusiones lo había calificado de traidor.
 
La posición de Rearte con las últimas organizaciones armadas del peronismo, FAP y Montoneros, también fue la misma.
 
Creía que no estaban dadas las condiciones y que un proceso de ese tipo terminaría en una masacre.
 
Hace relativamente poco tiempo (2006), la compañera licenciada Eva Rearte hablaba de este modo con motivo de ser su padre el sujeto de un merecido homenaje en la Legislatura porteña: -Yo nací con un padre militante y siempre me explicó que luchaba contra las injusticias y por los derechos de la gente, era un tipo muy estudioso, muy pensante, muy reflexivo [...]
 
María Eva Rearte: -Papá estaba en Plaza de Mayo con mi madre cuando fueron los bombardeos –cuenta Eva Rearte–, siempre nos contaba que se habían tenido que refugiar de las bombas bajo la recova. Ese fue un punto de inflexión para las decisiones que tomaría después en su vida [...]
Consecuencia de los bombardeos del 16 de junio de 1955 contra la indefensa población civil.
 
-El viejo estuvo con el Che cuando pasó hacia Bolivia. Discutió para convencerlo que no estaban dadas las condiciones, que el PC lo iba a traicionar y que lo iban a matar, señala Eva.
 
Hubo encuentros entre Gustavo Rearte y el Che.
 
-Perón lo trató muchas veces como a un hijo –afirma Eva – su hija-, yo creo que vio en él una veta pese a que muchas veces no estaba de acuerdo y le discutía. Perón le ofreció sentarse en la mesa del Partido Justicialista, ser su enviado, le ofreció viajar en el avión de su retorno. Pero mi viejo le decía que él no veía ningún revolucionario donde le ofrecía que estuviera y que no se sentaba con cualquiera. Era peronista y amaba a Perón, pero se había formado en otro momento, tenía otra formación [...]
 
 
Eva Rearte: -Es la contradicción que se vive con alguien a quien se admira, pero se crece distinto –continúa–, yo soy ahijada de Perón. Me bautizaron a los siete años con los Contursi como representantes de Perón. Se escribían, Perón lo recibía. Mi papá le llevaba sus análisis sobre la situación en el país. Hasta que llegó un momento en que no lo recibió. No vivió ese corte con bronca, sino más bien con tristeza. Fue muy doloroso para él[...]
 
-Muchos de los que se preparaban para esas experiencias eran compañeros suyos –recuerda–, discutió con ellos, les dijo que los iban a aniquilar y la discusión vuelve a repetirse unos años más tarde con Taco Ralo. También creía en la lucha armada, pero pensaba que la lucha principal era política, porque la lucha armada tenía que ser apoyada por la gente [...]
 
-Papá había estado en la Plaza durante los bombardeos, entre los fusilados de aquellos años tenía conocidos, todo eso lo llevó a pensar que la única opción era la lucha armada, pero al mismo tiempo llegó a la conclusión de que la capacidad de odio y de saña de los militares podía desembocar en una masacre tal como pasó después[...]
 
Eva Rearte:-Siempre nos explicó todo lo que hacía y por qué y además nos hacía partícipes, a su manera, un poco como era la lucha de esos primeros años de la Resistencia, en plena prohibición del peronismo y sus símbolos.
 
Me acuerdo cuando yo era chiquita, él me decía -Eva salí corriendo y cuando yo me alejaba, empezaba a gritar a todo pulmón -¡Evita! ¡Evita!
 
La gente se horrorizaba y él lo gozaba porque estaba llamando a su hija.
Continúa contando Eva que: otra vez en pleno San Justo, iban en un colectivo.
 
Rearte le pedía a Eva que cantara la Marcha Peronista y cuando se armaba el revuelo, la sacaba por la ventanilla porque afuera ya había otro compañero para recibirla.
 
Evita Rearte: -Papá había escrito el programa revolucionario de Huerta Grande, era obrero, no había terminado el secundario. A fines de los ’70, cuando empecé el colegio, se puso a estudiar conmigo. Hizo el secundario libre y hacíamos juntos los trabajos prácticos. Con sus manazas tenía que bordar unas batitas con punto vainilla. Quería recibirse para estudiar abogacía, pero no pudo por la enfermedad [...]
 
Programas revolucionarios de La Falda y Huerta, según la particular visión de Ricardo Carpani.
 
-Era un convencido de la necesidad de concientizar y concientizarse, se pasaba hasta altas horas de la noche leyendo, le gustaba la historia de las revoluciones, discutía mucho sobre la revolución argelina y la cubana, por supuesto.
 
El compañero Gustavo era un gran lector de Historia de las Revoluciones.
 
Eva lo recuerda también la cárcel: -La primera imagen que tengo de mi padre es su brazo saliendo por una ventana de la cárcel de Caseros y hablándonos a los gritos.
 
Y recuerda cuando regresaron a su casa y había un túmulo con una cruz que decía: -Rearte te queda poco tiempo, a pesar de que su padre intentó taparlo con los brazos para que no lo vieran.
 
-Ya estaba enfermo en su último viaje a Cuba, en el ’72.
 
Participó en la campaña presidencial de Héctor Cámpora pese a que no estaba de acuerdo porque pensaba que Perón tenía que ser el candidato.
 
En marzo lo internaron y murió en julio, -tras ver con tristeza la masacre de Ezeiza puntualiza Eva.
 
-Yo creo que el homenaje que le van a hacer en la Legislatura es también un homenaje a la gente que luchó con él y que entregó todo en forma desinteresada por esa lucha dentro del movimiento peronista. Y también es una forma de recuperación de la memoria porque de alguna manera, los hechos de los años ’70 relegaron las figuras de muchos luchadores populares de los años anteriores. Recordarlos es una forma de hacerles justicia.

viernes, 20 de julio de 2012

Norberto Galasso presentó su nuevo libro "La compañera Evita"

Galasso tiene en sus manos el libro que presentó en ND Ateneo
El historiador Norberto Galasso afirmó que "homenajear a Eva Perón es tener compromiso y militancia permanente", al presentar su nuevo libro "La compañera Evita" que repasa exhaustivamente la vida de la líder del justicialismo e indaga sobre aspectos menos explorados de su carrera política.
Acompañado por el histórico dirigente sindical Alfredo Ferraresi y el referente de la organización Los Pibes, Lito Borello, Galasso comenzó, este jueves a la noche, su intervención pidiendo un aplauso para Ana Carmen Macri, amiga personal de Evita, quien asistió al teatro ND Ateneo para escuchar al historiador desglosar algunos de los capítulos de la biografía.

Galasso hizo un recorrido por la vida de Eva desde su nacimiento hasta su muerte, rescatando siempre la vocación política y revolucionaria de la primera dama de Juan Domingo Perón, y destacando su nombre como una definición de "compromiso y militancia permanente, no de grandes palabras, pero sí como decía ella: "Cuando yo le doy algo a un pobre, en realidad no le estoy dando algo; le estoy devolviendo lo que le han quitado". 

Galasso aseguró, al referirse a uno de los tantos aspectos de su vida, que Eva Perón fue "algo así como un ministro de Trabajo paralelo", al explicar que ella era quien mantenía "un contacto directo entre el líder del movimiento y un sector del movimiento, que eran los trabajadores. Porque lo mantenía informado a Perón acerca de los conflictos".

Al profundizar en aspectos menos explorados sobre la vida política de la referente del Justicialismo, el autor señaló que Evita "hizo gremialismo antes de conocer a Perón", al evocar que fue una de las socias fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), una entidad gremial constituida para defender los derechos de los trabajadores de la radiofonía argentina.

