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domingo, 24 de julio de 2011

Confesiones de Cristina Kirchner en el libro: La Presidenta, de Sandra Russo: LA PRESIDENTA

Por Sandra Russo
Pagina /12
 
Desde que llegó a la presidencia, Cristina Fernández de Kirchner no dio ninguna entrevista a medios gráficos (la última fue a este diario antes de asumir) y sus contactos con los medios se redujeron aún más desde la muerte de Néstor Kirchner.
 
Por eso, no es uno de los méritos menores de la autora de La Presidenta, historia de una vida, la indispensable biografía escrita por Sandra Russo que editorial Sudamericana distribuirá en librerías a partir del 1º de agosto, el haber conseguido concretar largos diálogos con CFK que le sirvieron tanto para afinar los resultados de su trabajo como para iluminar los momentos más importantes de la vida de la protagonista con su propia palabra.
 
Una parte de esas definiciones presidenciales es lo que Página/12 adelanta a sus lectores. Así aparecen verdaderas revelaciones sobre su trayectoria, la relación que la unió y aún la une a Néstor Kirchner, su formación política, los momentos claves de su mandato (como la 125, la ley de medios, Fútbol para Todos, la estatización de las AFJP, el matrimonio igualitario) y hasta el relato de la última noche que pasó con Kirchner y lo que ella considera su legado.
 
La familia
El padre y la madre nunca se llevaron bien. Era una de esas tantas parejas que no se entienden. No tenían nada que ver el uno con el otro. “Nunca me puse a analizarlo demasiado”, dice Cristina, y yo me acordaré de esto cuando ella cuente, más adelante, su tropiezo con la psicología.
 
En cuanto a su hermana, asegura tajantemente que era la más querida de esa familia. “Siempre le reproché a mamá que la quisiera más a ella que a mí, y eso no me lo puede negar. Es completamente cierto”, desliza. A Gisele la quisieron mucho todos, ella y Néstor también. Gisele es médica. Hizo toda su carrera en hospitales públicos, nunca quiso ejercer la medicina privada. Debió jubilarse por una enfermedad oncológica. Hace unos años sufrió un trastorno bipolar, del que se recuperó.
 
– Decían que era yo la bipolar. Les da lo mismo, mezclan todo. Confunden a una persona con la otra, pasan por alto lo que significa en una familia ver a alguien tan joven ponerse tan mal. Fue terrible cuando se enfermó.
 
Gisele es muy inteligente y tiene un alto grado de sensibilidad. Extrema, te diría. Hay gente que padece esa enfermedad y que tiene una percepción muy aguda de las cosas, y vos sentís que casi te adivina, que te lee el pensamiento. Cuando se acepta el tratamiento, los pacientes responden muy bien. El problema dura hasta que lo aceptan, porque Gisele no quería tomar la medicación.
 
Para mí su enfermedad fue muy fuerte, muy dura. Siempre tuvimos una relación muy estrecha, más de lo común entre hermanas. Ella dependía de mí más que yo de ella, porque mi mamá me la enchufaba siempre. “Andá con tu hermanita”, “No, mamá, no tengo ganas de ir con mi hermanita”. Pero me tenía que hacer cargo. Eso me reventaba. Ella me adora, soy su ídola. Néstor la adoraba, y ella a él también.
 
De Psicología a Derecho
Esta mujer que hoy representa a muchos sectores, pero que defiende prioritariamente a los trabajadores organizados, creció escuchando en su propia casa que el que no trabaja es porque no quiere y que los argentinos son vagos. El estribillo del antiperonismo. Su análisis se basa en esas condiciones materiales, familiares, en esa prefiguración del mundo que toma cuerpo en la infancia. Cristina Fernández nunca se psicoanalizó. Lo que hizo, sí, fue inscribirse un año en Psicología. Una experiencia cuyo recuerdo le parece “insoportable”.
 
Cristina era perito mercantil, y cuando llegó el momento de inscribirse en Derecho, que era la carrera elegida, hubo un obstáculo administrativo. En Derecho no aceptaban peritos mercantiles y había que rendir diecisiete equivalencias.
 
– Como si los peritos mercantiles fuéramos almaceneros con título, qué ridículo. Yo como perito mercantil había cursado muchas materias que tenían más que ver con Derecho que cualquier bachiller. Había cursado Derecho usual, Derecho administrativo, Economía política. Pero no hubo nada que hacer ese año y me inscribí en Psicología, que no se daba en Humanidades sino en un instituto que quedaba muy lejos y había que estar muy temprano. Dios, llegaba hasta ahí y me decía a mí misma “qué hacés vos acá, escuchando esto”. La materia que más me gustaba era Antropología cultural, estaba la cátedra de Mario Margulis. Pero había un ayudante...
 
Escuchar esas cosas tan temprano... –se agarra la cabeza y se ríe–. No era para mí. A mí me gusta discutir, pero sobre cosas concretas. Detesto hablar sobre bueyes perdidos. No lo toleraba. Yo quiero discutir con resultados. Discutimos y bueno, vos tenés razón, yo tengo razón, cedemos los dos un poco, en fin. Pero no puedo soportar la incertidumbre –dice, todavía explicando su aburrimiento en las clases de Psicología, pero ya virando en otra asociación–. Mirá los desaparecidos. Lo más terrible no fue la muerte, sino el estado nebuloso del desaparecido. Muerte y tortura hubo siempre a lo largo de la historia argentina. Lo novedoso, lo perverso que introdujo la dictadura militar fue ese “no saber”. Eso nadie lo esperaba, era inconcebible. Y cada vez que uno lo piensa bien, sigue siendo inconcebible.
 
El gran chispazo
Pipa ya lo conocía a Néstor –era el pibe que vivía con su novio– cuando empezó a sentarse con Cristina en el curso. Néstor era identificable por la campera verde, brillante y jodón, pero decididamente no era un galán. De modo que cuando Pipa consoló a Cristina prometiéndole conseguirle un candidato, pensó en algunas posibilidades, pero ninguna de ellas incluía a Néstor.
 
Mientras, Cristina veía declinar su propio entusiasmo por el noviazgo con Cafferata, hubo varias reuniones en la casa de Pipa a las que Omar llegaba con su guitarra y sus amigos. Entre ellos estaba Néstor. Nada indicaba, en esos cruces previos, que entre ellos algo se encendería con tanto fuego.
 
Estéticamente, parecían polos opuestos. Cristina era impecable y Néstor, un desastre. Llegaron a estudiar una materia los cuatro juntos. Cristina era una máquina de leer, y a Néstor parecía difícil hasta sentarlo a la mesa.
 
Era el más comprometido de ellos con la FURN, pero no perseguía un promedio brillante.
 
El Día del Estudiante de 1974 iba a producirse el Gran Chispazo.
 
