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lunes, 16 de julio de 2012

LA COMPAÑERA EVITA DE GALASSO

Presentación del nuevo libro de
Norberto Galasso
"La compañera Evita. Vida de Eva Duarte de Perón"
 
El próximo
jueves, 19 de julio/2012, a las 19.00 hs.
en el ND Ateneo,
Paraguay 918
Capital Federal
 
Contaremos con la presencia de
Alfredo Ferraresi, Lito Borello y el autor

Invitan
* Centro de Estudios Históricos,
Políticos y Sociales Felipe Varela
* Corriente Política Enrique Santos Discépolo
* Editorial Colihue

viernes, 13 de julio de 2012

NACE FERMÍN CHÁVEZ

Fermín Chávez
Nació en la ciudad entrerriana de Nogoyá el 13 de julio de 1924. "Soy de una familia del campo. Cuando avanzó el tiempo decidí ir a investigar a los archivos", recordó en su momento. 

En la escuela provincial le enseñaran que el héroe era Urquiza y el demonio López Jordán, sin embargo, en su familia la versión era la contraria.

Su abuela era de Paysandú y con dos hermanas logró escapar del sitio de 1875 y se fueron a Entre Ríos, como muchas familias de la provincia, y contaban una historia distinta.
 

Cuando avanzó el tiempo Chávez se interesó en la historia, en la década del ’50, decidió ir a investigar a los archivos.

De allí nació un libro muy documentado sobre "Vida y muerte de López Jordán". De esa misma investigación salió más adelante "Vida de Chacho" (Peñaloza).


Fermín Chávez fue un militante justicialista histórico, cercano al círculo de allegados a Evita, figura de la resistencia y miembro de la delegación que acompañó a Perón en su regreso definitivo al país.

Su modo de cuestionar la tradición historiográfica liberal, que afianzó un modelo de país “donde los próceres jamás fueron cuestionados y aparecieron como una suma de monumentos que ni siquiera se enfermaban”, lo convirtió en un referente ineludible del pensamiento nacional y de la cultura argentina.
 

Autor de más de 40 libros en los que también transita por la poesía, Chávez sostenía que el revisionismo histórico le posibilitó "una visión distinta para discutir los acontecimientos sociales, políticos, culturales y económicos".
 

Entre sus obras figuran "Civilización y barbarie", "Perón y el peronismo en la historia contemporánea", "Eva Perón en la historia", "Eva Perón sin mitos", "Historia del país de los argentinos", "Poemas con matreros y matreras", "El diputado y el Político" (John William Cooke), "Pensamiento Nacional", "La chispa de Perón".
 

También participó en el documental Padre Mugica, realizado en 1999, y en el film Evita.
 En octubre de 2002 la Legislatura porteña lo declaró Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Con Chávez se fue uno de los últimos eruditos de la historia argentina, un hombre que puso sus conocimientos al servicio del pensamiento nacional y popular.

viernes, 6 de julio de 2012

6/07/1947, el presidente Perón, dirigió un mensaje a los pueblos del mundo por 1.117 emisoras. JULIO DE 1947 NACIA LA TERCERA POSICION DE JUAN PERÓN

Gentileza de Miguel Eduardo Landro desde San Luís, República Argentina

EL MENSAJE DEL HOMBRE, DE JUAN PERÓN.

Por Fermín Chávez


16 de julio de 1947, el presidente argentino, General Juan Domingo Perón, dirigió un mensaje a todos los pueblos del mundo, por medio de más de 1.000 radioemisoras (entre ellas, la BBC de Londres), en que planteaba objetivos de cooperación económica y de paz mundial, desechando los extremismos capitalistas y totalitarios, fuesen éstos de derecha o de izquierda. 

"La labor
-señaló  Perón- para lograr la paz internacional debe realizarse sobre la base del abandono de ideologías antagónicas y la creación de una conciencia mundial de que el hombre está sobre los sistemas y las ideologías, no siendo por ello aceptable que se destruya la humanidad en holocausto de hegemonías de derecha o de izquierda."

En su histórico mensaje Perón reclamaba el desarme espiritual de la humanidad, desde que ya no podían ser factores coexistentes en el mundo la miseria y la abundancia, la paz y la guerra. 


El documento 'Por la cooperación económica y la paz mundial' fue enviado por la Cancillería argentina a los gobiernos hispanoamericanos y a la Santa Sede.


La idea de que el hombre está sobre los sistemas constituye el núcleo antropológico y filosófico de la Tercera Posición. 


Se trata del hombre integral, rescatado de las filosofías naturalistas, sociobiologistas, economicistas y materialistas dialécticas que reconocen como raíz el pensamiento de la ilustración, por el cual la persona humana quedó parcialmente vaciada, por exclusión de componentes sustanciales: las creencias, la fe, las potencias no racionales, el sentido de lo sagrado. 