En tanto, sobre el contexto regional, el autor sostuvo que América Latina se encuentra ante "una oportunidad histórica y extraordinaria mientras el mundo tiene una crisis profunda y dramática con lo que está sucediendo en Italia, Grecia, España. Y mismo Estados Unidos tiene un nivel de desocupación mayor al nuestro, con tasas que no han bajado del 17 por ciento".

El encuentro contó con las adhesiones, entre otros, de los diputados nacionales del Frente para la Victoria (FpV), Adriana Puiggrós, Héctor Recalde y Facundo Moyano, mientras que se esperaba la participación de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien no pudo llegar al encuentro por el tráfico que afectaba las calles porteñas.

La actividad fue convocada por el Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela, la Corriente Política Enrique Santos Discépolo y la Editorial Colihue.

“El Gobierno está condenado a tomar decisiones cada vez más audaces”

Horacio González
Por Néstor Leone

Horacio González, sociólogo y ensayista, reflexiona sobre el momento actual y las relaciones entre el aparato justicialista, la identidad peronista y la política oficial.

Director de la Biblioteca Nacional, intelectual respetado en ámbitos diversos y autor, entre muchos libros, de Kirchnerismo: una controversia cultural, Horacio González pondera la naturaleza política de la gestión actual, considera los contornos de algo que podría empezar a llamarse “cristinismo” y marca los desafíos políticos e intelectuales de los tiempos que vienen. A su vez, señala la necesidad de promover una política más frentista, analiza la estrategia de alianzas e introduce la cuestión de la reforma de la Constitución que, explica, va más allá de la cuestión reeleccionaria.

¿Cómo aproximarse a esta especie de tensión abierta entre el gobierno nacional y algunos espacios que formaban parte de su más inmediata línea de aliados?
En primer lugar, me sorprendió la naturaleza del desafío que propuso Hugo Moyano. No parecía estar albergada en el conjunto de contradicciones tolerables que había hasta aquí entre el Gobierno y el sindicalismo. Pero más me sorprendió la virulencia que tuvo al lanzar su diferendo en un programa de televisión de TN y en medio de un gran dramatismo. A eso le sumó, luego, un discurso en Plaza de Mayo en el que acusó a la Presidenta de absorber la política nacional indiscriminadamente y no dejar lugar para las reivindicaciones sindicales clásicas del peronismo, poniendo la cuestión como una interpelación sobre el mismo peronismo.

Teniendo en cuenta el lugar que ocupan el movimiento obrero y la CGT en el imaginario y la ingeniería peronista, y el valor de la unidad, ¿qué representa esta ruptura con Moyano y la fragmentación de la central sindical?
Es una preocupación, que incluye una paradoja bastante visible. El Gobierno necesita apoyarse en un conjunto de sindicatos ligados a la producción, más afines a la tradición clásica del peronismo y más afines, también, con el modelo nacional, popular y productivo que la Presidenta defiende y promueve. Pero, aunque son parte de los elementos que están en juego, no son los únicos. En realidad, la escena es mucho más dramática.

¿En qué sentido?
En el sentido en que se escinden fuerzas que estaban coaligadas y surgen con nuevas alianzas no previstas. Es lógico, en este contexto, que aparezcan preguntas con respecto al tipo de alianzas que se establecen, dado que no es lo mismo cualquier alianza. De alguna manera, las alianzas sindicales, todas, tienen sus problemas específicos. Moyano los tenía, sin dudas. En la Argentina se están discutiendo temas fundamentales y la Presidenta les hace frente: el de la producción, por ejemplo, pero también el del tiempo. Creo que el tiempo es el otro tema fundamental que da tintes de dramatismo. Desde Maquiavelo en adelante, por otra parte, está presente en todas las reflexiones políticas.

Con respecto a esto se dice: “el kirchnerismo se equivoca en adelantar las disputas que sobrevendrían o que están en el horizonte”.
Sobre el tiempo, en política, nadie sabe demasiado. Eso hace que sea tan fascinante. Voy a definir a la Presidenta como alguien que reflexiona sobre su papel y que no es la figura que a veces se quiere pintar en ciertos artículos del diario La Nación, como alguien que goza del mando, como si ahí se acabara la cuestión. Y dentro de esas reflexiones de la Presidenta está el tiempo. Es notable cómo menciona esta cuestión, lo pasajero de las cosas, su transitoriedad. Lo dijo de muchas maneras. ¿Hay que darle o no importancia a esas reflexiones? Yo se las doy. La política es algo que, para adentro, parece no tener límites, pero que sospecha siempre de los límites del tiempo.

Y en el peronismo, la dialéctica tiempo-organización fue siempre uno de sus ejes centrales.
Es una buena observación. La idea del tiempo que había en Perón era la de un gran escéptico, de un gran estoico. Hay dos grandes utilizaciones de la idea del tiempo en el peronismo. Una, “la organización vence al tiempo”, una frase complaciente que la historia sutilmente desmiente. ¿Qué organización vence al tiempo? Lo que hay es la mirada sobre cómo caen las construcciones políticas y cómo el tiempo vence a la organización. Perón establece una inversión a la idea de los poderes del tiempo. Y algo de eso, de todos modos, muestra el peronismo, con su nombre, con la forma de invocar sus emblemas, tan presentes en la Argentina.

¿Y la otra?
La otra frase es en relación al uso de los instrumentos de la política: “es preferible el tiempo que la sangre”. Es un poco contradictoria con la anterior, es cierto, porque aquí el tiempo vencería a los apresurados, a los violentos. Es decir, el peronismo tiene dos versiones del tiempo. Una es una versión homogénea, unánime, compañera de las organizaciones populares. En la otra versión, el tiempo es un adversario. Todos estos elementos, con nuevos y viejos nombres, son los que están hoy presentes.

¿En qué sentido?
Cuando la Presidenta habla de unidad, solidaridad y organización hace referencia al último Perón. Perón es alguien que cultivaba su nombre como factor productivo; es un productivista de su nombre. Y a veces se asombraba de las cosas que se hacían en su nombre. Rodolfo Ortega Peña, que tenía mucha lucidez, decía: “Perón pone a Perón, ¿usted qué pone?”. Perón ponía lo que ya estaba, la militancia tenía que hacer lo suyo, lo otro. Posiblemente pelear sobre el nombre de Perón de un modo que a Perón le disgustaba haya sido un error de los setenta. Una vez participé en Olivos de una reunión con la Juventud Peronista de aquella época, y alguien le dijo que ha ido por las provincias llevando su nombre y hablando de la revolución social. Entonces, Perón le contesta: “Ah, ¿todo el trabajo lo hago yo?”. A Perón no le gustaba que su nombre presidiera algo con lo que no estaba de acuerdo. De alguna manera achicó la expansión de su nombre. Al ver eso, el llamado a la unidad, la solidaridad y la organización tenía una característica casi extrema. Era llamar a los más fieles, en el seno de miles y miles que usaron su nombre.

¿Es lo que está haciendo Cristina?
No es ésta la situación que vivimos ahora, claramente. Pero vivimos, efectivamente, una situación de similar dramatismo. Ese llamado a la unidad lo es. No indica que la historia sea circular y que la Argentina vuelva permanentemente hacia el mismo punto, pero sí indica un dilema alrededor de la interpretación del peronismo. Nuevamente se pueden leer artículos en el diario La Nación respecto a que el peronismo ocuparía toda la escena, que sería una totalidad “hacia” el totalismo y que la ausencia de pluralismo conduciría a escenas de violencia ante la supuesta ausencia de reglas para dirimir sus conflictos internos… No desprecio esa discusión, pero si se reconoce que estamos dentro de un conflicto de naturaleza política y económica, conflicto entre interpretaciones de la historia, conflicto también por sucesión presidencial. Personalmente, no veo impropio reconocer ese conflicto y, en ese reconocimiento, desplegar las reglas que lo procesen.