– El Centro de Estudiantes de Santa Cruz había festejado ese 21 de septiembre en el Parque Pereyra Iraola.
 
Néstor venía de ahí. Yo estaba en la casa de Omar, estudiando, porque teníamos un parcial de Reales, Derecho Civil IV. Llega Pipa y le dice que se había muerto su abuelo. Omar se fue con ella al velorio. Néstor me vio estudiando y se ofreció a ayudarme, porque nosotros estudiábamos de a dos. Uno leía en voz alta. Como Omar se fue, me dijo: “Yo te ayudo”. “Bueno, gracias”, le digo. Se sienta. ¡Y me empieza a discutir todo! –se indigna Cristina todavía–. Cosas que yo sabía. Yo decía algo y me interrumpía. “No, no es así.” “Cómo que no es así”, le decía yo. “No. No es así.” Hasta que me di cuenta de que estaba mamado. Le dije: “Querido, ¿vos me estás tomando el pelo? Andate a joder con tus amigos, que yo me voy a la mierda”. El se reía. Y no me fui, me parece. Creo que me quedé.
 
Néstor
Cuando se encontraron por primera vez, ella tenía 20 y él 23. Se casaron a los seis meses de haberse conocido, pero eso no me lo dice. Toma un sorbo de la lágrima que le han traído, y habla de él sin que la voz experimente más que un temblor. Y de lo primero que habla es de las peleas. “Teníamos peleas memorables”, dice, y sonríe, como reconfortada por el recuerdo. “Arrancamos así, peleándonos. Discutíamos por todo, por cosas que nos parecían muy importantes y cosas que eran pavadas. Pero nos peleamos siempre, desde el primer hasta el último día.” Las discusiones las terminaba cualquiera de los dos, “el que creía que iba ganando”, aclara.
 
Cristina se extiende en el tema de las peleas. Creí que se había tratado de un mero comentario, pero a medida que sigue hablando, es obvio que eso es lo que más extraña. Pelearse con Néstor. Esa manera de hacerse compañía. Desarrollaron un arte de la pelea.
 
– Yo cuando me enojaba no le hablaba –dice usando un tono nuevo, mordaz, de jugadora–. Era lo peor que le podía hacer. No hablarle. Yo sabía que si resistía ganaba, pero me costaba mucho. He llegado a estar un día entero sin hablarle –afirma con la cabeza, como reconociéndose un mérito.
 
– ¿Un día? No es nada –le digo.
 
– Pero para nosotros un día era una eternidad. No podíamos vivir sin hablarnos. El a veces se ensimismaba, y te dabas cuenta de que estaba enojado por la cara que tenía. ¡Cómo me reventaba esa cara de culo cuando no sabía qué le pasaba! “Qué pasa”, le preguntaba. Y él contestaba “nada”, con mal tono. Podía ser que le hubiera molestado algo de mí o de alguna situación. Pero yo no soportaba que me dijera “nada”.
 
Se habían acostumbrado a estar juntos todo el tiempo. Cuando Néstor fue intendente de Río Gallegos y durante los doce años que fue gobernador de Santa Cruz, Cristina tenía su despacho al lado del suyo. Incluso cuando era diputada nacional y pasaba los días de semana en la Capital, mantuvo su despacho junto al del gobernador. Pero en aquel tiempo, cuando de lunes a jueves Cristina se instalaba en el departamento de Juncal y Uruguay, comenzaron los llamados.
 
Repetidos, obsesivos, insistentes. Quienes los conocieron cuando él era intendente y ella jefa de campaña, o cuando él era gobernador y ella secretaria legal y técnica o diputada nacional, o cuando él fue Presidente y ella, además de “primera ciudadana”, senadora, o cuando ella fue Presidenta y él su primer militante, no dejan de mencionar los llamados que se hacían. Eran constantes y a toda hora. Mañana, tarde, noche, madrugada. Por motivos políticos y domésticos.
 
Cristina hace silencios cortos. Son pausas en la conversación que usa, creo, para ordenar lo que va volviendo a su mente y sus emociones. Ahora que ya ha tosido un poco y ha terminado su lágrima, dice casi admirada:
 
– Lo impresionante es que yo pensaba en él y el tipo me llamaba. Teníamos momentos telepáticos. Nos llamábamos en el momento y por el mismo tema en que estaba pensando el otro. Y cuando estábamos juntos, a veces ni hablábamos, con mirarnos ya nos entendíamos. Era muy impresionante, sí; la conexión era impresionante.
 
– Tener un interlocutor como ése es...
 
– Insustituible. No hay otra palabra. Con el que más me acerco ahora es con mi hijo, pero es totalmente distinto, es otra edad, otras vivencias, tenemos una relación de madre e hijo. Lo mío con Néstor fue increíble.
 
20 de junio de 1973
Ese fue el día de la masacre de Ezeiza. Volvía Perón a quedarse, y Ofelia Wilhem, la madre de Cristina, estaba emperrada en ir. Le anunció a su hija mayor que iría sola. Cristina decidió acompañarla, y encontrarse allí con las columnas de la FURN y el FAEP, las agrupaciones de Derecho. Quedaron las dos en medio de los tiroteos, aunque de una manera singular: fue la hija la que debió zamarrear a la madre para salir de allí.
 
– Yo estaba con la duda, porque quería ir con mis compañeros de la facultad, pero mamá... –dice Cristina y sonríe con alguna dosis de resignación–. Mamá quería ir, quería ir, yo le decía “Mejor quedate acá”, pero qué... Bueno, está bien, le dije, voy con vos. Salimos muy temprano, pasadas las cinco de la mañana. Fuimos con un compañero del gremio de mamá. Bajamos por Ciudad Evita, y entramos por una transversal. Había que dejar el auto muy lejos, así que caminamos mucho; serían las seis y media, estaba amaneciendo. Había una neblina muy espesa, casi cinematográfica. Entramos a Ezeiza y empezamos a caminar por la Riccheri, y yo me subí al guardarrail, para ver la perspectiva. Era impresionante.
 
Eran como hormigas. Venían de todas partes. Gente sola, gente encuadrada, con banderas, con cartelitos. Vi llegar un grupo con una bandera uruguaya. Vi indios tobas, altísimos. Vi una inmensa bandera del ERP 22 de Agosto.
 
Y todo envuelto en ese humo. Llegamos después de caminar horas, ya eran más de las diez. Yo me fui para el lado por el que sabía que iban a entrar los de la facultad. Era del lado donde estaba Evita. En el palco oficial, estaba el retrato de Perón enorme en el medio, de un lado estaba Isabel y del otro Evita. Nosotros nos íbamos a encontrar de ese lado. Apenas llego, siento ruidos. Pin pin pin.
 