El justicialismo reconoce su centro de irradiación en un hombre recuperado en la totalidad de su ser. Y se proyecta de lo interno a lo externo como Tercera Posición humanista y cristiana.


La propuesta, hecha desde la periferia del mundo, carecía entonces del poder suficiente para imponerse. 


La 'realpolitik' le exigirá a Perón concesiones y algunos renunciamientos, siempre en términos de praxis (nunca de doctrina), en ese mundo en derrumbe, cuya área periférica empezaba a conmoverse precisamente hacia 1947.


LA TERCERA POSICIÓN DE LA ERA PERONISTA


Los principios de la Tercera Posición del gobierno peronista comprendían una serie de enunciados de alcance universal y apuntados a resguardar la convivencia pacífica entre las naciones, entre ellos los siguientes:
a) la igualdad jurídica de todos los estados soberanos;
b) la fraternidad y cooperación política y económica, como única forma de aproximar a las naciones sin recelo;
c) la amistad con todos los países del mundo, sin inclinarse hacia las hegemonías de izquierda y derecha;
d) la voluntad de servir a la humanidad en sus anhelos de paz interna e internacional, colocándose en la línea de ayuda “que le sugería el clamor universal” y sirviendo a “las energías del bien, para vencer las energías dominadas por el mal”; y
e) la situación de los pueblos en el concierto general, donde debían extender sus conceptos nacionales. (1) 

Dicha postura, como puede observarse, asignaba a la Argentina un especial protagonismo: con su doctrina de comprensión y entendimiento, este país llevaba una “avanzada por la paz internacional, colocándose con todos sus valores materiales y espirituales, en lo que puede llamarse el epicentro de este gran ciclo histórico en plena marcha”.


Por las rutas de la política internacional argentina, el mundo podría llegar a cerrar el nuevo ciclo de la historia universal con la proclamación de la paz. (2) 


El plan del presidente argentino para alcanzar la paz internacional, y que la Argentina pretendía proyectar al continente, constaba de tres etapas:
1º) adherir firmemente a estos principios pacifistas;
2º) acudir conjuntamente, los países americanos y la Santa Sede, ante los demás pueblos del mundo, para solicitarles la adhesión a estos principios pacifistas y ofrecerles la cooperación económica indispensable para materializar estos anhelos de todos los pueblos del mundo; y
3º) comprometernos a proclamar y realizar estos anhelos, teórica y empíricamente, entre los estados y también ante las asambleas, convenciones, congresos y reuniones internacionales. (3)  

De esta manera, el 6 de julio de 1947 el presidente Perón pronunció un mensaje exhortando a la paz del mundo. 


Afirmó que la Argentina “tomaba sobre sí la enorme responsabilidad de impulsar este pensamiento, que mueve el afán ardiente de mejorar la humanidad, sin que le falte la decisión ni las energías para, conjuntamente con otros pueblos, cristalizarlo”. (4) 


Según el presidente argentino, las naciones de América habían comprendido esta posición de la Argentina, que señalaba “un rumbo en medio de la ansiedad mundial por la paz”, y habían ido adhiriendo a la declaración argentina. (5) 


Por cierto, la Tercera Posición implicaba mantener una equidistancia de “ambos imperialismos”. 


La libertad no podía congeniarse con el capitalismo ni con el comunismo.
  “Si no existieran tales imperialismos, los pueblos podrían ser dueños de su destino, libres, independientes y soberanos dentro de sus fronteras”. 

El capitalismo se había mostrado insensible a los reclamos de los pueblos y por ello había sido superado por el comunismo, siendo el primero responsable de la penetración comunista. 


En este sentido el justicialismo era presentado como una instancia superadora y no se comprendía que fuera combatido por ambos imperialismos.

Suprimiendo los abusos capitalistas internos e internacionales, el justicialismo había dado origen a una evolución constructiva y salvadora. 


El mundo podría salvarse con los ideales justicialistas, para lo cual debían flamear en todos los continentes las tres banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. (6) 


La fuerte crítica justicialista al capitalismo foráneo señalaba que éste ejercía tutela, control y dominio sobre un país, constituyendo una forma de hegemonía económica condenable. 


El “imperialismo económico” era el procedimiento por el cual los estados fuertes, poderosamente evolucionados dentro de la organización capitalista, ejercían influencia sobre la producción de otros países (ricos en materias primas y posibilidades naturales), a los que, sin dominar políticamente, mantenían sometidos por la absorción sistemática de sus fuentes de riqueza y por el control estricto de su desenvolvimiento económico y financiero. (7) 


Lo último significaba una clara prédica del presidente argentino en contra de Estados Unidos, lo cual fue una constante de su gobierno. 


Ejemplo de ello fueron los artículos publicados por Perón en el diario Democracia con el seudónimo de
Descartes durante todo 1951 y comienzos de 1952. 