Cuando se habla de aliados políticos y alianzas sociales que se ganan o se pierden, se habla también de la búsqueda de construcción de mayorías. El Gobierno ha logrado construirlas aun cuando no se lo esperaba o en situaciones muy cuesta arriba. ¿Qué significan estas últimas movidas, en ese sentido?
Del kirchnerismo originario hay una característica que se sigue manteniendo: toma decisiones bajo el acoso de fuerzas muy poderosas, globales y nacionales. Existe un discurso muy ofensivo de parte de esa oposición, en el sentido moral y práctico-político, y eso mantiene a la Presidenta en permanente tensión. Y en esa tensión ha tomado sus mejores decisiones: la Ley de Medios, la Asignación Universal, la expropiación de YPF. Ahora, sus mejores decisiones también están acosadas, lo que obliga a una cadena de mejores decisiones posteriores. Es decir, el kirchnerismo está más condenado que el peronismo originario a tomar cada vez decisiones más audaces. Ahora bien, la famosa audacia, que citaron Danton y Lenin, no consigue establecer por sí sola un espacio de profundidad democrática. La audacia tiene que asociarse a la imaginación, a la movilización social y al establecimiento de ámbitos institucionales que procesen el conflicto interno en las fuerzas de cambio.

La audacia y el cálculo, diría Beatriz Sarlo, casi como un elogio.
Me había olvidado que el título del libro era ése... La proposición de Sarlo es interesante porque equilibra las dos cosas. La audacia proviene de una especie de divina irresponsabilidad, de una imaginación desbordante, de un traspaso de límites; en tanto, el cálculo lo atenúa y lo remite a las instituciones. Entre esas dos proporciones se mueve la política en el kirchnerismo. A mí, que acompaño al Gobierno y soy funcionario, me gustaría que quedase más explicitado todo esto para generar un capítulo nuevo en la política argentina. El kirchnerismo lo es: es un capítulo nuevo. Pero quizá se necesitaría un grado mayor de explicitación de los términos de esta confrontación, cosa que también exigiría un esfuerzo mayor para construir ciertos textos comunes. Muchos de ellos emanan de los discursos de la Presidenta, pero la cuestión de fondo que planteo es la necesidad de que esos discursos puedan dialogar con los nuevos textos de época.

¿Cuáles? ¿Existen como tales?
La razón populista, de Ernesto Laclau, lo hace, pero es un texto de características académicas muy avanzadas y no tiene relación directa con el idioma político que se usa aquí en la Argentina o en cualquier otra parte. Sin embargo, hay ahí problemas fundamentales que son tratados, como “la decisión que es parte de un vacío”. El populismo de Laclau es un sistema de llamados y eso el kirchnerismo lo conoce bien. Yo soy el producto, en la memoria peronista, de un llamado telefónico: el de Kirchner a un tipo como yo, un simple profesor universitario, que había vivido la historia del peronismo y que no tenía mayores expectativas, al que convocaban para traspasar un límite. Ahora bien, se necesitan nuevos llamados como ése, a otras personas, a otras identidades. Y eso supone la existencia de un frente.

¿En términos tradicionales?
Mis amigos me dicen: “¿Qué frente? ¿Con los socialistas? ¡Si están siempre en contra! ¿Con los radicales?” No soy tan ingenuo como para pensar eso. En ese sentido, parece interesante una reforma institucional que tuviera como sujeto cambiar los sistemas que durante décadas ha gobernado a la Argentina: de propiedad, de producción de la tierra, de derechos. Son cosas que podrían tener estatuto constitucional junto a la cláusula de la reelección, a la cual no le tendría temor si apareciera engarzada con estos grandes cambios constitucionales y en un estilo de gobierno en el que se reproduzcan aquellos “llamados” del primer Kirchner a situaciones nuevas. El frentismo lo que hace es omitir, por un momento, que cada sector social argentino tenga que participar en una alianza a través de sus mediaciones. No dice “CGT y empresarios”, como haría un Consejo Económico y Social. Al omitirla, el frentista dice “trabajadores, estudiantes, intelectuales, empresarios”, lo cual permite mencionar historias de vida, ocupaciones y formas de ciudadanía. En definitiva, construcción de ciudadanía social, que es un concepto que me parece que falta.

¿Esos serían los contornos de ese “nuevo capítulo” del que hablaba recién?
Sí, exactamente. Cuando el kirchnerismo, y ahora el cristinismo, mayores dificultades atraviesan, y este momento es de dificultades, aparece más la inventiva. En la tradición liberal, a la que respeto aunque le siga criticando muchas cosas, el obstáculo está fuera de sí. En la tradición nacional-popular, en cambio, reconoce que puede estar en sí mismo. Por tanto, trabaja con ellos y sobre ellos. Por eso, también, puede ser muy “absorbente” respecto a los elementos prácticos interesantes de la tradición liberal-republicana. Desde el punto de vista constitucional, la Argentina tiene que estar entre Arturo Sampay y Juan Bautista Alberdi. De Alberdi deberíamos tomar el espíritu cosmopolita, productivista y presidentalista de la Constitución argentina. Y de Sampay, el espíritu del procedimiento estatal para generar comunidades capaces de asumir la gran responsabilidad de tomar la riqueza del país desde el punto de vista de un Estado democrático. Eso sí, le agregaría el derecho de huelga. E incluiría entero el artículo 14 bis.

Los Duhalde y el llamado Peronismo Federal, aparentemente, ya no representan disidencia posible. La disidencia, se especula, podría venir del propio seno de quienes hoy se asumen kirchneristas.
Una parte de la polémica vendrá con aquellos que acusen al kirchnerismo de no ser peronista, cosa que de alguna manera hizo Moyano en la Plaza.

Cuando pareció reaparecer el “peronómetro”…
No me refiero al peronómetro. Invocó ni más ni menos que a Ricardo Balbín y su abrazo con Perón. La Presidenta bien podría hacerlo, porque su concepción también atraviesa ese momento. Si la trasponemos a la relación con Julio Cobos fue un fracaso total. Sin embargo, creo que un diálogo diferente con figuras del radicalismo, del socialismo, del amplio abanico de las izquierdas, como de algún modo se insinúa en la reforma de los Códigos Civil o Procesal, o como se insinuó en el viaje al Comité de Descolonización de la ONU por Malvinas, es algo a ser planteado. No como unidad nacional en abstracto, sino como diálogo con una escucha hacia la izquierda. Defiendo un diálogo a explorar. Si no, el proceso de transformación pierde muchas discusiones; sobre todo, en términos de la cuestión energética, ambiental, indigenista. Y estas discusiones hacen al pluralismo de la Argentina.

Ligado a esto parecería persistir cierta tensión entre el peronismo como “partido del orden” y el peronismo como “partido de transformación”.
En los escritos originales de Perón las dos cosas tienen la misma importancia. Tiene una influencia del pensamiento organicista y, al mismo tiempo, está asistido por las furias. Y las furias, en general, son elementos de transformación. Es recordable tanto la figura de Sampay, que es el momento de la organización y el orden, como la de John William Cooke, que es el momento de la apertura cosmopolita hacia las grandes corrientes de la transformación mundial. El kirchnerismo no cultivó la escritura, como aquel peronismo. Cultiva la oratoria con grandes escenas que corresponde al momento en que atraviesan los medios. No en vano la lucha en los medios es una lucha por los medios, por escenas que se contraponen permanentemente. La Presidenta es una constructora de escenas muy importante.