Le pregunto a un tipo que vendía choripanes. “Sí, son tiros”, me dijo. “Pero están así desde la mañana.” Se empezó a formar muy claramente un cerco de la Juventud Sindical alrededor del palco, me acuerdo el color verde. A eso de las dos de la tarde... Yo no sé por qué me acuerdo tan bien de los horarios. Pero sí, a esa hora vi entrar las banderolas blancas con letras azules de la FURN y las azules con letras blancas del FAEP. Querían llegar al palco y no los dejaban. A las dos y cuarto, dos y veinte, veo que hacen fuerza para poder entrar. Armaron una típica formación de cuña, rompen el cerco y pasan. Y al instante, los tiros. La gente empezó a correr. Venían para el lado donde estábamos nosotras. Gritaban “¡Nos están cagando a tiros!”. Mi primera reacción fue meterme adentro del bosquecito, porque yo creí que los tiros venían solamente del palco. Me puse atrás de un árbol, y mi mamá gritaba “¡Yo me quedo a ver a Perón, yo me quedo a ver a Perón!”. Increíble. Yo le decía “Mamá, acá no nos podemos quedar”. Y de pronto, empezaron a tirar de todas partes. Tiraban del palco y tiraban de atrás. Yo la zamarreaba a mamá, discutimos. Ella gritaba. “¡A mí no me va a sacar nadie!”. Una discusión ridícula en una escena terrible. Empezamos a caminar y a chocarnos con los miles y miles que seguían llegando, y a los que desde un camión les decían “¡Compañeros, no retrocedan!”. Fueron momentos muy confusos. Fue infernal. Hicimos todo el camino a la inversa, fueron más horas caminando. A La Plata llegamos después de las ocho de la noche.
 
Lucha armada y peronismo
Cuando Néstor y Cristina se casaron y ya se habían ido de la Tendencia porque disentían con la lucha armada, Gisele los iba a visitar todos los días a la casa de City Bell, donde vivían con Chiche Labolita y Gladis Dalessandro. Un domingo hubo una marcha organizada por la CGT, el día que lo echaron a López Rega. Néstor y Cristina no habían ido.
 
– Ese domingo organizamos un asado en casa. Vinieron el Kuto Moreno, Hernán Fuentes, el hermano del actual senador Marcelo Fuentes, que ya se había recibido, Cachito Caballero, un neuquino, Carlos Negri, que había sido diputado por la JP. Todos estábamos en casa cuando llegó Gisele de la marcha. Yo me puse a revisarle unas carpetas y encontré un afiche de Evita Montonera. La llamé a los gritos. “¿En qué andás, vos?”, la increpaba yo. Nosotros éramos muy críticos, y no era ningún secreto. Néstor andaba a los gritos por los pasillos de la facultad. Nos oponíamos a lo que estaba claro que se venía. Que era la militarización de la política. Sólo podía tener sentido durante la proscripción, en dictadura, pero en democracia no. Con un gobierno electo, aunque no nos gustara, no. Y además nosotros, los de la Juventud, entrábamos a los barrios y la gente nos recibía porque éramos peronistas y ellos eran peronistas. Vos podías pelearte con Perón, pero ¿con el peronismo de la gente qué hacés? Eso no se quería discutir. Ese domingo con Gisele nos gritamos de todo, y yo terminé diciéndole “Te van a matar, tarada”. La agarramos con Néstor y la convencimos. Le salvamos la vida –afirma con la cabeza, los ojos se posan en el vacío–. Le salvamos la vida. Estoy segura. Le salvamos la vida.
 
Las candidaturas
–Yo nunca quise ser candidata. Nunca. Ni para Presidenta ni para senadora ni para diputada provincial. Me tuvieron que convencer siempre. Ya éramos el Frente para la Victoria Santacruceña. Yo insistí en que le teníamos que agregar “santacruceña”, quería ser más específica. Aquella vez, yo me negaba a ser candidata a diputada por el Frente para la Victoria. “No, no, van a decir que soy la mujer del intendente”, repetía, y me los quería sacar de encima. Todos se acordaron de eso cuando poco tiempo después hubo una película de Isabel Sarli que se llamó La mujer del intendente, ¿a vos te parece? Cómo me gastaron...
 
Vivir bajo presión
– Yo estoy acostumbrada a situaciones de extrema presión y a no perder la calma –dice precisamente en un tono muy bajo y controlado, soltando las palabras despacito–. Tengo muy alto el umbral de la presión psíquica, y muy bajo el umbral del dolor físico. Y ahora, con lo de Néstor, mucho más. El era más leche hervida.
 
Desde que él murió, es como si yo hubiera profundizado esa tolerancia a la presión. Están esperando que me salga de la vaina, pero no me salgo fácilmente. Ahora ya no tengo el contrabalanceo con Néstor, porque siempre cuando uno se sacaba, el otro contenía. Ahora tengo que hacerlo yo sola. Las cosas me afectan menos, todo se relativiza, se adquiere otra dimensión.
 
El FMI y las reservas
Cristina pone especial énfasis en el gobierno de Néstor y en lo que fue clave para determinar las propias políticas económicas: el desendeudamiento y la cancelación de la deuda, el reposicionamiento frente al FMI.
 
En el hotel, durante la entrevista, saco el tema. Aquélla fue una carta guardada durante la campaña, el as que el candidato medio desconocido trajo del sur bosquejado en su famoso cuaderno Arte tamaño oficio.
 
–Pero eso obedeció, más que a una decisión de gobierno, a una opción de vida –dice Cristina–. El odiaba tener deudas. Siempre administró su vida privada sin deudas. Desde que nos casamos tuvimos ahorros. Eso le vino de su cultura de inmigrante: tener algo y no deberlo era un valor. No es que Néstor vino con una teoría económica, no planteó el desendeudamiento leyendo economía. Para él lo lógico en lo privado era lógico en lo público. Estaba en su ADN. Obviamente consideraba a la deuda externa como el mayor condicionante histórico, y el pago al FMI... Eso le rondaba, le rondaba. Cuando Lula le contó que tenía la misma idea y que lo iba a hacer, dijo “es ahora”. Fue casi al unísono con Brasil. El llegó a la presidencia con la idea de ahorrar reservas. Es lo que hizo toda la vida, juntar plata para tener seguridad y no necesitar pedirle a nadie. Me acuerdo que una vez, en mi campaña para senadora por la provincia de Buenos Aires, estábamos en Ezeiza y se puso a charlar con Alfredo Coto. Y le dijo: “La Argentina para crecer necesita tener 50.000 millones de dólares de reserva”. En aquel momento todavía sonaba exagerado. Era el 2005, teníamos 20.000. Pero ése era el rumbo, y eso se logró.
 