El presidente argentino afirmaba que la política del Departamento de Estado había generado en muchos países un clima impopular hacia Estados Unidos, limitando a muchos gobernantes anticomunistas en sus decisiones. (8)


Perón criticaba severamente que Estados Unidos hubiera rehusado sistemáticamente colaborar con América latina en un plan de industrialización y hubiera impedido la realización de la conferencia económica de Buenos Aires. 


Asimismo censuraba la implementación del plan Marshall, mencionando que había cerrado toda posibilidad de colocación de los excedentes latinoamericanos, y que, en el caso de la Argentina, había significado una agresión a su economía y provocado grandes dificultades en 1948. 


El presidente argentino recriminaba la actitud de los miembros de la embajada de Estados Unidos y de los representantes de la ECA, quienes habían dado toda clase de garantías verbales de que colocarían en nuestro país elevadas órdenes de compra, incluso solicitando que se reservara al efecto toda la producción nacional y no habían cumplido con nada. 


En febrero de 1952, Perón hacía también una dura crítica de las condiciones impuestas por Estados Unidos para otorgar su ayuda militar. (9) 


Perón recordó en muchas oportunidades cómo había sido tratada la Argentina por el gobierno norteamericano, mencionando la actuación del embajador Braden, el boicot económico, las consecuencias del anunciado y fallido plan Marshall para América latina y la Argentina, la actuación del agente Griffith en Buenos Aires y Montevideo, la acción de las agencias de noticias norteamericanas que se encargaban de desprestigiar el país, y la de cierta prensa pagada por Estados Unidos en México, Brasil y Uruguay en contra de la Argentina, los panfletos antiargentinos distribuidos por todo el continente, etc. (10)


Incluso Perón señalaba que con la proximidad de la guerra de Corea -que percibía como el comienzo de la Tercera Guerra Mundial-, había comenzado la intervención perjudicial de la política internacional -norteamericana- en los asuntos internos de los estados, situación que la Argentina ya había vivido con la actuación del embajador Braden. 


No obstante, y a pesar de la misma, el presidente argentino señalaba que Vargas y Paz Estenssoro habían triunfado en sus respectivos países, vaticinando que lo mismo ocurriría con Ibáñez en Chile.
 Según Perón los pueblos habían comenzado a comprender que la mejor posición en la política interna era oponerse a la intervención de dicha política internacional. (11)  

La severa crítica de Perón hacia Estados Unidos, sumada a toda la acción regional de Perón de uniones económicas con los países vecinos, que apuntaba a conformar un bloque austral de países o Confederación Latinoamericana de Naciones, (12) con el propósito de mantener una posición neutral respecto de los dos “imperialismos” en pugna -pero que en el continente americano significaba independencia frente a Estados Unidos- impidió que su política tuviera viabilidad. 


Por un lado, la prédica de Perón incentivó la animadversión ya presente desde antes de su asunción al gobierno en la opinión pública y en algunos sectores del gobierno norteamericano, lo cual profundizó la desconfianza hacia su gestión y provocó que la coerción económica se mantuviera -si bien no como política oficial del gobierno norteamericano. 


La claudicación final del  presidente argentino quedó simbolizada en el crédito solicitado al Eximbank en 1950. 


A su vez, a los países vecinos que optaban por la unión económica con la Argentina peronista, les llegaba el momento en que sus necesidades financieras los obligaban a recurrir a Estados Unidos y, consecuentemente, en cierto modo a renegar de su posición pro peronista. 


Además, por ejemplo, en los casos de Brasil y Chile -en el último durante todo el gobierno de Gabriel González Videla-, la opinión pública estuvo muy polarizada respecto de la conveniencia para el país de aceptar una unión económica con la Argentina. 


Se conformó asimismo un círculo perverso en las relaciones de los países de la región con la Argentina y Estados Unidos. 


Los países sudamericanos, conociendo la enemistad de Estados Unidos hacia la Argentina planteaban la supuesta amenaza representada por ésta -mencionando su expansionismo doctrinario, su búsqueda de hegemonía económica y su armamentismo- cada vez que necesitaban conseguir la ayuda financiera o militar norteamericana. 


A su vez, Estados Unidos predicaba la desconfianza hacia la Argentina hasta el momento que, ante los pedidos de asistencia de los países vecinos de la Argentina, el carácter amenazante de ésta desaparecía. 


Por otro lado, la difusión del pensamiento justicialista, así como de las ideas de Perón acerca de la diplomacia, del intervencionismo y la coerción internacional, de la publicidad y la propaganda, de la democracia y otros temas recurrentes de su discurso, se comportó como un boomerang que ejerció influencia en sectores de la opinión pública de países vecinos, sobre todo en Chile, Brasil y Uruguay. 