¿En qué sentido?
En el discurso de la Presidenta está el discurso del orden, institucionalizador, y la tentación agonística, que es muy interesante, porque es lo que le da el alma a la política, es la lucha sin saber bien lo que va a pasar. Hace discursos de una gran energía discursiva y le pone contornos épicos, por ejemplo, a la inauguración de una fábrica de maquinarias. Y, a su vez, los discursos que da en los organismos internacionales son de una factura más calma, con definiciones muy agudas sobre la crisis internacional y conceptos de largo alcance, pero no por eso son menos intensos.

En 2003, en diálogo con Torcuato Di Tella, Néstor Kirchner afirmaba que el justicialismo, como tal, había devenido en una especie de “confederación de partidos provinciales”. ¿En qué estado está hoy la cuestión?
De alguna manera, el justicialismo clásico pervive en las provincias, con su tono conservador popular. Los estudios de Torcuato Di Tella, precisamente, marcan bien cómo el peronismo provincial hereda ese conservadurismo de los años cuarenta; incluso, en la provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo, en ese sentido, es una manera de elegir conflictos en el tiempo, como decía antes. Y, en relación a eso, no ha elegido tener conflicto con ninguna situación provincial y ha tendido, en general, a reproducir ciertas lógicas, aunque ahora, evidentemente, se haya elegido algún tipo de confrontación con Daniel Scioli.

No hay gobernadores que cuestionen el liderazgo de la Presidenta, pero sí cierta idea de organización de compartimentos estancos, parcelada por viejos o nuevos liderazgos muy locales que, desde ahí, afirman su adhesión a nivel nacional.
Ni siquiera sé si es una confederación de partidos. También hay que decir que el tipo histórico de los gobernadores del justicialismo es bastante parecido al de hoy, vengan o no del peronismo o sean radicales. Hay una situación superior que los acoge a todos, que son los regímenes de coparticipación, la tentación de un movimiento nacional y un sistema de protección para las provincias a veces llamado federalismo, sin más; un federalismo que tiene aspectos presupuestarios y muchas veces culturales que habría que reconstruir. Por eso me vuelvo a preguntar si no es tiempo de pensar en tiempos constitucionales, no sólo porque esté en juego la necesidad de tener espacios de tiempo adecuados para pensar en una sucesión que no debe ser traumática al punto de generar una tensión insoportable en la vida política argentina... Pienso en términos constitucionales porque creo que todos estos conflictos pueden ser procesados a través de un gran acuerdo que permita los próximos capítulos de la vida nacional. Por eso digo, también, que es un momento alberdiano. Convoco de nuevo a Sampay y digo que todo el constitucionalismo argentino debería estar dando un gran debate para ver si efectivamente es posible modificar términos constitucionales en medio del conflicto o si es más productivo hacerlo en medio de la calma.

¿Y usted qué cree?
Que en medio del conflicto es más interesante. La prueba es la Constitución de 1853. Momento más intranquilo y menos pacífico que ese, imposible. No la firmó Buenos Aires, por ejemplo. Volvería a Las Bases, de Alberdi, que fue la Constitución en las sombras, texto al que le cuestionaría muchas cosas, como el trastocamiento étnico del país que propone a través de la inmigración, pero es un gran impulso para pensar el país. Esto exige reflexiones profundas y más agudas sobre el siglo XIX. La Presidenta las hace, porque intenta respecto del XIX lo que no es fácil hacer con el XX, esa suerte de agrupamiento de la diversidad que hace cuando menciona a Belgrano, a Monteagudo, a Rosas, a la Batalla de Obligado, a las mujeres de Ayohuma… Está haciendo una especie de configuración de unanimidades en una historia del siglo XIX que estaba drásticamente partida en facciones. Ahora, esto mismo no es fácil hacerlo con el XX.

CRISTINISMO

En algún momento de la entrevista mencionó el término “cristinismo”. Quería preguntarle por las novedades y rupturas respecto del kirchnerismo original que traería para merecer una nominalidad propia.
La figura del ocupante del poder, para los contemporáneos, es lo que más importa. Para un historiador importa menos. De todos modos, se puede hablar de un “cristinismo”, que se compone de muchos elementos no declarados como tales. El estilo de la Presidenta es singular: atrae a mucha gente y mucha gente, también, la critica por eso. Tiene como rasgo fundamental quebrar la barrera entre la expresión estatal pública y las menciones circunstanciales, con un ramillete de observaciones sobre el teatro en el que ocurre el discurso. Por ejemplo, las interpelaciones a los ministros a la manera de alguien que toma lista, la mención de los camarógrafos… La Presidenta tiene una mirada de escenógrafa sobre su acto discursivo. El diario La Nación ve eso como una forma de totalismo. Y para otros es un motivo de gran atracción que el discurso público salga de la solemnidad del orador empacado con sus menciones a la crisis global y que tenga, también, menciones a chascarrillos aldeanos. Eso da lugar a un debate sobre la figura presidencial y abre la senda de un cristinismo dentro del kirchnerismo, que a su vez está dentro del peronismo, como un sistema de elementos empotrados unos sobre otros. Siempre fue así, por otra parte, porque la persona política tiene su dramaturgia propia y un nombre siempre es impregnador, y no creo que sea totalitarismo sino factores de la democratización del nombre.

SCIOLI

¿Qué tipo de peronismo representa la figura de Daniel Scioli?
Es una figura muy potente para ciertos sectores de las clases medias bajas, una figura de lo argentino, que supone una batalla permanente para disimular los focos de conflicto. Por ejemplo, su figura al lado de Cristina, en discursos en los que se lo ataca, resulta, de algún modo, atractiva. El que sabe aguantar y, al mismo tiempo, lo hace con ligero tinte de víctima, que se refleja en la impavidez de su rostro. Su estilo de esquivar tiene algo del deportista… De ahí y de su origen como miembro de una familia que vendía electrodomésticos saca sus estilos, con la idea de mercado de venta de objetos de consumo domésticos. Sus expresiones habituales son propias de un tipo de clase media argentina que no es fácil definir bien y que aparece en las palabras “aguante”, “se la bancó”, “puso la cara”… En fin, todos efectos de la simulación en política que a Scioli es lo mejor que le sale. Es inútil criticarle si tiene o no ideas políticas. Sus ideas políticas son ideas sobre su propio rostro. Y, por lo tanto, lo tendría que estudiar un politólogo especializado en grandes escenas fisonómicas.

Revista Debate
http://www.revistadebate.com.ar/2012/07/13/5660.php

Aguinaldo, la Nación asistirá a la provincia

Tras reunirse con Daniel Scioli, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que la Nación girará 600 millones de pesos al gobierno bonaerense, que la semana próxima saldará el pago del aguinaldo. Además, se autorizó a la provincia a emitir más deuda. Emitido por Visión Siete, noticiero de la TV Pública argentina, el viernes 20 de julio de 2012.


lunes, 16 de julio de 2012

Daniel Scioli y Cristina, los topes de una disputa

Por Alejandro Horowicz

¿Se puede gobernar en minoría la principal provincia del mapa nacional? En todo caso, ¿por cuánto tiempo? La política nacional guarda un misterio escrutable: ¿que hará Daniel Scioli?

Una parodia de crisis política mece la poltrona del gobernador de la provincia de Buenos Aires. Eso sí, la tenaza limita su juego: a la hora de la verdad numérica sus huestes quedaron sensiblemente reducidas; y en la legislatura provincial, al menos, el gobernador está en minoría. La fragilidad de su estructura política quedó al descubierto.

¿Se puede gobernar en minoría la principal provincia del mapa nacional? En todo caso, ¿por cuánto tiempo? En una de las caras de la tenaza bonaerense está la presidenta de la República, en la otra un reguero de reclamos de empleados públicos que intentan cobrar trabajosamente el aguinaldo. Encima la oposición, para auxiliarlo, pide un precio que Scioli no parece dispuesto a pagar: saltar la tranquera; restablecer sus “naturales” vasos comunicantes con “amigos” de igual ADN ideológico. Asumirse como “jefe” de toda la oposición, nacionalizar el conflicto provincial. ¿Lo hará?