La 125, “Clarín” y Alberto Fernández
– A mí en el 2008 me quisieron destituir. Sí. No tengo ninguna duda. No habían querido que fuera yo la candidata. Fundamentalmente el Grupo Clarín. Magnetto lo había ido a ver a Néstor a Olivos y le había dicho que no me querían como candidata. Se lo decían a todo el mundo. El otro día me vengo a enterar... Preguntale a Florencio Randazzo, pedile que te cuente cómo era, cuando él estaba convencido de que iba a ser yo la candidata, Felipe Solá le decía “no, eso se cae, mirá que yo hablo con Alberto Fernández y me dice que eso se cae”. Y Randazzo le decía “pero mirá que yo hablo con Néstor y es la candidata”, y el otro le insistía que no, que yo no era. El Grupo estaba ejerciendo mucha presión, eso yo lo sabía. Lo que no sabía era que el vocero del Grupo, hacia adentro, era nuestro jefe de Gabinete.
 
En el 2008, la 125 pasó de ser una decisión política aislada a ser el eje de discusión de todo el modelo económico y social. Por eso digo que fuimos obligados a la pelea. La situación nos obligó a pelear para defender el Gobierno. Vos prendías la televisión ese año y escuchabas las cosas que decían de mí y de Kirchner, y nunca se las habían dicho a nadie. A nadie. Nunca. Yo puedo hacer discursos con contenidos fuertes, pero son conceptos. Me devolvían agravios personales, uno atrás del otro. (...)
 
Cuando vi la embestida, la verdad, no dudé. Se dio naturalmente. No pensamos nunca en retroceder ni en negociar ni en hacer un gobierno débil. Me refiero a lo que me vengo refiriendo desde que empezamos a hablar. A las convicciones. A lo que me parecía lo mejor para el país. Yo me planté y bueno, dije, si me echan, que sea por lo que pienso y hago, no por lo que no me animo a hacer. No me iban a echar por débil. No quise ser como Alfonsín, que se terminó yendo después de haber hecho lo que no quería. Eso sí que no. Ni por estúpida, porque me estaban subestimando. Yo ya había empezado las reuniones con la Coalición por una Radiodifusión Democrática, el colectivo que durante años elaboró los 21 puntos originales del proyecto de la ley de medios. Quería interiorizarme. Alberto Fernández me preguntaba: “¿Qué vas a hacer con eso?”. “Nada”, le decía yo. “Me interesa.” “Mirá que a Clarín eso no le interesa”, me decía, y yo le contestaba: “No lo hago por si le interesa o no le interesa a Clarín.” Varias veces cruzamos ese diálogo. Era tenso. Terminé diciéndole:
 
“Y si al Grupo no le interesa, para qué te hacés problema vos”. Empezamos a trabajar más fuerte con la Coalición, pero creo que ellos tampoco creían que lo íbamos a llevar adelante. Nadie creía que nos íbamos a animar. Seamos sinceros. Nadie.
 
Fútbol para Todos
– Tampoco creían en el Fútbol para Todos. En realidad, si uno lo mira en perspectiva, en términos de cambio y transformación de las costumbres, eso fue muy fuerte. En este país había chicos de veinte años que nunca en su perra vida habían podido ver el partido en sus casas. Tenían que ir al bar de la estación de servicio a ver el partido. El que no tenía cable tenía que salir de su casa para ver el fútbol, porque mirá, se habla de pan y circo, pero a la gente pobre ni el circo le habían dejado. El que no tenía cable no veía el partido o no veía los goles. Estaba naturalizado. El Fútbol para Todos implicó una democratización muy visible, literalmente. Porque le cambió la vida a mucha gente. Hoy el fútbol se ve en familia. Fue más fuerte incluso de lo que pude prever cuando los directivos de la AFA vieron que estábamos dispuestos a tomar decisiones que nadie había tomado hasta entonces. Alguien a quien prefiero no nombrar, para no incendiarlo, vino y me dijo: “Te puedo hacer el contacto”. “Hacelo”, le dije. A los dos días nos reunimos con Grondona y otros directivos en Olivos, a las diez de la noche, y cuando estábamos hablando yo encaré a Grondona y le pregunté: “Qué pasa si alguien le ofrece más plata que el gobierno. ¿Usted acepta?” Y él me contestó: “No, señora, yo voy a arreglar con usted. No dude de mi palabra”. Decidí confiar.
 
La estatización de las AFJP
– Otra medida definitoria fue recuperar los recursos de los trabajadores. Eso parecía imposible, y creo que si lo hicimos fue por el envión del 2008, cuando el mundo se vino abajo. Por eso yo lo valoro tanto a Amado Boudou. Porque fue él el que vino a traerme esa idea. Era un feriado. Me llama Massa, que era el jefe de Gabinete. Massa tiene una cosa... Cuando algo lo supera, cuando se pone nervioso, se ríe sin parar, pero casi histéricamente, pobre, no puede parar de reírse. Ese día me llamó muerto de risa, me decía que estaba con Amado, que Amado se había vuelto loco y que querían comentarme una idea. Bueno, le dije, vengan. Fuimos a la Jefatura de Gabinete. Sí, era feriado. Porque llegaron de sport. Llegan los dos. Amado me dice, mientras Massa se sigue riendo: “Presidenta, el mundo no va a volver a ser lo que fue. Tenemos que ir por las AFJP”. Le pregunté cómo sería. Y empezó a desplegar hojas y hojas, a explicarme. Massa, muerto de risa. Le dije a Amado: “Me gusta, pero llamemos a Kirchner a ver qué opina”. Y ahí mismo lo llamamos y le pedimos que fuera a la Jefatura. Estábamos sentados en mi escritorio. Néstor vino y se paró detrás, en el medio, y Amado volvió a desplegar las hojas y a explicar el proyecto. En ese momento el Estado estaba pagando el 60 por ciento para que las AFJP cumplieran con el pago de las jubilaciones mínimas. Nunca me voy a olvidar ese momento. Néstor escuchó todo en silencio, y cuando Amado terminó de hablar, no dijo nada. Primero le extendió la mano, y mientras se la estrechaba le dijo: “Estoy totalmente de acuerdo”. Para nosotros fue una noche muy importante. Néstor ya lo había pensado, incluso creo que llegó a analizar la recuperación de los fondos previsionales con Lavagna. Pero no se animó. En dos años hemos duplicado los fondos que ellos juntaron en doce. Era un negocio impresionante. Muchas de las cosas que hicimos ya las habían pensado otros, pero no se animaron. Pasó con la Asignación Universal, con la regulación de las prepagas, con Aerolíneas, con el Matrimonio Igualitario, con tantas cosas. Con cada una nos fueron diciendo oportunistas. Pero son nuestras ideas de siempre. Dijeron que éramos oportunistas con el matrimonio igualitario, por ejemplo, y ahora por suerte apareció esa vieja nota que le hizo Juan Castro a Néstor cuando era gobernador, y él se pronuncia a favor de la adopción de chicos por parte de parejas homosexuales. En todo caso, lo que aprovechamos es la oportunidad del poder, la usamos. Lo dijo él en su discurso inaugural, pero yo lo escribí y lo sentí siempre. Uno no llega hasta acá para dejar las convicciones en la puerta.
 