Estos no pudieron dejar de percibir los mismos vicios que la crítica justicialista puntualizaba en la propia acción de gobierno del presidente argentino, lo cual conspiró y sembró desconfianza hacia la asistencia e integración económica propuesta por el gobierno de Perón. 


En cierta forma, la Argentina peronista consiguió el efecto contrario al buscado, constituyendo un factor de tensión subregional e interregional, que afectó negativamente la evolución de las relaciones intra-latinoamericanas.

No debe dejar de mencionarse también que el ofrecimiento de cooperación económica, que era parte fundamental de la política liberadora que intentaba implementar Perón, no pudo concretarse como consecuencia de la vulnerable situación económica a que llegó la Argentina a comienzos de 1949 y que, como se dijo, produjo la suspensión de todos los convenios firmados entre 1946 y 1948. 

Lo mismo ocurrió con los intentos posteriores de 1953. 


Esto indicaría que la Argentina trató de buscar un liderazgo a nivel regional sustentado en una base muy débil, ofreciendo una ayuda por parte de una economía cuya solidez no estaba suficientemente afianzada. 


Por último, también constituyó un obstáculo la imposibilidad del gobierno peronista de generar consenso interno para su política exterior. 


La polarización creada en la sociedad argentina, producto de la modalidad de Perón de considerar a sus adversarios políticos como servidores de causas ajenas al país, y en última instancia traidores a la nación, (13) lo hizo imposible. 


NOTAS
 1.      Juan Perón, Hacia donde va la Argentina, Buenos Aires, Brunetti, s.f., pp. 62-63.
2.      Ibid., p. 63. Las cursivas son nuestras.
3.      Ibid., p. 65.
4.      Juan Perón, “Por la paz del mundo”. Mensaje pronunciado el 6 de julio de 1947, Buenos Aires, Consejo Nacional de Educación, s.f., p. 4.
5.      Juan Perón, Hacia donde va la Argentina, op. cit., p. 67.
6.      Juan Perón, Política y estrategia. Artículos publicados en el diario Democracia, firmados con el seudónimo “Descartes”, Buenos Aires, Pleamar, 1983, pp. 92, 96, 99, 48 y 12.
7.      Ejército Argentino, Manual de Doctrina Nacional, Buenos Aires, Pleamar, 1974 (1ª ed. 1953), pp. 61-62
.
8.      J. Perón, Política y estrategia, op. cit., pp. 5-6.
9.      Ibid., pp. 44, 137 y 212-213.
10. Ibid., pp. 67-68.
11. Ibid., pp. 79-80.
12. Ibid., p. 199.
13. Ibid., pp. 106-107. En opinión de Perón, el partido Comunista era gobernado por el Kominfor, es decir desde el exterior. Su doctrina era foránea, siendo su línea el imperialismo soviético enfrentado a las “fuerzas patriotas”. La Liga de los Derechos del Hombre, la Asociación de Mujeres Argentinas, la Federación Universitaria de Buenos Aires eran centros de espionaje y provocación de este sector extranjero. A su vez, el partido Socialista, perteneciente a la “Segunda Internacional”, reconstituida por el Congreso de Frankfurt, formaba parte de la organización internacional de obediencia socialista y estaba al servicio del imperialismo capitalista. Por último, las “bandas radicales” se habían aglutinado en 1945 detrás de los millones de Braden y también lo hacían en 1951. Dirigidos desde Montevideo, propiciaban la intervención extranjera, en busca de la ayuda financiera del Departamento de Estado. Eran asimismo instrumentos del imperialismo. Todos ellos conformaban, según el presidente argentino, un juego de “traición, infamia y mala fe”. Ibid., p. 106.

Extraído de
Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas

sábado, 30 de junio de 2012

LOS COMPAÑEROS MILITANTES, SAN PEDRO Y SAN PABLO, TERMINARON DECAPITADO, UNO Y CRUCIFICADO EL OTRO COMO TANTOS CUMPAS

  Escrito por Miguel Landro
En el barrio juntábamos muebles, ramas y cajones y hacíamos la fogata de San Pedro y San Pablo.

Gentileza de Miguel Eduardo Landro Lamoureux emelandro@gmail.com
En el barrio juntábamos muebles viejos, ramas de los árboles y cajones y hacíamos una fogata de San Pedro y San Pablo.

Apóstol de Jesucristo y principal propagador del Cristianismo, que tuvo una participación decisiva en la expansión de la Iglesia, desde el momento de su conversión.  
 
Saulo, el futuro San Pablo, nacido en Tarso de Cilicia, hacia el año 8 de la Era Cristiana, pertenecía a una familia judía de la diáspora o dispersión y, como tal, estaba sólidamente formado en la Ley judaica.  
 
Pronto pasó Saulo a Jerusalén, a completar su educación rabínica, y su maestro fue el más autorizado rabino de entonces, Gamaliel el Viejo.  
 