Consideremos esa hipótesis: la UCR bonaerense le tiende la mano, sus diputados se suman a los del gobernador, incluso los sobrevivientes del Peronismo Federal terminan por apoyarlo. En ese caso, el brumoso quinteto que dice acompañarlo persistirá en la tarea. Y si lo hace, alcanzará para quebrar la tenaza. Pero ni los radicales, ni los seguidores del puntero de Lomas de Zamora, parecen materia dispuesta a votar una ley que arrime recursos reduciendo, por ejemplo, la astronómica tasa de ganancia de los pools sojeros; después de todo, la pequeña corrección del impuesto inmobiliario rural gatilló la resistencia de la Mesa de Enlace; sin embargo, el gobernador no podrá zafar sin incrementar los acotados recursos propios. Ahí se obtiene la primera conclusión tajante: saltar el cerco no le sirve, no para seguir gobernando con una mayor cuota de oxigeno político. ¿El gobernador se terminará acomodando a tan incómoda montura?

Avancemos despacio. La oposición no puede respaldar a Scioli más allá del parloteo; el gobernador solicita, requiere, necesita dinero fresco. O lo genera mediante impuestos provinciales (después de todo, esa sería la retraducción práctica de la andanada discursiva presidencial) o lo recibe del Poder Ejecutivo. La oposición no puede apoyar una cosa ni lograr la otra, por tanto sigue en el limbo, carece de política propia. No es la lealtad la que le impide a Scioli invertir las alianzas, sino la dura materialidad de la política práctica. Salvo que decida inmolarse.

A ver, Horowicz, no se haga el vivo, usted sabe perfectamente que nadie se inmola en la política contemporánea, ni aquí ni en parte alguna. ¿Por qué un hombre que hizo de la obediente medianía su estrategia natural haría semejante cosa? Convengamos algo, estoy de acuerdo en que, en condiciones normales, ese sería el comportamiento esperable, pero estas no son condiciones normales y por tanto se pueden esperar curiosidades relevantes. Consideremos dos extremos lógicos, no políticos. En uno el gobernador “aguanta” todo y sobrevive. En el otro no aguanta más y pega el brinco. Primero, aguantar todo y sobrevivir no es exactamente lo mismo. Sobrevivir, para un hombre que mostró sus cartas presidenciales de movida, no puede ser otra cosa que conservar vivo su proyecto. ¿Si aguanta todo, su proyecto aguanta? Sólo si Cristina Fernández quiere. ¿Y si pega el salto? ¿Cómo? Da batalla pública para terminar renunciando y trasformarse en el punto de recomposición del universo anti -K.

Claro, Horowicz, es bueno que usted lo reconozca, esa es la madre del autoritarismo K. O Scioli se somete sin más, o pega el salto. Y eso es lo que queríamos demostrar: no es que Scioli quiera irse, es Cristina quien empuja.

¿Esa es una sucia maniobra desestabilizadora? ¿O es simplemente naturaleza del modelo político argentino? En un sistema presidencialista, el presidente elige a su sucesor, después de todo "poder" es un verbo que se conjuga solamente en presente del indicativo. Toda discusión sobre el poder futuro, discute de hecho quién manda hoy. Roca eligió a Juárez Celman; Roque Sáenz Peña a Hipólito Yrigoyen; e Yrigoyen hizo lo propio con Marcelo Torcuato de Alvear, quien le devolvió la poltrona a Yrigoyen. Sólo el coronel Perón tuvo un padrino plebeyo, el 17 de octubre, y el bloque de clases dominantes jamás se lo perdonó. Carlos Menem optó por Fernando De la Rúa, y Eduardo Duhalde ubicó a Néstor Kirchner en Balcarce 50. Y esa termina siendo una decisión plebiscitada: la sociedad argentina la convalida o la rechaza en las urnas.

Además, el enfrentamiento entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires con el presidente de la República es una palinodia que también se repite. Recordemos, el General Perón y el gobernador Mercante, durante el primer peronismo; el presidente Frondizi y el gobernador Alende, en el año '62; de nuevo Perón y el gobernador Oscar Bidegain, en el '74; y si la escena no se repitió con Raúl Alfonsín fue porque la UCR perdió, en el '87, esa estratégica provincia a manos de Antonio Cafiero; pero con Menem y Eduardo Duhalde el conflicto recobró máxima intensidad, en su anteúltima versión. Por eso Menem optó por Fernando de la Rúa. Entonces, salvo durante los gobiernos militares, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, por peso específico del distrito, termina siendo un “enemigo natural” del presidente. No es la “personalidad” de Cristina, un tanto sobreestimada en esta versión sencillota, sino el funcionamiento de la estructura.

Esa es la historia nacional, y para que no se repita es preciso cambiar de modelo político; poner en marcha la alternativa parlamentaria, reformar la Constitución. No grita enardecida la oposición, ese es un traje a medida de Cristina, la otra cara del continuismo. Ahora podemos entender, la oposición requiere de un animal que no provee la zoología política. Ni acepta un nuevo presidente fogoneado por la Casa Rosada, ni tolera un gobierno parlamentario. Quiere designar el próximo presidente como derecho natural inalienable, como durante el ciclo 1983–2001, donde se votara lo que se votara todos los gobiernos hacían lo mismo, y para lograrlo espera que la crisis global arrime la brasa y la economía nacional se detenga.

Entonces, razonan a media voz, cuando quede claro que no sirven, que sólo ejercen su cruel despotismo personal sin límite republicano, la sociedad argentina reaccionará. El razonamiento es simple. Si el enojo clasemediero por las dificultades para hacerse de dólares siguiera su curso, si los precios de los productos de la canasta familiar se volvieran a empinar y la economía se terminara estancando, después de todo la brasileña ya lo hizo, hasta los amigos del gobierno se convertirían en sus enemigos. El viento de cola habría sostenido el barrilete; con un huracán soplando en sentido opuesto se caería.

Un silencio denso se instala en el horizonte político nacional, es evidente que no faltan irresponsables que apuestan a las virtudes pedagógicas de la crisis, a que la marcha de sus volutas arrase una vez más la estragada piel de la sociedad argentina y la rehaga a la griega. Pero la compacta mayoría de la sociedad argentina está condenada al sentido común. Y nadie con sentido común está dispuesto a dejarse arrasar primero, para que después Scioli sea presidente. Es un poco mucho. Sólo la Mesa de Enlace, en privado, puede permitirse semejante tipo de “reflexión”; y nada indica que esa interesada voluntad suicida puesta en marcha (después de todo las crisis no sólo tienen perdedores también están los “ganadores sistémicos”) termine por cristalizar otra mayoría amorfa capaz de avanzar alegremente en dirección a la nada. Sobre todo, mientras la experiencia de 2001 sigue estando tan fresca en la cabeza de casi todos.

16/07/12 Página|12

¡HAGÁMOSLA FÁCIL!, DIJO CRISTINA.

Por Ernesto Jauretche
Con encanto femenino y la llana dialéctica de los justos, enarboló sus mejores talentos. Lo miró a los ojos. Se lo dijo a la Cadena Nacional, a la Patria, sin altivez ni suspicacia. Sencillamente.
 
Como quien otea el vacío le correspondió un rostro inexpresivo, impávido y mediocre.
 
¿No podés pagar los aguinaldos? ¿Pretendés que la Nación te saque de un apuro al que te condujo tanto tu incapacidad de gobierno como tu estrategia pusilánime? ¿Querés que sean los trabajadores quienes te banquen el alto lugar en las encuestas? Pues, ha llegado la hora de que dejes hacerte el boludo; terminala con esa cara de póker.
 