La muerte de Néstor
– El murió conmigo acá, en la cama –dice, sin que yo le haya preguntado nada al respecto, sin animarme a hacerlo–. El no murió en el hospital. Lo averigüé con el tiempo, atando cabos. Primero no entendí, por cómo se dieron las cosas, por los intentos que hicieron para reanimarlo. Pero después me puse a reconstruir todo, y lo llamé al médico para preguntarle. Y fue así, lo que pasaba era que el médico que estaba acá no se animaba a decírmelo. También fue porque nadie podía aceptar que estaba muerto. Yo no podía. Todo lo que hicimos esa mañana fue desesperado –dice, repiqueteando las uñas largas y nacaradas en el brazo de madera del sillón, después de haber apurado la palabra “muerte”. Pero con una levísima negación de cabeza, el repiqueteo de las uñas, se da coraje, y sigue, ya repuesta.
 
– Me queda el consuelo de que haya sido acá. No hubiera soportado que muriera en Olivos. El odiaba Olivos. No veía la hora de volver acá. Amaba este lugar. Esto se lo di yo. Lo descubrí y se lo di. Lo hice yo y contra su voluntad. Fueron años de peleas. Me decía: “Dejate de gastar ahí” –se ríe–. Pero después le transmití el amor por este lugar, y no había nada que añorara más que estar acá y dormirse su siestita en el sillón antes de ver el partido.
 
Y después Cristina, cuando yo creía que, ya rearmada y con la angustia un poco disipada, se iría alejando del tema, se sumergió sola y directamente en la noche del 26 de octubre. Esa noche se pelearon y se rieron como siempre, como en sus mejores noches, y hasta se besaron delante de sus sobrinos, algo que, aunque no lo dice, ella asocia con lo premonitorio.
 
– Ese último fin de semana fue especialmente cálido, tranquilo. Nosotros no éramos de hacernos demostraciones de afecto en público, delante de la gente. Fijate que yo no me di cuenta. Patricio, el marido de mi sobrina Natalia, fue el que me lo dijo. “Vos lo besaste”, me dijo, y me acordé. Habíamos cenado con ellos dos, con Patricio y Natalia. Salió publicado que habíamos cenado con Lázaro Báez. Nunca en mi vida cené con Lázaro. Esa noche yo estaba escribiendo un tweet para el día siguiente, que era el del Censo. A Néstor le reventaba el Twitter. Me decía: “¿Otra vez con esa boludez?”. Y yo le contestaba: “Dejame de hinchar, si a mí me distrae. ¿Yo te digo algo de tus partidos de fútbol?”. Pero me ganó por cansancio y dejé el tweet para el día siguiente. Y ahí quedó. Esa noche vinieron mis sobrinos y habíamos mirado 6, 7, 8, estábamos allá, mirá –me dice y se para y camina unos pasos. Me acerco. Me señala en el otro extremo del living enorme un sillón de tres cuerpos, mullido, color habano–. Néstor estaba sentado en esa punta y yo en esta otra. Enfrente del sillón está el televisor. El hacía zapping. Y de pronto dejó un canal en el que estaba el gordo D’Elía. Le preguntaban quién le gustaba más como candidato, si Néstor o yo, y el gordo decía que no podía elegir, pero le insistían, y dijo: “Bueno, le voy a dar una respuesta de Néstor: él decía ‘en la facultad yo era un cuatro y Cristina era un diez’”. Nos reíamos los cuatro y Néstor dijo entre dientes: “Gordo traidor”. Me causó tanta gracia, tanta ternura... que me estiré hasta la punta donde estaba él, y le di un beso en la boca. Fue el último beso que le di. Después nos acostamos y pasó lo que pasó.
 
El legado

–       Néstor tenía sentido de trascendencia –dice Cristina–. Eso es lo que a mí me encantaba de él. Porque lo tenía, militaba. Porque lo tenía, siempre se tomó las cosas con esa pasión, sólo porque tenía ese sentido de trascendencia podía creer que veinte personas eran cinco mil. Y eso es lo que logró transmitir. Yo creo que los jóvenes que se han acercado a la militancia lo hacen porque hoy hay algo que trasciende a lo personal, a lo individual. Néstor estaría muy orgulloso de haber dejado como legado la noción trascendente de la política.

Desde el Conicet estudian el origen de los agujeros negros

Los agujeros negros "son objetos astrofísicos que acaso fueron estrellas alguna vez pero tienen la particularidad de generar un campo gravitatorio tan intenso que impide que la luz escape de su interior", explicó a Télam Gastón Giribet, un físico de 37 años que trabaja para el CONICET y que fue encargado de exponer sobre el tema en el marco de la megamuestra Tecnópolis.
"El campo gravitatorio generado por los agujeros negros es tan intenso que llega a hacer que el tiempo en sus inmediaciones se detengan", dijo el investigador, y explicó además que en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, existe un agujero negro llamado "Sagitario A*" que tiene 4 millones de veces la masa del sol.
Los agujeros negros son un predicción de la Teoría de la Relatividad General elaborada por el científico alemán Albert Einstein, y aunque la posibilidad de su existencia fue predicha en 1916, recién fueron observados en las últimas décadas, con el advenimiento de las nuevas tecnologías.
El físico estadounidense John Archibald Wheeler, de la Universidad de Princeton, fue el que acuñó el término de agujero negro en la década de 1960, casi cincuenta años después del descubrimiento teórico de Einstein.
Hasta esa década, estos objetos eran poco más que asunto para especular y no se había descubierto ninguna evidencia de que realmente existieran hasta que los astrónomos comenzaron a observarlos con instrumentos más avanzados.
Giribet indicó que los agujeros negros "no tienen demasiado efecto sobre el sistema solar" pero su estudio es importante para entender la formación de las galaxias. .
"La ciencia, además de ocuparse de la aplicación y la tecnología, también se ocupa de otros aspectos del conocimiento humano tales como entender el universo en el que vivimos", afirmó el investigador, y dijo que "comprender el universo en el que vivimos es también una función social".
Según el observatorio Mac Donald de Texas, "los astrónomos han descubierto bastantes objetos que sólo pueden ser explicados como agujeros negros. Estos objetos son oscuros, por lo que no podemos verlos, pero ejercen una fuerte influencia en las estrellas, el gas e incluso el espacio que los rodea".
"Los objetos son tan oscuros, densos y pesados que tienen que ser o agujeros negros o algo todavía más exótico", señaló el observatorio estadounidense.
Los astrónomos han descubierto varias docenas de probables agujeros negros “supermasivos” en los núcleos de galaxias bastante cercanas, además de muchos otros en objetos distantes conocidos como quásares.
Los científicos estiman que puede haber agujeros negros supermasivos en los núcleos de todas las galaxias con bultos centrales de estrellas, y en la Vía Láctea puede haber miles de agujeros negros de masa estelar, y miles más en cada una de los miles de millones de otras galaxias.
Uno de los objetivos de los investigadores de agujeros negros es encontrar todos cuantos sea posible para poder estimar lo comunes que son estos objetos.