Su gran talento le afianzó rápidamente en los principios de la Ley antigua, que cita constantemente de memoria y con gran exactitud.  
 
Su carácter impetuoso le lanza a un fanatismo exagerado, en legítima defensa de la Ley y tradiciones ancestrales. 
 
En las sinagogas de Cilicia debió de conocer la doctrina de la nueva fe cristiana, por la predicación de San Esteban, y su celo e impetuosidad le llevaron a unirse a los perseguidores de ello, convencido de que defendía la causa de Dios. 
 
«Yo perseguí de muerte —nos dice él mismo— a los seguidores de esta nueva doctrina, aprisionando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres». 
 
Y cuando estalló el motín que costó la vida a San Esteban, Pablo evidentemente tomó parte activa en él, ya que los verdugos dejan las vestiduras ante sus ojos: «Y depositaron las vestiduras delante de un mancebo llamado Saulo», leemos en los «Hechos de los Apóstoles». 
 
Por aquel tiempo se había ya constituido en Damasco un grupo importante de la nueva comunidad cristiana, del que pronto tuvo noticia Pablo, que contaba por entonces unos veintiséis años de edad.

Con su afán de exterminio pidió al príncipe de los sacerdotes unas cartas de presentación para Damasco, a fin de apresar a los adeptos de la nueva fe.
 
Mas todo había de suceder de muy distinta manera... 
 
Obtenidas las cartas, Pablo y sus compañeros se acercaban va a Damasco, cuando de pronto una luz del cielo les envolvió en su resplandor.
 
Pablo vio entonces a Jesús.  
 
A su vista cayó en tierra y ovó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?». 
 
Atemorizado y sin reconocerlo, Pablo preguntó: «¿Quién eres Tú, Señor?». 
 
Y el Señor le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón». 
 
Saulo, entonces, temblando, teniendo ante sí la sangre de Esteban y todas sus persecuciones, otra vez preguntó: «Señor, ¿qué quieres que haga?». 
 
Y le respondió Jesús: «Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer». 
 
Los compañeros de Pablo estaban asombrados.
 
Oían, pero sin ver a nadie; y como al levantarse Pablo estaba ciego, le cogieron de la mano y le condujeron a la ciudad, donde permaneció tres días atacado por la ceguera y sin comer ni beber nada. 
 
Recobrada milagrosamente la vista, se retiró a la Arabia por un tiempo, y allí, antes de volver a Damasco, permaneció entregado a la oración y en trato íntimo con el Señor.

Regresó luego a la ciudad, entrando de lleno en su función de apóstol y en su gran labor evangelizadora. 
 
Cuando empezó a predicar, directamente y sin rodeos, la doctrina de Jesús, y a proclamar que Jesucristo es el verdadero Dios y el Mesías prometido, los judíos de Damasco decidieron perderle y lograron del etnarca del rey Aretas que pusiese guardias a las puertas de la ciudad para que no pudiera escapar, mientras le perseguían dentro.  
 
«En vista de lo cual, los discípulos, tomándole una noche, le descolgaron por un muro, metido en un serón”. (Libro de los «Hechos».) 
 
Desde entonces su vida apostólica es una cadena de persecuciones, de grandes dificultades; pero, al mismo tiempo, de grandes triunfos para la causa cristiana. 
 
Pablo trabajó con ahínco, primero como subordinado, junto a los demás propagadores.

Pronto sus grandes cualidades de organizador, su talento, su energía y férrea voluntad; su gran capacidad, en fin, para el apostolado y su extenso conocimiento de la Ley, junto a su cultura helenista, así como su habilidad para comunicar a otros su pensamiento, le destacarán entre todos.  
 
A esto hay que añadir el impulso interior que empujaba a aquel carácter ardiente a entregarse totalmente a la conversión, no sólo de los judíos, sino de todos los pueblos gentiles adonde pudiera llevar su palabra. 
 
Viajó sin descanso de una parte a otra del mundo romano, solo o acompañado, sembrando por doquier la fecunda semilla de la fe en Cristo Jesús. 
 
El celo y la actividad apostólica de San Pablo no disminuyeron con los años.  
 
Unos veinticinco duraron sus asombrosas y eficaces campañas. Y jamás cediendo al cansancio, siempre con renovadas energías. 
 
Después de un quinquenio preliminar en las cercanías de Jerusalén y Damasco, se lanza a través de Asia, por sendas desconocidas, juntamente con su amigo San Bernabé, organizando iglesias, luchando con judíos y gentiles...

Pocos años más tarde, visitará esas iglesias, en la que se llama su segunda misión o segundo gran viaje, entre el año 52 y el 55 de la Era Cristiana.
 
 
En el decurso del mismo, su figura va agrandándose muy visiblemente, su empresa se hace cada día más vasta. 
 