Aquí nos estamos jugando para la historia; a matar o morir; esto no es un colegio de señoritas. Este gobierno no admite vividores: "Tuve un maestro que me enseño que no hay manera de poder sobrevivir si no se administra y gestiona como se debe", dijo la Presidenta. Ojo, parece que no te diste cuenta: hace nueve años que cambió un paradigma; desde que  llegó Néstor, la variable de ajuste de la economía no es el salario; son las grandes rentas parasitarias.
 
Vos pretendés seguir cultivando un noviazgo con la Sociedad Rural y los grandes propietarios bonaerenses para conservar “la imagen” en todos los sectores sociales. Sí, es una gestión puramente electoral, que te puede llegar a dar rédito en votos; pero eso no es política, amigo: política es jugarse por el compañero en desgracia, defender ideas y proyectos, arriesgar, apostar a la justicia, a la independencia, a la soberanía, aunque cueste precios (lo otro es, como decía Evita, “tener alma de oligarca”). Sólo reclamamos que te saques los pantalones cortos y te pongas el overall, que seas hombre, que crezcas. Si es así, te necesitamos, no creas que vamos a matarte porque sí. No te tenemos bronca, somos generosos y muy amplios, como es siempre el pueblo.
 
Pero hay que elegir, muchacho: no te vamos a dejar que juegues al mismo tiempo con Dios y con el Diablo. NO, si querés seguir perteneciendo a nuestras filas (si te cuadra, andate con De Narváez, por ejemplo). Estás con nosotros o contra nosotros.
 
“Cuando los altos destinos de la Patria están en juego, ningún ciudadano puede estar en la tierra de nadie, porque eso es traición”, decía nuestro gran maestro. Y así lo entendemos, porque tenemos un sentido heroico de la política; no vivimos de la política; entregamos todo a la política. Es una ética. Así deberán aceptarlo quienes quieran seguir con nosotros.
 
De este lado estamos tus amigos y te vamos a ayudar, pero  tenés que jugarte por el proyecto nacional y popular y dejar de andar dando vueltas, de pronunciar ambiguedades, de tener actitudes confusas y de jugar al fútbol con dráculas. Lo tuyo es pura inmadurez, no paciencia: dejá de aparentar aguante (que es cobardía, ineptitud para afrontar el desafío de un gobierno popular). Si pretendés ser jefe, llegó la hora de jugarte. Ningún dirigente llega a líder con tan pocos coirones (menos en el peronismo, donde cualquier mujer es más varón que los que se dicen hombres y se las aguantan todas por interés, por más que tengan un brazo menos para victimizarse).
 
Se acabó: no vas a hacer campaña electoral con plata del país y menos de los laburantes. ¿Querés seguir jugando al bueno, al ecuménico, al tolerante, al conciliador? No con nosotros. Este es un gobierno peronista; a ver si entendés: para hacer una tortilla hay que romper huevos. Para darle al pueblo hace falta sacarle a los magnates. Entonces, ¿porqué la Nación tendría que salir a cubrir los déficit de la provincia que gobernás? En todo caso, saldrá en defensa de las que son pobres; pero nunca de la más poderosa del país, reino de la evasión y elusión de impuestos: cobrale a los pool de siembra, a los ricos, no a los asalariados. "Siempre hay que optar, en la economía nada es neutro, cuando se le da a uno, es porque lo pone el otro".
 
Vas a perder algunos votos, pero son más los que te van a recompensar y, en todo caso, es más digno.
 
¿Plata nuestra, de todo el país, del pueblo, para que vos te hagas la campaña de amigo tolerando la estafa de la SRA para que te apoye? ¿Querés seguir con el aquí no pasa nada, cuando el país entero está en guerra con los monopolios, las corporaciones y la oligarquía? No te vamos a permitir que prepares tu campaña electoral (que ya largaste) sobre las bases de  culpabilizar a la Presidencia de la Nación porque no te da fondos que tenés a la mano en las estancias y grupos sojeros de la Provincia. No te vamos a aceptar que te pongas en lugar de víctima (esa, contásela a Magneto) cuando estás protegiendo los intereses de los sectores económicos más poderosos.
 
La Nación tiene los recursos, pero los obtiene a partir de una política de confrontación con las corporaciones, porque este es un gobierno revolucionario; a ver si te das cuenta. “La gente va a demandar a todos y cada uno de sus dirigentes, y la historia finalmente también lo hará, es qué hicieron cuando estuvieron a cargo de tamaña responsabilidad otorgada por el voto popular". No estamos a disposición de ningún oportunista político sin proyecto nacional ni arraigo social: tenemos un horizonte utópico de Nación grande con un Pueblo feliz.
 
Si querés poner en orden la economía de la provincia, salí a buscar los recursos allí dónde están: no los tienen los empleados públicos como para financiar un pago del aguinaldo en cuotas; no los tiene la Nación para los que no tributan lealtad a sus objetivos. Sí deberán pagarlo los que tienen todas los franquicias económicas, impositivas y privilegios históricos y detentan la renta agraria de la región agropecuaria más rica de la Argentina (y del mundo).
 
11 de julio de 2012

LA COMPAÑERA EVITA DE GALASSO

Presentación del nuevo libro de
Norberto Galasso
"La compañera Evita. Vida de Eva Duarte de Perón"
 
El próximo
jueves, 19 de julio/2012, a las 19.00 hs.
en el ND Ateneo,
Paraguay 918
Capital Federal
 
Contaremos con la presencia de
Alfredo Ferraresi, Lito Borello y el autor

Invitan
* Centro de Estudios Históricos,
Políticos y Sociales Felipe Varela
* Corriente Política Enrique Santos Discépolo
* Editorial Colihue

viernes, 13 de julio de 2012

NACE FERMÍN CHÁVEZ

Fermín Chávez
Nació en la ciudad entrerriana de Nogoyá el 13 de julio de 1924. "Soy de una familia del campo. Cuando avanzó el tiempo decidí ir a investigar a los archivos", recordó en su momento. 

En la escuela provincial le enseñaran que el héroe era Urquiza y el demonio López Jordán, sin embargo, en su familia la versión era la contraria.

Su abuela era de Paysandú y con dos hermanas logró escapar del sitio de 1875 y se fueron a Entre Ríos, como muchas familias de la provincia, y contaban una historia distinta.
 

Cuando avanzó el tiempo Chávez se interesó en la historia, en la década del ’50, decidió ir a investigar a los archivos.

De allí nació un libro muy documentado sobre "Vida y muerte de López Jordán". De esa misma investigación salió más adelante "Vida de Chacho" (Peñaloza).


Fermín Chávez fue un militante justicialista histórico, cercano al círculo de allegados a Evita, figura de la resistencia y miembro de la delegación que acompañó a Perón en su regreso definitivo al país.

Su modo de cuestionar la tradición historiográfica liberal, que afianzó un modelo de país “donde los próceres jamás fueron cuestionados y aparecieron como una suma de monumentos que ni siquiera se enfermaban”, lo convirtió en un referente ineludible del pensamiento nacional y de la cultura argentina.
 

Autor de más de 40 libros en los que también transita por la poesía, Chávez sostenía que el revisionismo histórico le posibilitó "una visión distinta para discutir los acontecimientos sociales, políticos, culturales y económicos".
 

Entre sus obras figuran "Civilización y barbarie", "Perón y el peronismo en la historia contemporánea", "Eva Perón en la historia", "Eva Perón sin mitos", "Historia del país de los argentinos", "Poemas con matreros y matreras", "El diputado y el Político" (John William Cooke), "Pensamiento Nacional", "La chispa de Perón".
 