sábado, 23 de julio de 2011

ENCONTRARON CONTRATOS QUE UNEN AL GOBIERNO PRO CON LAS EMPRESAS QUE HICIERON LA CAMPAñA SUCIA CONTRA FILMUS

Durán Barba tiene un problema de papeles

Fueron hallados en Tag Continental y en Connectic SRL, durante los allanamientos que hizo la Gendarmería. Los efectivos de esa fuerza comprobaron también que la primera de esas firmas comparte oficina con Durán Barba y Asociados, la consultora del asesor de Macri.
Por Raúl Kollmann
La Justicia encontró en las empresas Connectic SRL y Tag Continental dos sobres que contienen varios contratos que las vinculan con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El hallazgo se produjo durante los allanamientos realizados a esas firmas en las que originaron las llamadas con las encuestas falsas en las que se trató de vincular al padre de Daniel Filmus con Sergio Schoklender. Los efectivos de Gerndarmería que hicieron el procedimiento verificaron, además, que en la entrada de la oficina donde funciona Tag Continental hay un cartel que dice Durán Barba y Asociados, o sea, la consultora de Jaime Durán Barba, el principal asesor de campaña de Mauricio Macri. Cada uno de los contratos encontrados será analizado por los investigadores a partir del próximo lunes, día en que empezarán a ser peritadas también las 30 computadoras secuestradas a Connectic y Tag Continental. En principio, se hicieron unas 300 llamadas por hora desde cada computadora, lo que significa que se realizaron no menos de 9000 encuestas fraudulentas por hora y unas 100.000 por día.
Pese a la negativa de los dirigentes del PRO y del propio consultor ecuatoriano, el vínculo entre Connectic, Tag y Durán Barba y Asociados está probado no sólo porque el socio de las primeras es el director ejecutivo de DB y Asociados, sino porque conviven en las oficinas. Cuando los hombres de la Gendarmería allanaron el edificio en el que está ubicado Tag Continental constataron que en el tablero de abajo indicaba que funcionaba en la oficina 33 y que en la entrada de la misma había un cartel que decía Durán Barba y Asociados.
Cuando el lunes regrese a su puesto la jueza federal María Romilda Servini de Cubría se encontrará con los elementos secuestrados en los allanamientos que ordenó el magistrado que la subrogó, Ariel Lijo. Hay una parte de la investigación que ya está esclarecida: el lugar desde el cual se originaron las llamadas. Y hay otra parte de la pesquisa que todavía debe profundizarse: ¿Con qué dinero se hizo el trabajo sucio?
La maniobra con las encuestas falsas configura una violación del artículo 140 del Código Nacional Electoral que impone penas “de dos meses a dos años de prisión al que mediante engaños indujere a otro a sufragar de determinada manera o a abstenerse de hacerlo”. Es que en este caso no se trata de polémicas políticas, sino de una encuesta falsa en la que se le decía al ciudadano que el padre de Filmus es arquitecto y que es el principal contratista de Sergio Schoklender. Salomón Filmus, de 88 años, no es arquitecto y no tiene vinculación alguna con Schoklender.
Un informe de Telecom dejó en claro que las miles de llamadas con las encuestas fraudulentas provenían de un único número en Miami, pero que se originaron enTag Continental y Connectic. Los domicilios de esas empresas, más una tercera que dio soporte técnico, NSS, fueron allanadas por orden de Lijo. Los resultados fueron sorpresivos para el magistrado:
n En las mismas oficinas en las que funciona Tag Continental tiene su sede Durán Barba y Asociados, la consultora del principal asesor de Macri.
n No se trata del único vínculo: el socio de ambas empresas, Rodrigo Lugones, es a la vez el director ejecutivo de DB y Asociados. El consultor ecuatoriano trató de despegarse de todo señalando que Lugones fue su alumno, pero después admitió que es su socio y tampoco explicó por qué Tag Continental y su consultora funcionan en la misma oficina 33.
n El otro socio en Tag y Connectic es Guillermo Garat, que también trabaja con Durán Barba.
Con los elementos que ya tiene la Justicia parece claro que las encuestas falsas están relacionadas con Durán Barba y su equipo. Falta saber, además, si alguien pagó el trabajo en forma específica o si se hizo un contrato de otra naturaleza encubriendo de esa manera el pago. Por lo pronto, Lijo secuestró dos sobres conteniendo varios contratos con el Gobierno de la Ciudad y con otros clientes. Página/12 adelantó ayer que Connectic resultó adjudicataria de una licitación en la que fue la única oferente de servicios de un centro automático de llamadas (IVR) por 1.334.000 pesos, una cifra por demás elevada según sostienen quienes conocen el mercado de las encuestas. Lo que también llama la atención es que la empresa relacionada con Durán Barba fuera la única oferente. En empresas del rubro se afirma que en licitaciones anteriores se sacaba a los competidores de la cancha con el argumento de que no pasaban la prueba técnica y en ésta parece asombroso que se otorgara a un call center más bien chico, que funcionaba en las oficinas del consultor preferido del PRO. Por lo que surgió a primera vista de los papeles secuestrados en los allanamientos, el contrato de 1.334.000 pesos no es el único con la administración porteña, pero el análisis ya quedará en manos de Servini de Cubría. El objetivo es ver si los trabajos contratados se hicieron o si, como insiste Filmus, se pagaron por esa vía las encuestas truchas.
También la jueza electoral tendrá que evaluar la magnitud de la maniobra realizada con las encuestas. Un primer análisis indica que desde Connectic SRL se hicieron unas 300 llamadas por hora y por computadora. Teniendo en cuenta que se secuestraron 30 computadoras, la cifra rondaría unas 100.000 llamadas entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche. Sin embargo, quienes conocen de call centers afirman que casi cualquier centro de ese estilo maneja unas 100 líneas telefónicas, lo cual significa que cada computadora podría administrar tres líneas, lo que triplicaría la cantidad. La respuesta estará en el peritaje que se hará a partir del lunes. Tampoco se puede descartar que en alguno de los archivos figuren datos sobre cuál es el contrato por el que se rigió y se pagó la maniobra.
raulkollmann@hotmail.com

http://noticiaya.com/2011/06/la-campana-vos-sos-bienvenido-de-macri-era-una-copia/

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jueves, 21 de julio de 2011

HOMENAJE AL COMPAÑERO JOSÉ SABINO NAVARRO

Munro, Gran Buenos Aires.
Jose Sabino Navarro, comandante montonero, héroe peronista que cayo combatiendo a los enemigos del pueblo
 
Acto:
Viernes 1 de Agosto, 16 hs
Malaver y Mitre.
Munro.
Casa de la memoria y la Resistencia.
JOSÉ SABINO NAVARRO.
(1942 - 1971)
Dirigente político peronista, uno de los fundadores de la organización político militar Montoneros.
Nació en Corrientes el 11 de diciembre de 1942.