Con dos o tres compañeros, o una pequeña escolta, y otras veces solo, se interna Pablo muy adentro del inmenso imperio de los ídolos, sin dejar de tomar contacto con colonias hebreas fanáticas y rencorosas. 
 
Predica en las plazas, en los anfiteatros, en las sinagogas, y mientras unos se hacen discípulos suyos, otros se amotinan, le maldicen y le apedrean.  
 
La persecución acrece su vigor, la contradicción exalta su fe en la victoria. 
 
Completada la evangelización de la Galacia, sigue hacia Occidente y llega a Tróada.  
 
Allí la voz del Espíritu Santo le habla por medio de un macedonio que se le aparece en sueños y le dice: «Ven a mi país». 
 
A los pocos días embarcaba para Filipos, el primer suelo europeo que enrojece con su sangre.  
 
En efecto, irritados ciertos elementos por el éxito de su predicación —la población estaba formada en parte por una colonia de veteranos romanos—, se lanzaron un día sobre él y le arrastraron ante el tribunal de la ciudad, diciendo: «Este judío alborota al pueblo y propaga costumbres que no podemos aceptar los romanos». 
 
Pablo y sus compañeros sufrieron el tormento de la flagelación y fueron arrojados a un oscuro calabozo.

El carcelero les oyó cantar, vio una luz que inundaba la prisión, sintió el ruido de las cadenas que caían rotas. Compasivo, trajo comida a sus presos.
 
Creyó.  
 
Luego fue bautizado...
 
Y al día siguiente les transmitió una orden de sus jefes: «Salid y marchad en paz». 
 
Predica Pablo en Tesalónica, capital de la región, centro de confluencia de ideas religiosas y de tráfico mercantil.  
 
Logra conversiones importantes y deja establecida una comunidad, que pronto será iglesia floreciente.
 
Como siempre, los judaizantes soliviantan al pueblo contra él, atentan contra su vida, y se ve obligado a fugarse. 
 
¿A dónde irá?  
 
Los «Hechos de los Apóstoles» dicen enigmáticamente: «Los que le guiaban le llevaron hasta Atenas».
 
En realidad, sus guías no fueron nunca otros que los impulsos del divino Espíritu.  
 
Empresa atrevida la visita de Atenas, centro del saber y el arte de la época... 
 
Su breve y famosa estancia, son episodios asaz conocidos se le permitió que disertase en el foro y en el Areópago o senado de los sabios.  
 
El discurso memorable que a éstos dirigió nos ha sido conservado por San Lucas, en los «Hechos». 
 
Tomando pie de la idea del «Dios desconocido» al que había visto dedicada una ara votiva, el Apóstol les habla del Dios único, que ha creado todas las cosas, que nos ha redimido y que un día resucitará nuestra carne. 
 
Al hablar de la resurrección de los muertos, fue interrumpido por gritos, murmullos obstructivos y carcajadas. 
 
Muchos oyentes abandonaron el local; otros se acercaron al orador para decirle: «Basta por hoy; otro día nos hablarás de estas cosas».  
 
Pero algunos creyeron, entre ellos el que será en el Santoral cristiano «Dionisio el Areopagita». 
 
Al salir Pablo de Atenas, con tristeza por los pocos adeptos conseguidos, pero con la inquebrantable esperanza de que la siembra esparcida había de fructificar en el futuro, encaminóse a Corinto, donde residiría más de un año y medio.  
 
Mucho había que trabajar en la gran ciudad del estrecho, sensual, inquieta, cosmopolita.
 
Sin embargo, confiaba el Apóstol en que su frivolidad ofrecería menos resistencia a la levadura evangélica que el orgullo de los que presumían de eruditos.
 
Y no se equivocó.  
 
Buscó el medio de ganarse el pan con el ejercicio de su oficio de constructor de tiendas.  
 
Un fabricante le tomó enseguida a su servicio.
 
Y pronto también, alternándolo con el trabajo material, pudo desplegar su trabajo apostólico.
 
Dialogaba con muchos, persuadía a no pocos. 
 
Cada sábado disputaba en la sinagoga.  
 
Durante dieciocho meses no cesó de predicar, de discutir, de bautizar...  
 
Y había reunido ya una iglesia numerosa, cuando, como de costumbre, se manifestó y estalló el odio de los judíos que, no atreviéndose a darle muerte, le llevaron a los tribunales como innovador.  
 
El procónsul Galión no quiso discutir sobre asuntos de doctrinas y arrojó de su presencia a los acusadores y al acusado. 
 
Regresa entonces Pablo a Jerusalén.  
 
Tenía ansias de visitar las iglesias de Palestina, donde los judaizantes habían intrigado, sin descanso, durante tos tres años de ese su segundo viaje. 
 
Su misión tercera se desarrolla entre los años 55 y 59.  
 