También participó en el documental Padre Mugica, realizado en 1999, y en el film Evita.
 En octubre de 2002 la Legislatura porteña lo declaró Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Con Chávez se fue uno de los últimos eruditos de la historia argentina, un hombre que puso sus conocimientos al servicio del pensamiento nacional y popular.

viernes, 6 de julio de 2012

6/07/1947, el presidente Perón, dirigió un mensaje a los pueblos del mundo por 1.117 emisoras. JULIO DE 1947 NACIA LA TERCERA POSICION DE JUAN PERÓN

Gentileza de Miguel Eduardo Landro desde San Luís, República Argentina

EL MENSAJE DEL HOMBRE, DE JUAN PERÓN.

Por Fermín Chávez


16 de julio de 1947, el presidente argentino, General Juan Domingo Perón, dirigió un mensaje a todos los pueblos del mundo, por medio de más de 1.000 radioemisoras (entre ellas, la BBC de Londres), en que planteaba objetivos de cooperación económica y de paz mundial, desechando los extremismos capitalistas y totalitarios, fuesen éstos de derecha o de izquierda. 

"La labor
-señaló  Perón- para lograr la paz internacional debe realizarse sobre la base del abandono de ideologías antagónicas y la creación de una conciencia mundial de que el hombre está sobre los sistemas y las ideologías, no siendo por ello aceptable que se destruya la humanidad en holocausto de hegemonías de derecha o de izquierda."

En su histórico mensaje Perón reclamaba el desarme espiritual de la humanidad, desde que ya no podían ser factores coexistentes en el mundo la miseria y la abundancia, la paz y la guerra. 


El documento 'Por la cooperación económica y la paz mundial' fue enviado por la Cancillería argentina a los gobiernos hispanoamericanos y a la Santa Sede.


La idea de que el hombre está sobre los sistemas constituye el núcleo antropológico y filosófico de la Tercera Posición. 


Se trata del hombre integral, rescatado de las filosofías naturalistas, sociobiologistas, economicistas y materialistas dialécticas que reconocen como raíz el pensamiento de la ilustración, por el cual la persona humana quedó parcialmente vaciada, por exclusión de componentes sustanciales: las creencias, la fe, las potencias no racionales, el sentido de lo sagrado. 


El justicialismo reconoce su centro de irradiación en un hombre recuperado en la totalidad de su ser. Y se proyecta de lo interno a lo externo como Tercera Posición humanista y cristiana.


La propuesta, hecha desde la periferia del mundo, carecía entonces del poder suficiente para imponerse. 


La 'realpolitik' le exigirá a Perón concesiones y algunos renunciamientos, siempre en términos de praxis (nunca de doctrina), en ese mundo en derrumbe, cuya área periférica empezaba a conmoverse precisamente hacia 1947.


LA TERCERA POSICIÓN DE LA ERA PERONISTA


Los principios de la Tercera Posición del gobierno peronista comprendían una serie de enunciados de alcance universal y apuntados a resguardar la convivencia pacífica entre las naciones, entre ellos los siguientes:
a) la igualdad jurídica de todos los estados soberanos;
b) la fraternidad y cooperación política y económica, como única forma de aproximar a las naciones sin recelo;
c) la amistad con todos los países del mundo, sin inclinarse hacia las hegemonías de izquierda y derecha;
d) la voluntad de servir a la humanidad en sus anhelos de paz interna e internacional, colocándose en la línea de ayuda “que le sugería el clamor universal” y sirviendo a “las energías del bien, para vencer las energías dominadas por el mal”; y
e) la situación de los pueblos en el concierto general, donde debían extender sus conceptos nacionales. (1) 

Dicha postura, como puede observarse, asignaba a la Argentina un especial protagonismo: con su doctrina de comprensión y entendimiento, este país llevaba una “avanzada por la paz internacional, colocándose con todos sus valores materiales y espirituales, en lo que puede llamarse el epicentro de este gran ciclo histórico en plena marcha”.


Por las rutas de la política internacional argentina, el mundo podría llegar a cerrar el nuevo ciclo de la historia universal con la proclamación de la paz. (2) 


El plan del presidente argentino para alcanzar la paz internacional, y que la Argentina pretendía proyectar al continente, constaba de tres etapas:
1º) adherir firmemente a estos principios pacifistas;
2º) acudir conjuntamente, los países americanos y la Santa Sede, ante los demás pueblos del mundo, para solicitarles la adhesión a estos principios pacifistas y ofrecerles la cooperación económica indispensable para materializar estos anhelos de todos los pueblos del mundo; y
3º) comprometernos a proclamar y realizar estos anhelos, teórica y empíricamente, entre los estados y también ante las asambleas, convenciones, congresos y reuniones internacionales. (3)  

De esta manera, el 6 de julio de 1947 el presidente Perón pronunció un mensaje exhortando a la paz del mundo. 


Afirmó que la Argentina “tomaba sobre sí la enorme responsabilidad de impulsar este pensamiento, que mueve el afán ardiente de mejorar la humanidad, sin que le falte la decisión ni las energías para, conjuntamente con otros pueblos, cristalizarlo”. (4) 


Según el presidente argentino, las naciones de América habían comprendido esta posición de la Argentina, que señalaba “un rumbo en medio de la ansiedad mundial por la paz”, y habían ido adhiriendo a la declaración argentina. (5) 


Por cierto, la Tercera Posición implicaba mantener una equidistancia de “ambos imperialismos”. 


La libertad no podía congeniarse con el capitalismo ni con el comunismo.
  “Si no existieran tales imperialismos, los pueblos podrían ser dueños de su destino, libres, independientes y soberanos dentro de sus fronteras”. 

El capitalismo se había mostrado insensible a los reclamos de los pueblos y por ello había sido superado por el comunismo, siendo el primero responsable de la penetración comunista. 


En este sentido el justicialismo era presentado como una instancia superadora y no se comprendía que fuera combatido por ambos imperialismos.

Suprimiendo los abusos capitalistas internos e internacionales, el justicialismo había dado origen a una evolución constructiva y salvadora. 


El mundo podría salvarse con los ideales justicialistas, para lo cual debían flamear en todos los continentes las tres banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. (6) 


La fuerte crítica justicialista al capitalismo foráneo señalaba que éste ejercía tutela, control y dominio sobre un país, constituyendo una forma de hegemonía económica condenable. 


El “imperialismo económico” era el procedimiento por el cual los estados fuertes, poderosamente evolucionados dentro de la organización capitalista, ejercían influencia sobre la producción de otros países (ricos en materias primas y posibilidades naturales), a los que, sin dominar políticamente, mantenían sometidos por la absorción sistemática de sus fuentes de riqueza y por el control estricto de su desenvolvimiento económico y financiero. (7) 


Lo último significaba una clara prédica del presidente argentino en contra de Estados Unidos, lo cual fue una constante de su gobierno. 


Ejemplo de ello fueron los artículos publicados por Perón en el diario Democracia con el seudónimo de
Descartes durante todo 1951 y comienzos de 1952. 

El presidente argentino afirmaba que la política del Departamento de Estado había generado en muchos países un clima impopular hacia Estados Unidos, limitando a muchos gobernantes anticomunistas en sus decisiones. (8)


Perón criticaba severamente que Estados Unidos hubiera rehusado sistemáticamente colaborar con América latina en un plan de industrialización y hubiera impedido la realización de la conferencia económica de Buenos Aires. 


Asimismo censuraba la implementación del plan Marshall, mencionando que había cerrado toda posibilidad de colocación de los excedentes latinoamericanos, y que, en el caso de la Argentina, había significado una agresión a su economía y provocado grandes dificultades en 1948. 