Tabla de contenidos

·        5 Su muerte

Infancia y adolescencia

La convicción peronista de José "el Negro" Sabino Navarro provino directamente de su padre, quien desde pequeño lo llevaba a escuchar los discursos públicos del General Juan Domingo Perón.
Asimismo, fue una gestión directa de Evita la que permitió que la madre de Sabino Navarro pudiera viajar a Buenos Aires para que la operaran.
A los 12 años, la familia se trasladó definitivamente a Buenos Aires, y a los 15 años José Sabino acompañó a su padre hasta los basurales de José León Suárez, apenas se enteraron de la masacre, para buscar algún sobreviviente.
En 1959 conoció a Pina, su mujer y madre de sus hijos, en la Algodonera Textil, empresa donde ambos trabajaban.
Entre 1962 y 1963 hizo la conscripción y recibió su primera instrucción militar.

La militancia sindical

Al finalizar la conscripción Sabino pasó a trabajar en Deutz Cantábrica y se incorporó a SMATA, llegando a ser delegado, ganando prestigio entre sus compañeros por sus luchas sindicales, y debido también a una feroz paliza que le propinó a José Rodríguez, actual Secretario General de SMATA, quien había traicionado una huelga.
Ahí empieza a distanciarse del sindicato y comienza a surgir la idea de acompañar la lucha político sindical con el desarrollo de acciones armadas.

La lucha armada

Era un fervoroso militante en la Juventud Obrera Católica.
Ahí conoce a Juan García Elorrio, director de la revista Cristianismo y Revolución, y comienza a participar en actividades en ese ámbito.
En agosto de 1968 Sabino participó del primer congreso del peronismo revolucionario y, en enero del año siguiente, concurrió al plenario peronista en Pajas Blancas, Córdoba.
Para entonces, ya no le quedaban dudas acerca de la necesidad de complementar la lucha político sindical con la lucha armada.
Dos meses más tarde se produjo una de las últimas apariciones públicas de Sabino, cuando fue invitado por los trabajadores de la empresa Renault para intervenir en un conflicto gremial.
A principios de 1969, comenzó a participar en los primeros operativos armados.
Con armas en mal estado y sin municiones, encararon los primeros operativos para autoabastecer el grupo.

Su integración a Montoneros

Tras la ejecución de Aramburu, en mayo de 1970, el grupo de Sabino Navarro comenzó a identificar sus relaciones políticas con el grupo Montoneros.
A mediados de 1970, José Sabino Navarro se transformó en uno de los dirigentes de la conducción de Montoneros.
En setiembre, la organización incipiente tiene un enfrentamiento con la policía en William Morris, provincia de Buenos Aires.
Caen muertos Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus, dirigentes de la organización, y él logra escapar. Fue buscado intensamente por las fuerzas represivas de la dictadura de Lanusse.
Lo detectan en Villa Ballester, donde se enfrenta con una patrulla y mata a dos policías a quienes les quita sus armas.
En 1971, Sabino se traslada a Córdoba y queda a cargo de la regional y su reestructuración, tras su debilitamiento después de la Toma de La Calera.

Su muerte

El 21 de Julio de ese año viaja a Rio Cuarto, junto a "El santafecino" Jorge Cotone, estudiante en esa ciudad.
Van a realizar una operación de apoyo al conflicto de trabajadores de Fiat. Con otros compañeros toman un garaje y recuperan 2 vehículos para llevarlos a la ciudad de Córdoba.
La policía es alertada. Monta operativos de control en toda la ruta que va de Río Cuarto a Córdoba. A los 40 ó 50 kilómetros, comienzan los enfrentamientos.
El grupo montonero logra superar los primeros cercos. Sin embargo, deben abandonar uno de los vehículos, y en otro combate cae, en Berrotarán, el "Negro" Juan Antonio Díaz, quien también había participado en la toma de La Calera.
El grupo continúa. Ya sin auto, deciden internarse en el monte, que es bastante ralo y ofrece poca protección. Cecilio Salguero, otro de los militantes, se queda cuidando la retaguardia, para que los demás puedan huir.
Es detenido al día siguiente.
El "Negro" Sabino y Cotone siguen su huida y van obteniendo provisiones en las pocas casas que encuentran.
A esa altura son rastreados por helicópteros y por la infantería.Se movilizan de noche.
Ante cada intento de salir a la ruta se ven obligados a entablar combate y deben volver a internarse en el monte.
Una noche encuentran el camino que buscaban, y que conducía al dique Los Molinos.
Toman un Citroen, pero son perseguidos y Sabino es herido en un hombro. Para avanzar, "recuperan" un colectivo.
El propio Negro maneja, mientras continúa la persecución y el tiroteo. Chocan y se internan de nuevo en el monte.Luego de más de una semana de combates y persecución, están casi sin munición y Sabino Navarro había perdido bastante sangre, sin recibir atención médica.
Le pide a Cottone que siga e intente salvarse, que él va a quedarse. Ante la negativa de Cottone a abandonarlo, Sabino se lo ordena: "Yo no caigo -le dijo-, no quiero caer (vivo) y me muero".
A los 200 metros -contaría después Cottone-, cuando ya se alejaba, se escuchó un disparo.
La policía lo busca durante semanas, hasta que lo encuentra muerto en una cueva, escondido entre las piedras, con su revólver 38 todavía en su mano derecha.
Para dificultar su identificación, o quizás como trofeo, le cortaron las manos y escondieron su cuerpo, enterrándolo debajo de otra sepultura.
Recién en 1974, Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano, entonces Gobernadores de las provincias de Buenos Aires y Córdoba respectivamente, consiguieron la información del lugar en el que se encontraban los restos de Sabino Navarro.
Arnaldo Lizaso, también un histórico dirigente peronista, colaboró con el traslado del cuerpo hasta el cementerio de Olivos. 

martes, 19 de julio de 2011

CUANDO ENVAR CACHO EL KADRI ENTRO AL COMANDO CELESTIAL. 1998 - 19 de julio - 2009

Nació en Rió Cuarto, provincia de Córdoba, el 1° de mayo de 1941.
  Era abogado, comenzó su militancia luego del derrocamiento de Perón en 1955 en las filas de la juventud peronista. En 1960 estuvo detenido en las cárceles de Caseros, Neuquen, y Santa Rosa (La Pampa) hasta su liberación por la ley de amnistía de 1963.
  En 1967, el año en que Ernesto Che Guevara preparaba su guerrilla en Bolivia, organizó las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y fue detenido en un campamento guerrillero en Taco Ralo (Tucumán) en septiembre de 1968. preso en La Plata, Villa Devoto, Resistencia (Chaco), Rawson, Buque Granaderos, recuperó la libertad con la Ley de amnistía del 25 de mayo de 1973.
  Militante del peronismo de base, partió al exilio en 1975 amenazado por la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A)
  Permaneció en Beirut (Líbano) y en Madrid (España), donde en mayo de 1976 fue secuestrado por la policía española durante 4 días y finalmente fue expulsado a Francia, país en el que solicitó asilo y donde residió hasta su regreso a la Argentina en 1984.
  En Francia trabajó ocho años de sereno en el Theatre du Soleil de Ariane Mnouchkine.
  Participó en organismos de derechos humanos, siendo miembro fundador de la Association Internationale de Defense des Artistas Victimes de la Repression dans le monde (AIDA) ONG presidida por Ariane Mnouchkine, Claude Lelouch y Simone Signoret, entre otros.
  Formó parte del Comité de Solidaridad con Miguel Ángel Estrella, presidido por Yves Haguenauer, y colaboró en la fundación de la Asociación Música Esperanza, creada por Miguel Ángel Estrella luego de su liberación.
  Participó activamente en el Comité Contra la Organización del Mundial de Fútbol en la Argentina (COBA), y en numerosos actos realizados en Europa por la aparición con vida de los detenidos-desaparecidos.
  Colaboró con las madres de Plaza de Mayo en sus viajes de denuncia y fue organizador de la Marcha por 100 Artistas Argentinos Desaparecidos realizada en Paris en 1979, colaborando en la recolección de fondos para la publicación de una solicitada con esa lista, realizada por la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, en Buenos Aires.
  Al mismo tiempo, estudió en la Universidad de Paris y obtuvo sendos diplomas superiores universitarios en Derecho del Trabajo y la Seguridad Social (1978) y en Relaciones Internacionales (1979)
  Ese año publicó Argentine: una cultura interdite (Francois Maspero Editions, Paris) reuniendo testimonios sobre la represión cultural de Mercedes Sosa, Ricardo Carpani, Fernando Solanas, Noe Jitrik, Alberto Adellach, Ignacio Columbres, entre otros, con epilogo de Julio Cortazar.
  En 1980 las Ediciones Zeta de Madrid publicaron la versión en castellano de ese libro.
  En 1980 participó en la producción con el Vicariato de la Solidaridad de Santiago de Chile, del medio metraje documental Ronquen del Grupo Cine Memoria, con el que obtuvo el primer premio en el Festival de Cine Documental de Bilbao, España.
  Entre 1980/83 organizó acciones de solidaridad con el escritor Vaclav Havel, los cineastas Yilmaz Guney y V Paradajnov, el Teatro Aleph, de Chile, la pianista Alba Castillo, de Uruguay.
  A su regreso al país, en marzo de 1984, produjo la primera actuación del pianista Miguel Ángel Estrella en el Centro Cultural San Martín y en el teatro Alberdi de San Miguel de Tucumán en la función de gala del 9 de julio, continuando su colaboración con la ONG Música Esperanza, presidida por Estrella, hasta la actualidad.
  También produjo la presentación de José Luis Castiñeira, Susana Lago y el grupo Anacrusa, en Obras, el 20 y 21 de septiembre de ese año.
  En 1984 publica Diálogos en el exilio con Jorge Rulli (Punto Sur Ed, Buenos Aires), reflexión sobre la historia reciente que ambos protagonizaron, tanto dentro como fuera del país.
  A partir de 1985 comienza su colaboración con Fernando E Solanas, produciendo Tangos, el exilio de Gardel (1989) y El Viaje (1992)
  Esta actividad de productor cinematográfico lo lleva a participar en seminarios y congresos, entre ellos: Coloquio sobre Cine Latinoamericano, en Río De Janeiro, Brasil. Acuerdo de coproducciones entre países de América Latina, Buenos Aires, México y Brasilia.
  El protocolo 18 y el intercambio cultural entre Brasil y Argentina, Brasilia: así como en los festivales internacionales de Cine: Cannes, Venecia, La Habana, Washington, Denver, Chicago, Miami, San Juan de Puerto Rico, Bogotá, Río De Janeiro, Gramado, Viña del Mar, Biarritz, Troia.Bilbao, Huelva, Punta del Este, Montevideo, Mar del Plata.
  A partir de 1989 crea, junto a Emmanuel Chamboredon, la sociedad Milán Sur, especializada en la edición de música de películas, entre las que sobresalen las bandas sonoras de Ghost, La Cosas del querer, La sociedad de los poetas muertos, Taxi Driver, El amor y la furia, Como agua para chocolate, entre unos 400 títulos, licenciados por Milan (Francia)
  Pero fundamentalmente produce discos de música argentina, entre otros: Piazzola / Ginastera y Piazzola Classique, con la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires, dirigida por Pedro I Calderon, Tangos del Sur, de Roberto Goyeneche y Néstor Marconi, Mano Brava de Salgan y De Lio, Misa criolla, de A Ramirez y Zamba Quipildor, Carnavales Porteños, de Gustavo Mozzi y el Murgon, Piazzola Clásico, de la Camerana Bariloche y Daniel Binelli, Astor Piazola: flauta y piano, de Jorge de La Vega y Carlos Franzetti, Piazzola por Piazzola, con Daniel Piazzola y su Octeto Electrónico, con Fito Paez, culminando su participación, en dicha sociedad, con la producción del disco Borges y Piazzola, con Daniel Binelli, Jairo y Lito Cruz, que ha sido editado en la Argentina, Estados Unidos y Europa y Japón en 1997.
  Su testimonio de vida ha sido recogido en Cazadores de Utopías (1996) film de David Blaustein, y en La Voluntad, libro de Martín Caparros y Eduardo Anguita, (Ed Norma, 1997), así como en Che Ernesto (1997) film de Miguel Pereira.
  Se desempeñó como profesor en la Cátedra Ernesto Che Guevara en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y en las cátedras correspondientes en las universidades de La Plata, Mar del Plata, y Río Cuarto (Córdoba)
  También fue abogado en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) liderada por Víctor de Genaro.
  Falleció en Tilcara, provincia de Jujuy el 19 de julio 1998.
  Le pedimos a Allah que se apiade de él y le otorgue el paraíso eterno.
  SEK/
  Más informes en
http://www.envarelkadri.com.ar/principal.html