El cuartel central de su campaña es, durante más de dos años, la ciudad de Éfeso, la gran metrópoli del Asia Menor, nudo de todas las comunicaciones orientales y occidentales, punto estratégico de primer orden para arrojar la semilla del Evangelio. «Una puerta grande se abre ante mí», había dicho él mismo.  
 
Empieza predicando en la sinagoga.  
 
Pero a los tres meses rompe con los judíos.
 
Entonces alquila por dos horas diarias el liceo de un profesor de Filosofía, y allí instruye a sus oyentes predilectos. 
 
Su apostolado se va desplegando, en público y de casa en casa, convenciendo a los paganos, animando a los fieles, exhortando a los judíos... Estalla también allí, por fin, la algarada hebraico-gentílica contra el Apóstol.  
 
La promueven los profesionales de la magia, que tienen gran clientela en la ciudad; los orfebres, que dejaron de vender muchos objetos religiosos, sobre todo imágenes de la diosa Artemisa, patrona de la población; los díscolos, a los cuales ofende la predicación moralizante del enérgico forastero... Pablo se escapa del tumulto como puede, ayudado de algunos fieles fervorosos.  
 
Ha dejado en Éfeso una importante comunidad, que posteriormente será dirigida por el Apóstol San Juan. 
 
En el transcurso de los dos años siguientes, encontramos a San Pablo en Macedonia, en Grecia, especialmente en Corinto, donde permanece unos tres meses, y en Jerusalén, a donde regresó con motivo de las fiestas de Pentecostés del año 58.  
 
Allí los judíos del Asia Menor, que habían acudido a dichas fiestas, se amotinaron contra él, acusándole de predicar contra la Ley y contra el Templo. 
 
Gracias al título de ciudadano romano, cuyos privilegios hizo valer, se libró de ser azotado; luego, después de dos años de estar preso en Cesarea, logró terminar su encarcelamiento apelando al César. 
 
Fue trasladado a Roma.  
 
En la travesía naufragó la embarcación que le llevaba.  
 
No llegó a la capital del imperio hasta principios del año 61.
 
Su proceso duró otros dos años.  
 
Durante este tiempo pudo morar en una casa alquilada, recibir muchas visitas, y entregarse por completo al ministerio de la palabra, convirtiendo a muchos gentiles.  
 
Por fin se pronunció sentencia absolutoria en la causa que se le seguía. 
 
Entonces Pablo se aleja de Roma y es tradición —robustecida por sus propios escritos en que consigna sus planes de apostolado— que vino a España, donde permaneció una temporada. 
 
Vuelve después a sufrir cautiverio en Roma, a fines del año 66, en plena persecución de Nerón.  
 
Se le encierra entonces en una prisión terrible, en la que se le condenó a una absoluta inactividad e incomunicación.  
 
Debió padecer muchísimo al encontrarse paralizado.
 
Supo, no obstante, doblegarse a la voluntad del Señor, que le tenía destinado, como a Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, a una muerte próxima. 
 
Según la tradición más admitida, los dos fueron inmolados el mismo día, en el año 67;
 Pedro, crucificado cabeza abajo en la colina del Vaticano; Pablo, decapitado en la Vía Ostiense, en la llanura que la separa del Tíber. 
 
 
La vida y la obra de San Pablo se nos presentan con un relieve tan prodigioso, que nadie podrá contemplarlas nunca en toda su espléndida complejidad.
 
«El mundo no verá jamás otro hombre como Pablo» dijo San Juan Crisóstomo, el más ilustre de sus admiradores. 
 
La palabra y el ademán de Pablo, su vigor y fulgor místicos, subyugaban de una manera fulminante.  
 
Y fue incomparable la clara sutileza de su inteligencia. 
 
Dialéctico formidable, no disputa por puro placer, sino para lanzar las almas a Dios.  
 
Ahí está su sublime originalidad. «Discurre de una manera violenta, rápida, intuitiva —ha dicho muy justamente un autor—; dramatiza sus argumentos, los deja sin completar, arrastrado por el torbellino de las ideas, y lo mismo sus premisas que sus conclusiones se nos presentan tumultuosamente y de improviso”. 
 
Todo ello comprobaremos si nos afectamos a la lectura de sus «Epístolas»: cartas dirigidas a diversas iglesias y personalidades, en las cuales deja resueltos numerosos problemas y condensa toda la moral cristiana; en las cuales expone una teología cuya inmensidad no ha podido abarcar todavía ningún comentarista, una teología siempre precisa y nunca vacilante, «que nos lleva —como se ha dicho magníficamente— de misterio en misterio, de claridad en claridad, como reflejando en un espejo la gloria del Señor». 
 
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viernes, 29 de junio de 2012

1815 29 de junio 2012 197 ANIVERSARIO DEL CONGRESO DE ORIENTE

¡ARTIGAS VUELVE!
PATRIA GRANDE Y JUSTICIA SOCIAL

1815  29 de junio  2012

196 ANIVERSARIO DEL CONGRESO DE ORIENTE

José Gervasio de Artigas
El artiguismo fue, en la primera década revolucionaria, el sueño nacional que más profundamente cuestionó tanto la herencia colonial como el proyecto de las clases dominantes rioplatenses: se proponía conquistar la independencia, pero no sin reparar la larga deuda social con los desposeídos. Sólo los poderosos habían accedido a las “mercedes reales” o “repartimientos” que otorgaba el virreinato. La palabra de Artigas es rotunda: “...los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suerte de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de su provincia... Serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos. Serán preferidos los casados a los americanos solteros, y éstos a cualquier extranjero”.

Artigas fue el precursor y el más intransigente partidario de la independencia nacional, frente a gobiernos vacilantes. En el noroeste y Cuyo, Güemes, Belgrano y San Martín, y en oriente Artigas. Son conocidas sus Instrucciones a los diputados orientales a la Asamblea Constituyente de 1813: “Primeramente pedirán la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España, y familia de los Borbones, y que toda conexión política entre ellas y el estado de España, es y debe ser totalmente disuelta”.

Pero si se estaba fundando un régimen poscolonial, ¿se intentaría una articulación más igualitaria entre las provincias o se confirmaría la preeminencia de Buenos Aires sobre el interior?

Después de la muerte de Moreno y el desplazamiento del oriental Joaquín Campana, Artigas enfrentó en soledad a fuerzas gigantescas: el imperio esclavista de Brasil, el centralismo de Buenos Aires y la insidiosa diplomacia británica. Pero el enemigo más difícil de vencer, y el que finalmente lo venció, porque estaba adentro mismo de sus fuerzas propias, era el espíritu oligarca. Los doctorcitos con su ideologismo y los ricos de mirada corta, sacrificaron la grandeza de la revolución al precio vil de sus privilegios. Artigas fue el bárbaro y la amenaza a un nuevo orden tan injusto como el colonial.

El dilema artiguista era claro: revolución o contrarrevolución.

Al gauchaje movilizado en la reconquista y la defensa de Buenos Aires de las invasiones inglesas los movía algo más que fervor patriótico: iban tras sus reivindicaciones sociales. A partir de entonces, sin distinción de raza ni estamento, aquellos desposeídos preferidos por Artigas estaban tiñendo con su sangre los escenarios de la emancipación americana. ¿Serían algo más que carne de cañón para el encumbramiento de una nueva clase dominante? ¿Tendrían a su regreso la porción de tierra que les pertenecía, el respeto ciudadano que se habían ganado, la dignidad e igualdad por la que habían peleado, el derecho a ejercer libremente su cultura, su tradición? Esa era la creencia que llevó a miles de pobres a la guerra. ¿O sólo serían dueños de su fuerza de trabajo, sin derechos sociales ni participación en las decisiones políticas, al servicio de los privilegiados de siempre y nuevos ricos empinándose otra vez  sobre su sacrificio?

A partir de estas interrogantes es que se comprende la misión histórica que inspiró a Artigas, encarnación de lo plebeyo. Cuyanos que poblaron los ejércitos sanmartinianos, altoperuanos que se rebelaron en las “republiquetas”, orientales que protagonizaron la “redota”: de la interpretación de sus esperanzas surgen los principios que van a regir en las principales medidas de gobierno adoptadas por Artigas, cuya cumbre son los logros alcanzados en el llamado Congreso de Oriente, que de modo irregular e históricamente poco documentado, se sabe que sesionó en el Arroyo de la China, actual Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos.

A favor de la trascendencia de la fecha del 29 de junio de 1815 debemos además advertir: en ese Congreso se sentaron las bases de un pensamiento que dio origen a todos los movimientos nacionales y populares, incluso a los que hoy imperan en la mayor parte de los países que componen la Nación fragmentada de la América del Sur.

Implícito en todas las revoluciones americanas, desde las asonadas hasta las guerrillas, de las insurrecciones campesinas a las puebladas urbanas, la memoria de José Artigas, de su pueblo en armas y de los caudillos que lo acompañaron, ha vivido en la intuición de los pueblos que luchan por la igualdad, la libertad y la dignidad. Castro, Ortega,  Chaves, Roussef, Humala, Correa, Morales, Mugica y Cristina Kirchner, UNASUR, son herederos de esta tradición de Patria Grande y Justicia Social.

Podemos afirmar así que ¡ARTIGAS VUELVE!, porque a pesar de más de un siglo de ocultamiento y denigración, hoy su figura a cabalga por el continente americano, su Patria, la que él no pudo ver. 

29 de junio de 2011
Ernesto Jauretche

Audio de entrevista a Artemio López con motivo del paro y movilización de Hugo Moyano