El presidente argentino recriminaba la actitud de los miembros de la embajada de Estados Unidos y de los representantes de la ECA, quienes habían dado toda clase de garantías verbales de que colocarían en nuestro país elevadas órdenes de compra, incluso solicitando que se reservara al efecto toda la producción nacional y no habían cumplido con nada. 


En febrero de 1952, Perón hacía también una dura crítica de las condiciones impuestas por Estados Unidos para otorgar su ayuda militar. (9) 


Perón recordó en muchas oportunidades cómo había sido tratada la Argentina por el gobierno norteamericano, mencionando la actuación del embajador Braden, el boicot económico, las consecuencias del anunciado y fallido plan Marshall para América latina y la Argentina, la actuación del agente Griffith en Buenos Aires y Montevideo, la acción de las agencias de noticias norteamericanas que se encargaban de desprestigiar el país, y la de cierta prensa pagada por Estados Unidos en México, Brasil y Uruguay en contra de la Argentina, los panfletos antiargentinos distribuidos por todo el continente, etc. (10)


Incluso Perón señalaba que con la proximidad de la guerra de Corea -que percibía como el comienzo de la Tercera Guerra Mundial-, había comenzado la intervención perjudicial de la política internacional -norteamericana- en los asuntos internos de los estados, situación que la Argentina ya había vivido con la actuación del embajador Braden. 


No obstante, y a pesar de la misma, el presidente argentino señalaba que Vargas y Paz Estenssoro habían triunfado en sus respectivos países, vaticinando que lo mismo ocurriría con Ibáñez en Chile.
 Según Perón los pueblos habían comenzado a comprender que la mejor posición en la política interna era oponerse a la intervención de dicha política internacional. (11)  

La severa crítica de Perón hacia Estados Unidos, sumada a toda la acción regional de Perón de uniones económicas con los países vecinos, que apuntaba a conformar un bloque austral de países o Confederación Latinoamericana de Naciones, (12) con el propósito de mantener una posición neutral respecto de los dos “imperialismos” en pugna -pero que en el continente americano significaba independencia frente a Estados Unidos- impidió que su política tuviera viabilidad. 


Por un lado, la prédica de Perón incentivó la animadversión ya presente desde antes de su asunción al gobierno en la opinión pública y en algunos sectores del gobierno norteamericano, lo cual profundizó la desconfianza hacia su gestión y provocó que la coerción económica se mantuviera -si bien no como política oficial del gobierno norteamericano. 


La claudicación final del  presidente argentino quedó simbolizada en el crédito solicitado al Eximbank en 1950. 


A su vez, a los países vecinos que optaban por la unión económica con la Argentina peronista, les llegaba el momento en que sus necesidades financieras los obligaban a recurrir a Estados Unidos y, consecuentemente, en cierto modo a renegar de su posición pro peronista. 


Además, por ejemplo, en los casos de Brasil y Chile -en el último durante todo el gobierno de Gabriel González Videla-, la opinión pública estuvo muy polarizada respecto de la conveniencia para el país de aceptar una unión económica con la Argentina. 


Se conformó asimismo un círculo perverso en las relaciones de los países de la región con la Argentina y Estados Unidos. 


Los países sudamericanos, conociendo la enemistad de Estados Unidos hacia la Argentina planteaban la supuesta amenaza representada por ésta -mencionando su expansionismo doctrinario, su búsqueda de hegemonía económica y su armamentismo- cada vez que necesitaban conseguir la ayuda financiera o militar norteamericana. 


A su vez, Estados Unidos predicaba la desconfianza hacia la Argentina hasta el momento que, ante los pedidos de asistencia de los países vecinos de la Argentina, el carácter amenazante de ésta desaparecía. 


Por otro lado, la difusión del pensamiento justicialista, así como de las ideas de Perón acerca de la diplomacia, del intervencionismo y la coerción internacional, de la publicidad y la propaganda, de la democracia y otros temas recurrentes de su discurso, se comportó como un boomerang que ejerció influencia en sectores de la opinión pública de países vecinos, sobre todo en Chile, Brasil y Uruguay. 


Estos no pudieron dejar de percibir los mismos vicios que la crítica justicialista puntualizaba en la propia acción de gobierno del presidente argentino, lo cual conspiró y sembró desconfianza hacia la asistencia e integración económica propuesta por el gobierno de Perón. 


En cierta forma, la Argentina peronista consiguió el efecto contrario al buscado, constituyendo un factor de tensión subregional e interregional, que afectó negativamente la evolución de las relaciones intra-latinoamericanas.

No debe dejar de mencionarse también que el ofrecimiento de cooperación económica, que era parte fundamental de la política liberadora que intentaba implementar Perón, no pudo concretarse como consecuencia de la vulnerable situación económica a que llegó la Argentina a comienzos de 1949 y que, como se dijo, produjo la suspensión de todos los convenios firmados entre 1946 y 1948. 

Lo mismo ocurrió con los intentos posteriores de 1953. 


Esto indicaría que la Argentina trató de buscar un liderazgo a nivel regional sustentado en una base muy débil, ofreciendo una ayuda por parte de una economía cuya solidez no estaba suficientemente afianzada. 


Por último, también constituyó un obstáculo la imposibilidad del gobierno peronista de generar consenso interno para su política exterior. 


La polarización creada en la sociedad argentina, producto de la modalidad de Perón de considerar a sus adversarios políticos como servidores de causas ajenas al país, y en última instancia traidores a la nación, (13) lo hizo imposible. 


NOTAS
 1.      Juan Perón, Hacia donde va la Argentina, Buenos Aires, Brunetti, s.f., pp. 62-63.
2.      Ibid., p. 63. Las cursivas son nuestras.
3.      Ibid., p. 65.
4.      Juan Perón, “Por la paz del mundo”. Mensaje pronunciado el 6 de julio de 1947, Buenos Aires, Consejo Nacional de Educación, s.f., p. 4.
5.      Juan Perón, Hacia donde va la Argentina, op. cit., p. 67.
6.      Juan Perón, Política y estrategia. Artículos publicados en el diario Democracia, firmados con el seudónimo “Descartes”, Buenos Aires, Pleamar, 1983, pp. 92, 96, 99, 48 y 12.
7.      Ejército Argentino, Manual de Doctrina Nacional, Buenos Aires, Pleamar, 1974 (1ª ed. 1953), pp. 61-62
.
8.      J. Perón, Política y estrategia, op. cit., pp. 5-6.
9.      Ibid., pp. 44, 137 y 212-213.
10. Ibid., pp. 67-68.
11. Ibid., pp. 79-80.
12. Ibid., p. 199.
13. Ibid., pp. 106-107. En opinión de Perón, el partido Comunista era gobernado por el Kominfor, es decir desde el exterior. Su doctrina era foránea, siendo su línea el imperialismo soviético enfrentado a las “fuerzas patriotas”. La Liga de los Derechos del Hombre, la Asociación de Mujeres Argentinas, la Federación Universitaria de Buenos Aires eran centros de espionaje y provocación de este sector extranjero. A su vez, el partido Socialista, perteneciente a la “Segunda Internacional”, reconstituida por el Congreso de Frankfurt, formaba parte de la organización internacional de obediencia socialista y estaba al servicio del imperialismo capitalista. Por último, las “bandas radicales” se habían aglutinado en 1945 detrás de los millones de Braden y también lo hacían en 1951. Dirigidos desde Montevideo, propiciaban la intervención extranjera, en busca de la ayuda financiera del Departamento de Estado. Eran asimismo instrumentos del imperialismo. Todos ellos conformaban, según el presidente argentino, un juego de “traición, infamia y mala fe”. Ibid., p. 106.

Extraído de
Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas